Aunque suene a tópico (y lo es), triunfar en la mejor liga de baloncesto del mundo no es nunca un camino de rosas. En innumerables ocasiones, aunque el talento corra por tus dedos, no es suficiente. La NBA Development League (Liga de Desarrollo) o una carrera con mayor o menor éxito fuera de suelo estadounidense acaban por ser el sustitutivo a un sueño solo alcanzable para unos pocos elegidos. Pero no todo el mundo está preparado para deambular por las canchas de medio mundo para ganarse la vida. En toda trayectoria profesional hay un momento clave; aquel que dictará el recorrido de la que será tu historia. A muchos ahora os sonará su nombre, pero allá por el verano de 2014, estuvimos muy cerca de nunca haber conocido a Jonathon Simmons.

El jugador de los San Antonio Spurs sabe lo que es vivir en las dos caras de la moneda. Ahora disfruta de su relativo éxito siendo una pieza importante dentro de uno de los mejores equipos de la competición, pero no podemos obviar el hecho de que hace ya tres años tuvo casi decidido a abandonar por completo el baloncesto en pos de un trabajo más estable con el que poder criar a sus cuatro hijas sin ningún apuro. ¿Qué ha cambiado en ese periodo de tiempo para que Simmons puede estar ahora a las puertas de firmar un apetitoso contrato en la agencia libre? La respuesta es fácil, sobretodo porque nos encontramos ante un sospechoso habitual. Ni más ni menos que Gregg Popovich.

El nombre de Jonathon no es el primero ni será seguramente el último en unirse a la causa de la NBA de la mano de uno de los entrenadores que ha hecho grande el deporte de la canasta. Es digno de admiración como este patrón de las causas perdidas ha sacado del ostracismo o incluso ha devuelto a la élite a jugadores que ya creíamos olvidados. Por poner ejemplos recientes, vienen a la mente los nombres de Dewayne Dedmon o David Lee. A precio de costo, el técnico de los Spurs ha rodeado pero que muy bien a sus estrellas de turno para llenarse de anillos durante casi dos décadas de éxitos por tierras tejanas. Pero volvamos al protagonista de estas líneas.

Para el que desconozca el origen y los inicios de Simmons, hay que recalcar una vez más la palabra ‘difícil’. Desde sus primeros pasos en su ciudad natal de Houston, el actual alero de San Antonio comenzó a destacar por su distrito, pero sus dificultades académicas lo apartaron de universidades más prestigiosas en las que podría haber tenido un mayor cartel. Tras su paso por la Universidad de la misma Houston, Simmons se presentó al Draft de 2012, sin ser escogido por ninguna franquicia. Ni siquiera recibió invitación alguna para participar en las ligas de verano. Primer palo en su corta carrera. Todavía obcecado con la idea del baloncesto, el jugador de Tejas tuvo que conformarse con un paso por la American Basketball League; liga semiprofesional que apenas tuvo recorrido y en la que su actuación le devolvió al estado de la estrella solitaria. El equipo afiliado a los Spurs en la D-League, afincado en la ciudad de Austin, decidió dar a Simmons -previo pago de 150 dólares- una oportunidad, pero tras su primera temporada por la Liga de Desarrollo, cobrando lo justo y lo necesario, las dudas comenzaron a nublar su cabeza. Dedicado ya a una vida laboral “corriente”, el alero optó finalmente por no rendirse en la búsqueda de su sueño. Y, como en las películas, éstos a veces se cumplen.

Jonathon Simmons SLAM Online

Foto: SLAM Online

Su segundo curso en Austin ya comenzó a captar las miradas de la NBA, y en el verano de 2015, los Brooklyn Nets apostaron por él en la Summer League. Pero alguien estaba al acecho. Con la bata blanca y una pizarra llena de ideas y planes diabólicos, Popovich agarró el teléfono y cambió por completo la carrera de Jonathon Simmons, quien, de la nada, comenzó a formar parte de uno de los mejores equipos del mundo. Con 25 años a sus espaldas y etiquetado en una categoría rookie que ya poco le pegaba, el alero por fin pudo debutar en la liga, aunque no logró hacerse con un puesto fijo en la rotación del cuadro de San Antonio. Tras varios experimentos y con mucho trabajo de por medio, el Doctor Popovich decidió conectar la maquinaria para que el mundo contemplara a su nuevo monstruo en la temporada 16/17. “¡Vive!, ¡Vive!”, gritó mientras se frotaba las manos ante su nuevo descubrimiento mientras otorgaba el mejor regalo a su criatura: una carrera profesional.

Desde este mismo verano, Simmons es libre de firmar con cualquier franquicia que se interese por sus servicios, y seguro que novias no le faltarán ante el paso adelante dado en los recientes Playoffs tras la baja de Kawhi Leonard. A las puertas de afrontar su tercera temporada como jugador en la mejor liga del mundo, el alero tiene la oportunidad de, seguramente, hacerse valer lejos de la mirada de su creador. La responsabilidad es grande, ya que muchos de los monstruos del Dr. Popovich han fracasado en sus misiones fuera de San Antonio. El peso del prestigio del laboratorio recae sobre sus hombros. Por el momento, y a falta de que se confirme el final del presente curso para que estalle el frenesí de las especulaciones, ya se ha rumoreado que los New York Knicks llamarán a la puerta del todavía jugador de los Spurs. Si quiere demostrar que tiene sitio en esta liga, no hay duda de que esa plaza puede ser perfecta.

Su evolución en el juego ha sido constante y evidente a lo largo de la presente campaña. Partiendo desde el banquillo (salvo en los momentos de baja de Leonard), Simmons ha sido una de las grandes alegrías del gran desempeño de los Spurs, añadiendo más armas al que, a priori, parecía un arsenal algo limitado. A la capacidad defensiva e imponente condición física del jugador nacido en Houston, con el paso del calendario y la llegada de los Playoffs se ha ido sumando un más que respetable acierto con el tiro en suspensión (35% de acierto en triples en postemporada incluido), apoyado en la altura que alcanza con su salto. En un escenario tan importante como unas Finales de Conferencia, ante todos unos Golden State Warriors, y con la baja de su estrella principal, Simmons no pasó desapercibido ante el chaparrón rival. Dio la cara pese a las circunstancias.

Ahora, cuando el futuro no se juega en las canchas, se acerca otro punto de inflexión como ya pasara en 2014. Entonces, con la firme idea de abandonar el baloncesto para siempre, acabó dándose una oportunidad a sí mismo y al deporte que amaba. Ahora, sabedor de que aquello que le atormentaba hace tres años en forma del bienestar de su familia estará prácticamente asegurado con su próximo contrato, tocará de nuevo comerse la cabeza. Gregg Popovich creó al monstruo y lo ha dejado suelto por las aldeas de la NBA, y a Jonathon Simmons le ha llegado el momento de buscar un nuevo sitio para seguir haciéndose fuerte.