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Análisis

NVA: National Vegan Association

acarretero@skyhook.es'

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La expresión no la acuño yo, sino Kip Anderson, director del documental WhatTheHealth, uno de los que mayor impacto ha logrado explicando los efectosde la dieta occidental para la salud.

“NVA”. NationalVeganAssociation. Anderson bromeaba así diciendo a este ritmo tendrían que cambiar sus siglas.

WhattheHealth ha tenido una repercusión global, pero no es el único que podemos encontrar. En Netflix, Filmin e incluso Youtube podemos hallar documentales que abordan el tema desde distintas perspectivas como Cowspiracy, FoodChoices, Sustainable, Forks forKnives, Fed Up, Earthlings, Homo Toxicus, FoodMatters

En esta era de millennials el formato audiovisual es el más impactante. Llega directamente. Entra por los ojos con una crudeza que ninguna tesis o artículo puede transmitir. Y es una de las razones principales de que tantos jugadores en la NBA se hayan concienciado acerca de su salud y el impacto social y medioambiental de su dieta.

Así lo reconocían, entre otros, Wilson Chandler o DamianLillard, quienes admitían que quizá de otra forma jamás se hubieran interesado por conocer en profundidad el tema.

EL VEGANISMO ECHA RAÍCES EN LA NBA

Cada persona tiene sus propios motivos para pasar a una dieta basada en productos orgánicos. Podemos encontrar razones animalistas, medioambientales, de salud… E incluso dentro del vegetarianismo existen distintas corrientes que van desde el veganismo a la flexibilidad con respecto a productos derivados de origen animal. No existe una corriente homogénea; y mucho menos en el deporte de élite.

La comida, como el mundo, es un crisol de matices.

Pero más allá de las cuestiones relativas a la conciencia, lo que sí es cierto es el impacto directo que una alimentación basada en vegetales tiene para la salud. Porque esa es otra de las consecuencias derivadas de una dieta deficiente. Los alimentos no tienen propiedades curativas, pero sí contribuyen a fortalecer el organismo de forma que sean un primer paso preventivo antes de la necesidad de tomar medicamentos.

Así lo comprobó Marc Gasol.

En 2014 una lesión le hizo perderse más de veinte partidos. Y Marc aprovechó para analizar junto a su mujer sus hábitos y cómo afectaba cada alimento a su cuerpo. “No tiene ningún sentido entrenar tu cuerpo como un atleta de élite si no lo alimentas de la forma adecuada después”, decía Gasol en una entrevista.

“Me di cuenta de que adoptar una dieta basada en vegetales con la cantidad adecuada de proteínas derivadas de diferentes alimentos era lo ideal”.

Así, Marc comenzó por eliminar los azúcares, grasas y alimentos procesados. Siguió con los carbohidratos y las carnes rojas; y, poco a pocofue derivando hacia una dieta vegana.

Noevita por completo las carnes y otros productos, pero sí limita su consumo al mínimo. Es lo que podríamos denominar una dieta flexitariana; en su caso, incluso, rozando la paleodieta, en la que el grueso de la alimentación proviene de productos naturales como frutas, verduras, legumbres, frutos secos o semillas. Y los únicos productos de origen animal que incluye son huevos y, a veces, pollo.

Ese mismo verano de 2014 se disputaba el Mundial de España y su compañero Mike Conley no daba crédito cuando le vio jugando con la Selección por la televisión: “Ese no es Marc. Parece como si hubiera perdido 20 kilos”, tuiteaba.

Y tenía razón. Gasol presentaba un físico mucho más definido, alejado de la constitución fuerte que siempre le había acompañado. Su índice de grasa estaba bajo mínimos y estaba mucho más rápido, más versátil…

El resto es historia. AllStar en 2015, con salto inicial con su hermano Pau, incluido en el Mejor Quinteto y un nuevo contrato de 113 millones con los Grizzlies. La mejor temporada de su carrera.

La llamada “veganrevolution”en la NBA no comienza con nutricionistas, sino con los atletas, como Gasol. Han sido ellos mismos los que se han preocupado por su salud; por mejorar su juego en la adaptación hacia el baloncesto moderno; por explorar alternativas para alargar sus carreras; por tener una vida alejada de dolores al acabarla.

Son los propios deportistas quienes se han hecho más conscientes que nunca de la importancia de sus rutinas y su dieta. La nutrición, junto con los avances tecnológicos, médicos o fisioterapéuticos han conseguido alargar las carreras de los jugadores notablemente, cuidando mejor su cuerpo y logrando superar lesiones graves.

EL FRUTO GERMINA

Dentro de ese progreso, cada vez más jugadores se interesan no solo por alimentos de gran aporte proteínico y energético mirando únicamente su rendimiento sino, también, por aquellos que cuiden su salud a medio y largo plazo.

Ha principios de esta década comenzó un mayor aperturismo en la información sobre la alimentación vegetariana y su impacto para la salud y el medioambiente. Hay más recursos para investigar y concienciar a través de artículos periodísticos, libros, tesis y, sobre todo, documentales. Un pluralismo de voces que han abierto un debate cerrado a cal y canto, con la llave escondida en alguna polvorienta estantería de un desván. Un debate incontenible con la potencia de los nuevos altavoces que ha creado la era digital.

En la NBA, el tema comenzó a despertar el interés en la pretemporada de 2017, gracias a un magnífico artículo que Tom Haberstroh publicó en BleacherReport analizando la nueva tendencia, con Kyrie Irving como punta de lanza.

Desde entonces se le ha considerado como el gurú de la alimentación vegana/orgánica en la liga, pero la realidad es que tanto Wilson Chandler como Marc Gasol habían comenzado esa transición mucho antes, en 2014 y 2016, respectivamente. E, incluso, su compañero Jaylen Brown también lo seguía estrictamente y reconoce que quiere ser “vegano antes de mi 25 cumpleaños”.

Pero, ¿por qué hasta Irving apenas se puso el foco mediático sobre el veganismo?

Marc Gasolno tiene el mismo tirón ni está en un gran mercado. Tampoco es americano, una de esas barreras invisibles que se ha superado en la cancha, pero que no acaba de traspasarse con la voz de los jugadores fuera de ella. Lo mismo que sucede con Wilson Chandler. No es una estrella, no está en un gran mercado y, por tanto, en el elitismo plural que impone el deporte, especialmente en la NBA, donde las jerarquías son indisociables a la liga, su voz jamás iba a tener el eco que Irving o Lillard.

Sin embargo, Chandler fue de los primeros en iniciar la transición tras Marc. Se perdió toda la temporada 2015-16 y, harto de que ningún tratamiento funcionase con sus recurrentes lesiones, decidió empezar a cuidar su cuerpo a través de la alimentación. Y su mejoría fue inmediata: “Dormía mejor, me levantaba con más energía, me recuperaba más rápido, no tenía mis articulaciones inflamadas… Me sentía mejor en todo y eso me motivaba a seguir aprendiendo más”.

Pero su proceso no fue sencillo. Chandler reconocía que al principio “no comía suficiente proteína ni sabía cómo optimizar la energía de mi cuerpo, así que me cansaba mucho más rápido”. “Era duro, pero solo tienes que tener voluntad para aprender y ganar conocimiento. Tú mismo aprendes a conocer tu cuerpo”.

71 partidos la temporada siguiente después de un año parado. 31 minutos de media, 15.7 puntos (máxima en su carrera) y la redención tras el calvario del dolor.

Y no son los únicos deportistas en seguir este tipo de alimentación en la NBA.

Irving comenzó su transición casi a la par que Damian Lillard, quien cambió sus rutinas de entrenamiento haciendo deportes cardiovasculares como natación o boxeo a la par que su dieta, buscando adaptarse al prototipo de jugador que demanda la NBA actual.

Su objetivo no era solo prevenir lesiones, mejorar su rendimiento o alargar su carrera prolongando su pico de rendimiento lo máximo posible. Lillard buscaba prevenir problemas físicos derivados de una mala alimentación en el futuro. En su caso, acrecentados tras media vida dedicados a fustigar a su cuerpo al más alto nivel.

Y así podemos seguir contando casos como el de Victor Oladipo, que se vio inspirado por Lillard, Irving o Chandler y su mejora de rendimiento para seguir sus pasos. Y los resultados están a la vista: AllStar por primera vez en su carrera en 2018 y un cambio físico abrumador, al igual que fue el de Marc Gasol.

Él tampoco sigue una alimentación estrictamente vegetariana pero, como el español, se basa en “productos frescos, naturales y sin procesar”. Oladipo sí incluye pescado y otros productos de origen animal en su dieta, aunque no sea lo más habitual. “Creo que no tiene por qué ser únicamente vegano, sino comida sana”, añadía.

Oladipo se refiere así a toda esa comida “vegetariana” que solo por llevar dicha etiqueta no puede ser considerada como saludable.

No caigamos en falsos mitos. Actualmente es una tendencia tan extendida que ya existen multitud de alimentos procesados libres de carne animal en cualquier supermercado o restaurante. Es un negocio, otra industria. Y ya existen productos al alcance de todos los bolsillos que contienen las mismas grasas trans, azúcares, toxinas… Son alimentos procesados disfrazados, camuflados, igual de perjudiciales e incluso más peligrosos, porque hacen bandera de la comida sana solo por ser de origen vegetal.

Esa es la crítica que lanzaba Oladipo con su concepción de la comida saludable. Una crítica sobre la que el vegetarianismo, especialmente entre los que alegan razones animalistas, ha de reflexionar también.

Otros como su compañero en los Pacers Al Jefferson lo intentan con más voluntad que convicción. Igual sucede con Enes Kanter, que el verano de 2017 se vio tan pasado de peso que seguir una alimentación basada en productos naturales. Usar la alimentación orgánica únicamente como “dieta milagro temporal” para bajar rápido de peso y después recuperar viejos hábitos solo contribuye a desestabilizar el organismo y producir efectos rebote. Y, peor aún, se manda un mensaje tremendamente irresponsable: comer sano únicamente para adelgazar.

Y eso es algo que sí entendió a la perfección Jahlil Okafor. “Soy vegano. Comencé el verano pasado”, reconocía Okafor en 2017 cuando fue traspasado a los Nets. Este verano ha firmado un nuevo contrato con los Pelicans, que le darán una nueva (¿última?) oportunidad. Y entre la nueva generación de jugadores también podemos encontrar a Michael Porter Jr. ha sido vegetariano toda su vida, vegetariano durante toda su vida, al igual que toda su familia.

PLANTANDO LA SEMILLA EN LA NBA

Aun así, no podemos considerar que Marc, Chandler o Irving sean pioneros, ni mucho menos. Simplemente que el contexto social y mediático les ha favorecido para tener mejor y más información al respecto y, a la par, dar a conocer sus casos de forma masiva.

Bill Waltonya lo fue durante toda su carrera NBA. Y hemos de ponernos en su contexto temporal. En la temporada 1974-75, su año rookie, se le acusó directamente de que no tenía suficiente fuerza o energía por no comer carne.

Publicaba en 1975 Joe Jares en Sports Illustrated que incluso su compañero Greg Lee había adoptado su estilo de vida. Y decía Lee que para Walton “todo el que comiera carne en su presencia era un caníbal. Pero él es así, todo se lo toma con esa intensidad”.

Walton está considerado uno de los mejores jugadores de la historia de la NBA. Y nunca llegaremos a saber cuál hubiera sido su techo si su espalda no hubiera lastrado su carrera. Hasta en 37 ocasiones fue operado antes de colgar las botas.Un dolor tan atroz que incluso le llevó a pensar en el suicidio: “Cuando estaba tumbado en el suelo, postrado sin poder moverme, me habría suicidado si hubiera tenido una pistola a mano. No quería seguir viviendo. Al menos, no de esta manera”.

Mejor le fue a John Salley, que se ha convertido en una de sus voces más reputadas.

Es vegetariano desde los 27 años y vegano desde hace una década. Como Walton, lo fue toda su carrera NBA. Ganó cuatro anillos, ha sido activista en PETA desde hace años y tiene un libro en el que enseña cómo fue su transición al vegetarianismo y, posteriormente, al veganismo, para que cualquier persona pueda seguir ese proceso de forma controlada y constante.

Entre las numerosas iniciativas en las que Salley colabora, quizá la más llamativa es la carta manuscrita que envió a Michelle Obama en 2015, en la que la instaba a pasar al vegetarianismo, ya que desde que Barak Obama era presidente ella había hecho de la salud y la alimentación una de sus banderas, aunque se quedó sin respuesta.

Más silencioso llevó Robert Parish su proceso de transformación. En su última temporada en la NBA, la vigesimoprimera, el pívot comenzó a cambiar sus rutinas para tratar de cuidar mejor su cuerpo. Comenzó a hacer yoga y una alimentación basada en vegetales, un estilo de vida que aún mantiene.

NBA GREEN

Asistimos a una etapa de cambios sin precedentes en el deporte y, más concretamente, en la NBA, siempre a la vanguardia. Porque esa es la seña de identidad que trata de forjar. Esa es la herencia que Adam Silver quiere dejar: el aperturismo a la diversidad, a un mundo global, a un deporte sin fronteras ni barreras, inclusivo y en constante evolución.

Silver sabe que para forjar su legado y dejar una NBA a la cabeza del deporte mundial debe contar con sus jugadores. Que ellos deben ser las voces del cambio y, para ello, debe dotarlos del espacio y los medios necesarios. Y ese cambio empieza desde el conocimiento y la cultura como, por ejemplo, en el caso de su alimentación y su salud.

Los deportistas, como cualquier otra persona, comienzan a ser conscientes de las consecuencias directas de lo que meten en su cuerpo. Se conciencian y aprenden a interesarse de forma activa por su propia salud y por otros temas derivados como la sostenibilidad o las consecuencias de las industrias alimenticias.

Y dentro de ese proceso de concienciación e interés sobre los productos que consumimos, su tratamiento, su impacto… los atletas, como ídolos de masas, tienen el poder de llegar a millones de personas por todo el mundo con su ejemplo.

Pero, como dice Marc Gasol, lo más importante es “no juzgar lo que hace feliz a otras personas. Lo que hago a mi me hace feliz, así que seguiré haciéndolo. Pero no voy a presionar a mi hermano ni a nadie para que siga mis decisiones personales”.

Foto: EFE

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Análisis

Dwight Howard y su camino a la redención

“Mi ego ha muerto”. Tras años vagabundeando por la NBA, alejado del cariño que antaño le profesaban los fans, Dwitght Howard regresa a la ciudad donde todo se precipitó.

jaime.eguen@gmail.com'

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Conocemos la redención como el camino a tomar para liberarse de algo. En la doctrina cristiana, por ejemplo, se usa este término para referirse al perdón de los pecados y el objetivo de alcanzar la vida eterna. Según cuenta el cristianismo, Jesús murió en la cruz para salvar el mundo y, con su muerte, poder vencer la imperfección humana. Una tarea que fue desarrollando a lo largo de su vida y culminó con su crucifixión. Como Jesús, son muchos los que inician caminos de expiación para limpiar los malos actos pasados y comenzar en paz una vida nueva.

Dwight Howard, una persona profundamente religiosa, ha iniciado su propia peregrinación. El pívot que tanto dominó la NBA durante su etapa en los Orlando Magic, nunca escondió su intención de evangelizar la liga y su profunda relación con Dios. En una entrevista concedida a The Undefeated, el ahora jugador de los Lakers reconoció sentirse perseguido cuando cometió errores a lo largo de su vida y carrera profesional. Su asesor espiritual, el pastor Calvin Simmons es una figura clave en su día a día y según cuenta Howard, su fe actualmente está pasando por su mejor etapa.

“Ahora es más fuerte, mucho más fuerte de lo que era en aquel entonces. He pasado por tantas pruebas. No tienes más remedio que hacerte fuerte”.

Dwight Howard hablando de su fé (víaThe Undefeated’ ).

Dejando a un lado la moral cristiana, el pívot ha regresado a la ciudad de Los Ángeles y ha comenzado su propia redención con la camiseta ‘oro-púrpura’. Como si se tratase de un cuentagotas, se ha ido filtrando información acerca de cuáles fueron los motivos que llevaron a esos Lakers a fracasar de manera tan estrepitosa en su primera etapa en la franquicia angelina. Un quinteto formado por Steve Nash, Kobe Bryant, Metta World Peace, Pau Gasol y el propio Howard, que estaba llamado a marcar una época en la NBA y acabó disolviéndose por la puerta de atrás del Staples Center. La conversión de ‘Superman’ ha sido larga, desde su salida hasta su regreso como hijo pródigo.

El ‘superequipo’ que nunca llegó a ser

Año 2012. La ciudad de Los Ángeles, siempre conocida por su fama y conexión con Hollywood, se preparaba para vivir una emocionante temporada. Los Lakers venían de caer de manera consecutiva en Semifinales de la Conferencia Oeste y se comportaron de manera agresiva en el mercado veraniego. Hecho que les llevó a conseguir Dwight Howard y a Steve Nash, ilusionando a un pabellón que aún tenía recientes los dos Anillos consecutivos. De esta forma, montaban su particular ‘superequipo’, uniendo a uno de los mejores anotadores de la historia, un dos veces MVP, Pau Gasol y el mejor interior del momento, Dwight.

Una plantilla que les colgaba el cartel de favoritos e, incluso, el de equipo invencible. Nada más lejos de la realidad. Los Lakers naufragaron de manera estrepitosa y el proyecto se iba desmoronando a cada día que pasaba. La llegada de una nueva semana conllevaba escándalos que se acabaron traduciendo en la destitución de hasta dos técnicos y el hundimiento de una franquicia que estaba llamada a marcar una época. Un desastre que llevan arrastrando durante muchos años y que, desde esa campaña, les mantiene alejados de Playoffs. Con el paso de los años, poco a poco, han ido saliendo los motivos por los cuales el proyecto no cuajó.

El propio Nash, uno de los tres pilares del proyecto, atendió a ‘The Ringer’ y aportó su propia perspectiva de lo vivido con el conjunto ‘oro-púrpura‘. El base fue autocrítico y reconoció que nunca volvió a ser el mismo tras la lesión que lo mantuvo alejado en el primer tramo de la temporada. A esto se sumó los problemas crónicos que venía arrastrando Howard y la tremenda lesión que apartó a Kobe Bryant de los Playoffs. Además, Pau Gasol, “llegó a esa temporada agotado por jugar con España durante los últimos veranos”, según comentó el canadiense. Una plantilla asolada por las lesiones que, precisamente, no solo contó con ese contratiempo.

Es una realidad que un equipo falto de química está abocado al fracaso. Sin ella, los cambios, las ayudas, la circulación de balón y muchos otros aspectos; resultan tremendamente más complejos. Egos absolutamente incontrolables que dinamitaron un vestuario que no supo adaptarse por el bien común y remar hacia un mismo sentido. El dos veces MVP de la NBA no dudó en señalar la falta de adaptación al principal problema del fiasco: “no sé si habría funcionado. Éramos muchos gallos en el mismo gallinero y todos sabemos lo importante que es la química entre todos los jugadores para que un equipo funcione. Aunque no hubiésemos tenido todos esos problemas, no sé si hubiese funcionado”.

Kobe-Howard, un matrimonio abocado al divorcio

El amor, las relaciones, las amistades… son relaciones que dependen del respeto mutuo y entendimiento por ambas partes. La comunicación y la compatibilidad son la base sobre la que se debe sostener todo, con esas características cumplidas, se puede comenzar a construir. Pues bien, la relación ‘Howard-Kobe’ estuvo ausente en todos estos campos. Dos personalidades muy dispares que jamás gozaron de entendimiento y no supieron comunicarse para poner parches a las numerosas grietas.

Con Dwight Howard ya establecido en Houston, y en una de sus primeras batallas contra Kobe Bryant tras su salida de Lakers. Se vivió una confrontación en la que ambos jugadores discutieron acaloradamente. Precisamente fue en esa ocasión en la que Kobe llamó “soft” al entonces interior de los Rockets. Un jugador que, desde su llegada a la ciudad angelina, vivió una decadencia constante que culminó con su horrendo pasó por los Washington Wizards. De esta forma, Dwight Howard, pasó de ser el pívot más dominante y heredero de Shaquille O’Neal, a buscar equipo y naufragar en la liga.

(Vía @Stadium)

El entonces ‘12’ de los Lakers, siempre estuvo señalado por su actitud infantil y su falta de competitividad. Unas características que contrastaban con todo lo que representaba Kobe Bryant, que siempre fue un competidor obsesivo y un amante de la ética de trabajo. Dwight Howard reconoció encontrarse en una dimensión distinta a la del escolta y no coincidir en la forma de entender el baloncesto: “Nunca había visto a una persona como yo. Alguien que pudiera disfrutar del baloncesto, pero al mismo tiempo no ser tan serio”. Una mezcla que terminó explotando y con el pívot saliendo de la plantilla sin demostrar el nivel alcanzado durante su etapa en los Orlando Magic. Una relación rota y que, hasta hace escasos meses, parecía irreparable.

Los Lakers creen en las segundas oportunidades

Las segundas partes nunca fueron buenas, o al menos eso se suele decir. Cuando una persona te ha fallado una vez, tiende a repetirlo en más ocasiones. En el cine ocurre más o menos lo mismo, son muchos los críticos que reprochan las continuaciones de una buena película y no dudan en criticar esta. Pues bien, los Lakers han roto el tópico y han decidido adoptar a Howard como el hijo pródigo que se equivocó y vuelve a casa con ganas de redención. Una vuelta que cierra el círculo y llega en un momento crucial para la carrera de ‘Superman’.

El pívot de los Lakers presume de haber cambiado todas las actitudes tóxicas que dañaron a la franquicia durante su primera etapa. Abandonado su ego y asumiendo su ‘rol’ de jugador secundario y con labores de ‘albañilería’, se reengancha a la NBA tras tener serios problemas para encontrar equipo durante el verano. Un cambio de actitud que le ha llevado a “enterrar su ego” y declararse al completo servicio del equipo. Un cambio que va acorde con su intención de limpiar su nombre de jugador problemático y que, según ha comentado, viene acompañado del olvido de sus problemas crónicos en el apartado físico. Además, cuenta con la bendición de Kobe Bryant que sorprendió con unas declaraciones en las que mostró su total apoyo a su ex-compañero.

Creo que realmente Dwight aprecia esa oportunidad y que va a tener un gran impacto en el juego“.

kobe bryant sobre el regreso de howard (vía los ángeles times).

Lo cierto es que, en este arranque de campaña, ha demostrado ser un activo valioso para los angelinos y cuenta con la confianza de Frank Vogel. Su futuro dependerá de aprovechar una oportunidad que llegó gracias a la lesión de un Cousins que, probablemente, pueda regresar para los Playoffs (si es que Lakers consigue entrar). La versión que ha mostrado durante este arranque de la temporada es completamente distinta a la de su primera etapa. Ya no cuenta con esa obsesión por demostrar su juego al poste como antaño y Howard deberá, día a día, convencer a sus superiores de su valor en cancha.

De hacerlo, se uniría al selecto grupo de nombres que consiguieron ser ‘una segunda parte de calidad’ como ‘El Imperio Contraataca’, ‘El Caballero Oscuro’, ‘Terminator II’ o la segunda parte de “El Padrino”. Una oportunidad que llega a sus 33 años y que, esta vez sí, puede ser la última. El camino a la redención acaba de comenzar, y muy probablemente sea su prueba más compleja.

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Análisis

L.A. 2020: la gran batalla de nuestro tiempo

La rivalidad en Los Ángeles, por llamarla de alguna forma, ha sido siempre la gran omitida por la historia. Los Clippers nunca representaron una amenaza para los Lakers… Hasta que Kawhi Leonard, el ‘matarreyes’ apareció en la ciudad.

jon@skyhook.es'

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Getty Images

Desde sus lujosos sillones esparcidos por todos los rincones de Estados Unidos, los aspirantes observaron con asombro la caída del Rey que los había sometido sin piedad. Kevin Durant, que había forzado para estar en el quinto choque de las Finales, veía como su tendón de Aquiles se rompía y, para más inri, privaba a su equipo de conseguir el tan ansiado three-peat. Los Warriors habían gobernado con puño de hierro la Conferencia Oeste durante el último lustro, entrando en el debate del mejor equipo de todos los tiempos por derecho propio. Sin embargo, ahora que las campanas tañían para anunciar el desplome de su reinado, todos los aspirantes volverían a tomar las armas.

Se había erigido un nuevo monarca en el Norte. Kawhi Leonard, tras sus vaivenes con Popovich y los Spurs, puso rumbo a Toronto para llevar a Canadá el primer anillo de su historia, en un relato con aires épicos que quedará grabado en los anales de la NBA. Lo tenía todo al alcance de la mano: el estrellato, un equipo compacto y potencial para revalidar el título. No obstante, los atractivos de los Raptors no fueron suficientes para retener a su jugador franquicia, que, bajo un secretismo sin precedentes, decidió retornar a casa.

Unidos por California

Oriundo de Riverside, nunca fue un secreto que Kawhi Leonard algún día volvería a su California natal. Como a todo gran jugador, siempre se le relacionaba directamente con Los Angeles Lakers, franquicia que ha acogido a varios de los más grandes a lo largo de los años. El glamour, la historia, la influencia de leyendas como Kobe Bryant o Magic Johnson, etc. Muchas son las razones por las que The Claw hubiera podido acabar vistiendo el púrpura y oro. En un intenso pulso que se prolongó más de lo esperado, Lakers, Clippers y los propios Raports trataron de hacerse con los talentos de Leonard, quien desojó la margarita hasta el último instante.

Finalmente, y para sorpresa de gran parte de los seguidores, optó por los Clippers. Una franquicia históricamente denostada, considerada el “patito feo” de la liga durante muchos años. No estaría solo en su misión, ya que Paul George, otro californiano con ansias de volver a competir por el anillo, pondría rumbo a Los Ángeles tras su fallido idilio con Russell Westbrook y los Thunder. Después de su mejor campaña en la liga, el de Palmdale decidió unir fuerzas con Leonard para suplantar a los Lakers como equipo principal de la ciudad.

El eterno segundón

Afincada previamente en San Diego, la franquicia de los Clippers se mudó a L.A. en 1984, después de seis campañas. En aquel momento, la existencia de dos equipos en la ciudad generó una expectación que no se convertiría en realidad en los años siguientes, dadas las notorias diferencias competitivas. Los Lakers representaban el poder, con una plantilla plagada de estrellas, mientras que los Clips se posicionaron como “el equipo del pueblo”, poniendo incluso precios más asequibles para los espectadores.

Entre 1986 y 1999, jugaron como locales tanto en el Los Angeles Memorial Sports Arena como en el Arrowhead Pond de Anaheim. Realmente nunca hubo una gran rivalidad, ya que el balance era inmensamente favorable para su equipo vecino. De esta forma, en 1996 la franquicia angelina declinó un acuerdo para establecerse en Anaheim, para después unirse a los Lakers en el Staples Center, que se inauguraría en 1999. Desde entonces ambos equipos han compartido pabellón. La superioridad de los de púrpura y oro no dejó de existir e incluso tuvo el culmen de cinco campeonatos desde que comenzara el nuevo milenio. Una preeminencia inmutable hasta la llegada de Glenn Rivers al banquillo clipper.

El otrora entrenador de los Celtics, y verdugo de los Lakers en 2008, arribó con las ideas claras para cambiar la cultura de aquel equipo sumido en un eterno segundo plano. Desde que el técnico de Chicago cogiera los mandos, siempre han quedado por delante en temporada regular. Al mismo tiempo, en el otro bando todo se volvió dolor y sufrimiento, con cinco cursos consecutivos sin disputar la postemporada. La inercia se había invertido por primera vez.

Los Clippers se colocaron en el mapa NBA bajo el nombre de Lob City. Sus aficionados por fin saboreaban las victorias con asiduidad. Por su parte, en octubre de 2013 Doc decidió tapar con posters los títulos de los Lakers colgados de lo alto del Staples. Decisión que generó gran controversia en el seno de la ciudad y de la liga. Lo veía como algo humillante, reflejo de la situación que había vivido aquel humilde conjunto, siempre a la sombra. Si querían establecer una identidad ganadora, no podían esgrimir los éxitos de su enemigo dentro sus propios muros. Al mismo tiempo, la filtración de unas declaraciones racistas vertidas por Donald Sterling, propietario desde 1981 hasta 2014, no ayudaron lo más mínimo a mejorar la imagen de la franquicia. Más bien tuvieron el efecto contrario. Finalmente, la NBA decidió suspender de por vida al magnate norteamericano, viéndose obligado a poner los Clippers en venta.

Con el paso del tiempo, el proyecto fue quedándose sin margen, cayendo antes de tiempo en playoffs en más de una ocasión. Los Paul, Griffin y Jordan harían las maletas para poder reconstruir el equipo. Una reestructuración con la mirada puesta en el pasado mercado estival, en el que fueron los grandes ganadores. A un plantel que se mostró muy competitivo el último año frente a Golden State, se le unen dos superestrellas superlativas. Probablemente los dos mejores two-way players de la competición a día de hoy. Acompañados de Beverly, Harkless o Harrell, el potencial defensivo de los Clippers es uno de los más elevados de toda la competición. El mundo los mira con otros ojos, de modo que su objetivo es claro: asaltar el Campeonato.

El reto para Leonard será mayúsculo, más incluso que el alcanzado la última temporada portando la elástica de los Raptors. Los Clippers nunca han jugado unas Finales de Conferencia. Kawhi, de la mano de un escudero de lujo como George, deberá rebasar esa barrera para poder brindar a su nueva familia el primer anillo de su historia. Ya lo hizo en Toronto, neutralizando grandes potencias como los Sixers o los Bucks por el camino. Esta vez, la competencia será más dura que nunca, empezando por su rival más cercano e inmediato.

Tras la estela de Jordan

Frente a Leonard estará un hombre en busca de la leyenda. Un rey que perdió su corona, si bien su reinado está aún por concluir. Tras una primera temporada tumultuosa en la disciplina laker, LeBron James regresa más descansado que nunca. El de Akron no se perdía las eliminatorias por el título desde su segunda campaña en la NBA. Su físico lo agradecerá, ya que el año pasado mostró por primera vez síntomas de que el tiempo pasa para todos. El ‘23’ sufrió una lesión en la ingle justo el día de Navidad, en un triunfo ante los Warriors. Por aquel entonces, el equipo se había mostrado notable bajo su liderazgo. No obstante, el problema se dilató en el tiempo e impidió ver al mejor James de vuelta.

En esta ocasión no estará solo al timón. Anthony Davis, gran deseado por la franquicia, llegó para formar una de las mejores parejas de la liga. El coste fue elevado, teniendo que deshacerse del núcleo joven de la plantilla casi al completo, a excepción de Kyle Kuzma. La ceja, talento diferencial en ambos lados de la pista, aterriza como pupilo de un James que podrá delegar en él gran parte del peso ofensivo del equipo. Una vez este decida colgar las botas, los Lakers serán del ex de los Pelicans.

Un James que continúa persiguiendo aquel fantasma de Chicago. La influencia de Michael Jordan en él ha sido algo recurrente durante su largo trayecto hacia el Olimpo. Entró en la competición antes de cumplir los 19, con una presión absolutamente ridícula para un pipiolo de su edad. Pese a los críticos, superó las expectativas. En su sueño por convertirse en el mejor de todos los tiempos, sabe que este puede ser su último viaje y no quiere retirarse antes de lograr otro anillo. Sería el cuarto para él, tercero con una franquicia distinta.

En una mezcla de talento y veteranía, los Lakers han rearmado el equipo de cara al presente curso. Todavía con la herida del rechazo de Kawhi reciente, firmaron a jugadores de renombre como Danny Green, Avery Bradley o Dwight Howard. Gente experimentada que dará un plus defensivo al plantel. El propio Frank Vogel, nuevo entrenador tras la abrupta salida de Luke Walton, aseveró recientemente que pretende construir un cuadro duro. “Quiero ver jugadores por el suelo, si no es que no estamos haciendo nuestro trabajo”, aseguró.

Tras aquel fatídico 13 de abril de 2013, en el que Kobe Bryant se rompió el tendón de Aquiles, los Lakers han vagado sin rumbo por el desierto. Malas decisiones en los despachos, unidas a la baja competitividad de una plantilla huérfana de líderes. Por ello, la presión que James y Davis tendrán que soportar será mayor que nunca. Este año no habrá excusas para no lograr el billete para los playoffs y, además, tendrán que hacerlo en posiciones nobles.

Los detractores estarán ahí, a la espera en su trinchera. Para una institución con 16 anillos de campeón y 15 Finales en su haber la exigencia siempre es máxima. Más aún si se trata de la franquicia más atractiva de la NBA. West, Jabbar, Magic, Shaq o Kobe lograron alzarse victoriosos soportando el peso de la camiseta dorada. LeBron no quiere ser menos.

Con los Warriors (aparentemente) un peldaño por debajo del nivel establecido desde 2015, los Lakers ingresan de lleno en la terna de favoritos al título. Pese a su gran plantilla, también miran de reojo como sus vecinos, los Clippers, han creado otro equipo capaz de competirles de tú a tú. Cada encuentro será una batalla sin cuartel en la que la victoria no será lo único que esté en juego.

Las guerras venideras

Dos hombres en una misma misión. Uno, devolver la grandeza a una franquicia que perdió su luz hace más de un lustro. El otro, como ya hiciera en Toronto, brindar a un equipo su primera gran gloria. Si la empresa de cualquiera de los dos resultase exitosa, elevaría al jugador a un altar nunca antes hollado: 3 anillos y 3 MVPs de las Finales (siempre que lo lograsen) con tres equipos distintos. Un hito sin precedentes.

Sobre el papel, los Lakers partirán con un mayor potencial ofensivo, teniendo enfrente a lo que aspira a ser una trituradora en defensa. Las opciones en el perímetro del combo Beverly-George-Leonard serán determinantes. Un trío perfecto para intentar neutralizar a LeBron, el mejor generador de los suyos. A sus casi 35 primaveras, King James tendrá un nuevo reto que superar, acostumbrado a lidiar con grandes redes defensivas como las de los Warriors o los antiguos Spurs. Pese a su previsible capacidad anotadora, los de Vogel también pueden presentarse como un gran equipo atrás, con protectores de aro del calibre de Howard o Davis, además de los Bradley, Green o Caldwell-Pope en tareas exteriores. El botín para el vencedor podría ser el trono del Oeste.

Hubo un tiempo en el que James convirtió la Conferencia Este en su coto de caza privado. No tuvo oposición durante ocho campañas consecutivas hasta que Kawhi recogió su testigo por un año. “Por ahora solo pienso en llevar a los Clippers a las Finales”, afirmaba el propio Leonard hace escasos días. Esta vez se verán las caras hasta en cuatro ocasiones en temporada regular, en  la carrera más feroz que se recuerda en la Conferencia Oeste. Nuggets, Rockets, Jazz o los propios Warriors completarán una lucha en la que no se vislumbra un vencedor claro.

La NBA, referente indiscutible en el cuidado de los aficionados, pensó oportuno comenzar la temporada programando uno de sus platos fuertes para su jornada inaugural. Una fecha marcada en el calendario: 22 de octubre, con los Clippers con el cartel de locales. El segundo capítulo, el día de Navidad. Serán cuatro noches en total. Un mismo campo de batalla para una lid que puede definir el sino de la temporada.

Como diría un viejo mago de barba desaliñada y sombrero picudo: “el tablero está listo”.

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Análisis

Vuelve la burbuja inmobiliaria a la NBA: la moda de las hipotecas

Concentración de mercado, hipotecas, proyectos de capital riesgo a corto plazo, sobrecostes en forma de impuestsos de lujo… La NBA se mueve y la burbuja del mercado no deja de crecer.

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Allá por 2013, cuando los informativos aún nos recordaban que había una crisis económica, había una expresión que monopolizaba todas las conversaciones. Seguramente, el ciudadano de a pie no sabría definir a ciencia cierta qué era aquella burbuja inmobiliaria, pero qué más daba. Le habían inoculado el término y sabía lo que tenía que saber: era malo. Oda al simplismo de la sociedad.

Una vez más, nos remontamos a aquel fatídico traspaso, al que ahora, tras la reconstrucción de récord Guinness de Sean Marks, ya sí puede ser nombrado. Cuatro primeras rondas que viajaron a Boston y que hipotecaron el futuro a corto plazo de los Nets pero, sobre todo, cuatro picks que marcaron un punto de inflexión en la NBA. Nunca antes se habían evidenciado de forma tan salvaje las consecuencias de traspasar el máximo de rondas permitidas. Nunca… Salvo con los Cavaliers de los 80.

No son pocas las normas de la NBA que nacen bajo seudónimo, por la necesidad de adaptar la regulación a fenómenos sin precedentes en la liga. Desde La Jordan Rule, la Rose Rule… reglas que pasan a ser conocidas en el imaginario popular por el jugador que obligó a crearlas y que, dicho sea de paso, favorecen su recuerdo y asociación, en lugar de complejizar los términos. Ahora bien, para que una que limita el traspaso de rondas consecutivas de Draft lleve tu nombre, como sucedió entonces con Ted Stepien, hay que ser muy cenutrio.

El entonces propietario de los Cavs puso en el mercado cuatro picks seguidos, casi lleva el equipo a la quiebra y traspasó la hipoteca a otro dueño antes siquiera de acabar de pagarla. Más o menos, lo que intentó Prokhorov hace cinco años. Tras utilizar a los Nets como activo financiero para especular con otros negocios particulares quiso saltar el barco antes de que se hundiese hasta el fondo del mar.

Hasta aquellos Nets recién llegados a Brooklyn no hubo otro equipo que se atreviese a firmar una hipoteca de semejante magnitud. Como tampoco lo ha habido en estos últimos años. Pero, como siempre pasa en la economía capitalista, es cíclica; la burbuja siempre vuelve. Ahora, a cinco años vista y tras los últimos movimientos del mercado, se puede apreciar que no fue un hecho aislado, sólo desafortunado en su ejecución. Hasta 2018 nadie se ha atrevido a mover tantos activos a futuro por una estrella, acogiéndose al fracaso de los Nets.

Especulación, hipotecas y fondos buitre

El mercado financiero (de traspasos) de la NBA estaba marcado por la incertidumbre y por la presencia de dos fuerzas hegemónicas que aumentaban el riesgo de la inversión, como eran los Warriors y LeBron James, allá donde estuviera. No era, pues, la situación más propicia para pagar hipotecas a futuro, por lo que los proyectos deportivos apretaron el botón del pause hasta que mostrasen los primeros síntomas de debilidad. Y, efectivamente, así ha sido.

Con ambos ejes gravitacionales desplazados y con un tercio de jugadores de la NBA siendo agentes libres este verano, entre ellos cinco top ten de la liga y, al menos, otras diez superestrellas más, alguien tenía que romper la baraja. Ya no hay apuestas seguras, pero la incertidumbre tampoco es un lastre. El riesgo es inherente al nuevo mercado NBA y quienes mejor han sabido jugar con él, han sido los triunfadores.

Ya lo intentó Daryl Morey el año pasado, con sus cuatro picks por Jimmy Butler. Secos, como el vodka en Rusia. También lo previeron este año en Utah, que agilizaron el traspaso de Conley para que Dios cogiera a los mormones confesados en verano. Es cierto que la burbuja crece sin control y que la tendencia alarma a la propia NBA. Pero, por otro lado, qué éxtasis embarga a Silver y su equipo. La NBA más global, la reina del verano. Apenas ha terminado la temporada y no puede haber más expectación porque empiece de nuevo. A quién le importa ahora la burbuja, eso será problema de la futura NBA.

Empoderamiento: una nueva era

Uno a uno, los agentes libres han decidido su futuro en cascada, como un Fantasy Draft en el 2K, que deja tres lecturas claramente diferenciadas. Primero, y más reciente, la especulación, la inflación creciente del precio a pagar por las estrellas tras tres años a la baja. Proyectos corto y medioplacistas, con concentración de estrellas, que vuelven a hipotecar sin miedo el futuro más inmediato, como los Nets o los Clippers. Masai Ujiri y su “alquiler” de Kawhi Leonard han sentado cátedra, como lo hicieron sin suerte Paul George y los Thunder.

Segundo, las apuestas de capital riesgo ya no sólo vienen predeterminadas por el papel de propietarios y general managers, sino que son los propios jugadores los que fuerzan estas operaciones. Son ellos los que han comprendido que tienen el poder de negociación en sus manos, que son los verdaderos y únicos protagonistas; y que, al fin, en vez de ser tratados como meras inversiones inmobiliarias, casas sin caras, sin humanizar, ahora no sólo eligen su futuro, sino el de toda una franquicia. Estamos ante una nueva era de empoderamiento, que en este caso inició LeBron James allá por 2010, no de la mejor forma posible, pero que casi una década después ha alcanzado su clímax.

Finalmente, la tercera lectura y quizá la más destacada desde el punto de vista de las franquicias, es la necesidad de un proyecto. Ya no vale con ser un gran mercado. Las hermanas menores y tradicionalmente apestadas de New York y Los Angeles se han coronado reinas gracias a su gestión. Han saneado sus cuentas de inmuebles tóxicos como Chris Paul, DeAndre Jordan e incluso de los Mozgov y Crabbe para jugar su baza al presente más inmediato, con el futuro en entredicho. Otras como los Warriors decidieron pagar los sobrecostes en forma de impuesto de lujo para preservar su hegemonía. Pero con qué gusto se va a pagar la hipoteca del futuro si el presente sabe a gloria.

Ya lo dijo Homer Simpson, el oráculo omnisapiente de la sociedad moderna: “El futuro ha ganado, el pasado nunca tuvo una oportunidad”.

In memoriam: Sam Hinkie y su gerencia de capital riesgo.

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