Verano de 1995. Tras caer eliminado en las semifinales de la Conferencia Este ante los Orlando Magic de Shaquille O´Neal y Penny Hardaway (en su vuelta a las canchas tras su primera retirada), Michael Jordan recupera definitivamente su #23 de siempre y dedica el periodo estival a trabajar sin descanso, explorando sus límites físicos y siempre alimentado por ese eterno orgullo de campeón. El resto de la liga había vislumbrado la debilidad en el caníbal que les había atormentado tantas veces, y las bravuconadas se sucedían entre los rivales.

El tipo que creyó no tener nada más que probar tras su primera retirada se encontraba ahora en el punto contrario: necesitaba probarse a sí mismo que era capaz de culminar una nueva escalada hasta la cima de la liga, terminando con el reinado de dos años instaurado por Olajuwon y sus Houston Rockets. A sus 32 años, Jordan entrenó como nunca, incluso durante las 8 semanas de filmación de la película Space Jam. El estudio Warner Brothers construyó de cara a ese periodo el llamado Jordan Dome, unas instalaciones temporales que incluían una pista de baloncesto, una zona de levantamiento de pesas y un salón con televisión por satélite. Las fanáticas sesiones de trabajo del #23 comenzaban después de comer, tras dedicar la mañana al rodaje: 90 minutos de pesas, sesiones de vídeo hasta las 7 de la tarde y baloncesto. Por el Jordan Dome pasaron Reggie Miller, Pat Ewing, Grant Hill, Glen Rice, Juwan Howard o Rod Strickland, entre muchos otros nombres ávidos por conocer de primera mano los progresos y el estado físico de Michael mientras formaban parte de los intensos partidillos.

The Sixer Sense

“La gente dice ahora que Hakeem es el mejor jugador. Y están en lo cierto, fue el mejor jugador el año pasado y aún lo es. Eso es motivación, es una cuestión de orgullo. ¿Puedo cambiar eso, dentro de lo que es mejor para mi equipo, y ayudar a mis compañeros a ganar otro campeonato?. Yo no puedo establecer esa clase de juicios, pero puedo jugar al baloncesto como lo hacía hace dos años, y dejar que la gente haga entonces su elección.”

Air moderaba su discurso de cara al exterior, manteniéndose en un perfil bajo y centrándose en el trabajo diario físico y técnico, pero en su interior bullía el fuego de la venganza: contra los Orlando Magic, contra los campeones Rockets y su genial pívot, y contra todas y cada una de las estrellas que emergían a lo largo y ancho de la NBA, creyéndose en posición de reclamar el trono del caníbal de Brooklyn.

En aquella temporada 1995/96 aterrizaba en la liga Jerry Stackhouse, seleccionado por los Sixers de Philadelphia en la tercera posición del draft. Escolta, anotador, 1.98,  procedente de North Carolina: todos los ingredientes necesarios para ser considerado el enésimo sucesor de Jordan. Aquellos comentarios envalentonaron al rookie, que comenzó a fanfarronear acerca de su superioridad sobre Michael durante las prácticas de verano a las que fue invitado por Su Majestad Del Aire. Jordan escuchó detenidamente las declaraciones de Stack, y aguardó el momento de saldar cuentas…

Resultó que también Vernon Maxwell (extraordinario defensor y antiguo enemigo de Mike) figuraba en el roster de aquel equipo de Philly, así que Jordan podría matar a dos pájaros de un tiro. Y así fueron cayendo hojas del calendario hasta el 13 de enero de 1996. Los que compartían el vestuario de los Bulls minutos antes del inicio del duelo cuentan que el #23 parecía un león enjaulado, ansioso por saltar la pista y responder al desafío.

Hambriento.

El joven Stackhouse no tuvo tiempo para arrepentirse de sus rumbosos comentarios. Jordan fue a por él y a por Maxwell desde el primer minuto, humillándoles tanto en fase defensiva como en la ofensiva. La agresividad del escolta de Chicago dejó a Stack en 13 puntos, con un flojo 4/11 en tiros de campo, y qué decir de Mad-Max, que acabó la noche con 4 puntos anotados en una pírrica serie de 1 acierto en 8 intentos. Pero lo verdaderamente grandioso llegaría con la exhibición en ataque de Air: 48 puntos y 10 rebotes en 34 minutos de juego, con una fantástica tarjeta de 18/28 en tiros de campo (incluyendo un 5/7 en triples y un 7/7 en tiros libres). Con los Sixers vapuleados ya al final del tercer cuarto, Jordan se sentó en el banquillo con hielo en sus rodillas, para no jugar un solo minuto del último parcial. El descanso del guerrero victorioso, una página del libro de agravios arrancada.

Humillados en su propia cancha, los de la ciudad del amor fraternal acabaron cayendo por 27 puntos, mientras los Toros proseguían su rumbo hacia la mejor regular season de la historia de la NBA hasta el récord de 73 victorias de los Golden State Warriors de Steve Kerr en el curso 2015/16.

Y Jordan acabaría el día con dos cadáveres más en su taquilla.