De Stockton a Jokic: el fin del base puro

La NBA ha cambiado. Es un hecho que en los últimos – más o menos – tres años ha habido una revolución en el juego: muchos más tiros de 3, eliminación casi por completo (a excepción de unos pocos jugadores y de los Spurs) del tiro de media distancia… Pero lo más importante, causa o consecuencia de esta evolución del baloncesto es que las posiciones, tal y como las aprendimos de niños, ya no existen.

Si medías más de 2’10 metros, no podías ser un base. Si medías 1’85, tenías que ser más inteligente que el resto en la pista. Los aficionados que llevan más de 10 o 15 años disfrutando de este deporte nunca esperarían ver a un serbio de 2’13, sin una gran condición atlética, subir el balón, organizar la jugada y situarse en la séptima posición de asistencias por partido de toda la liga. Menos mal que Nikola Jokić está aquí para remediarlo. Tampoco esperarían nunca que en el equipo donde juega uno de los dos o tres mejores “bases” de la liga (según gustos) haya un tipo peleón y de carácter agrio que lidera a todos sus compañeros con 7,3 asistencias por partido siendo “ala-pívot”. Menos mal que hemos visto a los Golden State Warriors

Baloncesto funcional vs posicional

En la NBA se han vuelto locos intentando clasificar a los jugadores por sus posiciones. Hace unos años, estaba claro que el base era el point guard, el escolta el shooting guard, el alero el small forward, el ala-pívot era power forward y el pívot (robusto y que no se movía a más de 5 metros del aro), el center. Con la revolución reciente, tuvieron que simplificarlo en guard, forward y center. Ahora, en la elección del All-Star, la división es entre backcourt (exteriores) y frontcourt (interiores), cosa que pone a Luka Doncic y a Steven Adams (por ejemplo) a pelear por las mismas plazas. Se pueden buscar multitud de denominaciones, pero ¿qué es Giannis Antetokounmpo?, ¿Y LeBron James?, ¿Y Ben Simmons?

Algunos añorarán un juego mucho más organizado, con una estructura más clara en los equipos, donde solamente con un vistazo se sabía quién era cada uno. Otros, como el que escribe, echamos de menos a los bases pasadores. Ya no hay en la liga un Steve Nash, un Jason Kidd, un Jason Williams ni, por supuesto, un John Stockton. En la temporada 2008-09, hace diez años, de los 25 primeros en asistencias por partido, 22 eran bases. Solamente LeBron James, Stephen Jackson y Andre Iguodala se colaban en territorio ajeno. Cinco temporadas después, en la 2013-14, “el Rey” era una isla en un mar de bases. Algo extraordinario, como siempre lo ha sido. Este año, hasta 6 jugadores aparecen en esta lista de los 25 máximos asistentes sin ser lo que tradicionalmente reconoceríamos como base.

En las últimas 20 temporadas, solamente siete jugadores han conseguido el título de máximo asistente: Jason Kidd lo consiguió 5 veces, Steve Nash otras 5, Chris Paul 4, Rajon Rondo 3, Andre Miller una, en la temporada 2001-02, James Harden en la 2016-2017 y Russell Westbrook, que lo consiguió la campaña pasada y vuelve a liderar la tabla en esta. ¿Cuál es la diferencia entre estos nombres? Que hasta que Rajon Rondo cedió el trono a los “pasadores modernos” a partir de la 2015-16, año de su último título como máximo asistente, ninguno había pasado del 30% de uso de balón en la temporada. Tanto Westbrook como Harden lo han hecho en los años de sus títulos (y lo siguen haciendo).

Cuando hablamos de porcentaje de uso nos referimos al tanto por ciento de posesiones del equipo que el jugador en concreto toma. La pérdida de posiciones en el baloncesto ha propiciado que los jugadores más preparados en este nuevo paradigma asuman cada vez más posesiones, más tiros y tiendan a amasar más la pelota. El ejemplo hiperbólico está en James Harden, que ahora mismo registra un 40,6% de uso de balón. Solamente otro jugador en toda la historia ha terminado una regular season por encima de esta marca: de nuevo Russell Westbrook (41,7% en la 2015-16). Viendo la trayectoria de la NBA, tal vez LeBron James sea el único jugador que hace 10 años ya estaba preparado para esta (y cualquier) forma de jugar al baloncesto, y de este modo ha ido apareciendo entre los máximos anotadores y asistentes, con un uso alrededor del 30% en cada campaña.

El resultado, evidentemente, es que la atención de las defensas se enfoca sobremanera en este tipo de jugadores, y su visión de juego les permite detectar a los compañeros abiertos cuando saltan las ayudas defensivas. Los pasadores modernos crean las ventajas para encontrar al jugador abierto a partir del bote y el uno contra uno, mientras que jugadores como Steve Nash o Jason Kidd conseguían las asistencias empujando al equipo hacia adelante, corriendo y a partir del movimiento de sus compañeros, añadiendo una dosis de magia y talento para encontrar al hombre liberado fuera de lo común.

La marca de asistencias por partido más alta en el nuevo milenio, solamente superada en la historia por John Stockton, Magic Johnson, Isiah Thomas y Kevin Porter Sr. la situó, con 11,7 pases de canasta por encuentro, Rajon Rondo en la temporada 2011-12. Durante esa liga tan solo hizo un 20% de uso de balón. En la 2008-09, José Manuel Calderón acabó entre los 5 primeros en esta lista con menos de un 17% de uso y 8,9 servicios. Por encima de él aparecían Steve Nash (9,7 asistencias en 21% de uso), Deron Williams (10,7 en un 24%) y Chris Paul (líder con 11 y un 27% de uso).

Otra diferencia clara entre los pasadores de esta NBA moderna en relación con la era pre-pérdida de posiciones es la anotación que registran. De los 12 mejores asistentes de la historia en cuanto a asistencias por partido, solamente Oscar Roberson, “Mr. Triple Doble”, supera la barrera de los 20 puntos por encuentro durante su carrera. Ni tan siquiera Magic Johnson, ni John Wall alcanzan esta cifra. Hasta llegar, por supuesto, a Russell Westbrook, el duodécimo situado (con 22,9 puntos/partido). Esta temporada, 10 de los 25 máximos asistentes están también entre los 25 máximos anotadores, y hasta 13 promedian 20 o más puntos por partido

Bases old-school en tiempos modernos

Aun así, más allá de la nostalgia, es necesario romper una lanza a favor de algunos jugadores pequeños que, en esta liga moderna, todavía evocan el baloncesto posicional. Es necesario destacar, por ejemplo, a Kyle Lowry, que es segundo en pases de canasta con 9,4 usando tan solo un 18,5% de posesiones. Por supuesto también a Rajon Rondo, que da clases magistrales de dirección de juego cada vez que sale a la pista, ahora de púrpura y oro, y también a Trae Young, el pasador más talentoso de la nueva camada de novatos que, aunque no está teniendo el éxito que se esperaba de él como novato, deja tintes de lo que puede ser una de las visiones de juego más privilegiadas de la liga en los próximos años.

Otros, en cambio, se han adaptado a las nuevas reglas del juego, como es el caso de Ricky Rubio. Durante su etapa en Minnesota promedió 8,5 asistencias por partido, y en Utah ha descendido hasta las 5,6 en favor del mayor uso de balón de un jugador de la “nueva ola” como Donovan Mitchell. Ricky ha sabido adaptarse, y eso lo ha llevado a mejorar su anotación de 10 a 13 puntos por encuentro. Por último, sumergidos en un viaje sin retorno en esta nueva era del baloncesto, y aunque algunos preferirían que fuese de otro modo, no queda más remedio que alabar a jugadores como Nikola Jokić, Marc Gasol o Draymond Green. Auténticos prodigios en la pista capaces de organizar el juego como nadie y ver las ventajas que se crean a su alrededor. La magia ha crecido.

*Los datos estadísticos pertenecen a NBA Stats (http://stats.nba.com) y Basketball Reference (http://www.basketball-reference.com).

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