El aterrizaje de Kevin Durant sacudió de forma brutal el periodo de mercadeo estival en la NBA: uno de los oficiosos tres mejores jugadores del baloncesto mundial se sumaba al equipo que, pese a dilapidar una ventaja de 3-1 en las últimas finales, ostentaba el mejor récord nunca antes alcanzado en una regular season. Pese a las concesiones realizadas para confeccionar una gargantuesca colección de talentos -con Barnes y Bogut como principales tributos-, el matrimonio Durant-Warriors propagaba el terror a lo largo y ancho de la Conferencia Oeste. El Wild West entero temblaba ante tamaña concentración de poder…

Todos, salvo una tropa inmortal apostada en El Álamo.

“Del amanecer de los tiempos venimos. Nos hemos movido silenciosamente a través de los siglos”.

Los Inmortales (Russell Mulcahy, 1986).

Dieciocho temporadas consecutivas alcanzando las cincuenta victorias, veinte con al menos un 61% de triunfos sobre los duelos disputados: los San Antonio Spurs de Gregg Popovich cabalgan desde el ocaso, inmunes a cambios de eras y culturas baloncestísticas. Desde el baloncesto a través de su pareja de gólems con el que se engarzaron su primera joya, en el ya lejano primer lockout previo al cambio de siglo y ante los New York Knicks de Houston y Sprewell, a la cima estética de spacing & passing en aquellas maravillosas Finales de 2014 contra los Heat de LeBron James: Popovich se camufló como el mejor de los camaleones tácticos, manteniendo a su equipo a la vanguardia competitiva y derrotando una y otra vez al eterno igualador.

Porque ni siquiera el todopoderoso tiempo es capaz de derribar a los San Antonio Spurs.

El curso pasado los Spurs dieron una pirueta más, para colarse entre las diez defensas más eficientes de siempre: sus 96’4 puntos recibidos por cada 100 posesiones en la temporada 2015/16 les otorgaron acceso a un prestigioso club, en el que figuran con letras de oro bulldozers corales como los Knicks de Pat Riley, los Pistons de Larry Brown, los Celtics del Big Three y Doc Rivers, o la versión 2003 de las espuelas tejanas.

Pero Duncan decidió formalizar su adiós, recibiendo merecidísimo homenaje y dejando a la tropa huérfana de su líder fuera de la pista y aún ancla defensiva cuarentona en la pintura, dentro de ella. Una despedida con tintes devastadores en cualquier otro contexto deportivo, no para un Popovich que llevaba años diseñando el relevo. Desde 2011, más concretamente, cuando sacrificó a George Hill -ya dueño de un rol relevante en el equipo, pero con el problema de una costosa renovación a horizonte cortoplacista- por un alero novato sin mucho sitio a priori en la rotación de los Indiana Pacers (con Danny Granger y Paul George en nómina). Pops olfateó algo diferente en aquel chaval californiano elegido en el nº 15 del Draft, y el trabajo fanático e inasequible al desaliento del combo organización-jugador haría el resto.

La cultura sin parangón de los Spurs convertiría a Kawhi en un monstruo en los dos lados de la cancha.

Foto: NBA

Dos veces mejor defensor del año y una vez MVP de las Finales, la aportación ofensiva de Leonard crecía al mismo tiempo que lo hacían su rol en el equipo y la sofisticación de sus recursos técnicos (de los 7’9 puntos por partido de su primer año a los 21’6 del pasado). Y ahora llegaba la hora de acaudillar a los cuatreros, sin ambages: misión ante la que Kawhi está respondiendo como siempre…

Trabajo y silencio

26’4 puntos en 33’8 minutos en cancha, con el engranaje ofensivo girando en torno a su capacidad creativa tras bote y anotando la mayor cantidad de triples de toda su carrera (2 por partido). El propio Leonard admitió haber emprendido un duro y ambicioso trabajo de mimetismo con algunos de los mejores jugadores de ataque nunca vistos, y ya es costumbre apreciar réplicas perfectas en su arsenal de movimientos propiedad de Kobe Bryant (con atención especial a los clásicos fade aways del cañonero de Philly). La voracidad del mejor two-way player de la NBA no conoce límites.

Superada la lesión de Gasol y el pequeño pero preocupante problema cardíaco de LaMarcus Aldridge, Popovich continúa ajustando su rotación y puliendo su nuevo plan grupal de ataque (sexta estructura más eficiente de toda la NBA, con 108’3 puntos producidos por cada 100 posesiones), mientras introduce a Dewayne Dedmon en el quinteto en busca de un plus defensivo que será necesario en las eliminatorias por el título, y ante contrincantes que harán uso masivo del small ball.

“¿Por qué sale el sol por la mañana? ¿Por qué brillan las estrellas en la gran cortina de la noche? Quién sabe… Lo único que sé es que hemos nacido diferentes a los demás”.

Los Inmortales (Russell Mulcahy, 1986).

 

Veinte años, un cambio de siglo, 7.300 días de amaneceres y ocasos… y algo permanece inmutable: los San Antonio Spurs de Popovich cargan una vez más, acosando esta vez a los fastuosos Golden State Warriors de Steve Kerr en la batalla por la cima de la Conferencia Oeste.