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Reflejos

El último año de Pau en Memphis: un grito al socorro

Tocar techo. Esa sensación de haber llegado tan lejos como podía y que ya nada le iba a permitir volar más alto, porque ni el motor de la nave daba para más, ni era posible traspasar ese límite que parecía fabricado a base de grafeno. No. Los Grizzlies de Pau Gasol, conocidos como tal, no tenían más recorrido.

Tal vez porque por aquel entonces Josef Ajram no era famoso, tal vez porque en realidad sí existen los límites, esa era la sensación de Pau. La suya y la de todo el mundo, sensación que se iría convirtiendo en realidad conforme se sucedieran los resultados.

Lo cierto es que había sido un más que digno trayecto. Grizzlies, Pau Gasol y también la ciudad de Memphis habían crecido de la mano. Era 2001 cuando la franquicia del oso dejaba la canadiense y gélida Vancouver para trasladarse a Memphis, cuna del rock and roll y cuidad a caballo entre las profundas costumbres sureñas y el cosmopolita estilo de vida de unos estados más al norte, donde lo más parecido a un grizzly que se podía encontrar por allí era un mal imitador de Elvis.

Musicalmente era una de las urbes más ricas de Estados Unidos, donde habían sido artísticamente criados personajes de la talla de Johnny Cash, B.B. King, Aretha Franklin o el propio Elvis Presley, cuya tumba es una de las grandes atracciones de la ciudad. Sus restos no descansan allí, pero el suelo de Memphis también fue el último que pisó otra figura clave en la historia estadounidense, Martin Luther King. A nivel cultural había poco que discutir a la ciudad más poblada del estado de Tennessee, pero deportivamente no era más que un cero a la izquierda, sin ningún equipo que representara a Memphis en ninguno de los principales deportes del país.

Para dar ese salto deportivo llegaban unos Grizzlies que no solo dejaban Vancouver, también traían significativos cambios deportivos con la salida de Shareef Abdur-Rahim, máximo anotador histórico de la joven franquicia por aquel entonces y que había pedido el traspaso a mitad de la pasada temporada en vista de que Vancouver no parecía el destino más atractivo para los agentes libres más codiciados, ni si quiera para las futuras estrellas (Steve Francis, número 2 del Draft de 1999 por los Grizzlies, se negó a jugar allí hasta salirse con la suya y ser traspasado a los Rockets antes del comienzo de su temporada rookie), y de que en Memphis la cosa tampoco pintaba a mejor. Deseo concedido. Abdur-Rahim partiría hacia Atlanta la misma noche en que los Hawks seleccionaban a Pau Gasol como número 3 del Draft de 2001, una elección ya pactada de antemano por el traspaso. No cambiaría mucho la situación para Abdur-Rahim, que seguiría sin aspirar a cotas más altas como equipo (jamás pisaría los Playoffs como miembro de los Hawks, disputando únicamente una primera ronda en 2006 como jugador de rotación de los Kings), pero que en 2003 obtendría su única selección para un All-Star Game, el acogido precisamente por Atlanta, y tampoco para los Grizzlies, que en su primera temporada en Memphis repetirían idéntico récord de 23 victorias y 59 derrotas al de su último año en Vancouver, pero el futuro pintaba de otra manera con aquel espigado español.

A partir de ahí, la historia la conocemos todos. Sobre todo sus grandes luces, y cómo un sólido núcleo de jugadores con Pau Gasol a la cabeza logró convertir a los Grizzlies en una franquicia ganadora, llegar por tres años seguidos a los Playoffs entre 2004 y 2006 y mandar por primera vez a un jugador al All-Star Game (¿hace falta decir quién?). Sin embargo, algo fallaba. O, mejor dicho, no podía funcionar mejor. Las tres apariciones en Playoffs se habían saldado con idéntico resultado: un doloroso barrido y para casa. Era verano de 2006 y algo debía cambiar.

Pero no cambió mucho. Al menos a nivel estructural hubo pocos cambios, pero una de las pocas salidas fue muy dolorosa para Pau, la de su mejor amigo en Memphis Shane Battier, traspasado a los Rockets. En el baloncesto de selecciones, Pau tocaría el cielo con el Mundial de Japón, pero el oro de España vino después de la fractura del quinto metatarsiano de su pie izquierdo, una lesión que le alejó durante más de tres meses de las canchas de juego, cuando el récord de los Grizzlies ya era de 5-17 y a Mike Fratello le quedaban dos siestas en un equipo desangelado y que veía cómo la afluencia de público al FedEx Forum descendía de manera alarmante.

Foto: Lance Murphey

Chicago Bulls, coitus interruptus

Nos situamos en el invierno de finales de 2006 y principios de 2007. Como en todos los casos en que una franquicia pega un evidente bajón respecto a pasadas temporadas, y con el acercamiento del siempre excitante cierre de traspasos, los rumores en cuanto a la salida de los mejores jugadores del equipo se disparan. En este caso, el río sonaba porque efectivamente agua llevaba. Pau Gasol había pedido el traspaso a la gerencia de unos Grizzlies que no tenían claro ni qué iba a ser de ellos. Con una imagen de franquicia moribunda, su propietario Michael Heisley ya los había puesto en venta y Jerry West, general manager, estaba ya planeando cómo salir de allí.

A los 26 años de edad, y después de seis temporadas haciendo crecer a la por entonces peor franquicia de la NBA, que estaba tomando camino de volver a ostentar dudoso honor, la petición parecía más que comprensible. Pero no todo el mundo en Memphis quiso entenderlo así, y desde entonces pitos y aplausos se dividirán en la grada del FedEx para recibir al español, que a cada día que pasaba escuchaba menos palmas y más improperios. Hasta un mediocre locutor de radio local, de nombre Chris Vernon, le compuso una canción, Oda a Pau, en la que se preguntaba “¿quién quiere a un español llorón?” o sacaba sus vergüenzas a pasear, denunciando que “solo juega bien la primera mitad” o que “defiende clavado en el barro”, sin dejar de lado la descalificación, llamándole “mercenario”, o entonando en castellano que “me gusta el baloncesto, no me gusta Pau”.

Aunque decía aceptar que la gente le culpara a él de la mala marcha de un equipo al que se había incorporado con, recordemos, un récord de 5-17 y un enrarecido ambiente en el vestuario, estaba claro que sus días en Memphis estaban contados.

Su más firme postulante, unos nada disimulados Chicago Bulls en los que John Paxson, general manager, enardecía los rumores diciendo que “necesitamos a un jugador como Pau, con su versatilidad y habilidad para anotar en la zona” y que era “obvio que necesitamos un ‘cuatro’ anotador”. Su encaje en el equipo de la ‘Ciudad del Viento’ parecía perfecto, pudiendo hacer pareja interior con el físico y defensivo Ben Wallace, y hasta Jerry West admitía haber tenido “una conversación breve” con los Bulls, pero que no llegó a más porque, al parecer, los de Tennessee pedían demasiado –se habló de una solicitud en la que West pedía a al menos dos de entre Luol Deng, Kirk Hinrich, Ben Gordon y Andrés Nocioni-. Deng y Nocioni eran intocables, y Hinrich y Gordon aún estaban lejos del desplome con el que recordamos hoy día sus carreras.

Los Bulls no fueron los únicos que hicieron descolgar el teléfono a los Grizzlies, y desde una Conferencia Este muy abierta los candidatos se sucedían. Los que más en serio parecieron ir además de los Bulls fueron los Nets, de los que se rumorea que hicieron una “buena oferta” que estuvo cerca de convertirse en algo más, pero en Memphis pedían “uno o dos jóvenes con contratos pequeños y otro cuyo gran contrato expire en junio”, según palabras de su propio general manager Rod Thorn, pero las inoportunas lesiones de Nenad Krstic y Richard Jefferson paralizaron todo hipotético movimiento.

También unos Celtics con muchas ganas de cambio –habían puesto el cartel de ‘disponible’ a todos  sus jugadores menos a Paul Pierce-, pero las conversaciones no parecieron llegar muy lejos y Boston tampoco parecía el mejor destino viendo cómo los verdes se hundían en la Conferencia Este justo antes del verano en que llegaran Kevin Garnett y Ray Allen. Quien ejercía funciones de general manager en aquel momento en los Celtics, por cierto, no era otro que Chris Wallace, que aquel verano cambiaría Boston por Memphis para ser el hombre que finalmente traspasara a Pau.

Pero nada. Nada de nada. El mercado cerraría puertas y Pau seguiría en Memphis. Pasada tanta especulación, incluso Paxson se atrevía ahora a decir que “honestamente, nunca estuvo cerca de venir”. No hubo manera de que los Bulls soltaran a Deng, pieza indispensable que quería en el retorno de la operación West desde Memphis. Con el cambio total de escenario, y a pocos meses de dejar su cargo, lo que ya era un secreto a voces, Jerry West parecería reírse del mundo entero desde su categoría de ‘Logo’ diciendo que “no me extrañaría que Pau acabase su carrera en los Grizzlies”. El billete para ello, que los Grizzlies siguieran de fango hasta las cejas hasta el final de temporada y obtuvieran un buen puesto en la lotería de un Draft de 2007 donde Greg Oden y Kevin Durant prometían un futuro brillante a cualquiera fuese la franquicia que les escogiera. No hubo suerte, y Memphis se tuvo que conformar con una cuarta posición con la que eligieron a Mike Conley, convertido hoy día en todo un símbolo de la franquicia.

De todas formas, aunque Oden o Durant hubiesen dado con sus huesos a orillas del río Mississippi, a Pau no le hacía excesiva gracia meterse de lleno en una nueva reconstrucción. Él ya había sido ‘lottery pick’, así que sabía de lo que hablaba cuando en los meses previos ya advertía que había que “mirar la historia de otras jóvenes estrellas. ¿Cuál fue su impacto los dos primeros años? ¿Marcaron diferencias? Todos pasamos por un proceso de aprendizaje y ajuste a la liga, no importa quién seas”, se despachaba, dejando clara su postura, que a punto de cumplir 27 años, la mejor edad de un deportista por combinación de estado físico y mental, no contemplaba escenarios donde los éxitos se marcaran en el largo plazo.

Foto: Joe Murphy / NBA

Una segunda oportunidad a Memphis

Si no podían traspasarle, en Memphis al menos tratarían de mantener contenta a su estrella durante el tiempo en que siguiera siendo grizzly. El de 2007 fue el verano en que Juan Carlos Navarro se animó a probar en la NBA, obteniendo los Grizzlies sus derechos procedentes de los Wizards por una pírrica cifra, en consonancia con su contrato. También tomaría el cargo de entrenador jefe Marc Iavaroni, que con una filosofía basada en “dar y recibir amor” (así, tal cual), parecía devolver el ánimo a un Pau cargado de positivismo y con su mejor amigo al lado.

“Cuando hablo con Iavaroni siento que se trata de un tipo positivo, y nosotros no hemos tenido eso los dos últimos años. Antes se sucedían los errores, y yo no me sentía bien”, decía Pau sobre su nuevo entrenador, “una de las razones por las que ahora quiero continuar”. Los elogios entre uno y otro se sucedieron aquella pretemporada de 2007, incluido un viaje a España para jugar contra el Unicaja en Málaga y el Estudiantes en Madrid como parte del NBA Europe Live Tour. “Lo de Pau es pasión por el triunfo, y quiere saber si la gente que trabaja con él comparte esa pasión”, correspondía Iavaroni como intentando justificar la solicitud de traspaso de un Pau Gasol que era un hombre nuevo. Y sin moverse de Memphis.

Pero algo volvió a fallar. Dejada atrás esa atípica pretemporada, llegado el momento de la verdad las victorias solo llegaban con cuentagotas, y por cada una de ellas había un puñado de derrotas. Los Grizzlies seguían siendo un equipo correcto en ataque, pero también una de las defensas más débiles de la liga, y ese positivismo que parecía haberse hecho con el vestuario no lo hacía tanto con la afición, la penúltima en número. Iavaroni no solo no dio con la tecla para hacer jugar bien a su equipo, que iba a un ritmo mucho más plomizo del prometido, sino que tampoco supo cómo usar a Pau. Le alejó de la pintura y su producción se redujo: en puntos, en porcentajes de tiro y en rebotes. Poco a poco la química en un equipo mucho más joven que el de años anteriores iba desapareciendo.

Esta vez sí

La nueva intentona por que Grizzlies y Pau fueran felices juntos de nuevo resultó ser un desastre, como casi toda segunda parte de una relación, así que los Grizzlies, ahora con Chris Wallace como máximo responsable de su secretaría técnica, decidieron volver a explorar el mercado y conceder a Gasol su antiguo deseo de explorar nuevos y atractivos horizontes, admitiendo él mismo que se había reactivo la posibilidad de una salida declarando que “si Iavaroni y Wallace creen que pueden hacer un buen acuerdo, lo harán”. Los Bulls volvieron a aparecer en escena, pero esta vez había un candidato mucho más serio, que permanecía agazapado desde el año anterior, cuando también habían preguntado por él sin que nadie se enterase: los Lakers.

Mitch Kupchak ya había confirmado la disponibilidad de negociar por Gasol la temporada anterior, y durante el verano de 2007 y 2008 no perdió el tiempo, negociando durante hasta tres semanas por el español con un secretismo absoluto. “Tenía la sensación de que si la operación se retrasaba más de un día todo el mundo lo sabría y los equipos empezarían a llamar a los Grizzlies… con lo que nuestro acuerdo habría muerto. He visto acuerdos así irse al traste, y es frustrante”, desvelaba Kupchak, tan hábil en sus maniobras que ni el propio Pau se lo esperaba.

El intercambio es de sobra conocido. Pau ‘dejaría’ en soledad a Juan Carlos Navarro en su única temporada NBA –a quien si ya le costó adaptarse al estilo de vida americano, ahora le sería más difícil- saliendo hacia Los Ángeles a cambio del infame Kwame Brown –número 1 de su Draft-, Aaron McKie, Javaris Crittenton, dos futuras elecciones de primera ronda del Draft y los derechos por su hermano Marc. Lo que a todo el mundo en la NBA le pareció una broma que quien peor pareció encajar fue Gregg Popovich, entrenador de los Spurs y que ahora tenía en los Lakers unos más que serios candidatos al cetro de la Conferencia Oeste, llegando a solicitar la creación de una comisión de investigación de traspasos en la liga, pudiendo vetarlo si fuera en contra de los intereses generales de otros equipos  por lo ridículo del acuerdo, en referencia al traspaso de Pau Gasol.

Aunque nadie esperara encontrar un pívot de calibre All-Star en Marc Gasol, lo cierto es que el tiempo ha dado un poco la razón por Chris Wallace. Sin embargo, no es algo que le pueda excusar, porque si nadie lo esperaba, podía haber sacado más, y así mismo lo admitía el entonces propietario Michael Heisley: “Quizás nuestra gente debería haber vendido mejor a Gasol, obtener un mejor retorno. Tal vez Chris llamó a todos los equipos de la liga (…). Pero no creo que lo hiciera, debió haberlo hecho”. Por el enorme favor que se hacía a los Lakers, donde el predecesor de Wallace en el cargo de general manager de los Grizzlies, Jerry West, había desarrollado su brillante carrera como jugador, se llegó a rumorear que el plan había sido montado con antelación por parte de West sabiendo que iba a dejar Memphis, aunque Heisley salió al paso jurando que “Jerry no supo nada hasta que estuvo hecho el trapaso”, o, como Kobe Bryant lo denominó, la “donación”.

En todas estas declaraciones, que Heisley realizó a Adrian Wojnarowski en junio de 2008, con los Lakers disputando las Finales de la NBA solo meses después de adquirir a Gasol, no dejó de admitir en todo momento que “no sabía si habían obtenido el mejor retorno posible”. Jé.

En Memphis toda la prensa se echó encima de la gerencia de los Grizzlies, con el Commercial Appeal a la cabeza, y no es para menos. Mientras Pau se quedó a las puertas del anillo en sus primeros meses como Laker, en Memphis sucumbieron hasta un récord de 22-60, el tercero peor de la NBA y que les brindó la quinta elección de Draft de 2008. Escogieron a Kevin Love, pero le traspasarían a cambio de O.J. Mayo, número 3, un jugador que jamás cumpliría con las enormes expectativas que sobre él fueron depositadas –incluida una premonición que le tildaba como ‘el siguiente LeBron James’- y que, después de una cadena de decepciones, se encuentra ahora suspendido por dos años en la NBA por violar el programa antidrogas.

En cuanto a Kwame Brown y Javaris Crittenton, jamás volverían a vestir como Grizzlies terminada aquella temporada. Brown engañó a unos cuantos equipos más en una época en la que la carne de pívot cotiza alto antes de que se le perdiera la pista y Crittenton se encuentra en prisión por disparar desde un coche y causar la muerte a una mujer embarazada. Antes de eso, conocido es el caso de las pistolas en el avión de los Wizards con Gilbert Arenas.

Ese verano de 2008 sería el que Marc Gasol elegiría para dar el salto a la NBA para jugar en una ciudad que conocía muy bien, a donde se fue a vivir cuando su hermano Pau llegó a los Grizzlies en 2001 antes de volver al Barcelona. Lo hizo aceptando una oferta más baja que la presentada inicialmente y después de oficializarse la salida de Juan Carlos Navarro del equipo. Dijo sentir que, a pesar de ello, “era el momento”, y ya tenía a sus padres viviendo allí, pero hay que tener más aspectos en cuenta, sobre todo dos: ese verano fue el desapareció el Akasvayu Girona, donde había cumplido su cesión por dos temporadas del Barcelona, que en ese mismo momento se había deshecho de Ivanovic como entrenador y Zoran Savic como director deportivo, a quienes señalaba por no haber confiado en él, y la incertidumbre que tomaría el nuevo F.C. Barcelona de Joan Creus, que aún se debatía por mantener como entrenador jefe o no al, hasta la destitución de Ivanovic asistente, Xavi Pascual.

Su rendimiento fue positivo desde el principio, salvando los muebles en una franquicia que parecía desmoronarse por completo y con una afición que seguía culpando de sus actuales males a Pau Gasol, que en su primera visita al FedEx como jugador de los Lakers tuvo que soportar un sobrado número de abucheos que no solo irrumpieron en su presentación en el partido, también durante la proyección de un vídeo de agradecimiento por parte de la franquicia en el descanso. “Respeto la reacción de los aficionados, pero no es agradable que te piten cuando siempre lo di todo en el campo y logramos cosas importantes con el equipo”, declaró un Gasol que, a pesar de su característica diplomacia, no podía disimular su tristeza.

Por suerte, el paso de los años ha demostrado lo positivo de la operación para los dos hermanos Gasol, aunque no sería de extrañar que la historia se repitiera ahora con Marc en unos Grizzlies que han perdido a varias piezas clave este verano y no tiene mucho margen de mejora por delante.

Foto: Andrew D. Bernstein / Sports Illustrated

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