Jimi Hendrix era un virtuoso. Era un músico que se adelantó a su tiempo consiguiendo revolucionar el sonido de la guitarra tal y como se entendía hasta entonces. Su estilo sigue siendo referencia con el paso de las generaciones, con un sonido que sigue sonando actual incluso casi medio siglo después de su desgraciada muerte.

Quién sabe hasta dónde habría llegado si hoy siguiese vivo, cuando el cielo ya estuvo al alcance de su mano. Pero eso es algo que ya nunca sabremos.

Es la misma pregunta que sobrevuela la carrera de Grant Hill. ¿Dónde habría llegado de no ser por las lesiones?

Los aficionados a Detroit vivieron una época inolvidable a finales de los 80, consiguiendo dos anillos y convirtiéndose en un equipo de la élite de la NBA. Motor City disfrutó de un equipo, los Bad Boys, que contaba con jugadores como Isiah Thomas, Dumars, Aguirre, Laimbeer, Mahorn, Vinnie Johnson… y un entrenador histórico: Chuck Daly. Cuando uno ve a su equipo tocar el cielo es muy complicado volver a poner los pies en el suelo. Eso mismo pasó en Detroit. El equipo tuvo que rendirse al nuevo rey de la NBA, Michael Jordan y ver como, poco a poco, el tiempo castigaba a aquellos maravillosos jugadores. 

Detroit no pasó por años fáciles. Los Bad Boys habían marcado la ciudad y los aficionados esperaban a un nuevo mesías que les hiciese soñar con tocar el cielo de nuevo. 

Machine Gun

Draft de 1994. Detroit posee el número 3. Glenn Robinson sale elegido el número 1 y Jason Kidd el 2. Detroit se hace con Grant Hill. No parecían destinados a acabar juntos. Una ciudad que venia de adorar a un equipo llamado los Bad Boys se hacía con los servicios de un jugador que no representaba para nada aquella filosofía. 

Hill nació acostumbrado a estar rodeado por la élite. Su madre licenciada en Wellsesly compartió habitación con la candidata a la presidencia de los EE.UU. Hillary Clinton, y su padre, licenciado en Yale, fue running back en la NFL. Grant se graduó en Duke en Historia y Ciencias Políticas y tuvo tiempo para disputar tres finales de la NCAA, llevándose dos títulos. 

Podríamos pensar que tuvo una vida fácil, pero Grant Hill nunca quiso sacar ventaja de su situación. En octavo grado su padre acudió a la escuela para dar una charla. Hill fingió estar enfermo y así no tener que acudir. Siempre quiso ganarse el respeto por él, mismo sin que se tuviera en cuenta quiénes eran sus padres. 

Su padre siempre dijo que su hijo cree demasiado en la jerarquía. “Quizás demasiado. Duda a la hora de hacerse notar o ser percibido como mejor que los demás. Llegó un momento que me di cuenta de que era mejor que los demás”.

Hear my train A comin’

Su llegada a la NBA supuso una esperanza para los aficionados a Detroit. Grant Hill no encarnaba la figura de un Bad Boy. Era un chico bueno. Fuera y dentro de la pista. 

En aquella época la franquicia de Michigan buscaba reinventarse. Los Bad Boys habían creado una marca reconocible y exitosa pero corrían nuevos tiempos y los Pistons necesitaban pasar página. Un nuevo logotipo y unos nuevos colores (turquesa y granate) no conseguirían que los aficionados se volvieran a ilusionar. Ni siquiera con la llegada de Hill. 

Grant Hill

Foto: USA Today

Firmó un contrato de ocho años y 45 millones de dólares, además de un acuerdo con Fila que le reportó otros seis millones al año. Una de las anécdotas de aquel acuerdo con la firma italiana tiene que ver con Tupac Shakur, que aparecía en la promoción de su disco All eyez on me luciendo unas Fila Grant Hill. 

Su llegada a Detroit se produjo cuando Hill estaba en plenitud de facultades físicas. Su primer paso, que dice haber aprendido gracias al soccer, era imparable. Verle jugar era un espectáculo. Su dominio no se reducía a la anotación. Era un jugador de 2’03 metros capaz de rebotear, asistir, correr, machacar… Finalizó la temporada rookie con 19’9 puntos y 5 asistencias por partido.

Su impacto fue mayor del que nadie podía imaginar. En su primer año en la NBA lideró la votación para el All-Star. En el segundo, el año en el que había vuelto Michael Jordan, volvió a conseguirlo.

Sus primeras seis temporadas están al mismo nivel que los más grandes. Cinco jugadores en la historia han promediado al menos 20 puntos, 5 asistencias y 5 rebotes en sus primeras seis temporadas: Oscar Robertson, Jerry West, Larry Bird, Michael Jordan y LeBron James. El sexto es Grant Hill

Detroit consiguió entrar en Playoffs, pero no tenía equipo para competir. En sus 6 temporadas en Michigan, los Pistons jugarían 4 veces los Playoffs, sin superar en ninguna ocasión la primera ronda. Hill se ganó la fama de un jugador total. En la pista no provocaba incidentes y aportaba highlights. Fuera de la pista no bebía, no se drogaba, no salía de fiesta. Era un good guy

La NBA necesitaba un jugador así en una época en la que no eran extraños los incidentes fuera de la pista. Pero a pesar de esto en Detroit nunca llegaron a quererle del todo. Era demasiado bueno a los ojos de unos aficionados que habían disfrutado y aplaudido cada victoria (y cada pelea) de los Bad Boys. A pesar de no ganarse el cariño de la afición si obtuvo el respeto de los aficionados que tuvieron que vivir tiempos difíciles. 

En la temporada 99-00 Detroit entró en Playoffs gracias a un Grant Hill que promedió 25’8 puntos 6’6 rebotes y 5’2 asistencias por partido. 

Mr. Bad Luck

El tobillo. Una lesión que, en principio no parece grave, nos impidió disfrutar de Grant Hill. Cuando se produjo aquella lesión estaba en lo mas alto de su carrera. El mismo dice que “el baloncesto se había vuelto fácil para mi. Comenzaba a entender el juego mucho mejor. Cuando llegué a la liga mi actitud era la de machacar encima de todos. Con los años fui descubriendo como jugar.”

En aquella época era uno de los mejores jugadores de la NBA y parecía que se iba a convertir en uno de los mejores de la historia, pero Grant Hill nunca pudo alcanzar su techo. En el momento de la lesión contaba con 27 años y según el mismo reconoce “veía que en los cuatro o cinco siguientes años iba a marcar una época”.

En el segundo partido de Playoffs frente a Miami Heat, Grant Hill se rompía el tobillo. Muchos critican que nunca debería haber jugado aquellas series y que si lo hizo fue para demostrar lo duro que eraAl finalizar aquella temporada, Grant Hill, se convertiría en agente libre y eso hizo que muchos dudaran de la severidad de su lesión. En un partido televisado por la NBC frente a los Sixers el jugador decidió no jugar debido a los dolores. Se decía que era una forma de protegerse para la agencia libre. “En ningún momento hice nada que contradijese las órdenes del equipo o del staff médico”.

En la temporada 2000 firmó un contrato con los Orlando Magic por 4 años y 92 millones de dolares. En cuatro temporadas disputó, tan solo, 57 partidos. 

El tratamiento al que fue sometido no fue el mejor para recuperar su tobillo. Hill reconoce que jugó muchos partidos con dolor que intentaba paliar con medicación. “Me las arreglaba para jugar. Y lo hacía bien, pero hubo entrenamientos que no pude realizar por estar con tratamientos“.

“Me decían que todo estaba bien, pero a mí me seguía doliendo. Algunos doctores del equipo llegaron a cuestionar que fuese una lesión real y pensaban que era blando. Cuando me confirmaron que mi tobillo estaba roto fue, de alguna manera, un alivio para mi ya que al final se demostraba que era una lesión real y que no estaba fingiendo”.

Detroit Pistons y tobillo son palabras que están asociadas a una de las mejores actuaciones de la historia en Playoffs. La protagonizó Isiah Thomas que, lesionado en su tobillo, fue capaz de firmar 25 tantos en un cuarto en las finales de 1988 frente a los Lakers. A Grant Hill le estaban pidiendo lo mismo y el tratamiento y diagnostico de su lesión acabó con su juego. 

La carrera de Hill se prolongaría 19 años en los que jugaría para Detroit, Orlando, Phoenix y Clippers y se retiraría como un enorme jugador del que nunca pudimos conocer su límite. 

Remember

Al igual que Hendrix, Hill vio cortada su progresión repentinamente y, como nos pasa con Hendrix, nunca podremos saber hasta donde podría haber llegado. Nos tendremos que conformar con imaginarlo y disfrutar de la gran cantidad de momentos únicos que nos dejaron. 

Dos veces campeón de la NCAA, rookie del año, siete veces All-Star siendo el primer rookie que lideró las votaciones, oro olímpico en Atlanta ’96… Grant Hill fue uno de los primeros jugadores en ser etiquetado como el ‘próximo Jordan’ y, aún sabiendo lo difícil que era igualar al 23, su carrera iba camino de convertirse en la de un jugador histórico.  

No dudemos que su nombre estará en el Hall of Fame a pesar de que en sus 19 temporadas en la NBA solo pudo estar al máximo nivel en cinco de ellas, pero el nivel que demostró durante estas fue increíble. No está de más recordar que se entra por méritos baloncestísticos más allá de lo conseguido en la NBA, y Hill tiene dos títulos universitarios con Duke, siete apariciones en All-Star y, como no podía ser de otra manera, tres premios a la deportividad en la NBA

Y no podemos dejar pasar sus maravillosos anuncios. El lockout de 1998 tuvo algo bueno y fue la cantidad de grandes anuncios que se han convertido en clásicos. Con un lema bastante directo como “Image is nothing. Thirsty is everything”, Hill rodó una serie de spots (la mayoría dirigidos por Mark Pellington) disruptivos para la publicidad de entonces. 

Algunos de los jugadores que le acompañaban eran Tim Duncan y Bill Laimbeer, que intentaban enseñarle cómo ser duro en un anuncio de Fila. 

“Creo que una de las cosas de las que estoy más orgulloso fue mi vuelta en 2003. Muchos doctores me decían que estaba acabado y fui capaz de jugar otros 10 años”.