Chavano Rainer Hield estaba destinado, como tantos otros caribeños y varios de sus siete hermanos y hermanas, a las pistas de atletismo. En West Grand Bahama, donde creció, solía correr medias distancias, pero cuando empezó a contar dobles dígitos de edad, algo cambió en él. El gusanillo de la pelota naranja y el aro empezó a gestar en su interior, y con 11 años decidió que prefería el parqué (primero sin, y después con tilde) a la pista ovalada.

Al principio, en Bahamas, nadie creía en él. No era demasiado alto, y las posibilidades de llegar lejos en el baloncesto eran mucho menores para él que en el atletismo. Constantemente le repetían que correr era su mejor opción para llegar a ser alguien, para “salir de la isla” y llegar al éxito. Pero Buddy siempre ha sido un cabezón. Él quería jugar a baloncesto, estaba enganchado, y su referente, su madre, siempre lo apoyó.

Jackie Swann, orgullosa madre de siete hermanos, se divorció de Vincent Hield cuando Buddy tenía 11 años. Estaba en plena eclosión de pasión baloncestística, y se las tuvo que apañar para poder entrenar cuando se mudó a casa de su abuela, donde dormía en la misma habitación que sus seis hermanos. Junto al mayor, construyó una canasta casera,para poder jugar cuando no podía ir a las canchas de los parques, donde pasaba horas y horas hasta que oscurecía.

 Chavano empezó a ser Buddy casi desde la cuna, cuando alguien dijo que se parecía a un personaje de la televisión americana llamado Bud, aunque luego le aplicaran el derivativo cariñoso para diferenciarlo de un camello de su barrio que falleció siendo conocido por el mismo apelativo. Y es que Buddy creció en un barrio pobre, rodeado de problemas. Pero, como uno de sus hermanos comentaba, nadie de esa familia sabe cómo es una celda por dentro. Swann supo llevar a los siete hermanos por el buen camino, y Hield lo sabe y se lo agradece cada día.

Con 14 años, Buddy entrenaba sin parar. Estaba horas y horas en las pistas de baloncesto de Grand Bahama, y uno de esos días coincidió con un evento de captación de talentos del baloncesto. Ni siquiera participaba, solamente estaba ahí, como siempre, jugando con quien se prestara y haciendo lo que más le gustaba. Era magnético, y eso llamó la atención de Kyle Lindsted, el entrenador de un instituto de Kansas llamado Sunrise Christian Academy. Lindsted, tras hablar con la madre del chico, se llevó sin problemas a Hield hacia los Estados Unidos.

Allí hizo lo que mejor sabía hacer: entrenar y entrenar. Su entrenador lo describía como “una rata de gimnasio”, y cuenta en un artículo para The Ringer que la única manera de sacarlo de allí era quitar literalmente todos los balones de su alcance, encerrándolos bajo llave. Este empeño, esta ética de trabajo y pasión por su deporte preferido, que contra todo pronóstico no era el atletismo, le valió un gran abanico de ofertas para la universidad. Tuvo sobre la mesa las gorras de la universidad de Kansas y de Colorado, pero finalmente eligió a los Oklahoma Sooners.

Allí pasaría cuatro años hasta su salto a la NBA, y entretanto conoció al primero de los dos “Primos” que marcarían su carrera deportiva: Isaiah Cousins. Fue amigo, compañero de equipo, de habitación y de entrenamiento, ya que jugaban continuamente uno contra otro. Ese pique entre los dos, cuentan, llegó a desembocar en días enteros entrenando, incluso llegando a dormir en el gimnasio. Hield, en su primer año, recibió un reconocimiento como Jugador Más Inspirador por parte de sus compañeros, y su trayectoria ascendió hasta ser elegido Mejor Jugador de la Conferencia Big 12 de la NCAA en su año Senior, en el que promedió 25 puntos por partido, lideró a toda la competición universitaria en triples anotados y llevó a los Oklahoma Sooners hasta la Final Four de la competición, algo que no pasaba desde 2002. En 2008 y 2009 lo intentó (y no lo consiguió) un tal Blake Griffin.

Isaiah Cousins y Buddy estuvieron juntos hasta el final del camino universitario: el Draft de la NBA. Allí, ambos consiguieron un sitio en la lista de 60, pero mientras Cousins fue elegido el número 58, curiosamente por los Sacramento Kings, Hield ascendió hasta el número 6, donde los New Orleans Pelicans le hicieron un sitio privilegiado en la mejor liga de baloncesto del planeta. Aun así, no fue fácil para el bahameño tomar esta decisión.

Después de su tercer año de universidad, en 2015, Hield había estado meditando seriamente presentarse al Draft. Él se sentía preparado, pero los analistas y ojeadores veían en él unas carencias que limitarían su posición entre los elegidos, sobre todo en el aspecto atlético y de manejo de balón. El escolta decidió volver a Oklahoma y trabajar en esas debilidades para volver al año siguiente mejor preparado como prospect. Años después, queda claro que el jugador tomó la mejor decisión posible, ya que pudo hacer una temporada histórica en la NCAA y llegar con toda la fuerza posible al gran día, donde estuvo sobradamente entre los 10 mejores, posicionado como tirador de élite.

A su llegada a la gran liga, tomó como referente al jugador que había crecido viendo: Kobe Bryant. Él mismo declaraba que había visto a “La Mamba” jugar mucho, y le impresionaba que “se había hecho un nombre a base de meter canastas difíciles en el clutch time”. Buddy quería sentir al público coreando mientras miraba el reloj de la última posesión, cosa que intenta hacer actualmente siempre que la ocasión se presenta. Quiere ser un jugador de instantes decisivos, como lo era el 24 (y/o el 8) de los Lakers.

Sin embargo, en su temporada de novato no pudo demostrarlo. No tuvo un buen primer año y, a pesar de que empezó como escolta titular en los Pelicans, ya claramente liderados por Anthony Davis, poco a poco fue perdiendo minutos y finalmente el puesto en la rotación en favor de Tyreke Evans y E’Twaun Moore. El rendimiento por debajo de lo esperado le valió entrar en el paquete del traspaso del segundo “Primo” de su carrera: DeMarcus Cousins.

Al borde del límite del periodo de traspasos de 2017, los medios anunciaban que Boogie Cousins era traspasado, a pesar de las declaraciones un par de semanas antes del General Manager de los Kings, Vlade Divac, de que no iban a mover a su jugador franquicia. La urgencia de llevar ya 10 años sin llegar a Playoffs requería un cambio de aires, una renovación a medio plazo que les permitiera competir. De este modo, Cousins aterrizaba con Omri Casspi en New Orleans para formar un frontcourt temible junto con “La Ceja”. A cambio, los Kings recibían a Langston Galloway, Tyreke Evans, una primera ronda protegida (por la que acabarían sacando a Justin Jackson y Harry Giles) y una segunda ronda (que sería Frank Mason III), ambas de 2017. Y, por supuesto, a Chavano “Buddy” Hield.

USA Today

El traspaso desató el caos en los medios deportivos de todo el planeta baloncestístico. Skip Bayless, del show televisivo “Undisputed”, dijo que era “el peor traspaso de toda la historia”, y Shannon Sharpe, su compañero en el programa, que lo habían cambiado (a Cousins) por “un bote de gominolas, una botella de Gatorade y seis rollos de cinta”. Parecía otro movimiento sin sentido de la dirección de los Kings, y tal vez en el momento lo fue, pero ahora podemos decir tranquilamente que Divac no lo hizo tan mal.

Hield llegaba a su segundo equipo en el primer año, con la confianza tocada al no haber tenido el apoyo de la franquicia que lo eligió y llegando a unos Kings que tenían un futuro más incierto que nunca tras perder a su estrella polar. Vivek Ranadive, el propietario de los de Sacramento, declaró en un intento de animar a Buddy que veía en él un “potencial Steph Curry” (MVP del año anterior), y eso no sentó demasiado bien al bahameño, que se apresuró a dejar claro que él no era otro que él mismo. Ranadive debió aprender eso de que las comparaciones son odiosas.

Aun así, siguió trabajando, y terminó la temporada en Sacramento mejorando prácticamente todos los apartados estadísticos: jugó 9 minutos más por encuentro, anotando casi 7 puntos más con un 10% más de acierto en tiros de campo y un 6% más en triples hasta el 42’8%. Además, atrapó un rebote más por partido y repartió 0,4 asistencias adicionales. Buddy Hield empezaba a forjarse como jugador de la élite del baloncesto.

En su segundo año en los Kings, la irrupción de Bogdan Bogdanovic desde Europa y la llegada de Frank Mason III, DeAaron Fox y Justin Jackson lo relegaron a un papel de banquillo con menos minutos, aunque seguía siendo una pieza importante de la rotación. A medida que la plantilla se llenaba de jugadores jóvenes listos para empezar una reconstrucción real, Hield empezaba a confiar de nuevo en sí mismo. En algunos blogs se comentaba que el tercer año de Buddy iba a ser el definitivo, el de la explosión. Pero no se esperaban que todo el equipo explotara a la vez.

La temporada 2018/2019 empezaba con un problema de rodilla de “Bogi”, que permitió temporalmente al escolta de Grand Bahama recuperar su puesto en el quinteto titular. Los Sacramento Kings se encontraron de repente con un récord de 6 victorias y 4 derrotas tras los 10 primeros partidos, siendo el mejor equipo en el tiro de 3 y jugando a un ritmo vertiginoso. Fox, Cauley-Stein, Bjelica… Todos, también Buddy, estaban teniendo los mejores momentos de sus carreras. Actualmente, Buddy Hield está haciendo sus mejores números en cuanto a minutos, puntos, tiros intentados y anotados,tiros libres, rebotes y asistencias. Se está completando como jugador, y está formando junto a DeAaron Fox una de las parejas exteriores jóvenes con más proyección de la liga.

El rookie que entró con 23 años a la liga por fin se siente a gusto. Tiene tiros en transición, se compenetra perfectamente con sus compañeros de equipo y sigue destacando en su especialidad: el triple. Ahora mismo, está en el “top 20” de mejores tiradores de 3 puntos, y su compañero de equipo Nemanja Bjelica es el quinto clasificado en este apartado estadístico. Hasta hace pocos encuentros, incluso estaba haciendo números históricos como tirador.

Chavano Rainer Hield, “Buddy Buckets”, sigue siendo el adolescente que pasaba días enteros en las canchas de las Bahamas. Ahora, desde California, sigue ayudando a su comunidad, asistiendo a eventos en las islas o participando en programas como la campaña “Be A Hero”, por el medio ambiente, promovida por el gobierno bahameño. Buddy sabe de dónde viene, sabe qué lo ha llevado hasta donde está ahora. Y no olvida sus orígenes.

*Isaiah y DeMarcus Cousins no comparten ninguna relación de parentesco. El término “Primos” se utiliza en referencia a la traducción de su apellido.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?