Lo que el dinero se llevó

Febrero nos recuerda a todos al amor y la armonía que vienen con el día que es corazón del mes, una posición metafórica para él. Un mes en el que las parejas se demuestran su fidelidad en un fecha marcada para ello, a diferencia de lo que pueda ocurrir en la NBA. Una competición que mezcla la perfección con la pelota naranja y una gestión económica al nivel de las mejores empresas del mundo, lo que crea una gran inseguridad entre los jugadores sobre la confianza que en ellos pueda tener la franquicia para no buscarle un nuevo destino y poner fin a una relación amorosa; y, a veces, tormentosa.

En las frías tierras de Canadá hubo un hecho insólito que demuestra que las lógicas del mercado en la NBA y sus ejecutivos no entienden de sentimientos ni lealtades. El traspaso de DeMar DeRozan rumbo a San Antonio, cayendo en las manos de Gregg Popovich confirmó que las raíces que la estrella había echado en la ciudad y afición apenas influenciaron en la decisión de Ujiri.

Alguien que dio todo por la franquicia, llegando a ser de los héroes recientes de la historia de la misma, fue utilizado como mera moneda de cambio para financiar el nuevo proyecto de los Raptors y conseguir a Kawhi Leonard. Después de varias temporadas en las que no han parado de nadar para morir en la orilla de los Playoffs, a los Raptors no les ha costado olvidarse de él. El mundo del deporte, por no decir la sociedad en general, giran en torno a la noción del capital, despreciando, en muchos casos, los valores deportivos más básicos. El “caso DeRozan” solamente ha sido uno de los múltiples capítulos que ya recopila la enciclopedia “Lo que el dinero se llevó”.

Harrison Barnes, aun siendo un jugador de los Mavericks, fue otra víctima reciente de un intercambio de cromos entre empresarios de la NBA. Mediante el transcurso de un partido fue enviado a Sacramento Kings, en una salida múltiple que realizó Mark Cuban buscando construir sobre Luka Doncic y preparando la jugada para renovar a Kristaps Porzingis en verano. En su defensa grandes salieron grandes nombres de la liga, reivindicando algunas de las situaciones por las que tenían que pasar los jugadores, sin voz, sin capacidad de decisión y sin tener un mínimo de empatía con ellos.

Otro episodio reciente se ha dado en Los Ángeles, involucrando al conjunto de oro y púrpura. En 2017, tras la retirada de “La Mamba” quedaba como líder del equipo un joven y brillante base que había sido su apuesta en el draft. Un D’Angelo Russell que soñaba con ver su camiseta colgada en lo alto de uno de los pabellones más importantes que se puedan recordar.

Russell tenía todo lo necesario para convertirse en el ídolo de una afición que necesitaba algo a lo que agarrarse tras la retirada de la insignia de sus colores. El escenario era el idóneo para que los Lakers comenzaran a reconstruir y a limpiar su imagen en busca de un producto nuevo. El lavado de imagen se haría, y el proyecto llegaría, aunque sin su principal activo en el equipo, que fue traspasado a Brooklyn Nets para liberar los 18 millones de Mozgov y airear un vestuario viciado tras el conflicto entre un inexperto D’Angelo y la cabeza sin muebles de Nick Young. En este movimiento no solo se intercambiaron jugadores, también los sentimientos de D’, pasando del amor al odio. Un chico que se veía cogiendo el relevo de Kobe Bryant, de un día para otro se veía en un equipo sin mucho atractivo en ese momento. Aunque la vida ha terminado por sonreirle al fin.

Lonzo Ball y D’Angelo Russell, dos vidas cruzadas.

Lonzo Ball llegó a la NBA sabiendo que, por encima de todo, esta liga se movía por intereses. Fue seleccionado por un pick del draft que venía de romper las ilusiones que tenía el chico que ocupaba su puesto meses atrás. En aquel momento, la sensación era que la proyección que tiene el actual base de los Lakers era muy superior al de los Nets. El prestigio de D’Angelo estaba entre los nombres que trataban de abrir su paracaídas en plena caída libre.

Tras el traspaso de Russell la estrategia viró con la llegada de LeBron. La prioridad ya no es desarrollar el talento joven, sino darle una segunda espada de nivel All-Star a “King James” más allá de Kyle Kuzma. Para los jóvenes como Kuzma, Ingram o Hart podría suponer un auténtico desastre, siendo traspasados a equipos presumiblemente a la deriva y, quizá, desperdiciando su talento durante sus primeros años en la liga.

La narrativa del baloncesto tendrá ese cruce de destinos registrado pase lo que pase con el paso del tiempo con estos dos jugadores. La carrera de Russell, sin embargo, puede avalar su salida. Se ha erigido en líder de los sorprendentes Nets, ha sido All-Star y se ha alejado del entorno viciado que eran y son los Lakers actualmente.

El mar de dudas en Los Lakers

El grupo de jóvenes, que ya se sentían “los hermanos pequeños” de LeBron James, no daban credibilidad a lo que estaba ocurriendo y todos los rumores que comenzaron a caer sobre ellos. En cualquier medio de comunicación deportivo se podría ver la cara de Kyle Kuzma, Lonzo Ball, Bradon Ingram o Josh Hart como posibles jugadores de los Pelicans.

Kyle Kuzma, que fue seleccionado con el pick que los Nets ofrecieron a los Lakers en el traspaso de D’Angelo, conocía de primera mano el funcionamiento de la liga. En su caso ha estado en el lado bueno de la balanza, protegido por los Lakers y mimado como un robo del Draft, aunque consciente de que por muy buen jugador que seas o el peak que se espere que puedas alcanzar en algún momento, todo se podía torcer en minutos. El miedo a ser traspasados cuando el equipo tiene auténtica posibilidades de dar un golpe encima de la mesa ha sido un jarro de agua fría para la química.

La confianza, como se ha visto en Derrick Rose en su regreso al Olimpo, es el pilar fundamental de un deportista, incluso de una persona. Sin confiar en ti mismo y el apoyo de tu círculo más cercano se hace imposible sentirte cómodo y disfrutar de lo que te gusta. ¿Se recuperará la relación, que ya venía enturbiada en un vestuario hecho a imagen y semejanza de LeBron James, sin contar con la opinión de sus jóvenes, tras el fallido traspaso de Anthony Davis? Querer acelerar el proceso por miedo a no entrar en los Playoffs puede convertirse en la sentencia que les deje fuera de ellos.

Jan 15, 2019; Los Angeles, CA, USA; Los Angeles Lakers guard Lonzo Ball (left) celebrate with forward Brandon Ingram (14) during the fourth quarter against the Chicago Bulls at Staples Center. Mandatory Credit: Kelvin Kuo-USA TODAY Sports

¿Merecía la pena romper la armonía que se había forjado contra todo pronóstico en los últimos meses por traer una estrella? El tiempo y la forma de aceptar la importancia que les dan desde las oficinas al young core resolverán la cuestión. Las oportunidades de jugar la postemporada cada vez se reducen más debido a la mayor competencia que ha llegado de la mano de Sacramento Kings o Los Ángeles Clippers. Sin poder dar por muerto a ninguno de los equipos un poco más descolgados de la octava plaza, todos siguen siendo una amenaza que pueden dejar al Rey fuera de su campo de batalla predilecto. Ya es difícil de imaginar ver unas Finales de la NBA sin que LeBron James esté luchando para salir victorioso, pero existe la posibilidad de que no veamos su presencia ni en la primera ronda.

El dominio que han tenido Miami Heat y Cleveland Cavaliers en la Conferencia Este durante los últimos años ha sido una completa pesadilla para todos sus rivales directos. Rivales que a día de hoy viven felices con la guerra entre ellos sin preocuparse de quien les había cortado las alas una y otra vez. El Este prospera y el Oeste sumaba una digno aspirante a ser uno de los ochos triunfadores de la regular season. Pero puede que el Salvaje Oeste sea más fuerte que LeBron y no le deje tener esa paz que llevaba sintiendo prácticamente toda su carrera hasta aventurarse a salir de su zona de confort.

La vieja leyenda de Greg Popovich, los insistentes Timberwolves o los ilusionados Kings han comenzando a despegar los pies de la tierra en la que se encuentran los Lakers. Los texanos, más que fijos en la postemporada desde hace casi dos décadas no quieren cortar su racha aún teniendo que pasar por encima de la súper estrella de la liga que se les ponga por delante. Como ya han realizado en otros años en los que la plantilla, al igual que la actual, no ha sido de las mejores que ha tenido la época dorada de los Spurs. La heroica nunca se puede descartar cuando se encuentra al frente de todo lo que ocurre alguien de la sabiduría del entrenador de San Antonio.

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