fbpx
Síguenos también en...

Análisis

Thibodeau, Butler y los Timberbulls: Historia de un proyecto fallido.

Los Wolves pasan página tras despedir a Tom Thibodeau. El futuro tanto para el equipo como para su ya ex entrenador se presenta incierto.

alfososlozano@gmail.com'

Publicado

-

Cuando llegó a los Bulls, Tom Thibodeau nunca había sido el primer entrenador de un equipo NBA. Pero catalogarle como “entrenador sin experiencia” era un error tan grande como pasar un bloqueo por detrás a Ray Allen. Su trayectoria en los banquillos había nacido 30 años atrás. Con 23 años dejó su puesto de jugador, tras haber conseguido meter a la modestísima Salem State en el torneo de la División III de la NCAA durante dos años.

Pero Thibs no se fue muy lejos y pasó del parqué a los banquillos (como asistente) de su mismo college. Lo debió hacer bien, porque en la 84-85, con 25 años, le dieron la oportunidad de ser el primer entrenador de su ‘alma máter’. Solo duró un año, ya que se embarcó como asistente en Harvard (División I).

En el 89 dio el salto a la NBA, donde nunca le ha faltado un hueco. Pasó por los Wolves, Sonics, Spurs y Sixers y comenzó a coger fama en los Knicks como ayudante de Jeff Van Gundy. Fue el principal ideólogo defensivo de los neoyorkinos. Concretamente, del último gran equipo de Nueva York (el que llegó a las Finales del 99) que destacaba, precisamente, por su defensa.

Thibs acompañó a Van Gundy a los Rockets y en 2007 se fue a Nueva Inglaterra, donde fue uno de los fichajes más importantes para el anillo de los Celtics. Además del Big Three de Pierce, Allen y Garnett, de Rondo, Posey y Perkins, además de ‘Doc’ Rivers… estaba Thibodeau. El cerebro de la excelente defensa céltica. Tras haber conseguido notoriedad con los Knicks en los Celtics fue consagrado como un gurú defensivo. Como uno de los mayores expertos en negar la canasta al rival de toda la NBA.

Y en él pensaron los Bulls para dar un salto adelante en su primer proyecto con opciones de conseguir algo desde la retirada de Michael Jordan.

Derrick Rose: creando un MVP

Thibodeau se sentaba por primera vez en como técnico jefe en un banquillo en la NBA en el año 2010. Pero como habéis podido comprobar, no era un primerizo y sí lo que necesitaban los Bulls para asaltar ese escalón que se les había escapado con Del Negro. Con Thibodeau en el banquillo y Derrick Rose, Bogans, Deng, Boozer (o Gibson) y Noah (o Kurt Thomas) y Brewer y Korver en la pista, los Bulls alcanzaron el siguiente nivel.

Eran un equipo ‘corto’, en el que los suplentes estaban para apenas dar un descanso a los titulares. Cuando recuperaban el resuello, de nuevo a la cancha. Thibs dejó claro desde su primera temporada que iba a exprimir a sus mejores hombres. Que iba a aprovechar todo lo que llevasen dentro. Y con esa rotación tan escasa, de 8-9 jugadores llevó a los Bulls a un sensacional balance de 62-20, a Derrick Rose a convertirse en el MVP más joven de la historia y a él mismo, a Thomas Joseph Thibodeau Jr. a ser nombrado ‘Coach of the Year’. Todo a la primera. Los Playoffs de los Bulls fueron sensacionales. Eliminaron a Indiana y a Atlanta y solo los Heat del ‘Big Three’ pudieron con ellos.

Foto: NBA.com

En la 11-12 lo que acabó con la temporada de los de Illinois fue la lesión de Rose en el primer partido de los Playoffs ante los Sixers. Quizás por eso en la 2012-2013 Thibs abrió la mano y usó a 9 jugadores más de 20 minutos por partido. Noah y Deng fueron los más utilizados. También en la 2013-2014. Pero sin Rose, los Bulls ‘solo’ eran un buen equipo. Correosos, difíciles de ganar, pero al fin y al cabo no inmortales. En la 12-13 cayeron ante Miami en las semifinales de Conferencia y en la 13-14, a las primeras de cambio contra los Wizards.

Jimmy Butler fue cogiendo cada vez más minutos. Parecía el prototipo de jugador para Thibodeau. Físico, disciplinado sobre la cancha, abnegado, generoso, solidario… un trabajador con un talento que Thibs fue el primero en pulir. En la 14-15 era ya el líder de un equipo en el que Derrick Rose jugó algo más de media temporada y en la que Pau Gasol volvió a brillar individualmente.

Sí acabaron la temporada regular con un 50-32 que debería haberles dado algo más de favoritismo. Y sí, llenaban el United Center noche tras noche. Pero el Este era el terreno de LeBron James y de sus Cavs, que fueron los que les eliminaron en seis partidos en semis. Los últimos seis de Thibs con los Bulls.

“Cuando todos (jugadores, entrenadores, dirigentes y propietario) están en la misma página, se desarrolla una confianza y los equipos crecen y triunfan juntos. Desafortunadamente, ha habido un cambio en esta cultura”.

Taj Gibson

Así justificaban los Bulls el despido de Thibodeau. Aunque el fin del proyecto había llegado bastante antes, con la primera gran lesión de Derrick Rose.

Si el final de Thibodeau con los Bulls tiene una fecha bastante anterior que su despido efectivo, lo mismo podría decirse de su estancia en los Minnesota Timberwolves. Y es el de un viejo conocido que él mismo, Thibs, intentó fichar por todos los medios: Jimmy Butler. Pero vayamos paso a paso.

Nueva etapa: los timberbulls

En abril de 2016, los Minnesota Timberwolves anunciaban que habían contratado a Tom Thibodeau. No solo como entrenador, sino también como presidente de operaciones. Quizás éste fue el primer error. En los últimos años no ha habido un solo caso de dualidad de funciones (una misma persona encargada de fichar y encargada de entrenar al mismo tiempo) que haya salido bien. Ha fallado en mayor o menor medida en los Clippers, con Doc Rivers (que dejó el cargo de presidente hace un par de años y ha vuelto a centrarse en los banquillos, aunque siga manteniendo ciertas responsabilidades en los despachos) y ha fallado en gran medida en Detroit (Stan Van Gundy fue despedido de sus dos cargos en 2018 tras cuatro años y cero victorias en playoffs).

Una de las primeras decisiones de Thibodeau como responsable de los Wolves fue en el Draft de 2016. Con la quinta elección llegaba Kris Dunn. Towns, Wiggins y Lavine fueron los tres tenores en la cancha. Ricky dirigía el sistema de Thibs (el sexto más lento de la NBA) y Gorgui Dieng jugaba de cuatro. Muhammad, Dunn, Jones, Rush o Bjelica eran los jugadores que salían desde el banquillo. Cuando salían. Las cosas no fueron bien en esta primera campaña. Los Wolves eran el cuarto equipo con peor defensa de toda la NBA (112 puntos recibidos por cada 100 posesiones) y aunque su ataque sí era efectivo (Top 10 de la NBA), el juego lento y las derrotas hacían que el Target Center fuera la segunda cancha menos visitada de la NBA. Ni los números ni el juego le daban la razón a Thibodeau.

¿La solución? Cambiar. Solo dos fichas eran intocables: Towns y Wiggins. Thibs quería a un jugador fiable. Capaz de defender. Con la experiencia necesaria pero sin ser un abuelo. El elegido fue Jimmy Butler. El precio, Dunn, Lavine y el número 7 del Draft: el interior con alma de alero Lauri Markkanen.

Visto que Ricky Rubio no era el base ideal para su proyecto, Thibs lo envió a Utah a cambio de la primera ronda de 2018 de los Thunder (empleada para seleccionar en la vigésima posición a Josh Okogie) y fichó a un base teóricamente más fiable en ambos lados de la pista: Jeff Teague. Para esa temporada, además de reclutar a un ex de los Bulls como Jimmy Butler, Thibs se hizo con Taj Gibson y a mitad de año intentó (y como se ha visto en esta 2018-2019, lo consiguió) recuperar a Derrick Rose para el baloncesto profesional.

Los Timberbulls habían llegado. Con todas las caras nuevas, los Wolves fueron mucho mejores en una de las dos facetas. No en la defensiva (de nuevo el cuarto peor equipo de la Liga). Sorprendentemente para un equipo de Thibodeau, los Wolves fueron muy efectivos en el campo contrario. Con 113,4 puntos por cada 100 ataques, los de Minneapolis acabaron la 2017-2018 como el cuarto mejor equipo de la Liga. Eso sí, jugaban lento.

Butler, Towns y Wiggins formaron un Big-Three que no acabó de casar. Los dos más jóvenes no tenían (según ha ido apareciendo puntualmente en la prensa) toda la ética de trabajo necesaria para triunfar a gran escala. Y el de más edad, nunca se ha cortado a la hora de recriminar a los demás.

La temporada no fue mala. Más bien al contrario. Pero en el duro Oeste y con las expectativas puestas a principio de la temporada, quedó un sabor nada dulce. Los Wolves terminaron con un balance de 45-37. Es decir, un buen balance. Y se metieron en playoffs. Es decir, el objetivo. Pero lo hicieron de una manera agónica. En la prórroga del partido número 82 ante los Nuggets, con los que se jugaban la octava plaza de la conferencia. Con Jimmy Butler forzando el periodo extra. Y con el ex de Marquette anotando 7 de los 11 puntos de los Wolves en la prórroga. A los Wolves les dio para colarse en los Playoffs, pero no para vencer a los Rockets, que se impusieron 4-1.

Septiembre de 2018: la caída

Todo parecía indicar que el verano de 2018 sería para reforzarse, para dar alguna puntada, para mejorar un poco lo ya existente, para seguir consolidando los Timberbulls con el fichaje de Deng y los rumores de llegada (nunca concretados) de Joakim Noah. Pero entonces llegó el bombazo. El 19 de septiembre, The Athletic publicaba una noticia que pillaba a todo el mundo a contrapié. Jimmy Butler quería salir de Minnesota. Había pedido el traspaso a uno de estos tres equipos: Clippers, Nets y Knicks.

Solo una temporada después de haber conseguido su fichaje, Thibodeau veía cómo el jugador en el que quería basar su proyecto quería marcharse. Y no a un equipo mejor. Quería liderar el resurgir de los equipos de Los Ángeles y Nueva York.

Lo primero que hizo Thibodeau fue negar la mayor. Rechazar cualquier tipo de negociación. Cuando directivos de los otros equipos de la NBA se pusieron en contacto con los Wolves para tratar el traspaso, Thibs les colgó el teléfono. “No está en el mercado”, era la respuesta.

Esto no hizo sino radicalizar el deseo de marcharse de Butler. En las siguientes semanas el movimiento fue nulo. Butler perdía valor de mercado minuto a minuto. En el actual contexto de la NBA, los jugadores (especialmente las estrellas) tienen mucho peso a la hora de decidir su destino. Como se ha visto en las últimas temporadas, los equipos prefieren traspasar a sus estrellas en el último año de contrato si éstas muestran su intención de no renovar. Pasó con Indiana y Paul George. Y los demás General Managers interesados en el traspaso confiaban en que volvería a pasar con Jimmy Butler.

Conforme iba pasando el tiempo, la situación se hacía más insostenible. Butler no se entrenaba con el equipo. No participaba en el día a día. Hasta que el 11 de octubre, 3 semanas después de la petición de traspaso, Jimmy se puso el peto y cogió a la tercera unidad de los Wolves y metió un baño a los titulares.

Y por si fuera poco, se puso a gritar en dirección a Scott Layden (GM de la franquicia) “Me necesitáis, joder. No podéis ganar sin mí”.

Eso fue la gota que colmó el vaso. Bueno, eso y la entrevista que esa misma noche dio Butler a Rachel Nichols, de ESPN, comentando lo sucedido. El jefazo de los Wolves, Ethan Casson, tomó cartas en el asunto. Los Wolves habían tomado partido por Karl-Anthony Towns (renovándole por el contrato máximo) y eran conscientes de que el futuro junto a Butler era imposible. Así que se pusieron a negociar. Pero mientras tanto, si el traspaso no llegaba, Jimmy tendría que jugar con el equipo. Y así lo hizo. 10 partidos con los Wolves hasta que por fin llegó la solución.

Foto: NBA.com

Cerca estuvo de llegarse a un acuerdo con los Heat y se especulaba con que los Rockets podían dar hasta 3 primeras rondas por Butler. Pero fueron los Sixers los que más se ajustaron a las exigencias de los Wolves: Butler saldría si recibían a cambio jugadores de rendimiento inmediato y con futuro por delante. No querían reconstruir. Querían seguir creciendo. Los de Filadelfia mandaron a Minnesota a Dario Saric y a Robert Covington, además de una segunda ronda de Draft. Recibían lo que deseaban. Un veterano con ganas de competir para dar un salto a su genial grupo joven.

Visto cómo se había dado el final del verano, la solución fue positiva para casi todas las partes. Los Wolves se quitaban de encima un problema y recibían dos jugadores interesantes. Los Sixers daban un salto de calidad. Y Jimmy Butler salía de un sitio en el que no estaba a gusto. Todos ganaron, menos Thibodeau. Su labor como responsable de las operaciones quedaba muy en entredicho. Sacrificó parte del grupo joven de los Wolves para ganar ya. No lo consiguió. Y su gran apuesta salió por la puerta de atrás.

El precio pagado por Jimmy Butler pareció adecuado en su momento. Un base joven que no había demostrado mucho, pero que podía ser un buen defensor (Kris Dunn), un escolta poco defensivo con problemas de rodilla (Zach Lavine) y una elección de Draft (Lauri Markkanen) que podría no adaptarse a la NBA. Pero en los Bulls Dunn mejoró su nivel, Lavine ha demostrado ser un jugador más que útil y Markkanen es la nueva cara de los de Chicago. En la otra cara de la moneda, lo obtenido por Butler es un decente ala-pívot que no es ninguna estrella y un alero defensivo con un más que correcto juego de ataque. Lo que salió (Dunn, Lavine y Markkanen) es bastante mejor que lo que hay ahora en Minnesota (Saric y Covington). Entre medias, un proyecto fracasado, el de Butler, que le ha terminado costando el puesto a Tom Thibodeau.

Porque cuando el 7 de enero los Wolves echaron a su entrenador (y presidente de operaciones), nadie se echó las manos a la cabeza. Era el paso lógico. Sus traspasos empeoraron al equipo. Y su talento en el banquillo no logró ningún éxito colectivo. Sus estrellas (Wiggins y Towns) no pegaban con su forma de entender el baloncesto. Los jugadores que le acompañaron desde los Bulls a Minnesota no dieron el nivel esperado. Nada había funcionado como se esperaba y la única salida era la de cada uno por su lado.

El paso de Thibs por Minnesota no ha sido positivo ni para él ni para el equipo. Ahora, el que fue nombrado mejor entrenador del año en 2011, está sin trabajo. Ha perdido algo de prestigio en su última etapa profesional, pero sigue siendo un entrenador al que, a buen seguro, tendrán en cuenta cuando quede un banquillo libre. Algo que en la NBA pasa bastante a menudo.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading
Deja tu comentario

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Análisis

NBA y NCAA: conflicto abierto

La NBA volverá a permitir a jugadores de 18 años presentarse al Draft con el objetivo de

Publicado

-

Treinta y tres segundos de juego y la zapatilla Nike de Zion Williamson reventó. El favorito al número 1 del Draft, lesionado, quizá de gravedad. Fue la imagen más icónica de la pasada temporada en la NCAA. La multinacional textil perdió más de 1.100 millones en bolsa (que posteriormente recuperó) pero, lejos de los perjuicios económicos, hubo más actores implicados. Indirectamente, en el despacho de Adam Silver resurgió un antiguo debate que atañe a su campo, la NBA, y a la competición universitaria.

Afortunadamente, la rodilla del jugador de Duke salió airosa del susto. Si no hubiese sido así, la carrera de Williamson en la NBA estaría en duda. Hubiera supuesto un serio traspiés para el futuro de la competición. Porque Zion estaba obligado a permanecer un año en la universidad. No tiene 19 años, no puede jugar en la NBA. Silver quiere eliminar ese año entre el instituto y la NBA. Una medida que permitiría dar el salto directo a los mejores jugadores, como hicieron en su día Kobe, Garnett o LeBron. En definitiva: el one and done, a escena; y el conflicto abierto.

Jaque a la NCAA

Fue en 2005 cuando el entonces comisionado David Stern implementó la norma: todo jugador que quisiera entrar en la NBA debería esperar un año desde su graduación, es decir, haber cumplido los 19 años. Los jugadores que terminaban el college debían permanecer un año como mínimo en una universidad, o buscar fortuna en una liga profesional extranjera, tal y como hicieron Brandon Jennings (Italia) y Emmanuel Mudiay (China), aunque ésta es una tendencia minoritaria.

La mayoría optan por seguir en Estados Unidos, en la NCAA, que ha experimentado un continuo crecimiento de audiencias en los últimos años. El one and done tiene buen parte de la culpa, ya que coloca en el escaparate, al menos durante una temporada, a futuras estrellas del baloncesto americano, como en su día fueron Anthony Davis, Kyrie Irving, Derrick Rose, John Wall o Kevin Durant, entre otros.

Pero lejos de estos nombres, los críticos sostienen que el one and done ha propulsado la corrupción y la desvergüenza en el sistema universitario, acabando con la mentalidad deportiva del amateurismo norteamericano. Sonados son los casos de Lousville y Rick Pitino, con el FBI investigando a programas y a jugadores universitarios que recibían dinero negro. Las universidades se disputaban a los mejores prospects para tan solo un año de relación contractual. Jugadores ya relevantes en la NBA como Markell Fultz, Kyle Kuzma o Dennis Smith fueron investigados.

Mientras, la NBA no dejaba de reclutar a ‘freshmens’ o jugadores de primer año. En 2018, los equipos de la NBA eligieron en el Draft a 18 estudiantes de primer año universitario, casi 1 de cada 3. La misma cifra en 2017: ocho de las 10 mejores selecciones de draft fueron estudiantes de primer año. Y esta no es una afluencia anómala de jóvenes talentos: desde 2010, el número 1 del Draft lo ha ostentado un jugador de primer año.

Número de jugadores de primer año elegidos en el Draft.
Fuente y elaboración | NBADRAFT.NET

En este otro gráfico se puede observar la tendencia: los jugadores de primer año dominan sobre otras clases en las elecciones del Draft desde la entrada del one and done.

Clases de jugadores elegidos en el Draft. Fuente y elaboración:
NBADRAFT.NET

Pugna de intereses y pensamientos

Han sido muchas las voces, con más o menos credibilidad, que han opinado sobre la cuestión: ¿deben los talentos más jóvenes esperar a cumplir 19 años para ingresar en la NBA?, ¿es recomendable que cambien el collage por la mejor liga del mundo sin pasar por la universidad?, ¿existe alguna solución intermedia?

Como todo debate que se atañe, encontramos opiniones diversas según el campo en el que busquemos. En la planta noble de la NBA, y más tras el susto de Zion Williamson, Adam Silver fue contundente:

“Mi sensación actual, es que este reglamento no está funcionando para nadie. He hablado con entrenadores y directores deportivos de universidades y me aseguran que no están satisfechos con el sistema actual. También tengo conocimiento de miembros de numerosas franquicias NBA que tampoco están felices con estos jugadores, ya que no creen que estén recibiendo el tipo de entrenamiento que necesitan y que esperan ver en profesionales. Mi visión personal es que estamos listos para bajar a los 18 años la edad mínima para entrar en la NBA.

Adam Silver

Leyendas del baloncesto también se han pronunciado en ese aspecto, siendo aún directos. Karim Abdul-Jabbar, por ejemplo:

“Los chicos están allí menos de seis meses. Bueno, ni siquiera seis meses, y se van. Es una farsa, creo que sólo están usando el sistema de la universidad como un trampolín para la NBA, y eso es realmente lamentable. Creo que una educación es vital para tener una buena vida, y estos chicos no están recibiendo esa oportunidad. Es triste.”

Kareem Abdul Jabbar en TNT.

La falta de educación y madurez que adquieren los jugadores en la NCAA es un argumento recurrente, incluso fuera de Estados Unidos

“Muchos de los equipos de la NBA piensan que los jugadores que optan por el one and done no están recibiendo el entrenamiento necesario que se espera en las elecciones altas del Draft”. Según el directivo, “la importancia de entrar en la NBA con suficiente base de desarrollo de baloncesto, así como de madurez física y emocional, no debería ser subestimada”.

Chus Bueno, vicepresidente de la NBA en Europa, África y Oriente Medio

Uno de los firmes defensores del one and done es Mike Krzyzewski. Voz autorizada y practicante confeso de esta estrategia con la universidad de Duke. Desde 2013, dicha universidad ha incorporado un ‘freshmen’ en las cinco primeras posiciones del Draft. En 2015, Krysewski se alzó con el título con tres one an done en su roster: Jahlil Okafor, Justise Winslow y Tyus Jones. Coack K defiende la norma:

“Jugar en la universidad aporta al jugador madurez y crecimiento, pero también le enseña su exposición, el aspecto de marketing que un programa de alto nivel le da a un joven. Jayson Tatum saliendo de St. Louis Chaminade justo después de la escuela secundaria no sería el mismo Jayson Tatum que estuvo allí después de un año”.

Coach K.

El ex seleccionador estadounidense está convencido del avance de la liga universitaria, aún si el one and done queda eliminado:

“Todavía habrá chicos que vendrán a la universidad y que se irán después de un año, de dos, o tres. Para ser sincero, no veo por qué la NBA cambiaría el límite de edad. Pero hagan lo que hagan, reaccionaremos. Así que todos los que digan que la NCAA saldrá perjudicada, están completamente equivocados”.

Mike Krzyzewski

En esa teoría se sitúa también Dan Gavitt, vicepresidente senior de la NCAA:

“Hay más jugadores que están mejor preparados físicamente (más fuertes, más grandes, más rápidos, mejores habilidades) y logran desarrollar a lo largo de su carrera universitaria unas facultades mentales y emocionales adecuadas para ser un atleta profesional y para lidiar con lo que viene después. No son productos terminados en ningún caso, pero hace 20-25 años podías contar con los dedos de una mano a los jugadores que salían preparados de la universidad”.

Gavitt se muestra tajante, aunque se olvida de otros como LeBron o Kobe:

“Los mejores jugadores en la historia de este deporte han sido parte de la universidad”. Y enumera: “Michael Jordan, Larry Bird, Kareem Abdul-Jabbar, Oscar Robinson”.

El vicepresidente cambia el gesto cuando le preguntan por los salarios. En la liga universitaria, los jugadores no reciben nada, pese a la gran suma de ingresos que genera la competición (891 millones de euros en 2018). Mientras, hay 47 entrenadores que cobran más de 2 millones de dólares al año.

Pero los jugadores, por su condición de amateurs, tienen prohibido recibir pagos de las universidades y de las empresas vinculadas a estas, como pueden ser Nike, Under Armour o Adidas.

“Los salarios y, sin duda, el potencial de ganancias a largo plazo, son tan cambiantes que es algo difícil de resolver para un jugador y su familia. Hace muchos, muchos años, la diferencia en el valor de jugar en la universidad y jugar en la NBA era diferente, pero no dramáticamente diferente. Ahora es dramáticamente diferente”.

Gavitt

Stan Van Gundy, que entrenó un año a la Universidad de Wisconsin (94/95), dispara:

“La NCAA es una de las peores organizaciones del mundo del deporte. Puede que la peor. Desde luego no les importa nada el atleta. La gente que estuvo en contra de que los jugadores llegaran directamente desde el instituto inventó muchas excusas, pero creo que en gran parte fue racismo. Nunca he visto a nadie levantarse a protestar sobre las ligas menores de béisbol o Hockey. Allí no ganan muchísimo dinero y suelen ser chicos blancos, así que nadie tiene ningún problema. Pero de repente tienes a un chico negro que quiere salir del instituto y ganar millones y eso sí es una mala decisión. Pero saltarse la universidad para ganar 800 dólares al mes en una liga menor de béisbol es una buena decisión. ¿Qué narices está pasando?”, expresa el ex técnico de Miami, Orlando y Detroit.

Stan Van Gundy

En un tono más distendido opina Jim Haney, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Entrenadores de Baloncesto, piensa que un año de universidad es muy productivo para los jugadores:

“La gran mayoría de los chicos que ingresan no han aprendido en el baloncesto escolar cómo jugar duro dentro del concepto de equipo porque siempre han sido mejores que los otros niños. Su idea de jugar duro es: ‘Voy a tirar más o voy a conducir más hacia la canasta‘. Eso es un enfoque individual y no colectivo. En la NCAA se demuestra que se necesitan cinco hombres en la cancha trabajando juntos para ser realmente un equipo productivo”.

Jim Haney

Otro de los seguidores confesos del one and done es John Calipari, gran reclutador de talentos. Por sus manos pasaron decenas de jugadores listos para la NBA: Derrick Rose, John Wall, Eric Bledsoe, DeMarcus Cousins, Anthony Davis, Julius Randle , Karl-Anthony Towns y Devin Booker, por ejemplo. El entrenador de Kentucky defiende el contacto directo con el jugador desde edades muy tempranas:

“No les prometemos tiempo de juego, tiros o cuánto tiempo estarán en la universidad. Todos tienen su propio horario, y se lo decimos a todos y cada uno de los chicos y sus familias. Para algunos, eso significa un año; para otros, dos, tres o cuatro. Pero nuestro enfoque es poner a nuestros hijos en la mejor posición para tener éxito en el siguiente nivel, ya sea en la NBA o en algún otro campo, cuando llegue el momento de eso. Creo sinceramente que no hay mejor lugar para crecer, especialmente en el factor humano, que la NCAA”.

Calipari.

Si bien es cierto que son muchos los que eligen seguir desarrollando sus capacidades en cualquiera de las tres divisiones de la NCAA, el número de jugadores dedicados finalmente al baloncesto es mínimo. Según un informe de la revista oficial de la NCAA, Champions Magazine, poco menos de tres cuartas partes de los jugadores de la División I creen que jugarán profesionalmente en la NBA, en la G-League o en el extranjero.

En la División II la cifra no llega al 50%, mientras que solo un 27% de los jugadores en la División III creen que jugaran de manera profesional. Las cifras finales otorgan cierta razón al desazón de los jugadores universitario: solo un 48% de División I llegan a jugar en un equipo profesional, 1 de cada 5 entre todas las divisiones.

Calipari prefiere centrarse en los casos de éxito, y pone como ejemplo a Willie Cauley-Stein, con el que también coincidió:

“Cuando llegó al campus me dijo ‘Odio la escuela’ y cuando se fue lo hizo llorando. Estuvo tres años aquí en Kentucky. Apreció la educación que se le dio, creció emocionalmente y aún hoy está inscrito en el club de lectura de la facultad. Todo eso también es la liga universitaria”.

Willie Cauley Stein

Dan Gavitt también incide en ese argumento romántico de los campus:

“Hemos tenido jugadores de un año que han regresado a su campus de manera regular, que han donado a sus instituciones, que han estado en contacto cercano con sus entrenadores y ex compañeros de equipo y realmente han aceptado ser parte de la comunidad. Incluso si no son graduados de la institución, sigue siendo una gran parte de sus vidas”.

Dan Gavitt, vicepresidente senior de la NCAA.

El comisionado de la Conferencia del Sureste, Greg Sankey, es más práctico.

“Debemos hacer una NCAA más fuerte. El debate del one and done no es asunto de un solo deporte. Debemos parecernos más a la NFL o a la MBL”.

Sankey.

En la liga de fútbol es obligatorio jugar tres años con la universidad, mientras que en el béisbol se permite a los jugadores que se conviertan en profesionales directamente de la escuela secundaria, pero si van a la universidad tienen que quedarse tres años allí.

Tres soluciones sobre la mesa

El debate es creciente y las negociaciones constantes. Por ello no hay una vía de acuerdo oficial entre todas las partes. Eso sí, todo parece indicar que el one and done tal y como lo conocemos hoy, desaparecerá.

La opción preferida de Adam Silver es unificar a los prospects de high-school y a los one-and-done en una sola categoría, que les permitiera o bien presentarse al Draft desde el collegue o bien desarrollarse en la G-League.

Aquí radica la idea de Silver: dotar de una mayor profesionalidad a la G-League. Una expansión que debe permitir sueldos mayores a los 26.000 dólares de máximo que existen ahora mismo. Contratos que alcancen los 125.000 dólares a jugadores que salgan del instituto y eviten así pasar un año sin cobrar en la liga universitaria.

“Condoleezza Rice y su comisión han recomendado a la NBA que los jugadores que están haciendo el llamado one and done entren directamente en la liga, por lo que creo que debemos considerar la reducción de nuestra edad a 18 años”.

Adam Silver

El comisionado de la NBA explico que la idea incluiría iniciar el contacto con los mejores jugadores en sus años de instituto. Un seguimiento pormenorizado del atleta, entrenando y desarrollando sus condiciones tanto dentro como fuera de la cancha con la mirada puesta en un futuro mejor tanto para ellos como para la NBA.

Existe una segunda vía que requiere mucho esfuerzo y coordinación en el tiempo. El pasado verano, la NBA y el Sindicato de Jugadores anunciaron un acuerdo con la Federación (USA Basketball) para ojear y aumentar el número de jugadores juveniles de élite a su equipo nacional junior a más de 80 de una tacada. Los jugadores recibirán atención sanitaria y psicológica, además de entrenamientos específicos y de rendimiento deportivo gestionados por expertos.

A su vez, los jugadores tendrán que enviar informes médicos y deportivos a los equipos de la NBA, a fin de que ingresen directamente en la liga (con 18 años) o utilicen un paso intermedio como la G-League. Por otro lado, la NBA solicita que los jugadores tuvieran que tener cierta asistencia obligatoria a las sesiones de Draft. En estas pruebas previas, los jugadores tienen ocasión de mostrar sus habilidades delante de los principales scouts de las franquicias.

“Llevamos mucho tiempo intentando involucrarnos más en el baloncesto de élite de categorías inferiores. Realmente existe un sentido de urgencia al respecto. Este programa es exactamente lo que hemos estado diciendo que debíamos hacer”.

Kathy Behrens, presidenta de responsabilidad social en la NBA.

Pero claro, estas dos iniciativas olvida por completo el papel de la NCAA en la negociación. Por ello, son más los rumores que apuntan a un simple cambio de regla. Del one and done al zero and two, una idea del sindicato de jugadores (NBPA) que gusta a ambas partes.

Zero and two sería una opción viable para todos los jugadores que decidan dar el salto desde el instituto a la NBA, pero los que se decanten por la universidad, no podrían ser drafteados hasta el final de su segundo curso. La medida no está recogida en el último convenio colectivo presentado por la NBA y la Asociación de Jugadores, pero, según fuentes de la negociación, es una opción muy viable.

¿Y para cuándo?

Adam Silver desveló hace unas semanas que cualquier medida definitiva no entraría en vigor antes de 2022:

“Hay un montón de problemas que deben resolverse entre nosotros y la asociación de jugadores, por lo que es algo sobre lo que estamos en discusiones activas”.

El comisionado aclaró que cambiar el one and done antes de 2022 no sería justo para las franquicias que han realizado intercambios con selecciones de draft: “Me faltan unos años, creo”. Y avisa:

“Esto afectará a las negociaciones entre las franquicias sobre intercambios en puestos del Draft. Espero que sepan elegir bien”.

Conflicto abierto, largo y lleno de interrogantes.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

Análisis

Elfrid Payton: El regreso a casa

A menudo, los cambios de look no sólo entrañan un cambio físico, sino también emocional. Payton, a diferencia de Sansón, se cortó el matojo de pelo como símbolo de madurez y fuerza.

Publicado

-

Por

Prácticamente todo el mundo hemos pasado por esa etapa de jóvenes, cuando hacemos cosas solo porque no es lo que se supone que tenemos que hacer. Un jugador de baloncesto profesional no debería tener el pelo golpeándole y cubriéndole la cara constantemente, pero Elfrid Payton, en la veintena, jugó más de 200 partidos en la mejor liga del planeta de esta guisa.

Durante su época en los Magic de Orlando, equipo en el que recaló después de ser traspasado por los 76ers la noche del Draft de 2014, estuvo envuelto en esa aura tan familiar con los deportistas de élite que nos hace pensar en lo que podrían llegar a ser y por un motivo desconocido no consiguen alcanzar.

Sin embargo, cuando toca volver a casa y uno ya ha crecido y madurado un poco, las formas son importantes. A mediados de mayo de 2018, como si alguien le hubiese chivado desde el futuro lo que iba a ocurrir, el base de Louisiana anunció a través de su cuenta de Instagram que por fin se había quitado el impedimento en forma de flequillo gigantesco que hasta entonces lucía.

Tras cuatro temporadas en Florida, había sido traspasado a Phoenix por apenas una segunda ronda del Draft, ya que terminaba contrato ese verano y los Magic querían sacar algún rédito por él. Allí solamente jugó 19 partidos, y sufrió la primera lesión relevante en su carrera: una tendinopatía en su rodilla izquierda. A pesar de ello, y tal vez por el ambiente distendido que reina en la franquicia desde hace ya varios años, promedió el máximo de puntos por encuentro de su carrera, 11’8, además de mejorar sustancialmente su faceta reboteadora.

Este episodio de transición en Arizona no hacía más que preparar al joven Payton para lo que tendría que afrontar en la temporada 2018/19. En la agencia libre de verano llegó la oferta que más deseaba: un hueco en la plantilla de su ciudad, donde había crecido con su madre y había visto volver a su padre, jugador profesional de fútbol americano en la liga canadiense.

En el suburbio de Gretna, New Orleans, Elfrid Payton Jr. había crecido siendo de los más pequeños del colegio y de las canchas. De complexión muy delgada, había probado varios deportes, pero en el instituto decidió que quería ir a por todas con el baloncesto. Entonces, Payton Sr. empezó a prepararlo para el camino del profesional y, según cuentan ambos en una entrevista para “The Undefeated”, el padre fue bastante duro con el hijo.

A pesar de que al salir del instituto nadie del mundo del baloncesto universitario americano se fijó especialmente en él, tuvo una oferta de la universidad de Louisiana-Lafayette para estudiar becado y así poder jugar a baloncesto en la División I, la más alta de la NCAA. En su segundo año explotó, y fue elegido en el mejor quinteto de la Conferencia Sun Belt, pero eso no era más que el principio.

La extraordinaria temporada que había cuajado lo llevó a ser seleccionado para el combinado americano Sub-19 que disputaría el mundial, y fue titular en todos y cada uno de los partidos hasta conseguir el oro, destacando junto a grandes estrellas universitarias como Aaron Gordon, Marcus Smart o Jahlil Okafor. En ese momento, como remarca su padre, “las cosas se volvieron locas”.

En el tercer año como universitario dejó unas estadísticas admirables, con más de 19 puntos por partido junto con 6 rebotes y otras 6 asistencias. El Lefty Driessel Award, premio al mejor defensor de la NCAA, completaba una carta de presentación extraordinaria que lo llevó a cerrar el top 10 de su camada de Draft.

Y después del viaje que hemos recorrido por fin volvió a su casa, pero esta vez como profesional, de la mano de los New Orleans Pelicans. Firmó un contrato con los de Louisiana por tres millones de dólares para la presente temporada, y ahora ve cada día el barrio que su familia tuvo que abandonar tras el huracán Katrina para recuperarlo después, el barrio donde creció en la ciudad en la que se siente orgulloso de jugar.

Un nuevo comienzo en casa, con un nuevo corte de pelo en una franquicia que a principio de temporada tenía un proyecto prometedor. El arranque de temporada con Anthony Davis, Nikola Mirotic, Julius Randle y Jrue Holiday a niveles extraordinarios parecía indicar que este era su año, que por fin podría disputar su primera serie de Playoffs y competir como siempre ha querido hacer, máxime en su ciudad natal.

Por desgracia, después de unos extraordinarios cinco primeros partidos, un dedo de la mano lo traicionó en la que empezó siendo su temporada de ensueño. Después de romperse el dedo, encadenó otra lesión en el tobillo derecho que ya tenía tocado, y no pudo volver a competir a pleno rendimiento hasta el mes de marzo.

El pelo despejado parecía haber despejado también las incógnitas sobre su juego. Mejoró significativamente su porcentaje de tiros libres, desde el 62% en Orlando hasta el 74% en New Orleans, y al inicio de temporada tiraba con un 42% de acierto desde el triple. Estaba redondeando su juego, y sus compañeros lo alababan como pasador y ayudante de dirección junto a Jrue Holiday.

A pesar de lidiar con las lesiones, en el mes de marzo volvió dejando una estadística para el recuerdo: consiguió cinco triples-dobles consecutivos, una marca solo al alcance de jugadores históricos como Wilt Chamberlain, Oscar Robertson y Michael Jordan, además del hombre que va a pulverizar todas las marcas en este aspecto: Russell Westbrook.

No es común que la temporada de despegue de un jugador y en la que más sufre con las lesiones coincidan, pero Elfrid Payton Jr. ha encontrado en New Orleans el hogar perfecto para su juego. Tal vez los planes de la dirección de la franquicia no pasen por mantener el bloque, sino que parecen más encaminados a empezar una reconstrucción a partir del traspaso de Anthony Davis.

No en vano se armó todo el revuelo días antes de la fecha límite de traspasos en el culebrón con Los Angeles Lakers, que al final resultó fallido. Además, Mirotic abandonó el equipo en su mejor temporada como profesional rumbo a los Milwaukee Bucks, de modo que la franquicia ya dejaba entrever sus intenciones de no ir a por todas, al menos en esta temporada. Sea como fuere, Payton espera una nueva oferta para quedarse un año más en casa y preparar de nuevo la cabeza (por dentro y por fuera, ya sin el matojo de pelo) para continuar creciendo y enorgulleciendo a la ciudad de los pelícanos.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

Análisis

The king of the Kings

De’Aaron Fox ha lavado la cara a una franquicia abocada al desastre temporada tras temporada. 15 años sin oler los Playoffs sin armar un solo proyecto. Ahora las tornas han cambiado.

sergio11reke13@gmail.com'

Publicado

-

Los Kings han sido en los últimos 15 años la franquicia peor manejada. No solo de la NBA sino de las otras tres grandes ligas americanas (NFL, NHL Y MLB) para los expertos. Desde el final de su última época dorada, el famoso equipo ye-yé, los californianos han buscado desesperadamente una identidad, con un jugador diferencial, pero no ha funcionado.

Cousins ha sido el faro de los Kings en los últimos años, pero el nefasto trabajo de la gerencia, en cuanto a elecciones de draft, firmas, traspasos y cambio de entrenadores, hizo que la franquicia púrpura nunca viese la luz de su reconstrucción. Además de perder los mejores años de un talento ofensivo desmedido pero con mal carácter que tampoco ayuda.

Con el traspaso del actual jugador de los Warriors, los de la capital de California volvían a empezar de cero y en el día del draft intentaron buscar al jugador referencia para los próximos años y la suerte de la lotería le hicieron subir hasta el número 5 y encontrarse con un chico nacido en New Orleans llamado De’Aaron Fox.

La promesa tapada

De’Aaron Martez Fox siempre se le ha considerado uno de los mejores jugadores de su clase, 2017, desde el principio ha estado arriba en los rankings de High School (en ESPN lo colocaban el número 6 ) y en los mocks cuando estaba en la universidad nunca bajaba del top 10. Pero nunca ha sido “la estrella”, siempre había gente por delante de él. En cuanto a sus compañeros de Kentucky, Bam Adebayo era el mejor rankeado en High School y en la NCAA había tramos donde los focos se los llevaba más Malik Monk que el propio De’Aaron.

Lo mismo ocurre con la camada del draft. Hasta el March Madness muchos ponían a Fox como el quinto mejor proyecto de base. Entre la gran temporada universitaria de Markelle Fultz, el talento y popularidad de Lonzo Ball y el potencial de Dennis Smith Jr y Frank Ntilikina, hacían ver al de los Wildcats como un gran point guard pero siempre se hablaba de mejores opciones que él, hasta que llegó el torneo del KO de la NCAA.

Fox se consagró como el gran líder de Kentucky y uno de los talentos más prometedores de la camada. Su punto álgido fue en el sweet sixteen, donde se enfrentaba a la UCLA de su amigo pero también rival, Lonzo Ball. Fox brilló como nadie en aquel partido anotando 39 puntos ante el actual base de los Lakers, catapultando su stock hasta el top 5 de los mocks de draft. Algo que no estábamos viendo en el transcurso de la temporada universitaria. Tras ello llegarían los combines, entrenos con equipos y el posterior draft donde fue seleccionado por los Sacramento Kings.

El matrimonio perfecto

Con la lotería hecha y Sacramento subiendo del octavo puesto al quinto (era top 3 pero un traspaso anterior con Philadelphia les hacía intercambiar los picks), se presentaba el Draft Combine. Un evento donde las franquicias NBA tienen el primer contacto con las promesas que se presentan al draft.

Pruebas físicas, entrevistas, simulaciones de tiro, etc. De eso se trata el evento de que no todos los prospects se presentan. Nuestro protagonista en dicho acto tenía claro donde quería jugar, hablando muy bien de los Kings y que le gustaría ser seleccionado por ellos. Sacramento en esa época no estaba bien considerado como buen destino para los jóvenes. Muchos agentes intentaban que sus jugadores no se reuniesen con la franquicia debido a la disfuncionalidad de su gerencia en los últimos años. Por lo tanto, que un posible top 5 de draft se dignara a reunirse con ellos y hablase bien de la franquicia era un punto positivo para los Kings.

Históricamente Sacramento siempre ha destacado por tener mucho talento en el puesto de base. Oscar Roberson, Nate Archibald, Jason Williams o Mike Bibby han sido jugadores que en mayor o menor medida han sido importantes en la NBA y curiosamente han estado en los mejores momentos de los Kings o Royals como era conocida anteriormente la franquicia.

Con la marcha de este último a Atlanta en 2008, los Kings han buscado desesperadamente un organizador que encajase y que fuese importante en la franquicia. Beno Udrih, Sergio Rodriguez, Tyreke Evans, Jimmer Fredette, Isaiah Thomas, Aaron Brooks, Darren Collison Rajon Rondo o George Hill, han estado en la palestra. Pero por una razón u otra nunca llegaron a asentarse en el equipo.

En cambio De’Aaron Fox ha caído de pie en la capital californiana, su talento, atributos físicos, velocidad, agilidad, defensa y potencial le han hecho convertirse en jugador franquicia y la pieza principal de los Kings para construir un equipo competitivo de presente y futuro. Pero lo que más se valora de Fox es su personalidad y hambre para ganar.

Fox-Mamba Mentality

Desde el minuto uno se vio que De’Aaron Fox era un jugador especial, con un carácter de querer triunfar en la NBA. Como he comentado antes, en el Draft Combine declaraba sus intenciones de querer jugar con los Sacramento Kings y argumentaba sus razones.

La primera, porque en ese momento la división pacífica tenía gran talento de point guards. Curry en GSW, Paul que en esas fechas aún seguía en LAC, Bledose en Suns y su rival, Lonzo Ball que todo el mundo daba por hecho que los Lakers lo cogerían en el pick número 2. La segunda porque quería romper la maldición que estaba sumida la franquicia con 11 años de sequía sin playoffs, y hacer otra vez grandes a los Kings.

Su primer año en la NBA fue complicado, empezó saliendo desde el banquillo ya que Sacramento firmó a George Hill en verano para que fuese el titular mientras Fox completaba su proceso de adaptación poco a poco con el paso de los encuentros. En febrero con la marcha del mencionado Hill se convertía en titular pero su temporada, pero su año en general nos dejó bastante fríos no cumpliendo las expectativas y siendo superado por otros compañeros de draft como Lonzo Ball o Dennis Smith en el puesto de base. Por lo que en verano decidió trabajar para mejorar, principalmente musculatura y el tiro. En este último apartado, estuvo entrando con Kobe Bryant, sin duda el base de los Kings eligió un buen instructor.

Pero el dorsal 5 de los Kings no era el único que tenía que cambiar y mejorar. Sacramento la temporada pasada era el equipo más lento de la NBA con un 94’9 en ritmo. Joerger sabía el dato y que había que cambiar de estilo para que los jóvenes demostrasen todo el talento que llevan dentro, sobretodo Fox. “Es nuestro jugador franquicia” declaraba el entrenador de los Kings “y lo mejor que puede hacer por él es jugar rápido y darle el mayor espacio posible. Tanto él como los demás están de acuerdo con ello”.

Dicho y hecho, los Kings pasaron de ser el peor equipo al primero con mayor ritmo de la liga con 103’5, haciendo que los de Sacramento estén haciendo su mejor temporada en los últimos 11 años. Respecto al base también ha mejorado en todas las facetas, anotación pasando de 11’6 a 17’6 puntos por partidos, rebotes de 2’3 a 3’3, asistencias de 4’4 a 7’3 y en defensa bajando de 113 a 110 en el defensive rating. Pero su cambio se ve en los tiros pasando de 41’2% a 45’6% en tiros de campo y triples de un pobre 30’7% a 36’7%.

Todavía el chico tiene mucho que aprender y mejorar, sobretodo en cuanto a saber detenerse cuando el partido necesita pausa. Fox empieza con sexta marcha y hasta el final sigue con ella sin bajar el pistón. Muy bueno en momentos de encuentro ,sobretodo en el inicio ya que marcas el ritmo de juego, pero malos en las partes finales donde las piernas están más cansadas y puede haber fallos e impreciosiones como hemos visto esta temporada en el mes de febrero y principios de marzo. Pero paciencia, son situaciones que se mejoran con la edad y el paso de los encuentros.

Lo que parece claro es que los Kings han encontrado por fin a un jugador que lidere un proyecto que pinta apetecible para presente y futuro. Larga vida al nuevo rey.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

SKYHOOK #16

 

Dossier Gigantes: pasado, presente y futuro de una profesión en peligro

De toscos gigantes a hábiles figuras capaces de hacer casi todo dentro de una pista. La figura del pívot marca el ritmo de su deporte y condiciona épocas, estilos y recuerdos, y a través de ellos viajamos en una travesía de casi ochenta años en el tiempo.

Ya a la venta en papel y digital 

RESUCITA A TUS MITOS

Publicidad

Quinteto Ideal