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El último baile de Nowitzki, otra vez

“¿Se ha retirado ya Dirk? Siento como si todo el mundo le estuviera echando de la liga, así que prefiero esperar a que haga oficial su decisión para realizar cualquier comentario sobre su carrera, porque yo le veo fantástico todavía”.

Kevin Durant

Quizá sean las palabras más sensatas que han salido de la boca de Durant en los últimos años, aunque hoy el protagonista no sea él ni su arisca relación con la prensa. Durante las últimas temporadas nos hemos acostumbrado a un carrusel de giras de despedida de las leyendas modernas de la NBA inauguradas por Kobe Bryant y la oda a su ego de 25 millones, que hipotecó el futuro a corto plazo de los Lakers.

Evidentemente, Kobe no ha sido ni el primero ni será el último en darse un opíparo homenaje por todas las canchas de la liga, aunque sí el más ostentoso. Otros como Kevin Garnett, Paul Pierce e incluso Dwayne Wade esta misma temporada, se han sumado al tour de las despedidas, que se han convertido en el recurso para incentivar el consumo del aficionado y revalorizar el precio de las entradas. Pero las franquicias y la liga no son las únicas beneficiadas; la prensa ha explotado hasta la saciedad los contenidos de cada último partido de las leyendas, convirtiéndolos en un producto de consumo, de fácil digestión, a través de piezas cargadas con altas dosis de emotividad elaboradas por reporteros perezosos y medios necesitados.

Los conciertos con aroma a viejos rockeros se han convertido en una parte más del espectáculo de la NBA. Son un reclamo dentro de la industria del entretenimiento en torno a la que gira la liga, que rentabiliza como pocas competiciones el nudo de emociones que entraña el agridulce sabor de la retirada.

Pero vayamos con nuestro protagonista, que después de dos décadas, no merece más rodeos literarios. El caso de Dirk Nowitzki se asemeja más al de Duncan y Ginóbili. En la sombra, sin declaraciones altisonantes. Después de varias temporadas sopesando la retirada, parece que esta vez sí, será la definitiva. No obstante, ¿ha afirmado Dirk de forma categórica que va a ser su último año en la NBA?

“Todavía me gusta competir. Según me voy haciendo mayor se va haciendo un poco más difícil contra chavales que tienen la mitad de años que yo, pero todavía es divertido intentar ayudar al equipo a ganar partidos. Cuando pierdes un poco de [velocidad] tienes que usar más la cabeza. Esto está llegando al final. No quiero decir que ésta vaya a ser la última temporada. Voy a jugarla como si lo fuera y, si va bien, pues ya veremos el verano que viene”.

Nowitzki a Marn Santana, para Gigantes.

Son los vicios de prensa y aficionados y la propia rueda de la NBA, que ha de alimentar su negocio en base a contenidos que rompan la dilatada duración de la temporada, los que promueven el discurso que se ha construido en torno al alemán. Así que no, no va a ser este el artículo que ensalce su carrera, pese a que la temporada de los Mavericks tenga la emoción de un libro de Ken Follett.

Otros como Doc Rivers quisieron rendir su particular homenaje de una forma distinta. El entrenador de los Clippers nunca ha ocultado la admiración que siente por Nowitzki y no quiso perder la oportunidad de poner el Staples a sus pies.

Sin embargo, durante los últimos años se ha explotado tanto la sensibilidad emocional que se ha empezado a llegar a un punto de hartazgo generalizado de una parte de la comunidad NBA. La retirada forma parte del deporte, del ciclo de la carrera de un atleta que sabe que su tiempo es limitado y su cuerpo caduco. Las nuevas generaciones piden paso mientras las viejas leyendas asumen (unos mejor que otros), que el paso del tiempo no hace prisioneros.

Nowitzki supo entenderlo mejor que ninguno, al igual que Duncan y, en los últimos años, fue reajustando su salario de forma progresiva para no perjudicar la estructura de Dallas. De igual forma, Dirk entendió que ya no podía ser el mismo jugador, que la evolución del juego había engullido sus facultades y el baloncesto moderno precisaba de otro tipo de rol.

Nowitzki de 40 años está jugando solo 14 minutos por partido, menos que los 25 del año pasado, mientras que tiró tan solo un 36.6% por lo que algunas casas de apuestas le dan un pronostico de -200 para su retirada esta temporada según nos comentó Paruk del sitio SBD.

De hecho, más allá de su trayectoria deportiva, si hay algo que ha definido al 41 de los Mavs es el humor. Nowitzki ha hecho de esas giras que pretenden ser una oda a su figura su particular club de la comedia, rebajando la tensión dramática que se le ha querido imponer. Y es que Dirk, por reírse, se ha reído de sí mismo tantas veces que el día que le despidamos de verdad, lo terminaremos haciendo a mandíbula batiente gracias a otra de sus ocurrencias.

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