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El primer hombre negro de la NBA: la historia de Chuck Cooper

Raza. ¿Qué es una raza? Según la RAE y el diccionario de Cambridge, una raza humana es un grupo de personas que comparten unas características similares, tales como la lengua, la historia, la cultura o ciertas características físicas, y que por tanto pertenecen a un grupo. Pero esta definición es la que se ha pasado por el prisma de la moralidad, la modernidad y la dignidad otorgada por la llegada del siglo XXI. Porque en el pasado, hace no tanto tiempo, las cosas eran muy distintas.

Probablemente todo el mundo tenga consciencia de lo que significan los nombres de Martin Luther King, Malcom X, Rosa Parks… para la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos. En un momento de exclusión, fueron en contra de la marea para desafiar a la masa elitista blanca de los Estados Unidos e imponerse. Imponerse a 400 años de esclavitud, trabajos forzados y racismo. A años y años de discriminación. Y a tantas y tantas leyes que apoyaban el segregacionismo americano. Como las leyes de Jim Crow.

Jim Crow, para situarnos en contexto, fue un “espectáculo televisivo” que en los años 30 del siglo XIX se basaba en la caracterización del actor Thomas Dartmouth Rice, blanco, como si fuera negro, pintándosele la cara y adoptando posturas absurdas y extravagantes. Esto, en un principio, nació como un simple “sketch” con el nombre de “Jump Jim Crow”, pero con el paso de los años pasó a otorgársele el nombre de Jim Crow a esta -supuesta- raza negra. Y esto fue usado, 60 años después, por el gobierno para afirmar y confirmar que la distinción entre blancos y negros se encontraba legitimada por la Constitución.

Y entonces llegaron las Dos Grandes Guerras. En un ambiente todavía marcado por la Guerra de Secesión, con la clara división que había entre el Norte y el Sur, y con la minoría negra que podía participar en la Primera de las mismas, comenzó la segunda. Una Segunda Guerra Mundial que tuvo que esperar, para ver soldados negros en las filas de las barras y las estrellas, hasta 1941, pues hasta entonces no había ninguna ley que les permitiese acceder a esos trabajos, al igual que a ciertos servicios dentro de la Administración gubernamental.

Y esto fue conseguido gracias a -o por- Franklin Delano Roosevelt. Y al volver de la guerra, obviando por nuestra parte de la historia lo sucedido en la misma, Harry Truman acabó por confirmar esta “igualdad” de derechos, aunque por el momento únicamente fuese teórica. Una igualdad que también se hizo presente en los deportes.

Y de todos los nombres que se conocen por romper el muro, la barrera de la racialidad y ser pioneros en sus vidas, tanto profesionales como extradeportivas, Charlie “Chuck” Cooper debe sobresalir, sin duda alguna, sobre el resto de los nombres de una posible lista. Un hombre que fue en multitud de ocasiones el “primero en hacerlo” y que, en 2019, verá como su nombre, su vida, será escrito definitivamente en los libros de historia. Una vida que empieza en Pittsburgh, Pennsylvania, el 29 de septiembre de 1926.

Nadando a contracorriente

Daniel y Emma Cooper, cartero él y profesora de párvulos ella, acaban de presenciar el nacimiento de su hijo, al que pondrán el nombre de Charles Henry Cooper, pero que será conocido coloquialmente como “Chuck”. Su infancia, dentro de los límites étnicos que existían en aquel momento, fue como la de cualquier otro niño. Sin dificultades, sin perjuicios, sin problemas. Pero con amor por el baloncesto.

Por eso, cuando está en edad de entrar al instituto, acudirá al Westinghouse High School, graduándose en 1944. Pero habiendo cumplido previamente numerosos logros y récords. En su último año promedia 13 tantos por noche, ayuda a su equipo a llevarse el título estatal de Pittsburgh, y fue premiado con su inclusión en el equipo All-City de la temporada, ocupando la posición de pívot.

A la hora de dar el siguiente paso, la decisión le resulta sencilla. Decide acudir al West Virginia State College, universidad históricamente conocida por su conformación mayoritariamente negra, y en la que no tendría problemas. Pero un hecho mayor se cruza en su camino, y evita que acumule más de un semestre a más de 350 kilómetros de su hogar. Pues lo hará a mucha más distancia.

Estamos en 1944. Se han cumplido 5 años, hace relativamente poco, del estallido de uno de los conflictos más truculentos y encarnizados de la historia de la humanidad -si no el que más- y Estados Unidos lleva ya 3 de los 5 implicado en el conflicto, pues el ataque a Pearl Harbor fue un golpe de realidad. Y se necesitan soldados. Por ello, la armada “draftea” a jóvenes universitarios que sirvan orgullosamente a su país en lo que resta de contienda, y Cooper es escogido por la U.S. NAVY.

Un año más tarde, con Alemania derrotada -si es que hay vencedores en una guerra- y repartida, las tropas americanas vuelven a casa y a su rutina, pero la de Cooper es truncada por una noticia significativa.

La Universidad de Duquesne, que en 1943 tuvo que cesar en sus servicios deportivos mientras el de Pennsylvania todavía estaba en el instituto, reabre su programa de baloncesto con el final de la 2ª Guerra Mundial, en el curso 1946-47. Y será un absoluto éxito.

21 victorias con solamente 2 derrotas, una racha de 19 consecutivas y una invitación para disputar el NIT, pues han rechazado la que se les ofrece para jugar el NCAA Tournament, un torneo que se encuentra todavía en sus inicios y que hasta 1951 no tendrá más de 8 participantes.

Aunque debemos retroceder unos meses atrás. El 23 de diciembre de 1946 la universidad de Duquesne tenía, en el calendario, un encuentro ante Tennessee, uno de los equipos individualmente hablando más potentes de Estados Unidos.

Horas antes de que empezase el encuentro, se echan atrás, cancelan, y el partido no se disputa. ¿El motivo? Sus rivales tenían un jugador negro entre sus filas, Chuck Cooper, y el equipo no estaba dispuesto a retirarle de la alineación para el enfrentamiento. Y una victoria por rendición es otorgada a los “Dukes”.

Superación, prejuicios y huellas imborrables

Las siguientes temporadas continuará brillando, y su fulgor llegará al panorama nacional en su último año. Líder en anotación de su equipo sus cursos sophomore y junior, como senior explota definitivamente.

Capitán del equipo, 12 puntos por noche -asemejan ser pocos pero para la época superar la barrera de los 10 era de prodigios- y es segundo equipo All-American por consenso nacional, y primer equipo All-American por parte de la “Look Magazine”. Además de ser el primer jugador afro-americano en jugar en el “sur”. Y su nombre ya será conocido por todo el firmamento.

En 1950 llega su último año en la Universidad, su consecuente graduación y el esperado salto al mundo de los profesionales, al mundo de los “mayores”. Por ello, y ayudándoles a alcanzar el liderato en el campeonato de las “World Series of Basketball” con 11 victorias de 18 disputas, firma con los Harlem Globetrotters.

Y el Draft de la NBA aparece en el calendario. Abe Saperstein, propietario del equipo, le deja ir “a regañadientes”, permitiéndole entrar en el Draft de la NBA. Esto es así porque tenía prioridad, por así decirlo, con respecto a los jugadores de “raza negra” del país –son conocidos como Negros en inglés-.

El 25 de abril de 1950, con la selección nº 14, y ante las dudas del resto de propietarios, los Boston Celtics escogen a Charlie Cooper, pívot de la Universidad de Duquesne. Red Auerbach y Walter Brown se han atrevido, han apretado el gatillo y han decidido convertir al joven de Pittsburgh en el primer jugador afroamericano en ser drafteado por un equipo de la NBA. Y según contaba un reportero del New York Times, George Sullivan, esto fue lo que dijo el propietario Celtic’ ante la desconfianza de sus rivales.

“I don’t give a damn if he’s striped or plaid or polka-dot, Boston takes Charles Cooper of Duquesne!”

Por un día, pues Earl Lloyd debutará el 31 de octubre, no será también el primero en jugar en la NBA, completando su primera aparición con el debut de Red Auerbach, Bob Cousy y Ed Macauley. Y será un jugador importante desde su primer partido. 67 de 69 participaciones, 9 puntos, casi 9 rebotes y más de 2 asistencias por noche, acabando como el segundo mejor equipo de la División Este.

Estuvo tres años más en Massachusetts, antes de ser traspasado a los Milwaukee Hawks y de dividir su último año entre Saint Louis y Fort Wayne, llegando con estos últimos a coronarse como campeones de la División Oeste y llevándolos a las Finales de la NBA. Y cuando se retire lo hará parcialmente, dejando más de 2700 puntos, más de 2400 rebotes y casi 750 asistencias, divididos en 409 apariciones sobre el parquet. Y será parcial pues volverá a Harlem, a disputar una última campaña, antes de acabar definitivamente con el baloncesto debido a problemas físicos como consecuencia de un terrible accidente de coche.

Y porque nada es deportivo, el lado humano no cayó en saco roto, y Cooper siguió rompiendo barreras. En 1970 fue nombrado Jefe de Departamento del ayuntamiento de Pittsburgh, siendo el primer negro en lograrlo, al igual que en ser Oficial de Asuntos Urbanos.

Salón de la Fama en Penns’ en la década de los 70, reconocido en múltiples ocasiones por su ciudad natal, sus Universidades y por la NBA, en 2019 recibirá el honor definitivo, aunque llegue póstumamente. Porque nunca es tarde. Y es importante conocer de dónde venimos para saber a dónde vamos, y así superar los problemas que sufren los jugadores a día de hoy.

Porque nada ha cambiado, aunque el 75% de la NBA esté formada por jugadores afro-americanos, sean ellos los que dominen en su mayoría, y sea mayor la cantidad en espectadores con respecto a cualquier otra etnia. El racismo sigue vigente a día de hoy. Y es algo que debe ser erradicado.

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