Doble campeón de la Liga ACB con el Real Madrid. Campeón de la Copa del Rey y de la Recopa de Europa también con el conjunto blanco. Brian Jackson se retiró profesionalmente con este palmarés, pero la huella que dejó en España va mucho más allá de estos títulos. El californiano entró en la historia del baloncesto español a mediados de los años 80 y principios de los 90, y a día de hoy sigue instalado en la parte alta de las estadísticas históricas del campeonato liguero, con un registro anotador que sólo algunos elegidos podrán superar con el paso de los años.

Los aficionados más jóvenes al deporte de la canasta no conocerán demasiado sobre Brian Jackson, pero este jugador estadounidense fue uno de los mejores anotadores que han pasado por la Liga ACB, y ocupa el tercer lugar en el ránking histórico, sumando un total de 8.651 puntos, sólo superado por Alberto Herreros y Jordi Villacampa. Además, Jackson alcanzó esta cifra solamente en 392 partidos, lo que le convierte en el segundo jugador con mejor promedio de puntos por partido, con un total de 22,07.

Nacido en 1959 en Los Ángeles, una de las ciudades con mayor tradición baloncestística de Estados Unidos, Brian Ralph Jackson estaba predestinado para jugar al baloncesto. Sin embargo, no fue en el Estado californiano donde comenzó a desarrollarse como jugador, sino que fue en Salt Lake City, y más concretamente en la Universidad de Utah donde comenzó a jugar al baloncesto en la temporada 1980/1981. A finales de esa temporada fue elegido en el draft de la NBA en la 26ª posición de la segunda ronda, y la franquicia de Oregon no mostró demasiado interés en contar con sus servicios.

Jackson decidió entonces dar el salto a Europa, donde recala en primer lugar en las filas del Cotonificio de Badalona. El conjunto catalán había llegado a las semifinales de la Copa Korac cuatro años atrás y se encontraba entre los conjuntos más destacados del campeonato liguero español. Sin embargo, su paso por el cuadro barcelonés sólo duró un año y Brian Jackson decidió viajar hasta Italia para jugar en el Carrera Venecia. Pese a haber demostrado con anterioridad sus virtudes como baloncestista, fue en el equipo italiano donde comenzó a brillar, finalizando el campeonato transalpino como máximo anotador.

Esta gran temporada en el cuadro veneciano le colocó en la órbita de los grandes equipos del continente, pero fue el Real Madrid el que consiguió hacerse con sus servicios. En el club blanco logró conquistar los trofeos citados anteriormente, los únicos títulos que figuran en su palmarés a nivel colectivo. Sólo dos años estuvo en la capital de España hasta que decidió de nuevo hacer las maletas rumbo a Italia, esta vez para formar parte del Segafredo Gorizia, de la segunda división. Jackson se convirtió rápidamente en uno de los jugadores más destacados del equipo, pero él quería competir al máximo nivel y eligió volver a España para enrolarse en las filas del Magia Huesca.

Una gran carrera en ACB

Fue en el conjunto aragonés donde más años estuvo durante toda su trayectoria profesional, además de vivir sus mejores años como jugador de baloncesto en tierras oscenses. Allí formó una pareja de ensueño junto a Granger Hall, y ambos ofrecieron espectáculo en cada partido y se convirtieron en dos de los mejores jugadores extranjeros que han pasado por las canchas de baloncesto españolas desde que se compite profesionalmente en el deporte de la canasta. Pese a no conseguir ningún título, Jackson logró situarse en la élite del baloncesto nacional y comenzó a escribir con una tinta indeleble su nombre entre los mejores anotadores de la Liga ACB.

Tras seis temporadas en Huesca, Brian Jackson firmó su último contrato con el Caja San Fernando, equipo en el que jugó hasta 1995 y donde puso punto y final a su carrera deportiva. Una trayectoria deportiva sin demasiados títulos pero con un reconocimiento europeo como uno de los mejores tiradores y anotadores que han jugado a este deporte.

El mormón Brian Jackson dejó una huella imborrable en el baloncesto español. Su principal virtud sobre la cancha es que jugaba de manera sencilla, sin complicarse la vida lo más mínimo. En la mayória de las ocasiones, este alero norteamericano sólo necesitaba una finta de salida para ganarle unos centímetros a su defensor, logrando así un espacio más que suficiente para armar su tiro. Casi nunca necesitaba más de uno o dos botes para poder levantarse con un mínimo de espacio y encestar, convirtiéndose así en un jugador muy inteligente, al que además le gustaba la responsabilidad del último tiro.