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La foto del Maccabi de Tel Aviv que abre esta artículo es de hace dos temporadas, pero pasando el inapelable filtro del momento presente la sensación es que aquella escena de campeones queda ya muy lejana. Como dijo el poeta Alberti “cualquier tiempo pasado fue mejor” y en esa máxima anda inmerso el conjunto hebreo que ha perdido el paso con respecto a las potencias europeas.

La realidad es que el triunfo en la Final Four de Milán con Rice y David Blatt a los mandos fue un momento de oasis y éxito que no puede tapar la falta de pujanza de los israelíes en el panorama europeo en los últimos años. A pesar de su sorprendete conquista ante el Real Madrid, la sensación es que el poder económico instalado en Rusía y Turquía ha dejado a los ‘amarillos’ a merced de su ojo clínico para descubrir talentos o intuir el potencial de jugadores de formación estadounidense.

Los tiempos en los que el Maccabi se permitía reclutar a figuras europeas de primer orden como Sarunas Jasikivecius han quedado atrás debido a la política de contención económica. Nada irremediable de no ser porque se produce en plena era post David Blatt, cuya marcha está dejando un poso de melancolía y dudas que se han saldado con el bochorno de la eliminación prematura de la Euroliga. La Eurocup sabe a poco, no sirve como consuelo y para colmo augura un buen montante de pérdidas económicas.

La fallida apuesta de Guy Goodes y el reto de Zan Tabak

La herencia que dejaba el ya ex entrenador de los Cleveland Cavaliers ha sido un regalo envenenado puesto que dirigir al mítico equipo hebreo es un deseo anhelado por muchos entrenadores del continente, pero llegar al banquillo del Maccabi también implica ponerse a las órdenes de su excéntrico propietario Simon Mizrahi y de una apasionada afición que no tolera el fracaso como compañero de viaje.

En esta situación el reto para el defenestrado Guy Goodes nunca fue sencillo, a pesar de su completo conocimiento de todos los recovecos de la casa de la Mano de Elías. La temporada pasada llevó a su equipo al Top 8, donde fueron finiquitados por la vía rápida por un implacable Fenerbahçe, algo que entraba dentro de la lógica. Pero lo que nadie esperaba fue la eliminación en semifinales de Liga frente Hapoel Eilat, factor pista a favor incluido. Un ridículo histórico para el equipo que ha monopolizado durante décadas todas las competiciones nacionales y un preámbulo de lo que estaría por llegar.

Aquel fracaso acabó por convertirse en la antesala de lo que sería el arranque de la actual temporada. La mano de Guy Goodes no fue capaz de mejorar a un conjunto que en la Fase Regular de la Euroliga caía por hasta 31 puntos frente al CSKA, en una de las mayores vergüenzas de su historia, y por 11 en Málaga. El teatro final frente al Dogus Darussafaka, ya con Zan Tabak al frente de la nave, sirvió para llevarse un pasaporte directo a la segunda competición europea.

El futuro no sólo aguarda más sombras y dudas. La aparición en escena de la perla croata Dragan Bender es el rayo de esperanza al que el Maccabi se puede agarrar, con permiso de la NBA, para edificar un equipo que vuelva a tener las máximas garantías a nivel europeo. Con tan sólo 17 años está llamado a ser la referencia de su equipo e ingresar en la historia del club maccabeo.

De momento ganar la Eurocup por primera vez ayudaría a curar heridas y sembrar las semillas de una reconstrucción que no se presume sencilla a tenor de la pujanza de la Europa del Este y de los transatlánticos de Real Madrid y Barça.