La expresión no la acuño yo, sino Kip Anderson, director del documental WhatTheHealth, uno de los que mayor impacto ha logrado explicando los efectosde la dieta occidental para la salud.

“NVA”. NationalVeganAssociation. Anderson bromeaba así diciendo a este ritmo tendrían que cambiar sus siglas.

WhattheHealth ha tenido una repercusión global, pero no es el único que podemos encontrar. En Netflix, Filmin e incluso Youtube podemos hallar documentales que abordan el tema desde distintas perspectivas como Cowspiracy, FoodChoices, Sustainable, Forks forKnives, Fed Up, Earthlings, Homo Toxicus, FoodMatters

En esta era de millennials el formato audiovisual es el más impactante. Llega directamente. Entra por los ojos con una crudeza que ninguna tesis o artículo puede transmitir. Y es una de las razones principales de que tantos jugadores en la NBA se hayan concienciado acerca de su salud y el impacto social y medioambiental de su dieta.

Así lo reconocían, entre otros, Wilson Chandler o DamianLillard, quienes admitían que quizá de otra forma jamás se hubieran interesado por conocer en profundidad el tema.

EL VEGANISMO ECHA RAÍCES EN LA NBA

Cada persona tiene sus propios motivos para pasar a una dieta basada en productos orgánicos. Podemos encontrar razones animalistas, medioambientales, de salud… E incluso dentro del vegetarianismo existen distintas corrientes que van desde el veganismo a la flexibilidad con respecto a productos derivados de origen animal. No existe una corriente homogénea; y mucho menos en el deporte de élite.

La comida, como el mundo, es un crisol de matices.

Pero más allá de las cuestiones relativas a la conciencia, lo que sí es cierto es el impacto directo que una alimentación basada en vegetales tiene para la salud. Porque esa es otra de las consecuencias derivadas de una dieta deficiente. Los alimentos no tienen propiedades curativas, pero sí contribuyen a fortalecer el organismo de forma que sean un primer paso preventivo antes de la necesidad de tomar medicamentos.

Así lo comprobó Marc Gasol.

En 2014 una lesión le hizo perderse más de veinte partidos. Y Marc aprovechó para analizar junto a su mujer sus hábitos y cómo afectaba cada alimento a su cuerpo. “No tiene ningún sentido entrenar tu cuerpo como un atleta de élite si no lo alimentas de la forma adecuada después”, decía Gasol en una entrevista.

“Me di cuenta de que adoptar una dieta basada en vegetales con la cantidad adecuada de proteínas derivadas de diferentes alimentos era lo ideal”.

Así, Marc comenzó por eliminar los azúcares, grasas y alimentos procesados. Siguió con los carbohidratos y las carnes rojas; y, poco a pocofue derivando hacia una dieta vegana.

Noevita por completo las carnes y otros productos, pero sí limita su consumo al mínimo. Es lo que podríamos denominar una dieta flexitariana; en su caso, incluso, rozando la paleodieta, en la que el grueso de la alimentación proviene de productos naturales como frutas, verduras, legumbres, frutos secos o semillas. Y los únicos productos de origen animal que incluye son huevos y, a veces, pollo.

Ese mismo verano de 2014 se disputaba el Mundial de España y su compañero Mike Conley no daba crédito cuando le vio jugando con la Selección por la televisión: “Ese no es Marc. Parece como si hubiera perdido 20 kilos”, tuiteaba.

Y tenía razón. Gasol presentaba un físico mucho más definido, alejado de la constitución fuerte que siempre le había acompañado. Su índice de grasa estaba bajo mínimos y estaba mucho más rápido, más versátil…

El resto es historia. AllStar en 2015, con salto inicial con su hermano Pau, incluido en el Mejor Quinteto y un nuevo contrato de 113 millones con los Grizzlies. La mejor temporada de su carrera.

La llamada “veganrevolution”en la NBA no comienza con nutricionistas, sino con los atletas, como Gasol. Han sido ellos mismos los que se han preocupado por su salud; por mejorar su juego en la adaptación hacia el baloncesto moderno; por explorar alternativas para alargar sus carreras; por tener una vida alejada de dolores al acabarla.

Son los propios deportistas quienes se han hecho más conscientes que nunca de la importancia de sus rutinas y su dieta. La nutrición, junto con los avances tecnológicos, médicos o fisioterapéuticos han conseguido alargar las carreras de los jugadores notablemente, cuidando mejor su cuerpo y logrando superar lesiones graves.

EL FRUTO GERMINA

Dentro de ese progreso, cada vez más jugadores se interesan no solo por alimentos de gran aporte proteínico y energético mirando únicamente su rendimiento sino, también, por aquellos que cuiden su salud a medio y largo plazo.

Ha principios de esta década comenzó un mayor aperturismo en la información sobre la alimentación vegetariana y su impacto para la salud y el medioambiente. Hay más recursos para investigar y concienciar a través de artículos periodísticos, libros, tesis y, sobre todo, documentales. Un pluralismo de voces que han abierto un debate cerrado a cal y canto, con la llave escondida en alguna polvorienta estantería de un desván. Un debate incontenible con la potencia de los nuevos altavoces que ha creado la era digital.

En la NBA, el tema comenzó a despertar el interés en la pretemporada de 2017, gracias a un magnífico artículo que Tom Haberstroh publicó en BleacherReport analizando la nueva tendencia, con Kyrie Irving como punta de lanza.

Desde entonces se le ha considerado como el gurú de la alimentación vegana/orgánica en la liga, pero la realidad es que tanto Wilson Chandler como Marc Gasol habían comenzado esa transición mucho antes, en 2014 y 2016, respectivamente. E, incluso, su compañero Jaylen Brown también lo seguía estrictamente y reconoce que quiere ser “vegano antes de mi 25 cumpleaños”.

Pero, ¿por qué hasta Irving apenas se puso el foco mediático sobre el veganismo?

Marc Gasolno tiene el mismo tirón ni está en un gran mercado. Tampoco es americano, una de esas barreras invisibles que se ha superado en la cancha, pero que no acaba de traspasarse con la voz de los jugadores fuera de ella. Lo mismo que sucede con Wilson Chandler. No es una estrella, no está en un gran mercado y, por tanto, en el elitismo plural que impone el deporte, especialmente en la NBA, donde las jerarquías son indisociables a la liga, su voz jamás iba a tener el eco que Irving o Lillard.

Sin embargo, Chandler fue de los primeros en iniciar la transición tras Marc. Se perdió toda la temporada 2015-16 y, harto de que ningún tratamiento funcionase con sus recurrentes lesiones, decidió empezar a cuidar su cuerpo a través de la alimentación. Y su mejoría fue inmediata: “Dormía mejor, me levantaba con más energía, me recuperaba más rápido, no tenía mis articulaciones inflamadas… Me sentía mejor en todo y eso me motivaba a seguir aprendiendo más”.

Pero su proceso no fue sencillo. Chandler reconocía que al principio “no comía suficiente proteína ni sabía cómo optimizar la energía de mi cuerpo, así que me cansaba mucho más rápido”. “Era duro, pero solo tienes que tener voluntad para aprender y ganar conocimiento. Tú mismo aprendes a conocer tu cuerpo”.

71 partidos la temporada siguiente después de un año parado. 31 minutos de media, 15.7 puntos (máxima en su carrera) y la redención tras el calvario del dolor.

Y no son los únicos deportistas en seguir este tipo de alimentación en la NBA.

Irving comenzó su transición casi a la par que Damian Lillard, quien cambió sus rutinas de entrenamiento haciendo deportes cardiovasculares como natación o boxeo a la par que su dieta, buscando adaptarse al prototipo de jugador que demanda la NBA actual.

Su objetivo no era solo prevenir lesiones, mejorar su rendimiento o alargar su carrera prolongando su pico de rendimiento lo máximo posible. Lillard buscaba prevenir problemas físicos derivados de una mala alimentación en el futuro. En su caso, acrecentados tras media vida dedicados a fustigar a su cuerpo al más alto nivel.

Y así podemos seguir contando casos como el de Victor Oladipo, que se vio inspirado por Lillard, Irving o Chandler y su mejora de rendimiento para seguir sus pasos. Y los resultados están a la vista: AllStar por primera vez en su carrera en 2018 y un cambio físico abrumador, al igual que fue el de Marc Gasol.

Él tampoco sigue una alimentación estrictamente vegetariana pero, como el español, se basa en “productos frescos, naturales y sin procesar”. Oladipo sí incluye pescado y otros productos de origen animal en su dieta, aunque no sea lo más habitual. “Creo que no tiene por qué ser únicamente vegano, sino comida sana”, añadía.

Oladipo se refiere así a toda esa comida “vegetariana” que solo por llevar dicha etiqueta no puede ser considerada como saludable.

No caigamos en falsos mitos. Actualmente es una tendencia tan extendida que ya existen multitud de alimentos procesados libres de carne animal en cualquier supermercado o restaurante. Es un negocio, otra industria. Y ya existen productos al alcance de todos los bolsillos que contienen las mismas grasas trans, azúcares, toxinas… Son alimentos procesados disfrazados, camuflados, igual de perjudiciales e incluso más peligrosos, porque hacen bandera de la comida sana solo por ser de origen vegetal.

Esa es la crítica que lanzaba Oladipo con su concepción de la comida saludable. Una crítica sobre la que el vegetarianismo, especialmente entre los que alegan razones animalistas, ha de reflexionar también.

Otros como su compañero en los Pacers Al Jefferson lo intentan con más voluntad que convicción. Igual sucede con Enes Kanter, que el verano de 2017 se vio tan pasado de peso que seguir una alimentación basada en productos naturales. Usar la alimentación orgánica únicamente como “dieta milagro temporal” para bajar rápido de peso y después recuperar viejos hábitos solo contribuye a desestabilizar el organismo y producir efectos rebote. Y, peor aún, se manda un mensaje tremendamente irresponsable: comer sano únicamente para adelgazar.

Y eso es algo que sí entendió a la perfección Jahlil Okafor. “Soy vegano. Comencé el verano pasado”, reconocía Okafor en 2017 cuando fue traspasado a los Nets. Este verano ha firmado un nuevo contrato con los Pelicans, que le darán una nueva (¿última?) oportunidad. Y entre la nueva generación de jugadores también podemos encontrar a Michael Porter Jr. ha sido vegetariano toda su vida, vegetariano durante toda su vida, al igual que toda su familia.

PLANTANDO LA SEMILLA EN LA NBA

Aun así, no podemos considerar que Marc, Chandler o Irving sean pioneros, ni mucho menos. Simplemente que el contexto social y mediático les ha favorecido para tener mejor y más información al respecto y, a la par, dar a conocer sus casos de forma masiva.

Bill Waltonya lo fue durante toda su carrera NBA. Y hemos de ponernos en su contexto temporal. En la temporada 1974-75, su año rookie, se le acusó directamente de que no tenía suficiente fuerza o energía por no comer carne.

Publicaba en 1975 Joe Jares en Sports Illustrated que incluso su compañero Greg Lee había adoptado su estilo de vida. Y decía Lee que para Walton “todo el que comiera carne en su presencia era un caníbal. Pero él es así, todo se lo toma con esa intensidad”.

Walton está considerado uno de los mejores jugadores de la historia de la NBA. Y nunca llegaremos a saber cuál hubiera sido su techo si su espalda no hubiera lastrado su carrera. Hasta en 37 ocasiones fue operado antes de colgar las botas.Un dolor tan atroz que incluso le llevó a pensar en el suicidio: “Cuando estaba tumbado en el suelo, postrado sin poder moverme, me habría suicidado si hubiera tenido una pistola a mano. No quería seguir viviendo. Al menos, no de esta manera”.

Mejor le fue a John Salley, que se ha convertido en una de sus voces más reputadas.

Es vegetariano desde los 27 años y vegano desde hace una década. Como Walton, lo fue toda su carrera NBA. Ganó cuatro anillos, ha sido activista en PETA desde hace años y tiene un libro en el que enseña cómo fue su transición al vegetarianismo y, posteriormente, al veganismo, para que cualquier persona pueda seguir ese proceso de forma controlada y constante.

Entre las numerosas iniciativas en las que Salley colabora, quizá la más llamativa es la carta manuscrita que envió a Michelle Obama en 2015, en la que la instaba a pasar al vegetarianismo, ya que desde que Barak Obama era presidente ella había hecho de la salud y la alimentación una de sus banderas, aunque se quedó sin respuesta.

Más silencioso llevó Robert Parish su proceso de transformación. En su última temporada en la NBA, la vigesimoprimera, el pívot comenzó a cambiar sus rutinas para tratar de cuidar mejor su cuerpo. Comenzó a hacer yoga y una alimentación basada en vegetales, un estilo de vida que aún mantiene.

NBA GREEN

Asistimos a una etapa de cambios sin precedentes en el deporte y, más concretamente, en la NBA, siempre a la vanguardia. Porque esa es la seña de identidad que trata de forjar. Esa es la herencia que Adam Silver quiere dejar: el aperturismo a la diversidad, a un mundo global, a un deporte sin fronteras ni barreras, inclusivo y en constante evolución.

Silver sabe que para forjar su legado y dejar una NBA a la cabeza del deporte mundial debe contar con sus jugadores. Que ellos deben ser las voces del cambio y, para ello, debe dotarlos del espacio y los medios necesarios. Y ese cambio empieza desde el conocimiento y la cultura como, por ejemplo, en el caso de su alimentación y su salud.

Los deportistas, como cualquier otra persona, comienzan a ser conscientes de las consecuencias directas de lo que meten en su cuerpo. Se conciencian y aprenden a interesarse de forma activa por su propia salud y por otros temas derivados como la sostenibilidad o las consecuencias de las industrias alimenticias.

Y dentro de ese proceso de concienciación e interés sobre los productos que consumimos, su tratamiento, su impacto… los atletas, como ídolos de masas, tienen el poder de llegar a millones de personas por todo el mundo con su ejemplo.

Pero, como dice Marc Gasol, lo más importante es “no juzgar lo que hace feliz a otras personas. Lo que hago a mi me hace feliz, así que seguiré haciéndolo. Pero no voy a presionar a mi hermano ni a nadie para que siga mis decisiones personales”.

Foto: EFE