Danilo Gallinari es el deportista que más dinero gana de toda Italia. Los 15 millones de dólares de sueldo metidos en sus bolsillos a razón de su contrato con los Denver Nuggets fueron superiores a los más o menos diez millones de euros percibidos por Valentino Rossi y los alrededor de nueve millones cobrados por Gianluigi Buffon. Y ésto va a más.

El mejor jugador de baloncesto italiano de la actualidad (¿podrá serlo de la historia?) tiene el futuro en sus propias manos por primera vez desde que desembarcó en el nuevo continente hace nueve años. El alero, que lleva vistiendo la camiseta de la franquicia de Colorado desde el famoso “Melo-trade” de febrero 2011, está sujeto a una Player-Option’ sobre su contrato para continuar en su actual equipo un año más percibiendo 16,1 millones de dólares. O, en alternativa – y lo que parece más obvio–, el jugador puede declinar esta opción para convertirse en agente libre y, a partir de ahí, poder firmar con cualquier franquicia o –hipótesis más barajada – cerrar un nuevo contrato con los Denver Nuggets. Se habla de unos posibles 22-23 millones de dólares a razón de tres o cuatro años.

Pese a las desorbitadas cantidades de dinero que circulan en el ambiente de la NBA, Danilo Gallinari es “un chico cualquiera”. Uno de los tantos italianos que han tenido que emigrar al extranjero para ejercer su profesión. Y, como si un amigo de toda la vida o un vecino se tratase, no ha tenido reparos en contar las sensaciones, miedos e incertidumbres propias a raíz de su éxodo desde Italia para recalar en América en su último libro, que acaba de salir a la venta en Italia. “Non Basta l’Altezza” (”No Basta la Altura”, usando con sabiduría el acrónimo “NBA” en italiano) es una autobiografía “social”, elaborada a partir de las numerosas preguntas que los aficionados han ido trasladando a la estrella azzurra a través de la red a lo largo de todo un año.

Una lectura muy amena, donde Danilo relata sus primeros pasos en el mundo del baloncesto y en la NBA, sin olvidar un gran número de anécdotas y episodios particulares ocurridos a lo largo de sus 28 años de vida (Danilo nació el 8/08/1988, de ahí el dorsal número ‘8’ de su camiseta). El libro –de momento– está disponible solo en italiano, pero hemos podido rescatar alguno de los párrafos más significativos completamente traducidos al español.

“Desde que vivo en el extranjero, lo que más echo de menos son los amigos y la familia. Diría que los amigos son la cosa de la cual estoy más orgulloso en la vida. Siempre he tenido suerte en la vida bajo este punto de vista, sin contar una vez, la única en la cual me he sentido realmente traicionado. Soy intransigente en eso: soy una persona que da fácilmente confianza a la gente, pero si me traicionan, corto todos los puentes. Me pasó solo una vez… Por parte de una mujer, en cambio, nunca he sido traicionado. No que yo sepa, y si hubiese ocurrido, ¡prefiero no saberlo!”.

Toda persona que reside en el extranjero, cada vez que regresa a su país de origen, establece una serie de “etapas fundamentales” que completar. Una especie de ritual que el propio Danilo lleva a cabo en todas sus visitas al país transalpino.

“Cuando vuelvo a Italia, la primera cosa que hago es ir a ver a mis abuelos para pegarme una buena comida. Me preparan de todo, pero saben que mi plato favorito son ‘gnocchetti sardi al gorgonzola’, entonces en esas ocasiones siempre me los preparan”.

Danilo Gallinari es un “hijo ilustre”. Su padre Vittorio fue un conocido jugador del Olimpia Milano y, junto con Mike D’Antoni (actual entrenador de los Houston Rockets), con el cual compartía habitación y del cual sigue siendo gran amigo, ganó varios títulos nacionales e internacionales en los años ochenta. De ahí que, tanto Danilo como su hermano Federico de 19 años, quien el año que viene empezará la universidad en Estados Unidos, hayan nacido prácticamente “con una pelota de baloncesto en la mano”.

“Desde luego mi amor por el baloncesto apareció enseguida. De pequeño dormía con el balón en mis manos y tan solo esperaba el momento para poder jugar. Cada cosa que veía en la televisión estaba relacionada con el baloncesto y, en cuanto terminaba de estudiar, corría a jugar con mis amigos al campo que está detrás de mi casa”.

“Siempre he soñado con convertirme en jugador profesional de baloncesto. Para ello, por supuesto, tuve que entrenar mucho, ya que el talento por sí solo no es suficiente. El baloncesto siempre ha sido mi gran pasión. Cuando era pequeño veía durante horas y horas las cintas de vídeo de Michael Jordan, mi ídolo absoluto. Desde pequeño, siempre he jugado en Italia, desde la segunda división a la primera, luego en Euroliga y con la selección. Solo después empecé a soñar con jugar la NBA”.

Danilo Gallinari Italy

Foto: Laura Cristaldi

El 27 de junio 2008 la carrera deportiva y la vida de Danilo Gallinari cambiaron para siempre. Era su momento. Fue la noche en la cual los New York Knicks le seleccionaron en la sexta posición del Draft, alcanzando así su sueño de jugar en el mejor campeonato del mundo.

“No existe ningún torneo en el mundo que se pueda comparar a la NBA. Creo que tampoco las Olimpiadas, a parte del baloncesto jugado por el Team USA. Ahora que conozco este mundo desde dentro, puedo afirmar que la organización es extraordinaria: la promoción de la marca, de los equipos, de los jugadores, es increíble, el nivel técnico es sobrehumano. Los ritmos son altísimos: se juega cada dos días, casi sin tiempo para entrenarse. Pero os aseguro que vivir este mundo desde dentro es un privilegio”.

Para un adolescente europeo no es fácil cuajar en el vestuario de un equipo NBA y ya en su temporada rookie se vio obligado a acostumbrarse a su nuevo entorno a marchas forzadas.

“Cuando eres rookie es normal pagar por la inexperiencia. Hay que saberse adaptar muy rápidamente a un estilo de vida muy diferente. Yo también pasé por ese periodo de ‘adaptación’. Los ritmos frenéticos del baloncesto americano son compensados por la estupenda organización de la liga, que permite que los jugadores tengan que preocuparse tan solo de rendir en la cancha. Todos los demás aspectos de la vida ya están solucionados. Sin embargo, nuestra vida privada está en nuestras manos. Terminados entrenamientos y partidos, de hecho, somos completamente autónomos. No hay horarios que respetar u obligaciones varias. La responsabilidad es tuya al 100%”.

Enfrentarse a los mejores jugadores del baloncesto estadounidense, además, siempre causa una gran impresión en un primer momento, una situación a la que no fue inmune el internacional italiano.

“En la NBA hay atletas asombrosos. Cada noche me enfrento a jugadores que corren y saltan más que yo. La competición, la idea de enfrentarme a ellos, me llena de estímulos que me hacen saltar más, correr más y tirar mejor. Es un mundo en evolución, en el cual te sientes realmente parte de algo importante”.

“Para un jugador europeo el debut en la NBA es desde luego más complicado comparado con el de un jugador que viene de la universidad. Cuando llegué, sentí que me tenía que ganar el respeto por parte de los demás jugadores de la liga. Bajo este punto de vista, es muy importante tener confianza en los propios medios y además considero que haber jugado a alto nivel en un campeonato europeo y en Euroliga regala una base más sólida que el campeonato universitario americano, aunque hay que adaptarse culturalmente al nuevo entorno”.

De hecho, los comienzos de Danilo Gallinari con los New York Knicks no fueron nada fáciles.

“La gente estaba muy equivocada pensando que yo había acabado ahí porque Mike D’Antoni, amigo de mi padre, era el entrenador. Pero él no tuvo nada a que ver con mi elección en el Draft. La primera vez que entré en la cancha del Madison Square Garden hubo una avalancha de pitos…  Algo normal para un joven extranjero en aquella época. Pensé que estaba en mis manos trasformar esos pitos en aplausos, ¡y lo conseguí! Siempre puse en la cancha todo lo que tenía, sin ahorrarme nada y haciendo cada sacrificio posible para ser un jugador de gran nivel. Aún recuerdo mi primera canasta, fue un tiro libre… Cuando la pelota entró, tras unos segundos de silencio, el público estalló. Inolvidable”.

Tras nueve años en la mejor liga del mundo, el rol de Danilo Gallinari dentro del vestuario, por supuesto, ha cambiado.

“Me considero un líder silencioso: prefiero dar mi ejemplo en la cancha, no tanto con las palabras. Aún así, me he dado cuenta que hay que hacer un gran trabajo en el vestuario y eso me gratifica. Me ha costado un poco llegar a sentirme un líder, ha sido un recorrido gradual, que también, junto con la carrera meramente deportiva, ha sido ralentizado por las lesiones, sobre todo la de rodilla que me mantuvo alejado de la cancha año y medio. Ahora en los Nuggets soy el que más cobra, y esto conlleva también sus responsabilidades, ya que cada noche tienes que demostrar ser el mejor en el campo. Me gusta este desafío diario, es un estímulo para mejorar partido tras partido”.

Todo un ejercicio de humildad y franqueza de un jugador que sigue poseyendo ese carácter afable y campechano propio de su Sant’Angelo Lodigiano natal, un pequeño pueblo de menos de 15.000 habitantes. Ahora, 28 años después, Gallinari ha cambiado su hogar familiar al sur de los Alpes italianos por la franquicia ubicada en Las Montañas Rocosas. Un camino repleto de escollos y sacrificios que le han convertido en el jugador que es hoy en día.

“Logré mi objetivo. Llegué a la NBA. Sudé, corrí, me hice daño, sufrí. Pero finalmente estoy aquí. El físico ayuda, es cierto, pero para quedarse en la élite la altura no es suficiente. Hace falta mucho entrenamiento, mucha determinación… y creer, ¡creer siempre!”.