El pasajero número ‘9’

“Los frenos no funcionan. Vamos a chocar”.
23 de enero 2006. Un tren con más de 280 pasajeros atraviesa a toda velocidad las montañas de la región de Kolasin (Montenegro), completamente fuera de control. El fatal desenlace es cuestión de tiempo. De muy poco tiempo.

“Todos estábamos al tanto de lo que estaba pasando. Estábamos en un tren a toda velocidad en mitad de las montañas. Si nos salíamos de las vías, podrías acabar en cualquier sitio. Pero no sabíamos que iba a pasar. ¿Vas a morir? ¿Vas a vivir?”

Cerca de las 17:00 horas, ocurre la tragedia. El tren descarrila y se precipita por un barranco. Fallecen 47 personas y casi 200 resultan heridas, incluyendo más de 70 niños, entre ellos el equipo de baloncesto de Nikola Vucevic.

Cuando su vagón se detuvo, Nik fue en búsqueda de su padre. Rápidamente lo encontró, ayudando a los pasajeros a bajar del tren para hallar un lugar seguro. Borislav Vucevic, campeón de Europa con el KK Bosna en 1979 y miembro, junto a Drazen Petrovic del equipo nacional yugoslavo que alcanzó los cuartos de final del Europeo de 1985, fue un padre, un entrenador, un referente y un modelo de vida.

“Cambió mi forma de ver la vida. No doy nada por sentado. Vivo el presente. Mi padre tuvo una gran influencia sobre mí. Fue mi ídolo. Me enseñó todo sobre el baloncesto. Incluso hoy, sigue dándome consejos. Cuando está en casa, pone el NBA Pass League y a la mañana siguiente me comenta qué tal lo hice.”

Pero no sólo Borislav fue el encargado de introducir el gen del baloncesto en el pequeño Nik. Su madre, Ljiljana, también fue jugadora profesional en Europa e internacional con Yugoslavia, aunque su carrera llegó a su fin antes del nacimiento del pequeño. Con todos los ingredientes a su disposición, era inevitable que Vucevic abrazara el mundo de la canasta.

Él, sin embargo, no lo tenía tan claro. Al menos en un principio. Las dudas inundaban su cabeza. Quería ser jugador de baloncesto. Lucharía por ello. Pero la figura paterna le parecía inalcanzable.

“¿Quieres jugar a baloncesto?”, le había preguntado Borislav, dos años antes del accidente, cuando la familia ya se había asentado en Montenegro tras abandonar Bélgica. “Si”, respondió tímidamente el chaval. “Haré todo lo posible para ser como tú algún día. Un jugador profesional.”

El sueño de millones de niños y niñas en todo el planeta que, sin embargo, solo consiguen abrazar unos pocos elegidos. Y Nikola Vucevic estaba dispuesto a renunciar a todo lo que componía el mundo en el que había vivido hasta entonces: su ciudad natal, Bar, su idioma, sus amigos y su familia. Con 16 años de edad y la etiqueta de ‘Mejor Jugador Joven’ de su país, Nik volaba rumbo a Estados Unidos, acompañado de su maleta, cargada, a partes iguales, de ilusiones y de dudas.

Jonathan Daniel / CBS Los Angeles

Ayudó, por supuesto, que su padre dispusiera de una dilatada agenda con contactos por toda Europa, fruto de dos décadas ligadas al baloncesto profesional. Varias cintas fueron suficientes para que Babacar Sy, entrenador de la Stoneridge Prep, en Simi Valler (California) y amigo de un tío de Nik que ejercía como técnico en Francia, quedara prendado de las capacidades del joven. Lo quería a sus órdenes. Y lo quería ya.

Ubicado a una hora en automóvil al noroeste de Los Ángeles, Stoneridge Prep ha evolucionado a lo largo de los años hasta convertirse en una de las principales fábricas de talento del país y un refugio obligatorio para los scouts universitarios. Previamente, había servido de cuna para Taj Gibson, Charles Boozer (hermano menor de Carlos Boozer) y Mychel Thompson (hermano de Klay Thompson) y, posteriormente, haría lo propio con Enes Kanter.

Nada más aterrizar en el sur de California, aquel espigado chaval se sintió completamente intimidado por el choque cultural y la barrera del idioma. Su inglés era nulo pero tuvo la fortuna de conocer la lengua francesa, la cual le sirvió para iniciar, aún con dificultades, su integración en un equipo con cinco jugadores francoparlantes (dos galos y tres senegaleses). La transición a América había comenzado.

“Al principio me costó bastante adaptarme a la velocidad del juego y la vida en general en Estados Unidos”, relataría el jugador, ya en los Magic, en una entrevista para la NBA. “El gran problema fue el idioma. No hablaba bien el inglés y no entendía muchas veces lo que decían mis entrenadores y mis compañeros de equipo. Eso lo hizo todo muy difícil al principio. Fue un cambio muy grande y me tomó tiempo estar cómodo. Y cuando no estás cómodo fuera de la cancha, tampoco lo estás dentro de ella. Pero una vez me adapté, empecé a jugar bastante bien. Después de ese primer trimestre tenía mucha más confianza, me sentía mejor en la cancha y mejoré mucho mi juego.”

El poco inglés que Vucevic conocía provenía, curiosamente, de la película ‘Love and Basketball’, protagonizada por Sanaa Lathan y Omar Epps, la cual veía una y otra vez. La versión que poseía Nik incluía subtítulos en francés, lo que le permitió aprender un puñado de palabras de la jerga que, posteriormente, le servirían en aquellas primeras semanas en Stoneridge Prep.

“Al principio era bastante tímido porque no quería cometer errores al hablar en inglés. Decía frases del tipo: “Yo… voy… mañana… comida””, recuerda, entre risas. “Comencé a hablar más y aprender de mis errores. No sentí que mi inglés fuera muy bueno hasta mi segundo año de universidad.”

Si bien su batalla lingüística con el inglés fue feroz, Nikola demostró, de sobra, hablar muy bien el idioma del baloncesto, su gran pasión. Durante su estancia en Stoneridge promedió 18 puntos y 12 rebotes por partido y despertó el interés de diversas universidad del panorama nacional. Pese a recibir un gran interés desde Nevada-Reno, Vucevic eligió la Universidad del Sur de California para iniciar su andadura universitaria.

Sporting News

Una etapa en la que dos figuras tendrían una importancia vital sobre el resto en su desarrollo: Tim Floyd y Taj Gibson. Por aquel entonces, tanto Gibson como Vucevic eran jugadores que no destacaban por su físico y que basaban su juego en el perímetro. Tim Floyd, entrenador de los Trojans, era consciente de las virtudes de ambos y los obligó a asentarse bajo la canasta. Así, antes y después de cada entrenamiento, y durante el verano, el técnico los hacía enfrentarse en pequeñas ‘pachangas’ para fortalecerlos físicamente y desarrollar su juego en la zona.

“Cuando ‘Vooch’ llegó a USC era más bien un tirador, pero el entrenador Floyd nos obligó a ambos a enfrentarnos en la zona después de los entrenamientos para ser más fuertes”, recuerda Gibson. “Nik fue incluso un tirador efectivo en la universidad (35% de acierto en su último año), pero ahora es mucho mejor jugador. Trabajó muy duro en la universidad porque siempre sintió que lo subestimaban y cada año mejoraba más y más. Ahora, ves que su confianza está por las nubes y es solo una prueba de todo ese trabajo que hay detrás.”

Antes del inicio de su segundo año universitario, Floyd abandonó el puesto de entrenador y dos de los principales referentes del equipo, Daniel Hackett y el propio Gibson, se declararon elegibles para el Draft. Esta serie de movimientos permitió a Vucevic incrementar sus minutos –tan solo once por partido como novato- y establecerse como un referente interior, no solo del equipo, sino de toda su conferencia.

Vucevic se convirtió en el primer jugador en la historia de la USC en liderar la tabla de reboteadores de la Pac-10 durante dos temporadas consecutivas (9.4 y 10.3) y en el primer jugador de los Trojans en promediar un doble-doble (en su año junior, 17.1 puntos y 10.3 rebotes) desde que lo lograra Lorenzo Orr en 1994.

Este crecimiento, nacido en Europa desde el anhelo de emular a su padre, su primer maestro y mentor, y desarrollado y perfeccionado en Estados Unidos a dos bandas entre Stoneridge Prep y la USC lo dirigieron directamente a aquel sueño inicial. “Haré todo lo que sea para ser un jugador profesional como tú papá”.

El 23 de junio de 2011, Borislav y Ljiljana cogían un avión rumbo a Nueva York. Horas después, Nikola Vucevic era elegido en la 16ª posición del Draft de la NBA por Philadelphia 76ers. Esa noche, todos los sacrificios realizados por Nik convergieron en un único punto. “Jugar en la NBA siempre fue mi sueño.”