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Análisis

Año cero para DeRozan

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Hay momentos en la vida en que las láminas de tiempo que habitamos se abren como si fueran hojas de flores carnívoras y te engullen. Te llevan a un lugar oscuro, alejado de este mundo, en el que pasas un tiempo dando vueltas sobre ti mismo a toda velocidad, como si te hubieras quedado encerrado en la lavadora.  Ese lugar se llama año cero. Después, el centrifugado termina, las láminas de tiempo se relajan, se transforman en la superficie de un lago en calma. Y ya puedes comenzar de nuevo. Volver a empezar. Algo así -tan extraño y tan habitual- es lo que le sucedió a DeMar DeRozan el pasado mes de julio cuando, por sorpresa, Masai Ujiri, el presidente y director de operaciones de Toronto Raptors, decidió cambiarle por Kawhi Leonard y enviarlo a San Antonio, Texas.

DeRozan, que tenía una relación de confianza plena con Ujiri tras cinco años de duro trabajo en común, después de haber situado juntos a Toronto en la élite de la NBA, se sintió traicionado por el trueque: “Me quedé realmente pillado. No podía pensar porque sencillamente no parecía real”.

El escolta siempre fue leal a Toronto, un lugar que le hacía sentir en casa, un lugar en el que se disponía a dejar un legado de trabajo duro y pasión por el baloncesto. Cuando hace dos años, en 2016, DeRozan fue agente libre y podía por tanto salir al mercado, ni se lo pensó. Renovó sin dudarlo por cinco años -y 139 millones- por los Raptors y selló así su amistad que él creía eterna con Ujiri.“Así es como yo soy y he sido siempre. Una vez que me siento cerca o vinculado a algo, siempre he sentido que era mi responsabilidad que no desapareciese. Y nunca me ha importado cómo de difíciles se pusieran las cosas. Hay que estar cuando las cosas van bien y cuando las cosas van mal, cuando van mal y cuando van bien. Ese ha sido siempre mi punto de vista acerca de todo, de mis amigos, de mi familia”, dijo en una entrevista tiempo después de renovar.

Elegido en el puesto 9 del draft, DeRozan llegó en 2009 a los Raptors, que son una franquicia joven con plaza en la NBA desde 1995 y con todo por construir. Nueve años después, el escolta ha dejado su huella: cuatro veces all-star; máximo anotador histórico (13.296); líder en minutos (22.986) y partidos disputados (675). Los Raptors han vivido con el tándem DeRozan en la cancha y Ujiri (que llegó cuatro años después, en 2013) en los despachos la mejor etapa de su corta historia: tres años seguidos por encima de los 50 triunfos, una cifra que los Raptors jamás habían superado antes; el liderato del Este en temporada regular; una final de Conferencia… Y, sin embargo, Ujiri sentía que no era suficiente. Tres años consecutivos, los Raptors -y DeRozan singularmente- naufragaron en los playoffs ante los Cleveland Cavaliers del hoy rey sin trono LeBron James, seguro uno de los mejores jugadores que jamás hayan pisado una cancha de baloncesto.

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Valores profundos

Que las alas arraiguen y vuelen las raíces. Este verso de Juan Ramón Jiménez le viene como anillo al dedo a DeRozan. El escolta proviene de Compton, una barriada de Los Ángeles, que se rige por códigos propios -dominada por las bandas-. Allí se crió.  Allí, donde para poder sobrevivir, para no convertirte en un monstruo, necesitas que algunas palabras tengan sentido, adquirió sus valores. “La mitad de mi familia eran miembros de bandas. Mis amigos más cercanos eran miembros de bandas. Mis tíos sucumbieron a la violencia de las bandas. Perdí a mi mejor amigo por la violencia de las bandas. Recuerdo un año en que mi madre fue a 20 funerales de miembros de bandas. Todo eso cuando era pequeño. Cuando era pequeño. Ahí es donde crecí. Conozco a cada uno de los miembros de las bandas”. A DeRozan le salvó el baloncesto. “Cuando iba al instituto, había gente de las bandas que solían venir a verme y nunca hubo problemas. Estaban felices de verme jugar. Todavía hoy escucho historias de gente que son felices de verme jugar. A eso venían. Y eso me hace sentir mejor que un pandillero normal… Me encantaba que todo el mundo estuviera unido, así que eso fue lo que me mantuvo fuera de lo otro”.

DeRozan eligió una gorra negra con la leyenda Comp10, leído Compten -que remedaba Compton- para su primera entrevista después del traspaso. La mirada clara y directa, hierático, inmóvil, como una doliente estatua griega. Derozan compareció en la televisión, ocupó una sillaenfrente del periodista Chris Haynes y le dijo unas cuantas cosas.

-Otra gente utiliza las palabras familia, hermano y similares a la ligera, pero yo, una vez que uso ese término, hago honor a ese término. No lo abandono, lo apoyo. Así que, tanto si es algo que me gusta como si no, lo voy a aceptar si vienes y me lo cuentas. Pero no hagas que una cosa parezca otra cosa y hagas otra cosa y me cojas con la guardia baja. Ese es el problema. Entiendo cómo funciona el juego, cómo funciona el negocio. Siempre pensé que iba a estar en Toronto toda la vida, pero nunca fui naif. Eso sí, déjame saberlo. De ahí viene mi frustración. [El traspaso] me cogió completamente fuera de juego.

-¿Cómo sientes que te trató Masai Ujiri?

-Sentí que no fui tratado con el respeto que merecía. Eso es todo lo que quería. No estoy diciendo que no tuvieras que traspasarme… Solo déjame saber que algo esta sucediendo porque lo he sacrificado todo. Solo déjame saberlo.  Todo el mundo sabe que que soy la persona que menos pide en el mundo. Solo déjame saberlo, para que pueda prepararme a mí mismo para el próximo capítulo, pero no me dio eso.

-¿Preguntaste si ibas a ser traspasado?

-Pregunté: ¿Voy a ser traspasado? ¿Hay algo que esté moviéndose? ¿Hay alguna posibilidad de que me traspaséis? Y en numerosas ocasiones, me dijo. No, nada. Bueno, si lo hay, dejad que mi agente lo sepa o yo lo sepa.

Hay quien dice que lo que recordamos de las personas al final del día es cómo nos hicieron sentir.

DeRozan no quiere saber nada más de Ujiri.

Las razones de Ujiri

Fue el tercer partido de la serie que enfrentó a Toronto Raptors con Cleveland Cavaliers en mayo pasado el que marcó el punto de inflexión en el proyecto y en la consideración de Ujiri por DeRozan y también por su entrenador Dwayne Casey. Casey fue destituido después de la derrota con los Cavaliers y al poco tiempo fue nombrado nada menos que entrenador del año. DeRozan y Casey, junto al base Kyle Lowry, eran los rostros del proyecto que Ujiri quería ganador. Y la derrota, por tercer año consecutivo contra el mismo equipo, y por la forma en que se produjo, lo decepcionó y le hizo pensar que hacía falta más. En ese tercer partido, que era a vida o muerte a cara de perro, después de haber perdido los dos primeros partidos, Casey dejó a DeRozan, que no daba pie con bola en el banquillo casi toda la segunda parte. La estrella, el jugador franquicia. Casey lo sentó en el minuto 34 y no lo puso más y Toronto perdió ese partido y, finalmente, la serie por 4-0. Ambos quedaron sentenciados.

Ujiri dijo dos cosas en la rueda de prensa en la que explicó el trueque DeRozan-Leonard. Por un lado, trató de ser cariñoso con DeRozan, al que se refirió todo el tiempo por su nombre propio, y manifestó: “DeMar ha hecho mucho por esta organización. Cuando estás en mi posición, siempre tienes que estar abierto a lo que puedas hacer. Ambos tuvimos una conversación, y DeMar y yo sabemos cuál fue esa conversación. Podría haberlo manejado mejor. Por eso me disculpo. Y no solo quiero disculparme con él por una posible falta de comunicación, sino reconocer todo lo que ha hecho por este equipo, por esta ciudad y por este país (Toronto es la única franquicia de la NBA de fuera de EEUU, está en Canadá). No hay forma de medir lo que nos ha dado”.

Y, por otro, dijo que Leonard, al mismo tiempo un jugador indiscutible y una apuesta arriesgada porque nadie sabe qué tiene en la cabeza y porque solo ha firmado por un año, era mejor que DeRozan: “Todos sabían que teníamos que hacer algo diferente. Hemos estado haciendo lo mismo ¿Cuántos años? No puedes seguir haciendo lo mismo una y otra vez. Y cuando tienes la oportunidad de conseguir uno de los cinco mejores jugadores de la Liga, cosa que no sucede muy a menudo, creo que tienes que saltar sobre él. Le hemos dado la oportunidad a este equipo, hemos tratado de construirlo tanto como hemos podido, pero, en este punto, esta oportunidad llegó y tuvimos que cogerla”.

DeRozan no lo entendió. Y le dijo al periodista Haynes, como si el que tuviera delante fuera Ujiri: “¿Nos echas la culpa a mí y a Casey? Porque obviamente somos los dos que hemos sufrido por la derrota en las series contra Cleveland. Pero solo hemos perdido en playoffs con un equipo, un equipo que fue a la final de la NBA cada año. Ahora teníamos una gran oportunidad de hacer lo que no habíamos sido capaces de hacer. Con la oportunidad que teníamos (este año), con mi mentalidad y la del resto de mis compañeros… Al final del día, dí todo lo que tenía a este equipo. Y eso se vio. Se vio en los progresos que hicimos como equipo y en los que yo hice como jugador. Así que cuando sales ahí diciendo “le hemos dado la oportunidad” y “tenía que hacer algo”, eso me suena a estupideces (bullshit es la palabra que utilizó DeRozan)”.

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El hecho es que, a pesar de estas palabras de DeRozan, el equipo que él lideraba siempre naufragó en el mismo lugar. Fueron incapaces de doblar por tres veces consecutivas el Cabo Lebron James. Y el hecho es que ningún analista ni directivo en la NBA, sentimientos personales aparte, rechazaría un intercambio entre Leonard y DeRozan. Hoy, en lo estrictamente deportivo, Leonard aparece como un jugador mejor, más hecho, más completo que DeRozan. Leonard es probablemente, si está centrado, el único capaz de defender a James en un duelo individual. Mientras que DeRozan, una vez que ha desembarcado a la fuerza en el salvaje Oeste, tiene de nuevo, a sus 29 años, todo por demostrar. Las preguntas ahora para DeRozan, las que deberá contestar en este año cero y en los próximos, son estas: ¿Es un all-star de verdad? ¿Es un hall of famer? Como aliados, tiene a dos fundamentales: a LaMarcus Aldridge, uno de los mejores jugadores interiores de la liga, y, sobre todo, al considerado mejor entrenador de los últimos tiempos: Greg Popovich.

 

Nueva vida en San Antonio

Las cosas han cambiado para DeRozan. El Oeste no es el Este. Aquí están los pistoleros más rápidos de todos. Como Lucky Luke, algunos más rápidos aun que su propia sombra. Aquí están los Warriors con su quinteto para la historia: Stephen Curry, Klay Thompson, André Iguodala, Kevin Durant y Draymond Green. Aquí están los Rockets de Mike D’Antoni y Chris Paul y James Harden. Y aquí está de nuevo, también, su bestia negra, ahora en los Lakers de su Los Angeles natal: Lebron James, ocho finales consecutivas.

El verano pasado todo el objetivo era vencer a James en el Este y llegar a las finales de la NBA: “No tienes muchas oportunidades de llegar a las finales de la Conferencia Este, de estar a dos victorias de las finales del NBA. No tienes muchas oportunidades”, decía DeRozan. Este año, todo es diferente. El escolta desembarca en una franquicia ganadora, pero que aún habita bajo el síndrome de Tim Duncan, el mejor jugador de su historia. Los Spurs vienen de vuelta, de vivir la mejor época de su historia, en la que han ganado 5 anillos. Ahora, además, afrontan la -veremos si traumática- marcha de Leonard, sobre quien iba a pivotar todo el proyecto post-Duncan, y la jubilación de Manu Ginóbili y el retiro de Tony Parker a Charlotte. En definitiva, es una franquicia que afronta una nueva etapa.

¿Podrán competir los Spurs por una plaza en la final de la NBA? A primera vista, no parece posible, pero Popovich, al igual que lo tuvo en sus años de éxitos junto a Duncan, tiene un plan. El año pasado, de la experiencia con LaMarcus Aldridge, Popovich aprendió. Este año, no va a pretender que tiene a aquellos jugadores que lo hicieron grande. Tiene ahora otros y se va a adaptar a ellos. Lo que sí vas a hacer es ponerlos a correr. Al base Dejonte Murray, de 22 años, le va a dar la titularidad y los galones para que lleve la voz cantante y marque el ritmo a los demás. Y en defensa, todos a aplicarse. El quinteto Murray, DeRozan, Gay, Aldridge y Gasol puede ser una roca de granito imposible de romper. Salvo Murray, son todos perros viejos, conocedores como nadie del oficio. Si Popovich logra motivarles, los jugadores hallan una melodía que tocar, y los preparadores físicos logran que lleguen con el cuerpo en perfecto estado de revista a los playoffs, en una buena jornada,le pueden complicar la vida a cualquiera. “DeMar ya es un All-Star. Ya ha jugado de una determinada manera. Hay algunas cosas que trataremos de añadir a su juego, si él quiere. No voy a hacer con él lo que hice con LaMarcus. A quien quise convertir en John Havlicek. Creo que le confundí”, asumió Popovich.

DeRozan es un jugador de corte clásico. Podría haber jugado en la NBA de los 80 con gran éxito. Como defectos, se le puede reprochar cierta falta de implicación en la faceta defensiva y cierta aversión al triple, lo cual en el baloncesto de hoy -en el que por obra y gracia, entre otros, de Stephen Curry, se tiran y se encestan más triples que nunca antes- lo transforman casi en un romántico, en heredero de otra época. Sin embargo, en la media distancia, en el poste bajo, penetrando a canasta, en la lectura del ataque es un jugador sobresaliente. Popovich intentará que defienda mejor, que se implique en las tareas de un sistema coral, con referentes fuertes en la pintura y las largas manos de Gay y Murray en el perímetro. Y en ataque, dejará que desarrolle sus talentos en el uno contra uno, y a la hora de encontrar al hombre libre cuando llega la ayuda.

La cabeza, la vida

DeRozan, como cualquiera que haya llegado a la NBA, siempre anda buscando maneras de mejorar, de empujarse a sí mismo hacia el siguiente nivel. Esa actitud, la que le llevó de la natación al boxeo, la que le sacó de Compton, la que le ha llevado a la élite de la NBA, es la que le puede salvar ahora otra vez más. “Siempre es fácil -reflexiona DeRozan- hacer las cosas con las que te sientes cómodo, como el baloncesto. Siempre busco cosas nuevas fuera de mi zona de confort y eso me hace trabajar muy duro. Cosas que luego transporto a la pista de baloncesto. Nadé los veranos pasados. Y fue algo realmente duro. Es agotador. Estoy probando el boxeo. Es un trabajo extraordinario. Le he encontrado el gusto. Piensas que tienes un límite que puedes empujar. Pero con el boxeo, es muy diferente porque o estás alerta y en forma o todo acabará con un KO”.

“Los deportes -prosigue DeRozan- son la vida. No todo va a ir de la manera que quieres. No vas a meter cada tiro. No vas a jugar bien en cada partido. Incluso hoy, ando así por la vida. Puede que no sea mi día, pero no me voy a rendir. Voy a continuar peleando y empujando para superarlo”.

En el deporte de élite -ahí arriba del todo- es una fina línea la que separa a los más grandes de los demás, también excelentes en términos de comprensión del juego y capacidades. Esa linea está en la mente. Se trata de cómo tienes amueblada la cabeza. De acertar en décimas de segundo. Ser el mejor, salir campeón, requiere de una capacidad de concentración asombrosa y de tomar decisiones adecuadas sin pensar. El juego tiene que fluir en la dirección correcta. En la cancha se trata, por usar un término de Unamuno, de sentir el pensamiento.

THE CANADIAN PRESS/Frank Gunn

El año pasado DeRozan puso sobre el tapete esta cuestión, la de la sanidad mental de los jugadores, y llevó a la NBA y a otros compañeros de oficio, como Kevin Love, a pensar y a hablar del tema. Todo empezó con un nocturno y misterioso tuit, publicado el fin de semana del all-star, que se celebraba precisamente en Los Ángeles, el lugar de donde proviene. “Esta depresión saca lo mejor de mí”, escribió DeRozan en la red social.

Después, lo explicó así: “Somos todos humanos. No importa cómo de indestructibles parezcamos. Todos tenemos sentimientos. Y algunas veces… saca lo mejor de ti, en el momento en que el mundo entero está encima de ti. Siempre tengo noches diferentes. Siempre he sido así desde que era un chaval. Creo que de ahí viene mi comportamiento. Somos todos humanos. Esa es la razón por la que miro a cada persona con la que me encuentro de la misma manera. No me importa quién seas. Te voy a tratar igual. Con respeto. Mi madre siempre me lo decía. Nunca te rías de nadie porque nunca sabes los problemas que tiene nadie. Y desde que era un chaval, nunca lo hice. Nunca lo hice. No me importa la forma, la educación, la etnia, nada. Trato a todo el mundo igual. Nunca sabes”.

DeRozan vio demasiadas cosas en Compton.

“Nunca he querido glorificar cómo crecí. He visto esto y he visto lo otro. Pero yo lidié con la visión de la muerte muchas veces y desde muy pronto. De alguna manera, eso le hace algo a una mente que no es completamente madura aún. Me dio una sensación de desapego a la hora de acercarme a la gente. Puse toda esa frustración y emociones en los deportes y me centré en eso. Al crecer en ese entorno, no piensas en ello como en algo malo, precisamente porque creces ahí. Es todo lo que conoces. Así que tienes de alguna manera que enseñarte a cambiar, a querer más y mejor. Eso es lo que Compton te da, un sentido de querer ser mejor. Y es realmente duro ser mejor. Pero eso es lo que te moldea y te convierte en un hombre que trata de saber lo que hay que hacer para ser mejor. Yo usé esa motivación para escapar de ello”.

 

Nota del redactor: Las fuentes utilizadas para la elaboración de este artículo han sido fundamentalmente tres entrevistas concedidas por DeRozan a periodistas estadounidenses, la ya citada con Chris Haynes para la ESPN; otra con Marc J. Spears, publicada en theundefeated.com y otra con Doug Smith, del diario Toronto Star. La traducción es directas del inglés y propia en estos casos. Los datos sobre puntos anotados, minutos y partidos disputados en Toronto se han obtenido del diario español As, al igual que la traducción de las declaraciones de Popovich sobre sus errores con Aldridge y la traducción de las palabras de Ujiri.

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Análisis

Dwight Howard y su camino a la redención

“Mi ego ha muerto”. Tras años vagabundeando por la NBA, alejado del cariño que antaño le profesaban los fans, Dwitght Howard regresa a la ciudad donde todo se precipitó.

jaime.eguen@gmail.com'

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Conocemos la redención como el camino a tomar para liberarse de algo. En la doctrina cristiana, por ejemplo, se usa este término para referirse al perdón de los pecados y el objetivo de alcanzar la vida eterna. Según cuenta el cristianismo, Jesús murió en la cruz para salvar el mundo y, con su muerte, poder vencer la imperfección humana. Una tarea que fue desarrollando a lo largo de su vida y culminó con su crucifixión. Como Jesús, son muchos los que inician caminos de expiación para limpiar los malos actos pasados y comenzar en paz una vida nueva.

Dwight Howard, una persona profundamente religiosa, ha iniciado su propia peregrinación. El pívot que tanto dominó la NBA durante su etapa en los Orlando Magic, nunca escondió su intención de evangelizar la liga y su profunda relación con Dios. En una entrevista concedida a The Undefeated, el ahora jugador de los Lakers reconoció sentirse perseguido cuando cometió errores a lo largo de su vida y carrera profesional. Su asesor espiritual, el pastor Calvin Simmons es una figura clave en su día a día y según cuenta Howard, su fe actualmente está pasando por su mejor etapa.

“Ahora es más fuerte, mucho más fuerte de lo que era en aquel entonces. He pasado por tantas pruebas. No tienes más remedio que hacerte fuerte”.

Dwight Howard hablando de su fé (víaThe Undefeated’ ).

Dejando a un lado la moral cristiana, el pívot ha regresado a la ciudad de Los Ángeles y ha comenzado su propia redención con la camiseta ‘oro-púrpura’. Como si se tratase de un cuentagotas, se ha ido filtrando información acerca de cuáles fueron los motivos que llevaron a esos Lakers a fracasar de manera tan estrepitosa en su primera etapa en la franquicia angelina. Un quinteto formado por Steve Nash, Kobe Bryant, Metta World Peace, Pau Gasol y el propio Howard, que estaba llamado a marcar una época en la NBA y acabó disolviéndose por la puerta de atrás del Staples Center. La conversión de ‘Superman’ ha sido larga, desde su salida hasta su regreso como hijo pródigo.

El ‘superequipo’ que nunca llegó a ser

Año 2012. La ciudad de Los Ángeles, siempre conocida por su fama y conexión con Hollywood, se preparaba para vivir una emocionante temporada. Los Lakers venían de caer de manera consecutiva en Semifinales de la Conferencia Oeste y se comportaron de manera agresiva en el mercado veraniego. Hecho que les llevó a conseguir Dwight Howard y a Steve Nash, ilusionando a un pabellón que aún tenía recientes los dos Anillos consecutivos. De esta forma, montaban su particular ‘superequipo’, uniendo a uno de los mejores anotadores de la historia, un dos veces MVP, Pau Gasol y el mejor interior del momento, Dwight.

Una plantilla que les colgaba el cartel de favoritos e, incluso, el de equipo invencible. Nada más lejos de la realidad. Los Lakers naufragaron de manera estrepitosa y el proyecto se iba desmoronando a cada día que pasaba. La llegada de una nueva semana conllevaba escándalos que se acabaron traduciendo en la destitución de hasta dos técnicos y el hundimiento de una franquicia que estaba llamada a marcar una época. Un desastre que llevan arrastrando durante muchos años y que, desde esa campaña, les mantiene alejados de Playoffs. Con el paso de los años, poco a poco, han ido saliendo los motivos por los cuales el proyecto no cuajó.

El propio Nash, uno de los tres pilares del proyecto, atendió a ‘The Ringer’ y aportó su propia perspectiva de lo vivido con el conjunto ‘oro-púrpura‘. El base fue autocrítico y reconoció que nunca volvió a ser el mismo tras la lesión que lo mantuvo alejado en el primer tramo de la temporada. A esto se sumó los problemas crónicos que venía arrastrando Howard y la tremenda lesión que apartó a Kobe Bryant de los Playoffs. Además, Pau Gasol, “llegó a esa temporada agotado por jugar con España durante los últimos veranos”, según comentó el canadiense. Una plantilla asolada por las lesiones que, precisamente, no solo contó con ese contratiempo.

Es una realidad que un equipo falto de química está abocado al fracaso. Sin ella, los cambios, las ayudas, la circulación de balón y muchos otros aspectos; resultan tremendamente más complejos. Egos absolutamente incontrolables que dinamitaron un vestuario que no supo adaptarse por el bien común y remar hacia un mismo sentido. El dos veces MVP de la NBA no dudó en señalar la falta de adaptación al principal problema del fiasco: “no sé si habría funcionado. Éramos muchos gallos en el mismo gallinero y todos sabemos lo importante que es la química entre todos los jugadores para que un equipo funcione. Aunque no hubiésemos tenido todos esos problemas, no sé si hubiese funcionado”.

Kobe-Howard, un matrimonio abocado al divorcio

El amor, las relaciones, las amistades… son relaciones que dependen del respeto mutuo y entendimiento por ambas partes. La comunicación y la compatibilidad son la base sobre la que se debe sostener todo, con esas características cumplidas, se puede comenzar a construir. Pues bien, la relación ‘Howard-Kobe’ estuvo ausente en todos estos campos. Dos personalidades muy dispares que jamás gozaron de entendimiento y no supieron comunicarse para poner parches a las numerosas grietas.

Con Dwight Howard ya establecido en Houston, y en una de sus primeras batallas contra Kobe Bryant tras su salida de Lakers. Se vivió una confrontación en la que ambos jugadores discutieron acaloradamente. Precisamente fue en esa ocasión en la que Kobe llamó “soft” al entonces interior de los Rockets. Un jugador que, desde su llegada a la ciudad angelina, vivió una decadencia constante que culminó con su horrendo pasó por los Washington Wizards. De esta forma, Dwight Howard, pasó de ser el pívot más dominante y heredero de Shaquille O’Neal, a buscar equipo y naufragar en la liga.

(Vía @Stadium)

El entonces ‘12’ de los Lakers, siempre estuvo señalado por su actitud infantil y su falta de competitividad. Unas características que contrastaban con todo lo que representaba Kobe Bryant, que siempre fue un competidor obsesivo y un amante de la ética de trabajo. Dwight Howard reconoció encontrarse en una dimensión distinta a la del escolta y no coincidir en la forma de entender el baloncesto: “Nunca había visto a una persona como yo. Alguien que pudiera disfrutar del baloncesto, pero al mismo tiempo no ser tan serio”. Una mezcla que terminó explotando y con el pívot saliendo de la plantilla sin demostrar el nivel alcanzado durante su etapa en los Orlando Magic. Una relación rota y que, hasta hace escasos meses, parecía irreparable.

Los Lakers creen en las segundas oportunidades

Las segundas partes nunca fueron buenas, o al menos eso se suele decir. Cuando una persona te ha fallado una vez, tiende a repetirlo en más ocasiones. En el cine ocurre más o menos lo mismo, son muchos los críticos que reprochan las continuaciones de una buena película y no dudan en criticar esta. Pues bien, los Lakers han roto el tópico y han decidido adoptar a Howard como el hijo pródigo que se equivocó y vuelve a casa con ganas de redención. Una vuelta que cierra el círculo y llega en un momento crucial para la carrera de ‘Superman’.

El pívot de los Lakers presume de haber cambiado todas las actitudes tóxicas que dañaron a la franquicia durante su primera etapa. Abandonado su ego y asumiendo su ‘rol’ de jugador secundario y con labores de ‘albañilería’, se reengancha a la NBA tras tener serios problemas para encontrar equipo durante el verano. Un cambio de actitud que le ha llevado a “enterrar su ego” y declararse al completo servicio del equipo. Un cambio que va acorde con su intención de limpiar su nombre de jugador problemático y que, según ha comentado, viene acompañado del olvido de sus problemas crónicos en el apartado físico. Además, cuenta con la bendición de Kobe Bryant que sorprendió con unas declaraciones en las que mostró su total apoyo a su ex-compañero.

Creo que realmente Dwight aprecia esa oportunidad y que va a tener un gran impacto en el juego“.

kobe bryant sobre el regreso de howard (vía los ángeles times).

Lo cierto es que, en este arranque de campaña, ha demostrado ser un activo valioso para los angelinos y cuenta con la confianza de Frank Vogel. Su futuro dependerá de aprovechar una oportunidad que llegó gracias a la lesión de un Cousins que, probablemente, pueda regresar para los Playoffs (si es que Lakers consigue entrar). La versión que ha mostrado durante este arranque de la temporada es completamente distinta a la de su primera etapa. Ya no cuenta con esa obsesión por demostrar su juego al poste como antaño y Howard deberá, día a día, convencer a sus superiores de su valor en cancha.

De hacerlo, se uniría al selecto grupo de nombres que consiguieron ser ‘una segunda parte de calidad’ como ‘El Imperio Contraataca’, ‘El Caballero Oscuro’, ‘Terminator II’ o la segunda parte de “El Padrino”. Una oportunidad que llega a sus 33 años y que, esta vez sí, puede ser la última. El camino a la redención acaba de comenzar, y muy probablemente sea su prueba más compleja.

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Análisis

L.A. 2020: la gran batalla de nuestro tiempo

La rivalidad en Los Ángeles, por llamarla de alguna forma, ha sido siempre la gran omitida por la historia. Los Clippers nunca representaron una amenaza para los Lakers… Hasta que Kawhi Leonard, el ‘matarreyes’ apareció en la ciudad.

jon@skyhook.es'

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Desde sus lujosos sillones esparcidos por todos los rincones de Estados Unidos, los aspirantes observaron con asombro la caída del Rey que los había sometido sin piedad. Kevin Durant, que había forzado para estar en el quinto choque de las Finales, veía como su tendón de Aquiles se rompía y, para más inri, privaba a su equipo de conseguir el tan ansiado three-peat. Los Warriors habían gobernado con puño de hierro la Conferencia Oeste durante el último lustro, entrando en el debate del mejor equipo de todos los tiempos por derecho propio. Sin embargo, ahora que las campanas tañían para anunciar el desplome de su reinado, todos los aspirantes volverían a tomar las armas.

Se había erigido un nuevo monarca en el Norte. Kawhi Leonard, tras sus vaivenes con Popovich y los Spurs, puso rumbo a Toronto para llevar a Canadá el primer anillo de su historia, en un relato con aires épicos que quedará grabado en los anales de la NBA. Lo tenía todo al alcance de la mano: el estrellato, un equipo compacto y potencial para revalidar el título. No obstante, los atractivos de los Raptors no fueron suficientes para retener a su jugador franquicia, que, bajo un secretismo sin precedentes, decidió retornar a casa.

Unidos por California

Oriundo de Riverside, nunca fue un secreto que Kawhi Leonard algún día volvería a su California natal. Como a todo gran jugador, siempre se le relacionaba directamente con Los Angeles Lakers, franquicia que ha acogido a varios de los más grandes a lo largo de los años. El glamour, la historia, la influencia de leyendas como Kobe Bryant o Magic Johnson, etc. Muchas son las razones por las que The Claw hubiera podido acabar vistiendo el púrpura y oro. En un intenso pulso que se prolongó más de lo esperado, Lakers, Clippers y los propios Raports trataron de hacerse con los talentos de Leonard, quien desojó la margarita hasta el último instante.

Finalmente, y para sorpresa de gran parte de los seguidores, optó por los Clippers. Una franquicia históricamente denostada, considerada el “patito feo” de la liga durante muchos años. No estaría solo en su misión, ya que Paul George, otro californiano con ansias de volver a competir por el anillo, pondría rumbo a Los Ángeles tras su fallido idilio con Russell Westbrook y los Thunder. Después de su mejor campaña en la liga, el de Palmdale decidió unir fuerzas con Leonard para suplantar a los Lakers como equipo principal de la ciudad.

El eterno segundón

Afincada previamente en San Diego, la franquicia de los Clippers se mudó a L.A. en 1984, después de seis campañas. En aquel momento, la existencia de dos equipos en la ciudad generó una expectación que no se convertiría en realidad en los años siguientes, dadas las notorias diferencias competitivas. Los Lakers representaban el poder, con una plantilla plagada de estrellas, mientras que los Clips se posicionaron como “el equipo del pueblo”, poniendo incluso precios más asequibles para los espectadores.

Entre 1986 y 1999, jugaron como locales tanto en el Los Angeles Memorial Sports Arena como en el Arrowhead Pond de Anaheim. Realmente nunca hubo una gran rivalidad, ya que el balance era inmensamente favorable para su equipo vecino. De esta forma, en 1996 la franquicia angelina declinó un acuerdo para establecerse en Anaheim, para después unirse a los Lakers en el Staples Center, que se inauguraría en 1999. Desde entonces ambos equipos han compartido pabellón. La superioridad de los de púrpura y oro no dejó de existir e incluso tuvo el culmen de cinco campeonatos desde que comenzara el nuevo milenio. Una preeminencia inmutable hasta la llegada de Glenn Rivers al banquillo clipper.

El otrora entrenador de los Celtics, y verdugo de los Lakers en 2008, arribó con las ideas claras para cambiar la cultura de aquel equipo sumido en un eterno segundo plano. Desde que el técnico de Chicago cogiera los mandos, siempre han quedado por delante en temporada regular. Al mismo tiempo, en el otro bando todo se volvió dolor y sufrimiento, con cinco cursos consecutivos sin disputar la postemporada. La inercia se había invertido por primera vez.

Los Clippers se colocaron en el mapa NBA bajo el nombre de Lob City. Sus aficionados por fin saboreaban las victorias con asiduidad. Por su parte, en octubre de 2013 Doc decidió tapar con posters los títulos de los Lakers colgados de lo alto del Staples. Decisión que generó gran controversia en el seno de la ciudad y de la liga. Lo veía como algo humillante, reflejo de la situación que había vivido aquel humilde conjunto, siempre a la sombra. Si querían establecer una identidad ganadora, no podían esgrimir los éxitos de su enemigo dentro sus propios muros. Al mismo tiempo, la filtración de unas declaraciones racistas vertidas por Donald Sterling, propietario desde 1981 hasta 2014, no ayudaron lo más mínimo a mejorar la imagen de la franquicia. Más bien tuvieron el efecto contrario. Finalmente, la NBA decidió suspender de por vida al magnate norteamericano, viéndose obligado a poner los Clippers en venta.

Con el paso del tiempo, el proyecto fue quedándose sin margen, cayendo antes de tiempo en playoffs en más de una ocasión. Los Paul, Griffin y Jordan harían las maletas para poder reconstruir el equipo. Una reestructuración con la mirada puesta en el pasado mercado estival, en el que fueron los grandes ganadores. A un plantel que se mostró muy competitivo el último año frente a Golden State, se le unen dos superestrellas superlativas. Probablemente los dos mejores two-way players de la competición a día de hoy. Acompañados de Beverly, Harkless o Harrell, el potencial defensivo de los Clippers es uno de los más elevados de toda la competición. El mundo los mira con otros ojos, de modo que su objetivo es claro: asaltar el Campeonato.

El reto para Leonard será mayúsculo, más incluso que el alcanzado la última temporada portando la elástica de los Raptors. Los Clippers nunca han jugado unas Finales de Conferencia. Kawhi, de la mano de un escudero de lujo como George, deberá rebasar esa barrera para poder brindar a su nueva familia el primer anillo de su historia. Ya lo hizo en Toronto, neutralizando grandes potencias como los Sixers o los Bucks por el camino. Esta vez, la competencia será más dura que nunca, empezando por su rival más cercano e inmediato.

Tras la estela de Jordan

Frente a Leonard estará un hombre en busca de la leyenda. Un rey que perdió su corona, si bien su reinado está aún por concluir. Tras una primera temporada tumultuosa en la disciplina laker, LeBron James regresa más descansado que nunca. El de Akron no se perdía las eliminatorias por el título desde su segunda campaña en la NBA. Su físico lo agradecerá, ya que el año pasado mostró por primera vez síntomas de que el tiempo pasa para todos. El ‘23’ sufrió una lesión en la ingle justo el día de Navidad, en un triunfo ante los Warriors. Por aquel entonces, el equipo se había mostrado notable bajo su liderazgo. No obstante, el problema se dilató en el tiempo e impidió ver al mejor James de vuelta.

En esta ocasión no estará solo al timón. Anthony Davis, gran deseado por la franquicia, llegó para formar una de las mejores parejas de la liga. El coste fue elevado, teniendo que deshacerse del núcleo joven de la plantilla casi al completo, a excepción de Kyle Kuzma. La ceja, talento diferencial en ambos lados de la pista, aterriza como pupilo de un James que podrá delegar en él gran parte del peso ofensivo del equipo. Una vez este decida colgar las botas, los Lakers serán del ex de los Pelicans.

Un James que continúa persiguiendo aquel fantasma de Chicago. La influencia de Michael Jordan en él ha sido algo recurrente durante su largo trayecto hacia el Olimpo. Entró en la competición antes de cumplir los 19, con una presión absolutamente ridícula para un pipiolo de su edad. Pese a los críticos, superó las expectativas. En su sueño por convertirse en el mejor de todos los tiempos, sabe que este puede ser su último viaje y no quiere retirarse antes de lograr otro anillo. Sería el cuarto para él, tercero con una franquicia distinta.

En una mezcla de talento y veteranía, los Lakers han rearmado el equipo de cara al presente curso. Todavía con la herida del rechazo de Kawhi reciente, firmaron a jugadores de renombre como Danny Green, Avery Bradley o Dwight Howard. Gente experimentada que dará un plus defensivo al plantel. El propio Frank Vogel, nuevo entrenador tras la abrupta salida de Luke Walton, aseveró recientemente que pretende construir un cuadro duro. “Quiero ver jugadores por el suelo, si no es que no estamos haciendo nuestro trabajo”, aseguró.

Tras aquel fatídico 13 de abril de 2013, en el que Kobe Bryant se rompió el tendón de Aquiles, los Lakers han vagado sin rumbo por el desierto. Malas decisiones en los despachos, unidas a la baja competitividad de una plantilla huérfana de líderes. Por ello, la presión que James y Davis tendrán que soportar será mayor que nunca. Este año no habrá excusas para no lograr el billete para los playoffs y, además, tendrán que hacerlo en posiciones nobles.

Los detractores estarán ahí, a la espera en su trinchera. Para una institución con 16 anillos de campeón y 15 Finales en su haber la exigencia siempre es máxima. Más aún si se trata de la franquicia más atractiva de la NBA. West, Jabbar, Magic, Shaq o Kobe lograron alzarse victoriosos soportando el peso de la camiseta dorada. LeBron no quiere ser menos.

Con los Warriors (aparentemente) un peldaño por debajo del nivel establecido desde 2015, los Lakers ingresan de lleno en la terna de favoritos al título. Pese a su gran plantilla, también miran de reojo como sus vecinos, los Clippers, han creado otro equipo capaz de competirles de tú a tú. Cada encuentro será una batalla sin cuartel en la que la victoria no será lo único que esté en juego.

Las guerras venideras

Dos hombres en una misma misión. Uno, devolver la grandeza a una franquicia que perdió su luz hace más de un lustro. El otro, como ya hiciera en Toronto, brindar a un equipo su primera gran gloria. Si la empresa de cualquiera de los dos resultase exitosa, elevaría al jugador a un altar nunca antes hollado: 3 anillos y 3 MVPs de las Finales (siempre que lo lograsen) con tres equipos distintos. Un hito sin precedentes.

Sobre el papel, los Lakers partirán con un mayor potencial ofensivo, teniendo enfrente a lo que aspira a ser una trituradora en defensa. Las opciones en el perímetro del combo Beverly-George-Leonard serán determinantes. Un trío perfecto para intentar neutralizar a LeBron, el mejor generador de los suyos. A sus casi 35 primaveras, King James tendrá un nuevo reto que superar, acostumbrado a lidiar con grandes redes defensivas como las de los Warriors o los antiguos Spurs. Pese a su previsible capacidad anotadora, los de Vogel también pueden presentarse como un gran equipo atrás, con protectores de aro del calibre de Howard o Davis, además de los Bradley, Green o Caldwell-Pope en tareas exteriores. El botín para el vencedor podría ser el trono del Oeste.

Hubo un tiempo en el que James convirtió la Conferencia Este en su coto de caza privado. No tuvo oposición durante ocho campañas consecutivas hasta que Kawhi recogió su testigo por un año. “Por ahora solo pienso en llevar a los Clippers a las Finales”, afirmaba el propio Leonard hace escasos días. Esta vez se verán las caras hasta en cuatro ocasiones en temporada regular, en  la carrera más feroz que se recuerda en la Conferencia Oeste. Nuggets, Rockets, Jazz o los propios Warriors completarán una lucha en la que no se vislumbra un vencedor claro.

La NBA, referente indiscutible en el cuidado de los aficionados, pensó oportuno comenzar la temporada programando uno de sus platos fuertes para su jornada inaugural. Una fecha marcada en el calendario: 22 de octubre, con los Clippers con el cartel de locales. El segundo capítulo, el día de Navidad. Serán cuatro noches en total. Un mismo campo de batalla para una lid que puede definir el sino de la temporada.

Como diría un viejo mago de barba desaliñada y sombrero picudo: “el tablero está listo”.

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Análisis

Vuelve la burbuja inmobiliaria a la NBA: la moda de las hipotecas

Concentración de mercado, hipotecas, proyectos de capital riesgo a corto plazo, sobrecostes en forma de impuestsos de lujo… La NBA se mueve y la burbuja del mercado no deja de crecer.

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Allá por 2013, cuando los informativos aún nos recordaban que había una crisis económica, había una expresión que monopolizaba todas las conversaciones. Seguramente, el ciudadano de a pie no sabría definir a ciencia cierta qué era aquella burbuja inmobiliaria, pero qué más daba. Le habían inoculado el término y sabía lo que tenía que saber: era malo. Oda al simplismo de la sociedad.

Una vez más, nos remontamos a aquel fatídico traspaso, al que ahora, tras la reconstrucción de récord Guinness de Sean Marks, ya sí puede ser nombrado. Cuatro primeras rondas que viajaron a Boston y que hipotecaron el futuro a corto plazo de los Nets pero, sobre todo, cuatro picks que marcaron un punto de inflexión en la NBA. Nunca antes se habían evidenciado de forma tan salvaje las consecuencias de traspasar el máximo de rondas permitidas. Nunca… Salvo con los Cavaliers de los 80.

No son pocas las normas de la NBA que nacen bajo seudónimo, por la necesidad de adaptar la regulación a fenómenos sin precedentes en la liga. Desde La Jordan Rule, la Rose Rule… reglas que pasan a ser conocidas en el imaginario popular por el jugador que obligó a crearlas y que, dicho sea de paso, favorecen su recuerdo y asociación, en lugar de complejizar los términos. Ahora bien, para que una que limita el traspaso de rondas consecutivas de Draft lleve tu nombre, como sucedió entonces con Ted Stepien, hay que ser muy cenutrio.

El entonces propietario de los Cavs puso en el mercado cuatro picks seguidos, casi lleva el equipo a la quiebra y traspasó la hipoteca a otro dueño antes siquiera de acabar de pagarla. Más o menos, lo que intentó Prokhorov hace cinco años. Tras utilizar a los Nets como activo financiero para especular con otros negocios particulares quiso saltar el barco antes de que se hundiese hasta el fondo del mar.

Hasta aquellos Nets recién llegados a Brooklyn no hubo otro equipo que se atreviese a firmar una hipoteca de semejante magnitud. Como tampoco lo ha habido en estos últimos años. Pero, como siempre pasa en la economía capitalista, es cíclica; la burbuja siempre vuelve. Ahora, a cinco años vista y tras los últimos movimientos del mercado, se puede apreciar que no fue un hecho aislado, sólo desafortunado en su ejecución. Hasta 2018 nadie se ha atrevido a mover tantos activos a futuro por una estrella, acogiéndose al fracaso de los Nets.

Especulación, hipotecas y fondos buitre

El mercado financiero (de traspasos) de la NBA estaba marcado por la incertidumbre y por la presencia de dos fuerzas hegemónicas que aumentaban el riesgo de la inversión, como eran los Warriors y LeBron James, allá donde estuviera. No era, pues, la situación más propicia para pagar hipotecas a futuro, por lo que los proyectos deportivos apretaron el botón del pause hasta que mostrasen los primeros síntomas de debilidad. Y, efectivamente, así ha sido.

Con ambos ejes gravitacionales desplazados y con un tercio de jugadores de la NBA siendo agentes libres este verano, entre ellos cinco top ten de la liga y, al menos, otras diez superestrellas más, alguien tenía que romper la baraja. Ya no hay apuestas seguras, pero la incertidumbre tampoco es un lastre. El riesgo es inherente al nuevo mercado NBA y quienes mejor han sabido jugar con él, han sido los triunfadores.

Ya lo intentó Daryl Morey el año pasado, con sus cuatro picks por Jimmy Butler. Secos, como el vodka en Rusia. También lo previeron este año en Utah, que agilizaron el traspaso de Conley para que Dios cogiera a los mormones confesados en verano. Es cierto que la burbuja crece sin control y que la tendencia alarma a la propia NBA. Pero, por otro lado, qué éxtasis embarga a Silver y su equipo. La NBA más global, la reina del verano. Apenas ha terminado la temporada y no puede haber más expectación porque empiece de nuevo. A quién le importa ahora la burbuja, eso será problema de la futura NBA.

Empoderamiento: una nueva era

Uno a uno, los agentes libres han decidido su futuro en cascada, como un Fantasy Draft en el 2K, que deja tres lecturas claramente diferenciadas. Primero, y más reciente, la especulación, la inflación creciente del precio a pagar por las estrellas tras tres años a la baja. Proyectos corto y medioplacistas, con concentración de estrellas, que vuelven a hipotecar sin miedo el futuro más inmediato, como los Nets o los Clippers. Masai Ujiri y su “alquiler” de Kawhi Leonard han sentado cátedra, como lo hicieron sin suerte Paul George y los Thunder.

Segundo, las apuestas de capital riesgo ya no sólo vienen predeterminadas por el papel de propietarios y general managers, sino que son los propios jugadores los que fuerzan estas operaciones. Son ellos los que han comprendido que tienen el poder de negociación en sus manos, que son los verdaderos y únicos protagonistas; y que, al fin, en vez de ser tratados como meras inversiones inmobiliarias, casas sin caras, sin humanizar, ahora no sólo eligen su futuro, sino el de toda una franquicia. Estamos ante una nueva era de empoderamiento, que en este caso inició LeBron James allá por 2010, no de la mejor forma posible, pero que casi una década después ha alcanzado su clímax.

Finalmente, la tercera lectura y quizá la más destacada desde el punto de vista de las franquicias, es la necesidad de un proyecto. Ya no vale con ser un gran mercado. Las hermanas menores y tradicionalmente apestadas de New York y Los Angeles se han coronado reinas gracias a su gestión. Han saneado sus cuentas de inmuebles tóxicos como Chris Paul, DeAndre Jordan e incluso de los Mozgov y Crabbe para jugar su baza al presente más inmediato, con el futuro en entredicho. Otras como los Warriors decidieron pagar los sobrecostes en forma de impuesto de lujo para preservar su hegemonía. Pero con qué gusto se va a pagar la hipoteca del futuro si el presente sabe a gloria.

Ya lo dijo Homer Simpson, el oráculo omnisapiente de la sociedad moderna: “El futuro ha ganado, el pasado nunca tuvo una oportunidad”.

In memoriam: Sam Hinkie y su gerencia de capital riesgo.

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