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Análisis

Decían que el gigante caería

Un año más Terry Stotts ha reinventado a sus Blazers. Otro año salvando un proyecto que tras cada postemporada parece dar síntomas de agotamiento.

fontandelacruz@gmail.com'

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Decían que el gigante se terminaría cayendo. Pero no.
Bien entrado el verano, cuando el aroma a temporada regular comenzaba a recorrer nuestros exigentes paladares pudimos observar – yo incluido – como un elevado porcentaje del núcleo grueso de aficionados a la NBA se mostraba algo reticente – yo incluido, recalco – con el proyecto que ponía sobre la mesa la directiva de Portland Trail Blazers. Nada más lejos de la realidad visto lo visto en el catastrófico tropiezo vivido en la pasada postemporada frente a New Orleans Pelicans, con un 4-0 y la sensación de haber sido neutralizados de principio a fin por un Rondo palpando, por enésima vez, el cielo en postemporada y un Davis abominable en la pintura como principales cabezas de hidra.

Dichosas presuposiciones.

No obstante, y no por primera vez, Terry Stotts ha logrado dar una vuelta de tuerca más, pequeña pero efectiva a decir verdad, al sistema de sus Trail Blazers. Y este cambio se basa en incrementar el valor de lo que ya poseía. La pasada campaña se cerró con la sensación de haber caído en un bucle que ya conocíamos: dualidad de la mano de Damian Lillard y C.J. McCollum. No se reconoce este proyecto sin estas dos figuras, pero es sabido por todos que no se levanta un castillo sobre dos columnas; hacen falta un terreno, cemento, materia prima para formar la estructura y, lo que es más importante, más de dos constructores y/o arquitectos para levantar dicho castillo. Ahora bien, y entrando en materia puramente deportiva, estos son los principales aspectos que ha logrado potenciar y/o mantener Terry Stotts con vistas a esta nueva campaña.

Interiores de apoyo

Una de las realidades sobre las que se fundamenta el proyecto Blazer es la de un ‘backcourt’ (base y escolta en suma) con un elevado consumo tanto de manejo de balón como, llegado el momento, de finalización en las secuencias tras bote. En este punto es cuando toda estructura tiene que tener un pegamento o cemento que se encargue de fortalecer y liberar a ese perfil de ‘ball-handler’ con un elevado desgaste tras bote y, para esto, Terry Stotts se vale de la figura de un interior de apoyo que pise mucho el poste medio y alto, pero que no deje de ser un sustento en situaciones de bloqueo y continuación (pick and roll). Un elemento que ejerza de apoyo en acciones de mano a mano y que permita a Lillard o McCollum despegar y escurrirse entre los indirectos para recibir libre de marca y ejecutar a placer.

Es en la figura de Jusuf Nurkic donde se aglomeran todas estas virtudes y que, con respecto a la temporada y media que lleva vistiendo la camiseta de Portland, ha logrado elevar un escalón esta función y hacerla aun más amplia. Porque es Nurkic ese pegamento que nombraba previamente, ese ‘screener’ (4.7 screen assists por noche/11ppp en dichas acciones, referido al número de bloqueos que desembocan en anotación posterior) que oxigena y dota de espacios a los jugadores que llevan la batuta del encuentro.

En secuencias como esta se puede apreciar la función que desempeña como apoyo, pues ejerce de epicentro en la secuencia y culmina con una pantalla para liberar al tirador, oxígeno para las noches de menor inspiración para los ejecutores. En este aspecto poco se le puede achacar al Bosnio, que cada día se encuentra más cómodo a la hora de subir al poste alto e incluso generar el mismo vía pase. No obstante, Nurkic es un perfil que no requiere de un volumen de lanzamientos exagerado para producir muchos puntos, es más, sus noches con un grosor anotador más elevadas están directamente ligadas a una efectividad en pintura sobrenatural. Sin embargo, la pasada campaña dejó sabor de boca algo amargo en lo referido a los interiores, pues Stotts contó tanto como algunos esperábamos con Zach Collins.

Collins es un perfil de interior que también sabe nutrir a la perfección con bloqueos de todo tipo al ‘ball-handler’ en cuestión, además de ser un activo de valor en situaciones de mano a mano. Pero es que el verdadero valor del pívot nace en un poderío anotador en acciones de bloqueo y continuación inédito en un perfil con su edad y experiencia, es un finalizador contundente y móvil a partes iguales. Además, y a pesar de no contar con un porcentaje elevado que le respalde (rondando el 33% desde el perímetro), es una alternativa interesante en acciones de pick and pop. También nos ha regalado pinceladas de visión de juego en el poste alto, ya sea doblando el balón a las esquinas o detectando un corte. Por último mencionar su buen hacer defensivo en la pintura, faceta en la que Portland ha de trabajar de cara a la postemporada y que, gracias a la mejoría de Nurkic como rim protector, poco a poco van sacando adelante. A fin de cuentas su función es la de un facilitador que, en pequeñas dosis, nos regala verdaderas señas de poderío (y margen de mejora) en la finalización a todos los niveles.

Perfiles especializados

Si nos correspondemos con la línea que sigue el baloncesto moderno, la de un terreno despiadado y voraz en el cual si no llegas a coger la punta de velocidad necesaria desapareces lentamente, sacamos en claro dos aspectos: ritmo y perímetro. El primero, y al igual que (casi) cualquier franquicia, se ha visto envuelto en un dopaje de dimensiones notables, y si bien el cambio no es tan notorio en franquicias como Portland, la evolución existe. El equipo lo aumenta en pequeñas dosis sin llegar a reventar el acelerador. El segundo, que tiene diferentes vías para ser abarcado, también es un aspecto elemental para conformar una plantilla de primer nivel en el baloncesto americano. Y, cómo no, Portland también está inmerso de lleno en esta parcela.

La estructura interna de Portland está definida por contar con dos piezas que, además de amasar balón para la producción autótrofa, requieren de un ecosistema favorable para desahogar sus banquetes tras bote, es decir, armas perimetrales de bajo consumo. Y aquí es donde entra en juego el papel de especialistas tales como Seth Curry, Aminu o el propio Meyers Leonard. Perfiles que, dentro de su matices, resaltan por no necesitar de un excesivo uso del bote para producir desde el perímetro.

El verdadero poder de estos perfiles ‘low cost’ reside en su condición de, como el propio nombre indica, producir grandes cantidades de puntos sin necesitar una atención superlativa para la producción de dichos puntos. Ahora bien, en todos los equipos encontramos estos perfiles, sí, pero no todos los equipos requieren de estos jugadores para subsistir en una temporada sobrecargada de partidos y en la cual es imposible sobrevivir aferrados a perfiles –guiños a Dame y C.J.- que exporten cantidades ingentes de puntos independientemente del estado de forma puntual del grupo. Y sí, en Portland estamos ante un equipo que bebe noche tras noche de esta clase jugadores para solidificarse a media pista. Entre los previamente mencionados me gustaría destacar la función de Al-Farouq Aminu dentro del sistema.

Aminu es un perfil novedosos, no llega a ser atípico dada la situación de la liga en estos momentos, que se encarga de rellenar todas aquellas carencias espaciales dentro de la estructura Blazer’. Sí, todas. Es un estandarte, un elemento fundamental en lo referido al ‘spacing’ para Stotts, pues es él quien se encarga de evitar que una defensa individual abarque más de una marca, es decir, que todo par defensivo esté centrado al completo en su objetivo y no se permita el lujo de hacer la función y/o cobertura de un compañero simultáneamente. Su carta de tiro es el vivo reflejo de su buen hacer ofensivo:

Una carta de tiro propia de un laboratorio. El equilibrio entre perímetro y zona restringida es absoluto, como si se impidiera de alguna forma el uso de la media distancia (mid-range) para bombardear al rival –solo en caso de emergencia-. Y sí, la realidad no escrita es esa, su función se basa en rellenar espacios al perímetro –sin hacer distinción alguna sobre la zona desde la que lanzar- para que toda jugada tenga una alternativa doblando el balón a la línea de tres puntos y, dada la situación, buscar el hueco tras la ayuda del rival y lograr que el lanzamiento sea liberado (el 100% de sus lanzamientos de tres puntos han sido asistidos). Otra alternativa es la de fintar el lanzamiento (‘jab-step’…) y pentrar en dirección a canasta para anotar con mayor facilidad. Simplificar las dificultades que plantea el entorno, vaya. Su función atrás también es un comodín permanente, pues su molde está adaptado a unas capacidades físicas sobresalientes y hace de Aminu un jugador elemental en la cobertura de jugadores de diferentes tallas. Ya sea porque el cambio (‘mismatch’) lo requiere o porque su función como ‘4’ más líquido le empareja con un jugador completamente distinto en complexión física, Aminu es un mazo extensible en el apartado defensivo. Una vez más: facilitar la tarea al entorno.

Por singularizar los casos de Leonard o Curry es interesante su función como catch-and-shooters, un perfil de jugador que también aporta oxígeno, anotación de alto rendimiento (relación tiro/punto) y con un consumo mínimo: de sus lanzamientos de tres que logran su cometido un 92% y 79% respectivamente llegan tras asistencia previa. Y una vez más: oxígeno para un sistema que puede llegar a congestionarse sin ellos.

La labor de Damian Lillard y C.J. McCollum sigue intacta –con algún que otro ‘pero’ sobre los porcentajes del segundo-. Son dos de los mejores y más productivos anotadores autótrofos de la liga, saben alimentarse de lo que su inspiración, habilidad y bote les permite y nunca  nos dejan con la sensación de que están funcionando a medio gas. No obstante, el apoyo que estaban pidiendo a gritos parece llegar paso a paso, y este año está siendo un punto de inflexión dentro del sistema para ellos.

Es como si los dos constructores que al iniciar el artículo mencionaba hubieran encontrado –al fin, sí, al fin- un apoyo más, una ampliación de la plantilla sin necesidad de acudir al mercado. Ahora las malas noches lo son menos, los días en los que la pelota no quiere entrar –o no le dejas que entre- se maquillan y pasan inadvertidos ante los focos. Ahora sí, esto es un colectivo dispuesto a batallar en terreno bélico, porque una batalla puede sacarla adelante un soldado, pero las guerras las ganan los ejércitos.

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Análisis

NBA y NCAA: conflicto abierto

La NBA volverá a permitir a jugadores de 18 años presentarse al Draft con el objetivo de

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Treinta y tres segundos de juego y la zapatilla Nike de Zion Williamson reventó. El favorito al número 1 del Draft, lesionado, quizá de gravedad. Fue la imagen más icónica de la pasada temporada en la NCAA. La multinacional textil perdió más de 1.100 millones en bolsa (que posteriormente recuperó) pero, lejos de los perjuicios económicos, hubo más actores implicados. Indirectamente, en el despacho de Adam Silver resurgió un antiguo debate que atañe a su campo, la NBA, y a la competición universitaria.

Afortunadamente, la rodilla del jugador de Duke salió airosa del susto. Si no hubiese sido así, la carrera de Williamson en la NBA estaría en duda. Hubiera supuesto un serio traspiés para el futuro de la competición. Porque Zion estaba obligado a permanecer un año en la universidad. No tiene 19 años, no puede jugar en la NBA. Silver quiere eliminar ese año entre el instituto y la NBA. Una medida que permitiría dar el salto directo a los mejores jugadores, como hicieron en su día Kobe, Garnett o LeBron. En definitiva: el one and done, a escena; y el conflicto abierto.

Jaque a la NCAA

Fue en 2005 cuando el entonces comisionado David Stern implementó la norma: todo jugador que quisiera entrar en la NBA debería esperar un año desde su graduación, es decir, haber cumplido los 19 años. Los jugadores que terminaban el college debían permanecer un año como mínimo en una universidad, o buscar fortuna en una liga profesional extranjera, tal y como hicieron Brandon Jennings (Italia) y Emmanuel Mudiay (China), aunque ésta es una tendencia minoritaria.

La mayoría optan por seguir en Estados Unidos, en la NCAA, que ha experimentado un continuo crecimiento de audiencias en los últimos años. El one and done tiene buen parte de la culpa, ya que coloca en el escaparate, al menos durante una temporada, a futuras estrellas del baloncesto americano, como en su día fueron Anthony Davis, Kyrie Irving, Derrick Rose, John Wall o Kevin Durant, entre otros.

Pero lejos de estos nombres, los críticos sostienen que el one and done ha propulsado la corrupción y la desvergüenza en el sistema universitario, acabando con la mentalidad deportiva del amateurismo norteamericano. Sonados son los casos de Lousville y Rick Pitino, con el FBI investigando a programas y a jugadores universitarios que recibían dinero negro. Las universidades se disputaban a los mejores prospects para tan solo un año de relación contractual. Jugadores ya relevantes en la NBA como Markell Fultz, Kyle Kuzma o Dennis Smith fueron investigados.

Mientras, la NBA no dejaba de reclutar a ‘freshmens’ o jugadores de primer año. En 2018, los equipos de la NBA eligieron en el Draft a 18 estudiantes de primer año universitario, casi 1 de cada 3. La misma cifra en 2017: ocho de las 10 mejores selecciones de draft fueron estudiantes de primer año. Y esta no es una afluencia anómala de jóvenes talentos: desde 2010, el número 1 del Draft lo ha ostentado un jugador de primer año.

Número de jugadores de primer año elegidos en el Draft.
Fuente y elaboración | NBADRAFT.NET

En este otro gráfico se puede observar la tendencia: los jugadores de primer año dominan sobre otras clases en las elecciones del Draft desde la entrada del one and done.

Clases de jugadores elegidos en el Draft. Fuente y elaboración:
NBADRAFT.NET

Pugna de intereses y pensamientos

Han sido muchas las voces, con más o menos credibilidad, que han opinado sobre la cuestión: ¿deben los talentos más jóvenes esperar a cumplir 19 años para ingresar en la NBA?, ¿es recomendable que cambien el collage por la mejor liga del mundo sin pasar por la universidad?, ¿existe alguna solución intermedia?

Como todo debate que se atañe, encontramos opiniones diversas según el campo en el que busquemos. En la planta noble de la NBA, y más tras el susto de Zion Williamson, Adam Silver fue contundente:

“Mi sensación actual, es que este reglamento no está funcionando para nadie. He hablado con entrenadores y directores deportivos de universidades y me aseguran que no están satisfechos con el sistema actual. También tengo conocimiento de miembros de numerosas franquicias NBA que tampoco están felices con estos jugadores, ya que no creen que estén recibiendo el tipo de entrenamiento que necesitan y que esperan ver en profesionales. Mi visión personal es que estamos listos para bajar a los 18 años la edad mínima para entrar en la NBA.

Adam Silver

Leyendas del baloncesto también se han pronunciado en ese aspecto, siendo aún directos. Karim Abdul-Jabbar, por ejemplo:

“Los chicos están allí menos de seis meses. Bueno, ni siquiera seis meses, y se van. Es una farsa, creo que sólo están usando el sistema de la universidad como un trampolín para la NBA, y eso es realmente lamentable. Creo que una educación es vital para tener una buena vida, y estos chicos no están recibiendo esa oportunidad. Es triste.”

Kareem Abdul Jabbar en TNT.

La falta de educación y madurez que adquieren los jugadores en la NCAA es un argumento recurrente, incluso fuera de Estados Unidos

“Muchos de los equipos de la NBA piensan que los jugadores que optan por el one and done no están recibiendo el entrenamiento necesario que se espera en las elecciones altas del Draft”. Según el directivo, “la importancia de entrar en la NBA con suficiente base de desarrollo de baloncesto, así como de madurez física y emocional, no debería ser subestimada”.

Chus Bueno, vicepresidente de la NBA en Europa, África y Oriente Medio

Uno de los firmes defensores del one and done es Mike Krzyzewski. Voz autorizada y practicante confeso de esta estrategia con la universidad de Duke. Desde 2013, dicha universidad ha incorporado un ‘freshmen’ en las cinco primeras posiciones del Draft. En 2015, Krysewski se alzó con el título con tres one an done en su roster: Jahlil Okafor, Justise Winslow y Tyus Jones. Coack K defiende la norma:

“Jugar en la universidad aporta al jugador madurez y crecimiento, pero también le enseña su exposición, el aspecto de marketing que un programa de alto nivel le da a un joven. Jayson Tatum saliendo de St. Louis Chaminade justo después de la escuela secundaria no sería el mismo Jayson Tatum que estuvo allí después de un año”.

Coach K.

El ex seleccionador estadounidense está convencido del avance de la liga universitaria, aún si el one and done queda eliminado:

“Todavía habrá chicos que vendrán a la universidad y que se irán después de un año, de dos, o tres. Para ser sincero, no veo por qué la NBA cambiaría el límite de edad. Pero hagan lo que hagan, reaccionaremos. Así que todos los que digan que la NCAA saldrá perjudicada, están completamente equivocados”.

Mike Krzyzewski

En esa teoría se sitúa también Dan Gavitt, vicepresidente senior de la NCAA:

“Hay más jugadores que están mejor preparados físicamente (más fuertes, más grandes, más rápidos, mejores habilidades) y logran desarrollar a lo largo de su carrera universitaria unas facultades mentales y emocionales adecuadas para ser un atleta profesional y para lidiar con lo que viene después. No son productos terminados en ningún caso, pero hace 20-25 años podías contar con los dedos de una mano a los jugadores que salían preparados de la universidad”.

Gavitt se muestra tajante, aunque se olvida de otros como LeBron o Kobe:

“Los mejores jugadores en la historia de este deporte han sido parte de la universidad”. Y enumera: “Michael Jordan, Larry Bird, Kareem Abdul-Jabbar, Oscar Robinson”.

El vicepresidente cambia el gesto cuando le preguntan por los salarios. En la liga universitaria, los jugadores no reciben nada, pese a la gran suma de ingresos que genera la competición (891 millones de euros en 2018). Mientras, hay 47 entrenadores que cobran más de 2 millones de dólares al año.

Pero los jugadores, por su condición de amateurs, tienen prohibido recibir pagos de las universidades y de las empresas vinculadas a estas, como pueden ser Nike, Under Armour o Adidas.

“Los salarios y, sin duda, el potencial de ganancias a largo plazo, son tan cambiantes que es algo difícil de resolver para un jugador y su familia. Hace muchos, muchos años, la diferencia en el valor de jugar en la universidad y jugar en la NBA era diferente, pero no dramáticamente diferente. Ahora es dramáticamente diferente”.

Gavitt

Stan Van Gundy, que entrenó un año a la Universidad de Wisconsin (94/95), dispara:

“La NCAA es una de las peores organizaciones del mundo del deporte. Puede que la peor. Desde luego no les importa nada el atleta. La gente que estuvo en contra de que los jugadores llegaran directamente desde el instituto inventó muchas excusas, pero creo que en gran parte fue racismo. Nunca he visto a nadie levantarse a protestar sobre las ligas menores de béisbol o Hockey. Allí no ganan muchísimo dinero y suelen ser chicos blancos, así que nadie tiene ningún problema. Pero de repente tienes a un chico negro que quiere salir del instituto y ganar millones y eso sí es una mala decisión. Pero saltarse la universidad para ganar 800 dólares al mes en una liga menor de béisbol es una buena decisión. ¿Qué narices está pasando?”, expresa el ex técnico de Miami, Orlando y Detroit.

Stan Van Gundy

En un tono más distendido opina Jim Haney, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Entrenadores de Baloncesto, piensa que un año de universidad es muy productivo para los jugadores:

“La gran mayoría de los chicos que ingresan no han aprendido en el baloncesto escolar cómo jugar duro dentro del concepto de equipo porque siempre han sido mejores que los otros niños. Su idea de jugar duro es: ‘Voy a tirar más o voy a conducir más hacia la canasta‘. Eso es un enfoque individual y no colectivo. En la NCAA se demuestra que se necesitan cinco hombres en la cancha trabajando juntos para ser realmente un equipo productivo”.

Jim Haney

Otro de los seguidores confesos del one and done es John Calipari, gran reclutador de talentos. Por sus manos pasaron decenas de jugadores listos para la NBA: Derrick Rose, John Wall, Eric Bledsoe, DeMarcus Cousins, Anthony Davis, Julius Randle , Karl-Anthony Towns y Devin Booker, por ejemplo. El entrenador de Kentucky defiende el contacto directo con el jugador desde edades muy tempranas:

“No les prometemos tiempo de juego, tiros o cuánto tiempo estarán en la universidad. Todos tienen su propio horario, y se lo decimos a todos y cada uno de los chicos y sus familias. Para algunos, eso significa un año; para otros, dos, tres o cuatro. Pero nuestro enfoque es poner a nuestros hijos en la mejor posición para tener éxito en el siguiente nivel, ya sea en la NBA o en algún otro campo, cuando llegue el momento de eso. Creo sinceramente que no hay mejor lugar para crecer, especialmente en el factor humano, que la NCAA”.

Calipari.

Si bien es cierto que son muchos los que eligen seguir desarrollando sus capacidades en cualquiera de las tres divisiones de la NCAA, el número de jugadores dedicados finalmente al baloncesto es mínimo. Según un informe de la revista oficial de la NCAA, Champions Magazine, poco menos de tres cuartas partes de los jugadores de la División I creen que jugarán profesionalmente en la NBA, en la G-League o en el extranjero.

En la División II la cifra no llega al 50%, mientras que solo un 27% de los jugadores en la División III creen que jugaran de manera profesional. Las cifras finales otorgan cierta razón al desazón de los jugadores universitario: solo un 48% de División I llegan a jugar en un equipo profesional, 1 de cada 5 entre todas las divisiones.

Calipari prefiere centrarse en los casos de éxito, y pone como ejemplo a Willie Cauley-Stein, con el que también coincidió:

“Cuando llegó al campus me dijo ‘Odio la escuela’ y cuando se fue lo hizo llorando. Estuvo tres años aquí en Kentucky. Apreció la educación que se le dio, creció emocionalmente y aún hoy está inscrito en el club de lectura de la facultad. Todo eso también es la liga universitaria”.

Willie Cauley Stein

Dan Gavitt también incide en ese argumento romántico de los campus:

“Hemos tenido jugadores de un año que han regresado a su campus de manera regular, que han donado a sus instituciones, que han estado en contacto cercano con sus entrenadores y ex compañeros de equipo y realmente han aceptado ser parte de la comunidad. Incluso si no son graduados de la institución, sigue siendo una gran parte de sus vidas”.

Dan Gavitt, vicepresidente senior de la NCAA.

El comisionado de la Conferencia del Sureste, Greg Sankey, es más práctico.

“Debemos hacer una NCAA más fuerte. El debate del one and done no es asunto de un solo deporte. Debemos parecernos más a la NFL o a la MBL”.

Sankey.

En la liga de fútbol es obligatorio jugar tres años con la universidad, mientras que en el béisbol se permite a los jugadores que se conviertan en profesionales directamente de la escuela secundaria, pero si van a la universidad tienen que quedarse tres años allí.

Tres soluciones sobre la mesa

El debate es creciente y las negociaciones constantes. Por ello no hay una vía de acuerdo oficial entre todas las partes. Eso sí, todo parece indicar que el one and done tal y como lo conocemos hoy, desaparecerá.

La opción preferida de Adam Silver es unificar a los prospects de high-school y a los one-and-done en una sola categoría, que les permitiera o bien presentarse al Draft desde el collegue o bien desarrollarse en la G-League.

Aquí radica la idea de Silver: dotar de una mayor profesionalidad a la G-League. Una expansión que debe permitir sueldos mayores a los 26.000 dólares de máximo que existen ahora mismo. Contratos que alcancen los 125.000 dólares a jugadores que salgan del instituto y eviten así pasar un año sin cobrar en la liga universitaria.

“Condoleezza Rice y su comisión han recomendado a la NBA que los jugadores que están haciendo el llamado one and done entren directamente en la liga, por lo que creo que debemos considerar la reducción de nuestra edad a 18 años”.

Adam Silver

El comisionado de la NBA explico que la idea incluiría iniciar el contacto con los mejores jugadores en sus años de instituto. Un seguimiento pormenorizado del atleta, entrenando y desarrollando sus condiciones tanto dentro como fuera de la cancha con la mirada puesta en un futuro mejor tanto para ellos como para la NBA.

Existe una segunda vía que requiere mucho esfuerzo y coordinación en el tiempo. El pasado verano, la NBA y el Sindicato de Jugadores anunciaron un acuerdo con la Federación (USA Basketball) para ojear y aumentar el número de jugadores juveniles de élite a su equipo nacional junior a más de 80 de una tacada. Los jugadores recibirán atención sanitaria y psicológica, además de entrenamientos específicos y de rendimiento deportivo gestionados por expertos.

A su vez, los jugadores tendrán que enviar informes médicos y deportivos a los equipos de la NBA, a fin de que ingresen directamente en la liga (con 18 años) o utilicen un paso intermedio como la G-League. Por otro lado, la NBA solicita que los jugadores tuvieran que tener cierta asistencia obligatoria a las sesiones de Draft. En estas pruebas previas, los jugadores tienen ocasión de mostrar sus habilidades delante de los principales scouts de las franquicias.

“Llevamos mucho tiempo intentando involucrarnos más en el baloncesto de élite de categorías inferiores. Realmente existe un sentido de urgencia al respecto. Este programa es exactamente lo que hemos estado diciendo que debíamos hacer”.

Kathy Behrens, presidenta de responsabilidad social en la NBA.

Pero claro, estas dos iniciativas olvida por completo el papel de la NCAA en la negociación. Por ello, son más los rumores que apuntan a un simple cambio de regla. Del one and done al zero and two, una idea del sindicato de jugadores (NBPA) que gusta a ambas partes.

Zero and two sería una opción viable para todos los jugadores que decidan dar el salto desde el instituto a la NBA, pero los que se decanten por la universidad, no podrían ser drafteados hasta el final de su segundo curso. La medida no está recogida en el último convenio colectivo presentado por la NBA y la Asociación de Jugadores, pero, según fuentes de la negociación, es una opción muy viable.

¿Y para cuándo?

Adam Silver desveló hace unas semanas que cualquier medida definitiva no entraría en vigor antes de 2022:

“Hay un montón de problemas que deben resolverse entre nosotros y la asociación de jugadores, por lo que es algo sobre lo que estamos en discusiones activas”.

El comisionado aclaró que cambiar el one and done antes de 2022 no sería justo para las franquicias que han realizado intercambios con selecciones de draft: “Me faltan unos años, creo”. Y avisa:

“Esto afectará a las negociaciones entre las franquicias sobre intercambios en puestos del Draft. Espero que sepan elegir bien”.

Conflicto abierto, largo y lleno de interrogantes.

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Análisis

Elfrid Payton: El regreso a casa

A menudo, los cambios de look no sólo entrañan un cambio físico, sino también emocional. Payton, a diferencia de Sansón, se cortó el matojo de pelo como símbolo de madurez y fuerza.

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Prácticamente todo el mundo hemos pasado por esa etapa de jóvenes, cuando hacemos cosas solo porque no es lo que se supone que tenemos que hacer. Un jugador de baloncesto profesional no debería tener el pelo golpeándole y cubriéndole la cara constantemente, pero Elfrid Payton, en la veintena, jugó más de 200 partidos en la mejor liga del planeta de esta guisa.

Durante su época en los Magic de Orlando, equipo en el que recaló después de ser traspasado por los 76ers la noche del Draft de 2014, estuvo envuelto en esa aura tan familiar con los deportistas de élite que nos hace pensar en lo que podrían llegar a ser y por un motivo desconocido no consiguen alcanzar.

Sin embargo, cuando toca volver a casa y uno ya ha crecido y madurado un poco, las formas son importantes. A mediados de mayo de 2018, como si alguien le hubiese chivado desde el futuro lo que iba a ocurrir, el base de Louisiana anunció a través de su cuenta de Instagram que por fin se había quitado el impedimento en forma de flequillo gigantesco que hasta entonces lucía.

Tras cuatro temporadas en Florida, había sido traspasado a Phoenix por apenas una segunda ronda del Draft, ya que terminaba contrato ese verano y los Magic querían sacar algún rédito por él. Allí solamente jugó 19 partidos, y sufrió la primera lesión relevante en su carrera: una tendinopatía en su rodilla izquierda. A pesar de ello, y tal vez por el ambiente distendido que reina en la franquicia desde hace ya varios años, promedió el máximo de puntos por encuentro de su carrera, 11’8, además de mejorar sustancialmente su faceta reboteadora.

Este episodio de transición en Arizona no hacía más que preparar al joven Payton para lo que tendría que afrontar en la temporada 2018/19. En la agencia libre de verano llegó la oferta que más deseaba: un hueco en la plantilla de su ciudad, donde había crecido con su madre y había visto volver a su padre, jugador profesional de fútbol americano en la liga canadiense.

En el suburbio de Gretna, New Orleans, Elfrid Payton Jr. había crecido siendo de los más pequeños del colegio y de las canchas. De complexión muy delgada, había probado varios deportes, pero en el instituto decidió que quería ir a por todas con el baloncesto. Entonces, Payton Sr. empezó a prepararlo para el camino del profesional y, según cuentan ambos en una entrevista para “The Undefeated”, el padre fue bastante duro con el hijo.

A pesar de que al salir del instituto nadie del mundo del baloncesto universitario americano se fijó especialmente en él, tuvo una oferta de la universidad de Louisiana-Lafayette para estudiar becado y así poder jugar a baloncesto en la División I, la más alta de la NCAA. En su segundo año explotó, y fue elegido en el mejor quinteto de la Conferencia Sun Belt, pero eso no era más que el principio.

La extraordinaria temporada que había cuajado lo llevó a ser seleccionado para el combinado americano Sub-19 que disputaría el mundial, y fue titular en todos y cada uno de los partidos hasta conseguir el oro, destacando junto a grandes estrellas universitarias como Aaron Gordon, Marcus Smart o Jahlil Okafor. En ese momento, como remarca su padre, “las cosas se volvieron locas”.

En el tercer año como universitario dejó unas estadísticas admirables, con más de 19 puntos por partido junto con 6 rebotes y otras 6 asistencias. El Lefty Driessel Award, premio al mejor defensor de la NCAA, completaba una carta de presentación extraordinaria que lo llevó a cerrar el top 10 de su camada de Draft.

Y después del viaje que hemos recorrido por fin volvió a su casa, pero esta vez como profesional, de la mano de los New Orleans Pelicans. Firmó un contrato con los de Louisiana por tres millones de dólares para la presente temporada, y ahora ve cada día el barrio que su familia tuvo que abandonar tras el huracán Katrina para recuperarlo después, el barrio donde creció en la ciudad en la que se siente orgulloso de jugar.

Un nuevo comienzo en casa, con un nuevo corte de pelo en una franquicia que a principio de temporada tenía un proyecto prometedor. El arranque de temporada con Anthony Davis, Nikola Mirotic, Julius Randle y Jrue Holiday a niveles extraordinarios parecía indicar que este era su año, que por fin podría disputar su primera serie de Playoffs y competir como siempre ha querido hacer, máxime en su ciudad natal.

Por desgracia, después de unos extraordinarios cinco primeros partidos, un dedo de la mano lo traicionó en la que empezó siendo su temporada de ensueño. Después de romperse el dedo, encadenó otra lesión en el tobillo derecho que ya tenía tocado, y no pudo volver a competir a pleno rendimiento hasta el mes de marzo.

El pelo despejado parecía haber despejado también las incógnitas sobre su juego. Mejoró significativamente su porcentaje de tiros libres, desde el 62% en Orlando hasta el 74% en New Orleans, y al inicio de temporada tiraba con un 42% de acierto desde el triple. Estaba redondeando su juego, y sus compañeros lo alababan como pasador y ayudante de dirección junto a Jrue Holiday.

A pesar de lidiar con las lesiones, en el mes de marzo volvió dejando una estadística para el recuerdo: consiguió cinco triples-dobles consecutivos, una marca solo al alcance de jugadores históricos como Wilt Chamberlain, Oscar Robertson y Michael Jordan, además del hombre que va a pulverizar todas las marcas en este aspecto: Russell Westbrook.

No es común que la temporada de despegue de un jugador y en la que más sufre con las lesiones coincidan, pero Elfrid Payton Jr. ha encontrado en New Orleans el hogar perfecto para su juego. Tal vez los planes de la dirección de la franquicia no pasen por mantener el bloque, sino que parecen más encaminados a empezar una reconstrucción a partir del traspaso de Anthony Davis.

No en vano se armó todo el revuelo días antes de la fecha límite de traspasos en el culebrón con Los Angeles Lakers, que al final resultó fallido. Además, Mirotic abandonó el equipo en su mejor temporada como profesional rumbo a los Milwaukee Bucks, de modo que la franquicia ya dejaba entrever sus intenciones de no ir a por todas, al menos en esta temporada. Sea como fuere, Payton espera una nueva oferta para quedarse un año más en casa y preparar de nuevo la cabeza (por dentro y por fuera, ya sin el matojo de pelo) para continuar creciendo y enorgulleciendo a la ciudad de los pelícanos.

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Análisis

The king of the Kings

De’Aaron Fox ha lavado la cara a una franquicia abocada al desastre temporada tras temporada. 15 años sin oler los Playoffs sin armar un solo proyecto. Ahora las tornas han cambiado.

sergio11reke13@gmail.com'

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Los Kings han sido en los últimos 15 años la franquicia peor manejada. No solo de la NBA sino de las otras tres grandes ligas americanas (NFL, NHL Y MLB) para los expertos. Desde el final de su última época dorada, el famoso equipo ye-yé, los californianos han buscado desesperadamente una identidad, con un jugador diferencial, pero no ha funcionado.

Cousins ha sido el faro de los Kings en los últimos años, pero el nefasto trabajo de la gerencia, en cuanto a elecciones de draft, firmas, traspasos y cambio de entrenadores, hizo que la franquicia púrpura nunca viese la luz de su reconstrucción. Además de perder los mejores años de un talento ofensivo desmedido pero con mal carácter que tampoco ayuda.

Con el traspaso del actual jugador de los Warriors, los de la capital de California volvían a empezar de cero y en el día del draft intentaron buscar al jugador referencia para los próximos años y la suerte de la lotería le hicieron subir hasta el número 5 y encontrarse con un chico nacido en New Orleans llamado De’Aaron Fox.

La promesa tapada

De’Aaron Martez Fox siempre se le ha considerado uno de los mejores jugadores de su clase, 2017, desde el principio ha estado arriba en los rankings de High School (en ESPN lo colocaban el número 6 ) y en los mocks cuando estaba en la universidad nunca bajaba del top 10. Pero nunca ha sido “la estrella”, siempre había gente por delante de él. En cuanto a sus compañeros de Kentucky, Bam Adebayo era el mejor rankeado en High School y en la NCAA había tramos donde los focos se los llevaba más Malik Monk que el propio De’Aaron.

Lo mismo ocurre con la camada del draft. Hasta el March Madness muchos ponían a Fox como el quinto mejor proyecto de base. Entre la gran temporada universitaria de Markelle Fultz, el talento y popularidad de Lonzo Ball y el potencial de Dennis Smith Jr y Frank Ntilikina, hacían ver al de los Wildcats como un gran point guard pero siempre se hablaba de mejores opciones que él, hasta que llegó el torneo del KO de la NCAA.

Fox se consagró como el gran líder de Kentucky y uno de los talentos más prometedores de la camada. Su punto álgido fue en el sweet sixteen, donde se enfrentaba a la UCLA de su amigo pero también rival, Lonzo Ball. Fox brilló como nadie en aquel partido anotando 39 puntos ante el actual base de los Lakers, catapultando su stock hasta el top 5 de los mocks de draft. Algo que no estábamos viendo en el transcurso de la temporada universitaria. Tras ello llegarían los combines, entrenos con equipos y el posterior draft donde fue seleccionado por los Sacramento Kings.

El matrimonio perfecto

Con la lotería hecha y Sacramento subiendo del octavo puesto al quinto (era top 3 pero un traspaso anterior con Philadelphia les hacía intercambiar los picks), se presentaba el Draft Combine. Un evento donde las franquicias NBA tienen el primer contacto con las promesas que se presentan al draft.

Pruebas físicas, entrevistas, simulaciones de tiro, etc. De eso se trata el evento de que no todos los prospects se presentan. Nuestro protagonista en dicho acto tenía claro donde quería jugar, hablando muy bien de los Kings y que le gustaría ser seleccionado por ellos. Sacramento en esa época no estaba bien considerado como buen destino para los jóvenes. Muchos agentes intentaban que sus jugadores no se reuniesen con la franquicia debido a la disfuncionalidad de su gerencia en los últimos años. Por lo tanto, que un posible top 5 de draft se dignara a reunirse con ellos y hablase bien de la franquicia era un punto positivo para los Kings.

Históricamente Sacramento siempre ha destacado por tener mucho talento en el puesto de base. Oscar Roberson, Nate Archibald, Jason Williams o Mike Bibby han sido jugadores que en mayor o menor medida han sido importantes en la NBA y curiosamente han estado en los mejores momentos de los Kings o Royals como era conocida anteriormente la franquicia.

Con la marcha de este último a Atlanta en 2008, los Kings han buscado desesperadamente un organizador que encajase y que fuese importante en la franquicia. Beno Udrih, Sergio Rodriguez, Tyreke Evans, Jimmer Fredette, Isaiah Thomas, Aaron Brooks, Darren Collison Rajon Rondo o George Hill, han estado en la palestra. Pero por una razón u otra nunca llegaron a asentarse en el equipo.

En cambio De’Aaron Fox ha caído de pie en la capital californiana, su talento, atributos físicos, velocidad, agilidad, defensa y potencial le han hecho convertirse en jugador franquicia y la pieza principal de los Kings para construir un equipo competitivo de presente y futuro. Pero lo que más se valora de Fox es su personalidad y hambre para ganar.

Fox-Mamba Mentality

Desde el minuto uno se vio que De’Aaron Fox era un jugador especial, con un carácter de querer triunfar en la NBA. Como he comentado antes, en el Draft Combine declaraba sus intenciones de querer jugar con los Sacramento Kings y argumentaba sus razones.

La primera, porque en ese momento la división pacífica tenía gran talento de point guards. Curry en GSW, Paul que en esas fechas aún seguía en LAC, Bledose en Suns y su rival, Lonzo Ball que todo el mundo daba por hecho que los Lakers lo cogerían en el pick número 2. La segunda porque quería romper la maldición que estaba sumida la franquicia con 11 años de sequía sin playoffs, y hacer otra vez grandes a los Kings.

Su primer año en la NBA fue complicado, empezó saliendo desde el banquillo ya que Sacramento firmó a George Hill en verano para que fuese el titular mientras Fox completaba su proceso de adaptación poco a poco con el paso de los encuentros. En febrero con la marcha del mencionado Hill se convertía en titular pero su temporada, pero su año en general nos dejó bastante fríos no cumpliendo las expectativas y siendo superado por otros compañeros de draft como Lonzo Ball o Dennis Smith en el puesto de base. Por lo que en verano decidió trabajar para mejorar, principalmente musculatura y el tiro. En este último apartado, estuvo entrando con Kobe Bryant, sin duda el base de los Kings eligió un buen instructor.

Pero el dorsal 5 de los Kings no era el único que tenía que cambiar y mejorar. Sacramento la temporada pasada era el equipo más lento de la NBA con un 94’9 en ritmo. Joerger sabía el dato y que había que cambiar de estilo para que los jóvenes demostrasen todo el talento que llevan dentro, sobretodo Fox. “Es nuestro jugador franquicia” declaraba el entrenador de los Kings “y lo mejor que puede hacer por él es jugar rápido y darle el mayor espacio posible. Tanto él como los demás están de acuerdo con ello”.

Dicho y hecho, los Kings pasaron de ser el peor equipo al primero con mayor ritmo de la liga con 103’5, haciendo que los de Sacramento estén haciendo su mejor temporada en los últimos 11 años. Respecto al base también ha mejorado en todas las facetas, anotación pasando de 11’6 a 17’6 puntos por partidos, rebotes de 2’3 a 3’3, asistencias de 4’4 a 7’3 y en defensa bajando de 113 a 110 en el defensive rating. Pero su cambio se ve en los tiros pasando de 41’2% a 45’6% en tiros de campo y triples de un pobre 30’7% a 36’7%.

Todavía el chico tiene mucho que aprender y mejorar, sobretodo en cuanto a saber detenerse cuando el partido necesita pausa. Fox empieza con sexta marcha y hasta el final sigue con ella sin bajar el pistón. Muy bueno en momentos de encuentro ,sobretodo en el inicio ya que marcas el ritmo de juego, pero malos en las partes finales donde las piernas están más cansadas y puede haber fallos e impreciosiones como hemos visto esta temporada en el mes de febrero y principios de marzo. Pero paciencia, son situaciones que se mejoran con la edad y el paso de los encuentros.

Lo que parece claro es que los Kings han encontrado por fin a un jugador que lidere un proyecto que pinta apetecible para presente y futuro. Larga vida al nuevo rey.

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