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Perfiles NBA

Manu Ginóbili, el superhéroe improbable

Sin lugar a dudas, la inclusión del argentino en el Hall Of Fame ha sido una de las noticias del año. Un reconocimiento extremadamente merecido para un jugador universal,

El pasado diez de septiembre se rubricó la entrada de Manu Ginóbili en el Salón de la Fama con la ceremonia de entrada, en la que coincidió con su compañero durante más de quince años Tim Duncan. El escolta, reconocido de forma unánime como el mejor jugador de la historia de Argentina, merece un repaso a su trayectoria como baloncestista, cinco años después de su retiro (el primero en el que era elegible para el Hall of Fame).

 El escolta de Bahía Blanca, con ya cuarenta y cinco años a sus espaldas, ha sido un ejemplo de profesionalidad y trabajo duro durante toda su trayectoria, cuyo inicio se remonta a 1995, cuando debutó con el Andino Sport Club. Tras él, saltó al equipo de su ciudad, Estudiantes de Bahía Blanca, donde jugó hasta 1998. En esas tres temporadas en su país natal, recolectó el premio a mejor novato de la liga y el de jugador con mayor progresión justo antes de cruzar cambiar de continente para comenzar su andadura en la LEGA italiana.

 Su debut en el país transalpino fue en Reggio Calabria, donde militó dos temporadas. En esa etapa fue elegido por San Antonio Spurs en el Draft de la NBA de 1999 en el número 57, es decir el cuarto “por la cola”, lo que le hizo decidirse por continuar un par de temporadas más en Italia, pero en la poderosa Kinder Bolonia. Allí, el exterior de 1’98 comenzó a labrar su leyenda.

Entre el 2000 y el 2002 Ginóbili sumó a su palmarés dos MVPs de la liga italiana, uno de la Coppa, el MVP de la final de la Euroliga y una triple corona en la temporada 2000/2001, al hacerse con LEGA, Coppa y Euroliga. En su segunda temporada, fue subcampeón de Europa, sin lograr revalidar el título, algo que tampoco sucedió con la liga doméstica, por lo que el argentino optó por volver a cruzar el charco, esta vez dirección NBA.

 En 2002, después de un histórico Mundial en el que la ‘albiceleste’ se hizo con el segundo puesto, comenzó su andadura en la mejor liga del mundo. El arranque no fue el ideal; lesionado en la primera parte de la temporada y difícil adaptación, pero ‘Manudona’ siempre se ha sobrepuesto a los problemas, y consiguió el premio al rookie del mes en marzo y segundo mejor quinteto de novatos al acabar el curso en el que consiguió su primer anillo. Llegar y besar el santo, además de terminar la temporada siendo importante en la rotación.

Esa complejidad para acostumbrarse al baloncesto americano fue a mejor a partir de esa famosa conversación con Popovich, entrenador de los Spurs durante toda la etapa de Manu en Estados Unidos. El coach no entendía cosas que el argentino tenía impregnadas del baloncesto FIBA; colocación, toma de decisiones… Además de que Ginóbili estaba acostumbrado a ser estrella en sus equipos. Tim Duncan decía que ‘Pop’ no tenía un molde para él en su perfecto esquema. Cuando el entrenador le preguntó por qué hacía ciertas cosas que en su baloncesto no encajaban, el de Bahía Blanca contestó: “Soy Manu y esto es lo que hago”. A ojos del público, el inicio del Ginóbili sin escrúpulos, el que tenía vía libre para ejecutar y convertirse en el mejor sexto hombre de la historia de la NBA.

 Después vinieron otras quince temporadas plagadas de éxitos. Campeón de la NBA tres veces más; en 2005 (en el que se quedó a un voto de ser el MVP de las Finales), 2007 y 2014. Dos All-Star en 2005 y 2011, incluido en el mejor quinteto de la liga en 2008 y 2011, año en que quedó octavo en la carrera por el MVP de la temporada. Para acabar con los méritos individuales: dos veces ganador del premio Olimpia como mejor deportista argentino del año, mejor quinteto en los mundiales 2002 y 2006, así como en los Juegos Olímpicos 2004 donde también obtuvo el MVP del torneo. Y por supuesto ese distintivo premio al mejor sexto hombre de la temporada en 2008, trofeo que define a la perfección la carrera de un jugador que extraoficialmente era titular, pero salía desde el banquillo.

 Pero Ginóbili siempre se ha caracterizado por ser un ganador, alguien que siempre buscaba potenciar a su equipo. Popovich dijo que era un jugador tan intenso, que debía dosificarlo en lapsos de 6-7 minutos para que llegara al final del partido. Ser el jugador con más balones robados de la historia de la franquicia tejana puede ayudar a entender dicha cita. Además de Manu y ‘Pop’, en San Antonio se han hartado de ganar gracias a otras dos icónicas figuras como Tim Duncan y Tony Parker.

 Cuatro anillos para el argentino y el francés y cinco para Duncan. Es el trío que más partidos ha jugado juntos en la historia de la NBA. Los tres han alcanzado los mil partidos en la NBA y otros doscientos en playoffs. Datos escalofriantes que hacen de ellos historia de la liga. Camisetas con los dorsales ‘20’, ‘21’ y ‘9’ (Ginóbili, Duncan, Parker) cuelgan en el techo del AT&T Center.

 El impacto del escolta en Estados Unidos ha sido espectacular, pero mayores han sido las hazañas logradas por la generación dorada argentina. Con compañeros del calibre de Scola, Nocioni, Prigioni, Oberto… la escuadra sudamericana ha logrado en el FIBA Américas dos oros (2001 y 2011), una plata (2003) y un bronce (1999), una plata en el Mundial de 2002, bronce en las olimpiadas de 2008, además de un bronce (2004) y un oro (2008) en los ya extintos torneos de Diamond Ball.

 No podía faltar la mención a aquel oro olímpico en Atenas 2004. El único país aún vigente que ha derrocado a EEUU en dicho torneo, así como el único en conseguir un oro. Ginóbili fue MVP del torneo y, junto a Jordan, Pippen y LeBron, uno de los miembros del selectísimo club de ganar NBA y JJOO la misma temporada. Uno de los triunfos más memorables de la historia del baloncesto, e incluso del deporte. Pau Gasol apelaba al patriotismo al definir a Manu: “Ginóbili es de esos que te hace amar ser argentino, español o del país que él sea”. Imagino que esa sensación crecerá varios niveles tras ganar un oro olímpico.

 El perfil de jugador de Ginóbili no se puede encajar en un molde. Ha sido un exterior muy atlético, con una gran capacidad para penetrar y finalizar cerca del aro, ya sea mediante un mate o con calidad por encima del protector de aro, una cantidad de recursos muy variada y certera en ese rango de tiro. Un escolta con gran manejo de balón pese a su tamaño, lo que le permitió poco a poco trasladar a la NBA esa autonomía a la hora de anotar que tuvo en Europa, algo en lo que tuvo que ver su gran mejora en los lanzamientos de tres puntos.

 Un defensor inteligente y un pasador de élite; Tim Duncan siempre ha elogiado su grandísimo IQ baloncestístico. Pero al final, pese a todos los esfuerzos de ‘Manudona’ para dominar varios registros, siempre quedará en la mente de sus aficionados ese impoluto eurostep que popularizó en Estados Unidos y que ahora tanto vemos a Harden o Antetokounmpo. Quizá ahora sea más común, a la par que efectivo, pero nunca veremos a alguien hacerlo con tanta elegancia.

 Solo fue titular asiduo en tres temporadas, pero eso no impidió al astro argentino firmar una marca personal de 48 tantos anotados en una noche y dejar su mejor año en puntos por partido en 19’5. Su promedio de carrera es de 13’3 puntos y logró encadenar doce campañas con más de diez tantos por encuentro. Más de veinticinco minutos de promedio durante su carrera, así como 3’5 rebotes y 3’8 asistencias con unos porcentajes de 44% en tiros de campo, 37% en triples y 82% en tiros libres ensalzan la regularidad de Ginóbili durante su longeva estancia en la mejor liga del mundo.

 Estos números le han servido para confirmarse como uno de los mejores escoltas de la historia de la liga, así como el mejor que ha visto su país. De forma indiscutible el mejor sexto hombre que ha pasado por la NBA, como ya hemos dicho. Pero también, e incluso con menor atisbo de duda, el mayor robo de la historia del Draft. Es casi impensable que un pick 57 se retire con un palmarés de este calibre a sus espaldas.

 Su trayectoria ha recogido elogios de innumerables superestrellas del baloncesto; Palabras textuales de Stephen Curry: “Siempre tiene un botón creativo que puede apretar para intentar algo más. Parece que nunca envejece. Es muy especial verlo.” Magic Johnson lo define como uno de los jugadores más imparables de la historia. Messi dijo que deberían llamarle a él el Manu del fútbol y no al revés.

 LeBron ha expresado públicamente más de una vez sus ganas de haberlo tenido como compañero. Durant lo definió como un sexto jugador titular y Rodman como uno de los mejores extranjeros de la NBA. Paul Pierce y James Harden son dos de los mayores fans de Ginóbili. El primero cree que es “el mejor” y su “fichaje ideal”, mientras que el segundo lo coloca por encima de él mismo como mejor zurdo de la historia.

En unas emotivas declaraciones en su ceremonia de ingreso al Hall of Fame, el de Bahía Blanca recalcó que los reconocimientos individuales daban igual en su nombramiento, él está en el Salón de la Fama “por ser parte del mejor equipo de los 2000”. Ginóbili no paró de agradecer a toda la gente que ha sido parte del proceso: entrenadores, especialmente Popovich, compañeros como Duncan, el ambiente del vestuario ‘Spur’, familiares… Y también otorgó mucha importancia a los equipos en los que tuvo menos éxito, por servir como motivación y aprendizaje hasta llegar a la leyenda en que se convirtió.

 Está a punto de comenzar la quinta temporada sin Manu como jugador de la NBA. Ahora ayuda a su maestro y mentor ‘Coach Pop’ en el banquillo de San Antonio, donde veremos si en un futuro es entrenador jefe. Su inclusión en el ‘HOF’ ha permitido al mundo del baloncesto volver a hacer hincapié en un jugador que nunca debe ser olvidado. Pieza de incalculable valor en los mejores Spurs de la historia y la mejor selección argentina de la historia. Algo debió hacer bien para formar parte de ambos de forma asidua y para hacernos disfrutar de esa manera con sus acciones individuales, pero sobre todo con las victorias de sus equipos.

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