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Análisis

Chicago Bulls, sin revolución no hay cambio

Temporada tras temporada, los aficionados de los Bulls, veían cómo su equipo vagaba sin rumbo fijo por la NBA. Moribundos, sin alma y sin un estilo predefinido. Ajenos a toda grandeza pasada que vivieron a finales del Siglo XX y que los llevó a dominar con tiranía bajo el reinado de su majestad Michael Jordan.

Vía GettyImages

Sin revolución no hay cambio. Esta es una idea que flotaba cada año por el United Center. Temporada tras temporada, los aficionados de los Bulls, veían cómo su equipo vagaba sin rumbo fijo por la NBA. Moribundos, sin alma y sin un estilo predefinido. Ajenos a toda grandeza pasada que vivieron a finales del Siglo XX y que los llevó a dominar con tiranía bajo el reinado de su majestad Michael Jordan. Presos de una directiva incompetente y sin idea de proyecto, la situación en el equipo de la ‘Ciudad del Viento’ se hacía insostenible. Como toda revolución, necesitaba sus ingredientes para que esta fuese posible y se llevase a cabo. El primero de todos, un villano carismático. Gar Forman y John Paxson, se convirtieron en la cara visible de los problemas de una franquicia que se había acostumbrado a transitar los caminos de la mediocridad.

Tal fue el odio que se generó hacia Forman y Paxson que, fruto de este, pasaron a ser uno solo. Así fue como surgió #FireGarPax, el símbolo de esta revolución. Dicho lema no tardó en expandirse por la ciudad. Las redes sociales se inundaban de este hashtag a cada decisión que se tomaba desde arriba. Pronto se empezaron a ver murales, pancartas y camisetas. Los tambores de guerra ya avisaban que, con el paso de los partidos, esta olla a presión iba a estallar. Y así ha sido. La gerencia, desde que la rodilla de Rose dijo basta, no supo encontrar un rumbo al equipo. El proyecto Rondo, Butler y Wade fue un intento desesperado de coger aire. Sin embargo, los “jugadores jóvenes y atléticos” no funcionaron y la reconstrucción fue inminente.

El problema es el siguiente. Cuando resulta complejo navegar con el viento de cara, si este se pone en contra, se convierte en tarea imposible. La directiva se vio superada y la reconstrucción se les quedó grande. Un aspecto que se pronunció todavía más cuando le dieron el timón a Jim Boylen, un entrenador que no contó con la confianza del grupo y que no fue para nada del agrado de los aficionados. Todo esto sumado al estancamiento de las piezas más jóvenes y a esa sensación de descontrol que arropaba a toda la franquicia. Algo que, como es lógico, se vio reflejado en los números y las estadísticas. Hubo momentos que hasta dicha situación se tornó cómica, rozando en ocasiones lo dantesco.

La chispa de la revolución

Como suele pasar en estos casos, todo periodo oscuro, tiende a venir acompañado de situaciones esperanzadoras. Y precisamente esta nueva etapa, viene bajo la bandera de la esperanza. Para sorpresa de muchos, los Chicago Bulls, aprovecharon el parón del Covid para limpiar la casa y tirar la basura. El primer paso se tomó con la destitución de Gar Forman, que dejaba los Bulls tras 11 polémicos años al mando de la gerencia de la franquicia. Además, se reubicó a John Paxson, relegándolo a un rol más secundario y alejado de las decisiones importantes.

La revolución, al fin, había triunfado. De esta forma se procede a dar las llaves del United Center a Arturas Karnisovas como vicepresidente a cargo de las operaciones relacionadas al baloncesto y este confió en Marc Eversley como nuevo ‘General Managerde los Chicago Bulls. La idea de Karnisovas, desde el primer momento, fue clara: ventilar el proyecto y dejar entrar el aire fresco. Tras la necesaria oxigenación, la directiva, se veía con la necesidad de revitalizar la situación y empezar a crear unos cimientos en los que poder construir una nueva idea. Con el cambio administrativo ya realizado, el siguiente paso era evidente: elegir al director de la orquesta.

En este aspecto tampoco hubo sorpresas. El lituano decidió prescindir de los servicios de un Jim Boylen y salió a buscar un entrenador con el que comandar sus nuevos Bulls. Sin embargo, los Thunder tras no ampliar su acuerdo con Billy Donovan, dejaban en el mercado una pieza realmente suculenta. Lo cierto es que la opción de Donovan fue realmente coherente. Con él, los Bulls, se hacían con la figura de un líder capaz de reconducir el apartado deportivo. Además, durante su etapa en Oklahoma, demostró tener una gran habilidad a la hora de desarrollar a los más jóvenes y ayudarles en su crecimiento. Un aspecto que se lleva descuidando durante muchos años en Chicago y supone de prioridad elevada.

Así pues, Donovan, se encuentra con una plantilla con un potencial bastante alto, pero con muchos conceptos sin explorar. A priori, no se le exigen resultados en un futuro muy inmediato. Eso sí, se espera que el equipo crezca y se empiece a desarrollar un gen competitivo. El año pasado fueron innumerables las ocasiones en las que, tras dos primeros cuartos malos, el equipo se venía abajo y no mostraban actitud de competición. El núcleo formado por Coby White, unido a Zach LaVine y el ‘rookie’ Patick Williams; todo esto complementado con piezas más que interesantes como Wendell-Carter, Lauri Markkanen, Otto Porter y Thaddeus Young, le otorgan margen para trabajar e intentar sacarles todo el potencial que puedan tener.

Patrick Williams, la primera gran apuesta

Con el entrenador ya decidido, la hoja de ruta ponía rumbo al Draft. Resulta evidente, pero, que se tomase la decisión del entrenador antes que esta, habla bien de una vuelta a la coherencia de la directiva. Así pues, de esta forma, los Bulls se veían ante la posibilidad de elegir al número 4 del Draft. Una posición bastante buena que invitaba a pensar que tenían la posibilidad de elegir uno de los jóvenes más talentosos de esta incierta camada. Y digo incierta porque pocas veces podremos ver un Draft más atípico que el vivido en este 2020. Como no, haciendo honor a tan original año.

Fueron muchos los nombres que sonaron durante estas fechas, incluido un traspaso que involucraba a Wendell-Carter Junior. Sin embargo, los Bulls sorprendieron a propios y a extraños haciéndose con los talentos de Patrick Williams. Un jugador con un molde de ensueño y con un techo bastante alto. Eso sí, con muchas dudas en cuanto a presente. Unas incertidumbres que, poco a poco, se está encargando de despejar. Williams, en este inicio, está demostrando ser un jugador con un suelo más alto del que se esperaba y está siendo bastante sólido en ambos lados de la cancha.

La apuesta es arriesgada, de eso no cabe duda. Billy Donovan tiene en sus manos un prototipo de jugador muy interesante que deberá explotar todo su potencial. El ‘9’ de Chicago ha dejado claro que cuenta con una gran personalidad y no ha dudado en emparejarse con los mejores jugadores con tan solo 19 años. Es más, LeBron James no dudó en alabar su personalidad y dejó claro que resultó de su agrado en la visita que hicieron los Bulls a la ciudad de Los Angeles. Todo esto se debe a su capacidad defensiva, un aspecto en el que hay mucho potencial y ha sorprendido con su madurez en ataque.

LaVine y Coby, un ‘backcourt‘ de futuro

Zach LaVine y Coby White, muy posiblemente, sean los dos jugadores más talentosos que disponga en estos momentos Chicago. Los dos tienen una tremenda capacidad para anotar y son una verdadera amenaza exterior. El arranque de la temporada, para bien y para mal, ha confirmado cómo estos dos se desenvuelven juntos. Pese a esto, la salida de Dunn, abre un nuevo problema a los Bulls. Puesto que, sin él, los de Chicago pierden a un especialista defensivo y a un jugador capaz de crear juego para sus compañeros.

Zach LaVine ha empezado el curso a un ritmo altísimo, digno de un All-Star. El nivel de confianza que tiene es enorme y lidera la ofensiva de los Chicago Bulls de manera clara. El ‘8’ de los Bulls, de cara a potenciar sus virtudes, necesita que Coby White de un paso adelante en las labores de generar juego para los demás. Esta es una faceta que ha asumido con anterioridad el escolta de los Bulls, pero nunca ha estado entre sus grandes virtudes. Con un LaVine más centrado en la ejecución de las jugadas, se podría ver un salto de nivel bastante importante. Sin embargo, Coby White, no termina de convencer como ‘playmaker’. Un papel en el que deberá crecer de cara a su coexistencia con Zach. Eso sí, es más que evidente que Coby White es un talento excepcional con una gran capacidad para desequilibrar y una habilidad innata para obtener puntos.

Zach LaVine promedia este año: 28.3 puntos, 49.8% en TC, 4.8 asistencias y 4.9 rebotes.

NBA.com stats a día 17/01/2020

Otro factor a tener en cuenta es su compatibilidad defensiva. Posiblemente este sea el mayor problema al que se pueden enfrentar estos dos jugadores. LaVine, defensivamente, siempre ha sido un jugador que ha dejado mucho que desear. Se espera en él una mayor implicación, pero es un hecho que en el otro lado de la cancha su aportación es mínima. Con Coby White pasa un poco lo mismo, carece de cualidades para convertirse en un gran defensor, pero se espera que crezca en este apartado. Cuando el base de North Carolina se encuentra en pista, el equipo rival obtiene ‘offensive rating’ de 118.6 por cada 100 posesiones. Lo cierto es que, actualmente, tiene mucho que pulir en la tarea defensiva y hay muchos conceptos que están muy verdes. Algo normal teniendo en cuenta que se trata de un jugador de segundo año al que se le ha dado la responsabilidad de dirigir a toda una la franquicia.

Decisiones y dudas

Los Chicago Bulls afrontan esta temporada con la intención de crecer y acercarse cada vez más al objetivo de entrar en Playoffs. El núcleo joven y el desarrollo de este, jugarán un papel importante de cara a que esto sea posible. Hay que destacar que este año cuentan con la figura del veterano Garrett Temple que, junto con Thaddeus Young, deberán ejercer de líderes del rebaño y ayudar a los jóvenes en su desarrollo. Esta mezcla de juventud y veteranía se presenta como una mezcla bastante atractiva y fundamental de cara a la conexión del proyecto.

Otro objetivo de la franquicia es tomar decisiones de cara al año que viene. La primer a de todas es la convivencia entre Markkanen y Wendell-Carter Junior. Los dos jóvenes interiores de los Bulls han dejado muchas dudas como pareja en la pintura y no ha terminado de funcionar dicha dupla. Lauri Markkanen, muy posiblemente, está viviendo sus peores momentos desde que llegó a la NBA y el año pasado tuvo una campaña para olvidar. Además, a esto hay que sumarle que rechazó la oferta de extensión de contrato y el año que viene será agente libre con restricciones. Un hecho que le obliga a sacar su mejor nivel si quiere conseguir un buen contrato que le asegure futuro en la NBA. Lo cierto es que, talento, tiene. Donovan deberá buscarle un sitio en el sistema en el que se sienta involucrado y, por parte de Markkanen, se espera una mayor agresividad de cara al aro. Un aspecto que lleva descuidando y ha venido acompañado de una bajada en acierto desde la línea de tres puntos.

El otro gran agente libre del próximo verano es Otto Porter Jr. La anterior directiva confió en el joven alero y se hicieron con sus servicios en un traspaso que lo sacó de los Washington Wizards. En cuanto a su aportación desde su llegada, poco que destacar. Las lesiones han castigado a un jugador que no ha gozado de la continuidad necesaria como para sacar conclusiones claras sobre su papel en el equipo. Este año, una vez más, está arrastrando problemas físicos en estos primeros partidos y la muestra sigue siendo demasiado pequeña como para poder interpretarla. Su contrato es bastante elevado, puesto que el propio jugador deberá aumentar el nivel de cara a buscar un bueno próximo acuerdo.

Aprender a ganar

Desde que el mes de diciembre empezó la NBA, los Bulls dieron paso a su nuevo proyecto. Lo cierto es que han dejado sensaciones positivas y han demostrado que pueden competir contra grandes equipos. Zach LaVine va rumbo a convertirse por primera vez en All-Star de la NBA y está dando todo cada noche para llevar a su equipo a la victoria. Sin embargo, los Bulls, están demostrando tener poca capacidad a la hora de cerrar los encuentros, algo característico de los equipos jóvenes, pero que no deja de ser frustrante y perjudicial para la moral de la plantilla. El propio LaVine, tras la derrota en Oklahoma, destacó esto y dejó patente su malestar por la ventaja perdida y la consecuente derrota.

Zach LaVine: “Tenemos que aprender a ganar un partido de baloncesto”.

Declaraciones tras la derrota en Oklahoma para NBCSBulls.

El primer paso de la revolución ha sido tomado. Pese a esto, sigue quedando mucho trabajo por delante. Pensar en unos Bulls ganadores en un plazo inmediato sería autoengañarse, actualmente no hay nivel y mucho menos medios para ello. Eso sí, se le debe exigir al equipo la búsqueda de un estilo que ayude a desarrollar una comunidad competitiva y con ganas de continuar creciendo. Además, resultará esencial tomar buenas decisiones en las postemporadas y no regalar contratos que carezcan de sentido. La revolución de los Bulls ya está en marcha, solo queda por ver si esta se asienta y consigue salir adelante.  

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Agosto 2020 | 100 páginas

Un espectáculo mundial, universal. Los Harlem Globetrotters fueron durante décadas la versión recreativa más apasionante de nuestro deporte. Una cumbre popular que ha decaído en los últimos años. Nos acercamos a un fenómeno que parece, nunca volverá a ser como antes.

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