Octubre, 6:35 de la mañana, suena una alarma. Se enciende el iPhone y se puede leer claramente una frase: “Time to be great”. Antonio Blakeney, mientras da los últimos revolcones por la cama, se prepara para una nueva jornada de entrenamiento. Organiza su bolsa, se lava los dientes y se dispone a caminar hacia el gimnasio situado a pocos minutos de su apartamento.

Ahí le espera su entrador personal. El hombre encargado de hacerle compañía en las largas horas de gimnasio y que le exige el máximo cada vez que atraviesa esas puertas verdes. Blakeney comienza a juguetear con el balón mientras le empieza a preparar distintas sesiones para trabajar su cuerpo. Al final, siempre se ha tratado de una lucha contra una complexión física que no se adapta a los tiempos que vivimos en la NBA.

Por aquél entonces, Antonio Blakeney, era un ‘prospect’ de instituto que parecía estar llamado a hacer grandes cosas en el baloncesto. Como niño que era, siempre vio el baloncesto como un refugio. Su momento con la pelota naranja y el silencio del pabellón vacío. Un mutismo que tan solo era interrumpido por el sonar de las zapatillas y el ‘tempo’ del balón. Un compás que, según el estado de ánimo, iba más deprisa o más lento.

Foto: Documental Be Great

Pese a esto, la vida de la joven promesa del baloncesto no siempre había estado ligada al baloncesto. Su familia tenía una estrecha relación con el fútbol americano y su madre siempre intentó que destacase en ese deporte tal y como lo hizo su hermano mayor. Su propia madre cuenta que cuando era pequeño él la insistió para que le fuese a ver jugar al baloncesto y su respuesta fue: “no te preocupes, cariño, serás un gran receptor de fútbol”. Sin embargo, las insistencias de Antonio acabaron por convencer a su madre que se acercase a verlo y fue ahí cuando vio que su niño tenía talento para este deporte.

Simmons-Blakeney, la esperanza de LSU

Blakeney comienza su etapa universitaria de la mano de Ben Simmons. Tras caer en las finales regionales con unos promedios escandalosos, es nombrado el tercer mejor escolta colegial por ESPN y Rivals.com lo pone como el decimotercer mejor ‘prospect’ de su generación. Su unión con el ahora jugador de los Philadelphia 76ers generó gran expectación y se colocaron como una gran potencia para arrasar en la NCAA. Un hecho que nunca sucedió.

La carrera de Simmons y la de Blakeney tomaron caminos completamente opuestos. Mientras uno consiguió brillar en su primer año y respondió a las expectativas puestas en él, el ahora jugador de los Bulls veía como su carrera sufría su primer gran bache. Se evidenció más que nunca que su tamaño no se adaptaba al juego y sufría de manera muy importante en los contactos. Además, se le vio muy verde en varios aspectos y el paso a la NBA se hizo muy grande.

Foto: Dig Baton Rouge

De este modo, Antonio Blakeney, decide quedarse un año más en la universidad y ve como su compañero es elegido en el ‘pick #1’. Los problemas del número ‘2’ de LSU eran muy evidentes: su aportación en defensa era nula, le faltaba contundencia entrando al aro y los porcentajes desde la línea de tres puntos no acompañaban. Lo cierto es que el segundo año la situación mejoró. La marcha de Simmons dejó a LSU bastante debilitado y dependieron mucho de su juego. Pronto comenzó a gozar de más lanzamientos y mejoró en bastantes aspectos del juego, pero los triples seguían sin entrar como deberían. Era el momento de saltar a la NBA.

Un comienzo muy complicado

La noche del Draft es posiblemente uno de los momentos más importantes para cualquier deportista que quiera jugar en la NBA. Ese día se reparten muchas de las papeletas de tener una carrera plagada de logros y grandes momentos. Pese a esto, no siempre son sonrisas y fotos con la gorra de tu equipo. El Draft también esconde una cara oscura que puede acabar con tu carrera.

Pues bien, a Antonio Blakeney le tocó vivir de primera mano cómo no era elegido en el pasado Draft de la NBA. Una situación muy complicada que puso en duda su carrera en la NBA y que evidenció que las tendencias de la liga están cambiando. La joven promesa que se levantaba a las 6:30 de la mañana para ir a entrenar se quedaba sin equipo y se veía obligado a buscar su propio camino en el baloncesto.

Los motivos de su no elección parecían más que evidentes. Su grisácea etapa universitaria y su poca consistencia en defensa lo llevaron a una situación muy compleja. Su falta de tamaño y exceso de anotadores que tiene la liga en estos momentos lo dejaron fuera de una ceremonia en la que estaba predestinado a estar mucho más arriba. Era el momento de empezar a ser el dueño de su destino.

Es cierto que la NBA, últimamente, está siendo muy dura con los escoltas de altura 6-4, y es que los equipos cada vez buscan jugadores con los brazos más largos y capaces de hacer muchas cosas sobre la cancha. Eso sí, la liga ahora ofrece muchas otras formas para abrirte paso y firmar por una franquicia. Blakeney se tuvo que ganar el puesto en las ligas de verano y fue ahí cuando los Bulls se cruzaron en su camino y decidieron concederle una oportunidad para brillar.

El convenció a unos Bulls en reconstrucción para que le firmaran con un ‘two-way contract’ y alternase la G-League con los Bulls. Una opción muy buena para tener minutos en el equipo ‘filial’ y poder convencer a la franquicia que merece jugar en el primer equipo. Además, se encontró con unos Bulls con una gran falta de talento y con un Zach LaVine que seguía recuperándose de sus problemas físicos.

Con el primer equipo sus promedios no fueron del todo malos y supo aprovechar sus oportunidades. Su primer año en la NBA puso punto y final con 7.9 puntos, 1.7 rebotes y 1.1 asistencias. A esto hay que sumar que contra los Thunder se fue hasta los 16 puntos con un tres de seis desde la línea de tres puntos, dejando en evidencia que es un jugador que tiene una gran cantidad de puntos en sus manos y que tiene talento para estar en la mejor liga del mundo. También hay que destacar que la G-League se le hizo muy pequeña y se fue hasta los 32 tantos por noche, dio 3.9 asistencias y capturó 6.6 rebotes con Windy City.

Tras conquistar el ‘ROY’ de la G-League, Antonio Blakeney da un paso muy importante en su carrera y firma un contrato que le asegura un puesto en los Chicago Bulls para la próxima temporada. Una noticia muy importante para un jugador al que se le habían puesto las cosas muy cuesta arriba en el comienzo de su carrera. De este modo, el ‘9’ de los Bulls, tendrá la oportunidad de ganarse los minutos en una franquicia que se encuentra en pleno momento de crecimiento.

Un hecho que no le permite relajarse, ya que llegar a la NBA no es del todo complicado para un jugador de sus características, lo complejo es mantenerse. Los de Illinois no pierden nada si finalmente, no acaba convirtiéndose en esa chispa que incendie el banquillo y su juventud no le permitiese poder pulir muchos aspectos del juego. Lo que más preocupa a día de hoy es su inconsistencia en defensa (aspecto que no mejorará mucho) y su deficiente selección de tiro (que se espera que mejore con la experiencia).

La carrera de Antonio es una gran incógnita que se irá resolviendo por el camino. No sería de extrañar acabar viéndole en Europa o buscando oportunidades en la liga China. Escenario que a día de hoy se ven muy lejos, puesto que tiene la ocasión de destacar y demostrar que sigue siendo aquel jugador que maravilló en su etapa de ‘High School’. La clave de su éxito deberá ser su constancia. Porque hay pocas fuerzas más potentes que la de una estrella insatisfecha.