Apenas un tercio de la temporada regular disputada y Álex Abrines ya ha tenido tiempo a vivir unos cuantos estados de ánimo como jugador de la NBA. Tras salir por sorpresa este verano rumbo a Oklahoma -con un suculento contrato bajo el brazo- el internacional español, drafteado por los Thunder en la segunda ronda de 2013, no parece haber entrado con buen pie en la franquicia que tiene como principio y final de todo a su mega estrella Russell Westbrook.

Abrines, que tuvo un papel marginal en la selección medallista de Río, se incorporó a los Thunder con un rol que parecía hecho a su medida: el de aportar lanzamiento lejano ante la escasez de pólvora desde el triple -principal debe del escolta titular, Victor Oladipo- que presentaban este año los Thunder. Un foco anotador más para esos escasos momentos en los que Westbrook no estuviese en la pista.

Ese rol recordaba al de Rudy Fernández en su primera temporada en Portland, cuando el balear salía en determinados momentos de espesura para dinamizar el juego a base de tiros rápidos y alley-oops por la línea de fondo. Sin embargo, y al contrario que su paisano -una cualidad que muchas veces se ha pasado por alto-, la capacidad defensiva de Abrines no se ajusta al perfil de 3D que se demanda al alza en la liga. Esa carencia tuvo para el escolta un precio muy caro: varios partidos sin disputar ni un minuto y primeras dudas sobre la decisión del pasado verano: “Hice un par de partidos malos, salió  Anthony Morrow, lo hizo bien y ya está. La competición es larga, yo soy un rookie y esto acaba de comenzar”.

Efectivamente, Anthony Morrow se convirtió pronto en el otro motivo del descalabro de minutos del jugador español durante gran parte de noviembre. Billy Donovan, obsesionado con aprovechar los continuos desequilibrios que genera para su equipo Westbrook, inició un casting de tiradores exteriores que aprovecharan las ayudas que recibe su estrella. Contra pronóstico, Morrow respondió con un acierto elevado y con los que quizá fueran sus mejores momentos en la franquicia, a la que llegó en 2014 tras años de dar tumbos por la liga.

De la incertidumbre a la oportunidad aprovechada

Así, el panorama para Álex Abrines no se presentaba demasiado optimista, y el peligro de acabar en la liga de desarrollo se volvió muy presente durante los primeros días de diciembre. Sin embargo, los nubarrones comenzaron a despejarse poco a poco cuando el pasado 12 de diciembre la muñeca izquierda de Victor Oladipo acabó aplastada contra el parquet del Chesapeake Energy Arena. Abrines supo esa noche que su reivindicación no tardaría en llegar. Los cambios en la rotación se sucedieron, y Anthony Morrow se hizo con el puesto de escolta titular, mientras que Abrines recuperaría su papel de microondas y unos cuantos minutos más de juego.

Sin duda, de esa ecuación, Morrow ha sido el que peor parado ha salido, naufragando en la primera unidad y volviendo a dejar la imagen del jugador falto de confianza y errático que ha ofrecido gran parte de su carrera. Y mientras unos bajan, otros parecen subir. Abrines ha sabido aprovechar su momento, encadenando actuaciones meritorias como los 18 puntos y 5 triples ante Pelicans, o en la reciente victoria ante Grizzlies con diez puntos suyos.

Estos pequeños pasos para salir del laberinto en el que se había convertido su temporada de novato deberán confirmarse con el paso de las semanas, sobre todo una vez Oladipo vuelva a la rotación. Será a partir de entonces cuando podremos comprobar la posición del español dentro de un equipo que no va a tener prácticamente un partido de tregua durante toda la temporada si pretenden estar entre los ocho mejores del Oeste. Ya lo dijo Russell. Why not?