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De Walton a Porzingis: el daño del poder en la NBA

“Si Charles Manson jugara bien, algún equipo lo contrataría”.

Bill Parcels, exentrenador de fútbol americano.

La cita puede sonar excesivamente contundente. Pero se trata de un gran reflejo de cuáles son las prioridades en el deporte de alto rendimiento, cuando un jugador comete actos que convertirían a cualquier otro ciudadano en un paria. Era 30 de marzo cuando saltaron las alarmas. Según publicaba el periódico New York Post, Kristaps Porzingis, jugador franquicia de New York Knicks desde hace tres campañas, había sido denunciado por una presunta violación. La polémica estaba servida.

En palabras de la denunciante, la fecha coincide exactamente con el día en el que el letón se rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda (7 de febrero de 2018), lesión que todavía le mantiene alejado de las canchas. Aquel día, presuntamente, unas horas después de abandonar el Madison Square Garden Porzingis llegó a su casa, ubicada en el barrio de Manhattan, e invitó a su vecina a pasar un rato en su apartamento, donde la habría abusado sexualmente de ella.

El diario neoyorquino apunta a que la policía encargada de la investigación ve “muy creíble” la versión de la denunciante, quien fue coaccionada y silenciada a cambio de la falsa promesa de recibir 68.000 dólares de la mano del jugador. Fue después de más de un año, y tras no recibir ningún tipo de cuantía económica, cuando la mujer decidió interponer la denuncia. El dinero, supuestamente, era para poder pagar la matrícula universitaria de su hermano.

Por su parte, el periodista de ESPN Adrian Wojnarowski afirmó que los Knicks no escondieron en ningún momento estas informaciones en las negociaciones para traspasar al jugador báltico a Dallas Mavericks. La franquicia tejana era plenamente consciente de la bomba de relojería que estaba adquiriendo. Al ser cuestionado al respecto por el Post, el propietario Mark Cuban prefirió cubrirse las espaldas y no hacer ninguna declaración, “por recomendación de las autoridades federales”.

Cabe recordar que en febrero de 2018 una investigación de Sports Illustrated destapó decenas de acosos sexuales sucedidos en la organización durante años. Razón de más para no escatimar en cautela.

En pleno auge de las redes sociales, donde las noticias se hacen virales en apenas unos minutos, las informaciones comenzaron a expandirse a lo largo y ancho del globo. Todos los medios deportivos se hicieron eco de la noticia. Un jugador NBA volvía a copar los titulares por temas extradeportivos. Un caso que, de nuevo, hemos visto repetido con Luke Walton, sin que los Lakers, Warriors y Kings hayan movido un dedo al respecto.

Nada más ver la luz, el abogado de Porzingis, en la teórica labor de defender a su cliente, negó las acusaciones.

“Informamos de manera formal a las autoridades federales el 20 de diciembre de 2018, en base a las extorsionistas demandas de la denunciante. También informamos a la NBA hace meses y están sobre aviso de la investigación en curso por parte de las autoridades federales. No podemos comentar más sobre una investigación en curso”.

Roland G. Riopelle, abogado de Porzingis

No fue el único. Un día después de descubrirse el caso, Michele Roberts, presidenta de la NBPA (el sindicato de jugadores de la NBA), se posicionó a favor del jugador del ala-pívot de los Mavs. En declaraciones a ESPN, la directiva declaró que eran conscientes de las alegaciones “desde hace tiempo”.

“Hemos evaluado las acusaciones de la denunciante y, basándonos en la información que se nos ha presentado, nos hemos puesto de parte de Kristaps”.

Michele Roberts

De la misma forma, era lo esperado, ya que el sindicato estaba sacando la cara a uno de los suyos. Aunque el incidente de Porzingis no es una rara avis dentro de la NBA. A lo largo de los años de vida de la competición, se han registrado multitud de abusos sexuales, violaciones, extorsiones y toda clase de excesos por parte de jugadores y hombres de poder dentro de las organizaciones.

La impunidad como regla

El deportista de élite, figura siempre venerada por el populacho, se ha convertido en una especie de deidad intocable en el seno de la sociedad. Auténticos ídolos de masas, capaces de movilizar a miles de personas con un mísero tweet. El proceso de retroalimentación es tal, que a medida que internet, el show televisivo y todo producto de una índole parecido crece, el deportista lo hace al mismo tiempo, alejándose cada vez más del resto de la población.

Actualmente, su lejanía con la realidad es tan grande, que da la sensación de que viviesen en otro planeta, aunque también se pueden apuntar excepciones como las de Damian Lillard, Jaylen Brown y tantos otros.

He ahí el problema: se han convertido en eminencias tan idolatradas, que los aficionados no están dispuestos a que dañen su imagen ni un ápice. A lo mejor, por miedo a tener que renegar de ellos. Se trata de figuras públicas que gozan del respaldo social. En muchas ocasiones, los casos de abusos en el deporte de élite se resuelven de manera extrajudicial, quedando como una mera anécdota en el currículum de los jugadores. Su imagen acostumbra a permanecer intacta y, además, el sistema empuja, en primer lugar, a dudar del testimonio de las presuntas víctimas.

Complicidad mediática

Uno de los casos más sonados en la historia de la liga norteamericana fue el de Kobe Bryant, leyenda recientemente retirada de las canchas. En la 2015-16, su vigésima y última campaña enfundando la elástica de los Lakers, Kobe se dio un auténtico baño de masas en todos los pabellones por los que pasó. Sus proezas eran dignas de reconocimiento, sin lugar a dudas. Pero, ¿dónde quedaban sus pecados? Al parecer, nadie recordaba el episodio más negro en la carrera la Mamba Negra. Uno de los mejores jugadores de siempre, venerado por la mayoría de los seguidores. La memoria es muy corta, o muy selectiva.

La noche del 30 de Junio de 2003, Bryant se encontraba en el Cordillera Lodge and Spa de Edwards, Colorado. La temporada había sido decepcionante, ya que los angelinos no pudieron revalidar su cuarto título consecutivo. Durante su estancia allí, Kobe conoció a una joven de 19 años que trabajaba en el hotel, a la que invitó a entrar en su habitación. Minutos más tarde la chica saldría angustiada con manchas de sangre y decidida a demandar al jugador por violación. En primera instancia, siguiendo un patrón común con gran parte de los demandados, negó los hechos.

Tras aquello, se montó un circo mediático obcecado en dañar a la joven, alegando un supuesto comportamiento “promiscuo”. Acusada de mentir y de haberlo hecho por dinero, algunos medios publicaron historiales médicos, hablaron con amigos y familiares e incluso sacaron a la luz fotografías de su vida privada. Diez meses aguantando aquel infierno fueron cuanto pudo soportar hasta aceptar la indemnización de Bryant. Momento en el que la prensa olvidó el tema y volvió a centrarse en el ámbito deportivo. La presión recibida a sus 19 años había sido brutal y se vio obligada a ceder.

Es por ello que desde ‘The Petition Site’ se creó una iniciativa para que la Academia de Ciencias y Artes Cinematograficas (AMPAS) retirase el Oscar de Mejor Corto de Animación a Kobe Bryant, que lo ganó por  ‘Dear Basketball’. Si bien se lograron miles de firmas para llevarla a cabo, la petición no estuvo ni cerca de prosperar. Era Kobe Bryant, histórico del deporte de la canasta.

“Kobe juega por su liberad. Tal vez si tuviera una mala racha se le empezaría a declarase culpable”.

El pasado noviembre otro de los nombres protagonistas fue Dwight Howard, jugador de Washington Wizards. Un usuario de Twitter llamado Masin Elijè, joven transexual que asegura que fue novia del jugador, lo acusó a él y a su pastor espiritual de amenazas y acoso sexual.

Para los medios, lo más importante del entuerto fue la posible bisexualidad de Howard, que además se trató si homosexualidad, aludiendo exclusivamente al sexo biológico de Elijè. Y obviando por completo la extorsión que, supuestamente, había sufrido Elijè. En ocasiones, las víctimas se convierten en muescas en la culata para los medios de comunicación, en su papel cómplice como agentes sociales y creadores de información que son.

Ídolos antes que personas

Justo antes de comenzar la temporada 2016-17, la policía de Los Ángeles abrió una investigación contra Derrick Rose y otros dos amigos, acusados de haber violado a la ex-pareja del MVP de 2011. El proceso se fue enturbiando, adquiriendo tintes de lo más macabros a medida que avanzaban los meses. Mientras los acusados se encontraban declarando ante el juez¸ Nadine Hernández, la detective que investigaba el caso, apareció muerta en su residencia de L.A. con un disparo en la cabeza. Además, la presunta víctima pedía 21 millones de dólares como indemnización, alegando que había sido drogada durante el acto.

Rose, por su parte, siempre se declaró inocente e incluso dio a entender que como hombres no necesitaban el consentimiento de la mujer, quitando al problema toda la gravedad que este conlleva. El jugador no es consciente del daño social que pueden provocar declaraciones de esa índole, si la personalidad que las vierte es alguien con su proyección mediática y capacidad de influencia.

No obstante, el súmmum del surrealismo llegaría el día del juicio, cuando tras tres horas de deliberación, el jurado absolvió a los acusados de todos los cargos. Instantes después de terminar la sesión, varios miembros del tribunal corrieron a hacerse fotos con el propio Rose. ¿Cómo se puede esperar un juicio justo por parte de alguien que admira al acusado?

Fuese inocente o no, es notorio que la condición de estrella de Derrick Rose pesaba sobre quienes dieron el veredicto. Su abogado, Marcos Baute, afirmó que la mujer, de 30 años, buscaba “un premio de la lotería” con la demanda. Argumento muy recurrente en casos de abusos por parte de jugadores profesionales, en los que, a menudo, se intenta plasmar que las víctimas solo buscan billetes.

Su posición de privilegio es la que los hace verdaderamente intocables. Tal vez, ni siquiera ellos actúan deliberadamente a sabiendas de que rara vez su comportamiento acarrea consecuencias directas. Es el público quien rehúye el hecho de ver manchada la imagen de sus héroes. Se trata del fanatismo, en definitiva. Y dicha obstinación puede anidar en cualquier sector, también en los medios o en el poder judicial.

Avery Bradley, Isiah Thomas, Dennis Rodman, ‘Fast’ Eddie Johnson…la lista de jugadores involucrados en casos de acosos, abusos y violaciones es extensa. La liga ha tenido que lidiar con los excesos de sus protegidos durante muchos años, dejando los castigos en manos de los tribunales y procurando no inmiscuirse demasiado en una guerra contra sus propias estrellas. Sin embargo, la verdadera semilla de la cuestión radica en el poder, en la potestad de equivocarse sin sufrir castigo alguno. Un poder generado a raíz del fervor de los aficionados.

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