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Manu Ginóbili, la sensación de la Lega

JuanEscudero@skyhook.es'

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Manu Ginóbili

Nadie duda en la actualidad de que las ligas de baloncesto en España y en Grecia ocupan los dos primeros puestos en cuanto a importancia y potencial económico de las que existen en el Viejo Continente. Probablemente, aunque el orden del Top 4 es debatible, después se sitúan las competiciones de Turquía y Rusia. En un quinto lugar, y a bastante distancia, la otrora magnífica Lega italiana lucha por retornar a un pasado esplendoroso ya tristemente desaparecido. No hay más que echar un ojo a la Euroliga de este año, donde el Armani Jeans de Milán ha quedado eliminado y los grandes trasatlánticos de las ligas ya citados copan los primeros puestos. Sin embargo, no se lleven a engaño, hubo un tiempo en el cual la situación era radicalmente la contraria; Bolonia, Milán, Roma, Cantú, Varese o Pesaro significaban y representaban el paraíso deportivo y económico en un continente ávido por sacar a relucir a sus estrellas y también en reclutar jugadores NBA de gran valor, aunque muchos de ellos ya agotando sus últimas dosis de magia.

En 1998, un joven y desgarbado portento físico y técnico procedente de Bahía Blanca acababa de dar sus primeros pasos en el concierto internacional durante el Mundial FIBA de Grecia. Emanuel Ginóbili se había colado de rondón en el roster argentino “quitándole” el puesto a otros jugadores más consagrados, gracias a la confianza del seleccionador Julio Lamas. Argentina se había quedado pequeña para su potencial, y el paso más lógico le situaba en Europa, un lugar perfecto para progresar y medir su techo. En junio del 98, cuando estaba en Olavarría durante la preparación para el Mundial, le dio el sí a Reggio Calabria con un contrato de 750.000 dólares por tres temporadas. Valladolid y Fuenlabrada, dos clubes españoles, también habían mostrado interés. Lo más firme al principio parecía lo de Tau Cerámica, que inició contactos con el representante Arturo Ortega y luego hasta habló con Manu, pero no se llegó a nada. Alfredo Salazar, un dirigente del club de Vitoria, todavía se arrepiente de aquella decisión.

El club Pallacanestro Viola Reggio Calabria accede por primera vez a la Serie A1 en 1989, donde se mantiene en la categoría, con dos descensos y ascensos en los años posteriores, hasta que el club quiebra en 1997. Renace al año siguiente con la denominación Nuovo Basket Viola Reggio 98, justo el año en el que Manu Ginóbili recala allí. Obviamente, la elección de un club modesto en lo deportivo le conviene al argentino. Situados en un segundo escalafón competitivo, la A-2, su objetivo se sitúa en el ascenso. Ginóbili tiene un perfecto espejo en quien mirarse.

“Yo le dije que el lugar era magnífico y que la gente me había tratado de primera. La adaptación a la vida de allá no le iba a costar mucho”, explica Hugo Sconochini, compañero en la selección y uno de los principales consultados, porque Reggio Calabria había sido su primer destino fuera de Argentina.

Con su habitual modestia, Manu siempre cuenta que no las tenía todas consigo al debutar en Europa. Desconocía su propio potencial. Simplemente cayó de pie y los resultados se vieron enseguida. Desde su primera aparición, con 31 puntos a Biella, los hinchas lo convirtieron en símbolo y los medios le brindaron un trato privilegiado. El primero fue La Gazzeta dello Sport, que le dedicó media página y le comparó con Sconochini, un compatriota ya consagrado. “Ginóbili: la historia se puede repetir”, se titulaba.

Foto: Ciamillo Castoria

No se trataba desde luego de un conjunto plagado de enormes y rutilantes estrellas. Sí que disponía de un jugador con una amplia trayectoria en la NBA y en Europa, el alemán Christian Welp, pero éste apenas jugó unos partidos testimoniales y agotó su recorrido en Calabria. Nunca fue un factor decisivo. La afinidad con los cuatro estadounidenses del equipo, especialmente con Brent Scott, fue clave en los momentos complicados. Scott emigraría al año siguiente al Real Madrid, donde fue campeón de liga en el Palau Blaugrana tras un quinto partido memorable y el escándalo de Sasha Djordjevic. Terminaron la serie regular en el tercer puesto y en el play-off, tras eliminar a Jesi y Scavolini, lograron el esperado ascenso. ¿Su aporte en la campaña? Fundamental, con 17’9 puntos y 3’2 robos por partido, máximo anotador de su escuadra.

Ahora en la A-1 la exigencia sería mayor. Para ello reclutaban, entre otros, a otro bahiense de reconocido prestigio, el internacional Alejandro “Puma” Montecchia, uno de los bases de la selección argentina, y futuro jugador de Pamesa Valencia. La temporada de Manu mejoró aún la primera y tuvo la fortuna de medirse en sucesivas ocasiones con las mejores escuadras del planeta Europa, especialmente la Kinder de Bolonia obra y gracia de Ettore Messina. En el comienzo del play-off Manu se destapó con 21 puntos en la victoria sobre el campeón Varese, además de coger diez rebotes y robar cinco balones. Esa misma semana, con 25 puntos de Manu y 14 de Montecchia, definieron la serie de octavos ante un rival, teóricamente, con más nivel. Ya en cuartos la serie fue durísima ante la Kinder. Sconochini usó toda su experiencia ante Manu y el equipo de Bologna superó a Reggio Calabria agónicamente en el quinto partido. Los objetivos se habían cumplido con creces. Ahora, en lo personal, tocaba afrontar nuevos retos, y a pesar de la gran oferta del Olimpiakos de El Pireo, Manu Ginóbili se decantaba por un paso algo más lógico, emigrar hacia la élite en la misma Italia, y qué lugar mejor que jugar en el Dream Team que Messina había diseñado en torno a Predrag Danilovic en Bolonia, tras el paso de éste por la NBA.

Marco Madrigali, el dueño de la sociedad, fue el encargado de anunciar el acuerdo. “Me parece que a los 22 años me conviene quedarme en Italia, donde soy conocido y respetado. Ya estoy adaptado a la vida en este país”, justificaba su elección. Pero en esa conferencia hubo más anuncios de Madrigali: la renovación de Hugo Sconochini y la llegada del serbio Marko Jaric. De esta forma, se aumentaba a seis el número de jugadores en el perímetro. Una noticia a priori negativa para el bahiense. Sin embargo, las cosas cambiaron de la noche a la mañana. Danilovic, una figura rutilante en el panorama europeo, no se presentó al segundo entrenamiento y sorpresivamente comunicó su retiro debido a problemas físicos. Manu reconoce que tuvo un toque de suerte. Quizás el punto de inflexión en su carrera. “No sé qué hubiera pasado si se quedaba. Era la estrella del equipo. Yo estaba en segundo plano”.

La Kinder Bolonia de la temporada 2000/01 es recordada entre los buenos aficionados al baloncesto en general como uno de los equipos más talentosos de la historia de las competiciones europeas. Aquel megaproyecto contaba en sus filas con Ettore Messina como técnico, y además con soluciones y alternativas para todas las circunstancias y que se adaptaba a cualquier tipo de juego. Desde la inteligencia de Antoine Rigaudeau y Marko Jaric, pasando por la explosividad de los pura sangre argentinos hasta la juventud de David Andersen y Matjaz Smodis, sin olvidar el músculo de un gran center como Rashard Griffith. “Al principio trataba de justificar mi llegada al equipo de cualquier manera y después me tranquilicé cuando noté que jugando al ritmo de Rigaudeau me iba bien”, señalaba. Con el francés, un jugador tremendamente talentoso, protagonizó un incidente que le mostró la otra cara de su entrenador.

“En un partido, Rigaudeau me hizo notar un error y le contesté con un gesto. Messina me dijo de todo en el vestuario. Y hasta casi me pega”. Una premonición de lo que se encontraría años más tarde en San Antonio, un tal Gregg Popovich, dotado de una fama bien merecida de entrenador de hierro.

Los elogios empezaron a llegar en enero con la conquista de la Copa de Italia, frente a Scavolini Pesaro, partido en el que terminó como máximo anotador junto con Rashard Griffith. Kinder iba lanzada en busca de la triple corona, se había metido en la final de la Euroliga y se había afirmado en lo más alto de la Lega, con Ginóbili en gran nivel. Llegaron a una tremenda serie de 33 partidos consecutivos invictos entre los tres torneos. Fue el jugador más valioso en la serie decisiva de la Euroliga, que Kinder le ganó 3-2 al Tau Cerámica, con Fabricio Oberto y Luis Scola como jugadores destacados. Tras la celebración anunciaron la votación de los periodistas: Manu era elegido el mejor de la final con los 11 votos posibles de la prensa. “Somos un gran equipo y ninguno se la da de estrella. Es el día más feliz de mi carrera”, contaba al borde de las lágrimas.

Foto: Roberto Serra / Iguana Press

Para la consagración definitiva en Europa le faltaba el scudetto, justo ante Paf Fortitudo Bolonia, el otro equipo de la ciudad. No hubo problemas para Kinder, ganó 3-0 la serie y terminó con un esclarecedor 9-0 en el play-off, con Manu como jugador más valioso otra vez. Definitivamente, el presente le pertenecía, ya como líder indiscutible del equipo más potente de Europa.

Probablemente hablamos de uno de los conjuntos más famosos de la historia del pallacanestro italiano, a la altura del Ignis Varese de Meneghin y Bob Morse o del Phillips Milan del propio Meneghin, Bob McAdoo y Mike D’Antoni. El triplete conseguido por el Kinder de Messina resulta muy complicado de igualar. El principal problema de aquella constelación de estrellas con Ginóbili incluido es que tan solo duró un par de temporadas, y la segunda no pudo igualar los éxitos de la primera. Sólo la Copa ingresó en las vitrinas de la escuadra boloñesa. En el plano personal, y superadas de largo las expectativas creadas, en el exterior y por él mismo en torno a su figura, el siguiente paso sería la NBA. El jugador, ya con casi 25 años y un bagaje sensacional a su espalda, intuía, a pesar de su habitual modestia, que su futuro estaba con los mejores. Pero esta, amigos, es otra historia. Antes, cuatro años tan sólo habían bastado para que Emanuel Ginóbili ingresara por derecho propio en la élite histórica de una competición sin rival en épocas no tan pretéritas.

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A las puertas de lo imposible

sergiconcha@skyhook.es'

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El 22 de junio de 2017, el CB Prat anunció la contratación de Arturo Álvarez como entrenador principal. Un técnico con experiencia incluso en Brasil y Portugal que llegaba con una gran temporada en Araberri bajo el brazo. Ese 22 de junio, aunque nadie lo podría suponer, cambió la historia reciente de un club con 86 años a sus espaldas y que ha llegado en este curso a su cénit deportivo.

Esta era la cuarta temporada consecutiva del equipo en LEB Oro, una competición exigente con un gran nivel de jugadores ilustres como Jordi Trias, Dani Rodríguez, Ricardo Úriz o Nacho Martín, junto a jóvenes promesas que esperan un trampolín para alcanzar la ACB. Hasta la fecha, el mejor resultado obtenido por el conjunto potablava (nombre de un ave muy común en el Prat) había sido un decimotercer puesto, logrado el pasado curso todavía bajo el paraguas de una estrecha colaboración con el Joventut de Badalona, una colaboración que este año se puso en stand-by con miras a retomarla en un futuro cercano. La realidad de la entidad, con el presupuesto más bajo de la competición, era luchar por salvar la categoría, como lo ha venido haciendo desde que consumaron el ascenso en 2014, pero Arturo ha catapultado al equipo a un nivel jamás visto que les ha situado en el foco del baloncesto español y a estar a un paso de disputar la gran final por el ascenso a la mejor competición europea de clubes.

Dentro de unos parámetros muy marcados y unas pretensiones muy ajustadas, el técnico asturiano, junto a la directiva, confeccionó una plantilla de nivel con una mezcla entre jugadores jóvenes y veteranos que ha resultado decisiva. Al proyecto se unieron nombres del calibre de: Josep Pérez, Marc Blanch, Emanuel Cate y Martynas Andriuskevicius, ya con experiencia en España o jugadores que aterrizaban aquí por primera vez como: Alex Campbell, Marlon Johnson y Caleb Agada. El inicio de curso fue fulgurante y aúpo al equipo catalán a la primera plaza con once victorias en los primeros doce encuentros.

A medida que la temporada avanzaba y el objetivo de mantener la categoría ya parecía encaminado, era cuestión de batir récords. A mediados de enero el equipo ya había superado los 13 triunfos cosechados en la 16/17, justo antes de quedar apeados, solo por el basket average, de disputar la Copa Princesa, que enfrentó casualmente a los dos equipos que han logrado el ascenso: Breogán y Manresa. En vistas que los playoffs eran un hito alcanzable, el club se reforzó en miras de un crecimiento inesperado con Saúl Blanco y Pep Ortega, que cumplía su tercera etapa en el equipo.

Foto: Luiggi García

La temporada regular acabó con 25 victorias y solo 9 derrotas, doce más que la anterior y un segundo puesto histórico que les otorgaba el factor cancha a favor en todas las eliminatorias por el ascenso. “Es algo irrepetible”, se escuchaba entre los aficionados que acudían al pabellón Joan Busquets a animar a su equipo. Una cancha, que con una capacidad cercana a las 600 personas, era la más pequeña de la categoría. Desde su humilde morada, el equipo liderado en la cancha por Agada y Cate, dos jugadores que veremos en categorías superiores muy pronto, se impuso 3-0 a Carramimbre Valladolid y compraba así su ticket para semifinales.

Allí esperaba todo un portentoso Melilla Baloncesto, uno de los equipos históricos de la LEB Oro que disputaba su sexta semifinal con Mamadou Samb, Diego Kapelan, Fran Guerra o Dani Rodríguez en sus filas. Tras ganar cada uno un partido en casa y a domicilio, el decisivo encuentro se iba a disputar en un Busquets que prácticamente doblaba su aforo permitido, registrando la mejor entrada de su historia por encima de las 800 personas. Caprichoso el destino, el partido iba a decidirse en los últimos segundos a favor de un Melilla que fue perdiendo durante más de 39 minutos, pero que tuvo la suerte y experiencia necesaria para darle la vuelta al marcador y apear del sueño a un Prat que había obrado por encima de sus expectativas.

Pese a quedar a las puertas de disputar la final por el ascenso a ACB, las posibilidades eran remotas. “No tenemos ninguna opción de jugar en ACB, es imposible. Si acabamos subiendo, renunciaremos”. Declaraba el presidente del club, Arseni Conde, cuando todavía se estaban disputando las semifinales al Diari Ara. Para la temporada que viene, el club deberá volver a reinventarse una vez despertados del sueño. Arturo Álvarez ya ha hecho oficial que no seguirá en el club, en parte debido a un presupuesto que debe ajustarse más si cabe tras el esfuerzo presente. Además, muchos de los jugadores importantes cuentan con ofertas muy superiores tras brillar en un Prat que ha escrito una de las páginas más bonitas del baloncesto español este año.

“Hay que hacer un paréntesis en la historia del club para valorar este año”, decía Arturo en su última rueda de prensa. Una historia que ha llevado a jugadores como: Guillem Vives, Pau Ribas, Henk Norel o Christian Eyenga, a defender los colores del CB Prat gracias a un vínculo con la Penya que empezó en 2004. Curiosidades del baloncesto, ha sido el año de la desvinculación cuando el proyecto ha tocado techo para ahora quedar en un futuro incierto, donde al menos ya se han ganado el respeto de toda la competición y donde ahora los aficionados esperan poder seguir celebrando victorias hasta que algún día, quien sabe, puedan derrumbar la barrera imposible de jugar en ACB.

Foto: Luiggi García

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Michael Porter y el dilema del Draft

periz.oscar@gmail.com'

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Nuevo entrenador, equipo renovado y con el mejor prospect de la nación. Eran los primeros instantes de una nueva e ilusionante era en Columbia, Missouri. Los Tigers empezaban un año esperanzador y con objetivos diferentes y opuestos a lo que estaban acostumbrados en los últimos años. Esa reconstrucción sin rumbo, con la llegada de Cuonzo Martin al banquillo, en Mizzou se empezó a ver algo de luz al final del túnel, pero aquello no sería lo único que cambiaría el programa de Columbia en verano.

Michael Porter Jr, considerado el mejor jugador de su generación, rompía su compromiso con la Universidad de Washington una vez conocida la noticia de que Lorenzo Romar era despedido como entrenador de los Huskies después de 15 temporadas en el cargo. Unos últimos años en la intemperie y más bien discretos pasaron factura. A la vez, con el despido de Romar, Michael Porter Sr, padre de Michael Jr. y miembro del staff técnico, tampoco continuaría en el proyecto de Washington. Ese sería un movimiento decisivo, porque con Michael Sr. uniéndose al staff de Cuonzo Martin, la posibilidad de que la estrella del instituto Nathan Hale recalara en Mizzou era una posibilidad más que real.

El siguiente paso de Porter ya estaba marcado. Regresaba a su tierra, Columbia, para unirse a los Tigers tal y como se especulaba una vez sabido que no acudiría a Washington. Todo quedaba en familia y en casa. Michael Jr coincidiría en Mizzou con su padre (Michael Sr), hermanas (Bri y Cierra) y también con su hermano menor (Jontay), que se comprometería con los Tigers un poco después de hacerlo Michael.

La llegada de un recruit de la talla de Michael Porter Jr catapultaba hacia arriba las aspiraciones de Missouri a corto plazo, porque todos –incluso él mismo- sabían que esa etapa no iba a durar mucho. Las cualidades de MPJ estaban muy bien consideradas por los scouts NBA incluso desde mucho antes de pisar la universidad, y su potencial, algo que se valora al alza en estos tiempos, ya era de súperestrella. Su dominio y sus números en Nathan Hale HS no hacían más que confirmarlo.

Llegó el día del gran estreno de los Tigers ante su afición. Missouri pasó por encima de una endeble Iowa State que no pasa sus mejores días, pero el triunfo de los de Cuonzo Martin quedó en un segundo plano. ¿El motivo? Michael Porter Jr, tras dos minutos de partido en los que anotó un mate, se sentó en el banquillo y no volvió a jugar. Sintió unas molestias que, por precaución, le dejaron sin jugar los siguientes partidos a la espera de obtener más pruebas.

Foto: NCAA.com

La peor de las noticias llegó: Michael Porter Jr. no jugaría más en su primer (y posiblemente último) año con Missouri. Se le diagnosticó un problema en dos vértebras que le dejarían en el dique seco hasta final de temporada, y dicha lesión requería pasar por el quirófano. La lesión de MPJ dejó, por otro lado, algunos frentes abiertos y libres para la especulación, como el de cómo habría sido su etapa en Mizzou o, por otra parte, cómo afectaría esta situación a su futuro más cercano: el Draft.

Un caso familiar

Esta situación tiene sus paralelismos con el caso reciente de Ben Simmons en LSU, incluso como el de Markelle Fultz en Washington. Jugador TOP de la Class se compromete con una universidad fuera del universo de las powerhouse del estilo de Kentucky, Duke, Kansas o Arizona.

Estaba claro que el australiano iba a ser el jugador por el que iban a pasar prácticamente todos los balones, y el plan de juego tampoco sugería un cambio hacia otra dirección. En resumidas cuentas: un gameplan limitado y previsible centrado en la gran estrella. La falta de un ‘plan B’ y ‘plan C’ de Johnny Jones, entonces técnico de LSU, mermó seriamente a unos Tigers que, salvando a Simmons, ni siquiera pisaron el March Madness cuando las previsiones les situaban arriba. La realidad era otra.

Algo que nunca sabremos con Porter Jr bajo la batuta de Cuonzo Martin. Si jugamos a especular, es cierto que entre esa LSU y la actual Missouri existen ciertas similitudes justo antes de conocer el alcance de la lesión de Porter, pero la lesión del jugador distorsiona tal relato. Ambos casos contaban como objetivo llegar al March Madness, pero también es verdad que Mizzou cuenta con mejor presencia y reputación en el banquillo y, por inri, más (y mejor) talento en la plantilla que esa LSU, carente de otras figuras trascendentes.

Ser o no ser pick #1

Con Porter estando en plenitud de condiciones, el próximo número 1 del Draft no tenía color, fuese cual fuese el primer equipo en elegir. Michael Porter Jr representa el tipo de prospect ideal para el baloncesto moderno: gran técnica para jugar por fuera, con la altura y movilidad de un alero y con la envergadura de un pívot. Porter, junto a Ayton, es considerado el mejor proyecto de estrella de la próxima generación y es probable que su lesión afecte a su stock en el Draft, aunque de hacerlo, afectará mínimamente. Y en un escenario excepcional como este, Porter caería como mucho uno o dos puestos en el Draft.

Ante un proyecto de futuro de ese calibre, resulta improbable que Porter caiga más allá del ‘Top 3’ incluso a sabiendas de que ha jugado solamente dos minutos en toda la temporada y de las temporadas que están realizando DeAndre Ayton, Marvin Bagley, Luka Doncic o Mo Bamba, que son los otros candidatos que van a estar en las quinielas para estar entre los tres primeros. Cualquier otra cosa que no sea figurar entre los tres primeros picks sería una sorpresa mayúscula, y también un regalo.

Otra variante decisiva será la de si Porter se ha recuperado plenamente de su lesión o no, pero todo hace indicar que MPJ estará 100% recuperado una vez lleguen las fechas para realizar workouts con franquicias NBA.

Tampoco está descartado el frente en el que MPJ decida seguir un año más en Missouri, pero a día de hoy es un escenario que parece difícil que se cumpla. Aunque su falta de ritmo competitivo puede ser un inconveniente en sus primeros días como profesional, su cartel en la NBA es elevado y será difícil dejar pasar ese tren.

Cualquier cosa que acabe sucediendo, una cosa es cierta: Michael Porter Jr. ya es, al igual que Kyrie Irving en su día o incluso Joel Embiid, uno de los grandes “qué hubiera pasado si…” de los últimos años en la NCAA. En una class tan abierta como la que se presenta próximamente, va a ser difícil dejar pasar a tal talento debido a una lesión.

La presión será para el primero en elegir. Y mientras, el resto ya se está frotando las manos.

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Collin Sexton, el mundo a su merced

bryangn@gmail.com'

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Hay un popular dicho que dice que «donde menos se piensa, salta la liebre», algo que le viene como anillo a esta competición, y que nos podría valer para identificar la llegada a la liga de Collin Sexton. El de Atlanta se ha convertido en uno de los grandes atractivos de esta nueva temporada universitaria, y con apenas 18 años tiene todo lo necesario para triunfar al nivel que él mismo se exija.

Sexton no es el modelo de base anotador empedernido que buscar desquiciar a su rival para la canasta fácil, ni el típico jugador que busca destacar a base de highlights, y ni mucho menos un base sensato y sosegado que busca gestionar la distribución de balones a sus compañeros en ataque. Es más, no existe a día de hoy un modelo predeterminado para encasillar a Sexton como base. Es un artista con el balón en su poder, uno de esos jugadores anárquicos que parece que deambulan como pollo sin cabeza, pero con altas dosis de creatividad y talento en vena. Es, sencillamente, un jugador diferente a los demás.

Desde los suburbios de Atlanta a ser considerado uno de los grandes nombres del próximo draft de rookies. La historia de Collin Sexton comenzó a forjarse en su Pebblebrook High School, donde ya comenzaba a llamar la atención de muchos ojeadores de todo el país con apenas 16 años, un pequeño y rápido base de gran ética de trabajo y un físico demoledor que resultaba imparable para la defensa rival, y que ya había liderado con maestría a su High School a cotas importantes a nivel estatal. Pero fue una llamada la que realmente le hizo ver que podía aspirar a ser alguien relevante para su comunidad, su instituto y también para sí mismo.

La vida le dio un giro de 180 grados después de que la mismísima USA Basketball le invitase a formar parte del campus de entrenamiento para el próximo Mundial U17 que se iba a celebrar en España en 2016. Una oportunidad única a la que sólo unos pocos privilegiados tenían acceso, y que a diferencia de otros compañeros de generación que ya habían hecho sus pinitos con el uniforme nacional, para Sexton era algo totalmente novedoso. Esto le motivó notablemente, y cambió su actitud y su forma de trabajar.


«Quería estar en ese equipo costase lo que costase», aseguraba su entrenador en el instituto, George Washington. «Muchos de esos jugadores ya eran conocidos, y tenían mucho ganado. Yo le decía a Collin: ‘tu trabajo es ser el más duro de todos, trabajar más que nadie, y así nadie te puede negar estar en ese equipo’».

Su duro entrenamiento personal para estar en Colorado Springs, lugar designado para el campus, fue tremendamente exigente. Su jornada constaba de tres entrenamientos diarios, comenzando el primero a las seis de la mañana con un trabajo específico en la cancha con un asistente del equipo de baloncesto, para retomarlo por la tarde para trabajar en el gimnasio con pesas y cardio y finalizar por la noche con ejercicios de tiro a canasta. Un menú que se repitió durante varios meses y al que Sexton no falló ni un solo día. Recordemos, todo esto viniendo de un chaval de 16 años que aún estaba en su año junior de instituto, y al que le había tocado madurar a la velocidad de la luz.

Cuando llegó a Colorado Springs, vio que todo el esfuerzo había merecido la pena, y su nombre era uno de los elegidos para defender a su país en Zaragoza ese mismo verano. Pero esto no iba a ser más que el comienzo de un ascenso en el que –a día de hoy– no ha visualizado todavía la cima.

Ese número 8 del combinado USA no pasó inadvertido para nadie en Zaragoza. Ese equipo orquestado por Donald Showalter estaba hecho a la medida de Sexton: jugadores muy abiertos con muchísimo espacio para correr, un ritmo de juego altísimo, una agresividad e intensidad en ataque y defensa inusitada y muchísimo poderío físico. Y hay que decirlo, un grupo de jugadores que también formaban una cohesión de grupo y una fuerza coral dignas de mención.

Lo más sorprendente de todo, es que Collin Sexton se había coronado en lo más alto de esa pirámide de talento y fama internacional en la que se había convertido este combinado USA. Su habilidad para romper la defensa rival a base de potencia de piernas, de transiciones donde tardaba nanosegundos en llegar a la pintura rival desde su propio campo, de intensidad en defensa para robar balones y también para lanzar desde cualquier punto de la pista. Pero, sobre todo, magia con el balón entre las manos y auténtico espectáculo destrozando el aro rival. Un MVP más que merecido.

Sin lugar a dudas, Zaragoza fue la ciudad que encumbró definitivamente a Sexton y lo hizo saltar a la palestra de los nombres más destacado de la próxima clase de 2017, y su gran actuación posterior en el circuito EYBL –donde rompió el récord anotador del mismo de ese mismo año– no hizo más que confirmar que estábamos ante un talento en ciernes. Collin Sexton había pasado de ser un pequeño base unranked del que pocos habían oído hablar a ser un prodigioso base de cinco estrellas por el que las universidades se iban a dar golpes, todo en apenas doce meses.

«Nada ha cambiado», dijo Sexton en una entrevista el pasado verano. «Solo tenía que ponerme en frente de las personas adecuadas para mostrar mis talentos y hacer lo que mejor hago: jugar duro todo el tiempo».

Como era de esperar, muchas fueron las universidades que llamaron a su puerta, restringiendo su interés en seis programas: Alabama, Georgia, Georgia Tech, Kansas, North Carolina State y Oklahoma State, para finalmente decantarse entre los Crimson Tide y los Jayhawks en un programa especial de televisión emitido a nivel nacional por ESPNU, donde finalmente Sexton sorprendería escogiendo al conjunto de Avery Johnson.

«Son geniales y tienen un gran ambiente“, dijo Sexton en una entrevista a 247Sports. “El entrenador Avery Johnson es un entrenador muy bueno, me dijo cómo podía encajar en el programa y cómo podía ayudarme. Heredó el equipo el año pasado, por lo que no pudo traer a sus jugadores, pero fue capaz de convertir a los jugadores que no lo estaban haciendo bien en buenos jugadores. Es algo especial».

El compromiso de Sexton siguió ipso facto el de John Petty, otro talentazo exterior de la clase de 2017 al que John Calipari ya tenía echado el lazo desde hace tiempo. Así, Alabama volvería a resurgir a nivel nacional con estas dos pequeñas perlas comprometidas bajo el estricto Avery Johnson.

Foto: www.hoopseen.com

El último año de Collin en el instituto con Pebblebrook High School fue un paseo militar en lo personal, promediando casi 30 puntos por encuentro y guiando a su instituto al campeonato estatal, donde finalmente acabaría perdiendo. Pero eso sí, conseguiría ese pasado verano sus tres grandes objetivos que se había marcado: liderar la EYBL en anotación, volver a ser invitado por la USA Basketball para defender la camiseta nacional y ser nombrado McDonald’s All-American. Sexton ya lo tenía todo para ir al siguiente nivel.

Sin embargo, la reciente investigación del FBI por corrupción en varios programas universitarios de la NCAA Division I acabó afectando también a su debut como freshman en la competición. El ya ex-administrador de la universidad, Kobie Baker, fue acusado por el FBI de tener un trato ilegal con un asesor financiero para ayudar a ciertos jugadores económicamente a cambio de que éstos firmasen con dicho asesor durante su travesía universitaria y profesional. Según los documentos del FBI, se produjo una cena en un restaurante del área de Atlanta –de donde es Sexton– entre Baker, el asesor financiero y «el padre de un gran jugador de esta clase de reclutamiento», aunque nunca fue probado públicamente que fuese el padre de Collin Sexton.

La NCAA no lo dudó un instante, y suspendió la elegibilidad de Sexton indefinidamente hasta que se esclareciese este hecho.

Por fortuna para los fans de Sexton y de la NCAA, el prometedor base de Atlanta únicamente se perdió el debut oficial ante la universidad de Memphis, además de todos los encuentros de pretemporada, y este año estamos disfrutando de él a pleno interés.

Su paso por los Tide está siendo de todo menos previsible. Promediando más de 20 puntos por noche, su gran actuación personal la tuvo en un partido de locos ante la universidad de Minnesota, donde Alabama acabó jugando durante muchísimos minutos con solo tres jugadores en pista –uno de ellos Sexton– por diversas expulsiones que dejaron en cuadro a los Tide. Sexton se echó el equipo a sus espaldas y mantuvo la tensión del encuentro hasta pocos segundos antes del final, donde finalmente cedió la victoria.

Pero Sexton hizo historia esa noche, ya que sus 40 puntos –31 de ellos en la segunda mitad– son ahora el récord anotador de un jugador de Alabama de primer año desde los 43 de todo un Reggie King en 1973. Y, sobre todo, ha dejado constancia a toda la competición de que este año va en serio en la búsqueda del Bob Cousy Award y de una plaza de privilegio en el próximo draft de rookies.

Su agresividad con el balón, su pasión por el juego y su determinación en la pista son impropias de un jugador de su edad. Su instinto ganador y de superación le puede catapultar entre los cinco mejores de su generación, y la ausencia de bases de gran nivel en este draft puede hacerle subir algún puesto extra en el ranking. Sin techo en el horizonte, es una de las grandes perlas que la NBA explotará en los próximos meses.

 

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