fbpx
Connect with us

Análisis

El viejo Vince

21 de noviembre de 2018. Más de tres lustros desde que Vince Carter dejara Canadá. Tras una suspensión errada, Kevin Huerter atrapa el rebote para devolverle la pelota a Carter, que corta por la zona. Air Canadá se cuelga a dos manos, alcanzando los 25.000 puntos en su carrera.

Jaco1978@hotmail.com'

Publicado

el

Todavía recuerdo aquel mate. Estaba viendo ese partido. Recibe el balón en el lateral, se gira, remonta la línea de fondo dejando atrás a un veterano Chris Mullin y la hunde de espaldas, sin piedad, tras un reverso para evitar las posibles manos de Dale Davis o el propio Mullin. Reverso que, en realidad, no era necesario. La rapidez de ejecución hacía imposible la réplica. La explosividad definida en una acción. Cuando agarra el aro parece que todavía está ascendiendo.

Era su décimo partido en la mejor liga del mundo y aquel rookie dejaba claro, por si aún existían dudas, que estábamos en presencia de un jugador diferente. Por juego y por carisma. Por capacidad y plasticidad. Sucedió el 24 de febrero de 1999. ¡1999! Han pasado veinte años…

21 de noviembre de 2018. Más de tres lustros desde que Vince Carter dejara Canadá para jugar en un contender como lo era entonces New Jersey Nets. Y tras los Nets, Orlando, Phoenix, Dallas, Memphis y Sacramento. Ahora viste la camiseta de los Hawks. Está a punto de finalizar el encuentro que se disputa en el State Farm Arena, precisamente, ante sus Raptors. Tras una suspensión errada por el propio alero, el rookie Kevin Huerter atrapa el rebote para devolverle la pelota a Carter, que corta por la zona. Sin oposición, Air Canadá se cuelga a dos manos, alcanzando los 25.000 puntos en su carrera. Significativa manera. Ante el equipo que le vio debutar y con la jugada que lo identifica.

Una carrera ligada a un mate

Hay tantas historias sobre Vince que podrían empezar con un mate… 7 de noviembre de 2005. Carter viste el uniforme de los Nets, que visitan Miami para medirse a los Heat. Richard Jefferson inicia una penetración, aunque se le hace de noche ante la intimidación de Alonzo Mourning. La bola sale rebotada y parece que Jason Williams se hará con ella, pero la mano derecha de Carter se antepone. La recoge y la pasa por detrás de su espalda antes de irse directamente a por el aro. Mourning sigue ahí y salta para tratar de impedir la misión. El resultado de todo aquello es el póster más salvaje de cuantos ha firmado el jugador formado en North Carolina. Absorbe el contacto y la baja con autoridad tiránica. Zo sale rebotado y está a punto de caer al suelo. En otro tiempo habrían aparecido dos rombos en la parte superior derecha de la televisión. Es para mayores de dieciocho.

Hay cierto paralelismo en esa jugada y nuestro punto de partida, aunque el resultado en este no haya sido satisfactorio. No, al menos, en los mismos términos. Regresamos a noviembre de 2018. Los Heat de nuevo presentes. Queda poco para el final del partido. La diferencia entre los de Florida y los Hawks es de apenas cuatro puntos. Kent Bazemore intercepta un pase y cruza la pista. Levanta la mirada y ve a Carter detrás de la línea de tres puntos, en la derecha. Piensa que es la mejor opción, de modo que le envía el balón. Vince finta el lanzamiento y su marcador se come el engaño. Acto seguido talona y busca el aro. Es como volver al pasado. Sus movimientos son tan reconocibles…

Le espera un tipo veinte años más joven, Bam Adebayo. Mi cabeza vuelve a recrear la escena de 2005. Creo que cualquiera que estuviese viendo el partido lo haría. Pienso en ese Carter joven y en todas esas víctimas posterizadas anteriormente. Si tuviese que añadir música sonaría Glory Days. Sin embargo, la realidad es otra. Aunque veamos cómo hace esos molinos en los calentamientos. El brazo extendido de Adebayo, en su salto vertical, se hace eterno y Vince debe rectificar en pleno vuelo. Acaba dejando el balón como puede, que rebota en el metal y se aleja del mismo. La vida. O el tiempo, que nos gana a todos.

Claro que una decepción no tiene por qué ser algo únicamente negativo. La experiencia es un grado. Sentado al lado de Bazemore en el vestuario después del encuentro, Carter comienza una nueva lección. Compara los escenarios, con Mourning y Adebayo como antagonistas y disecciona. Bazemore confiesa después lo aprendido:

“Pensaba que para hacer el mate simplemente tenías que saltar más que el rival. Me sorprendió porque hay una ciencia detrás de todo. Vince sabía que tenía que elevarse desde el suelo primero para, acto seguido, topar con Adebayo, que lo levantaría aún más, ayudándolo contra su propia voluntad a terminar la acción”.

Kent Bazemore

Carter y Bazemore continuaron la conversación en el avión del equipo e incluso llevarían el asunto al podcast que protagonizaron después. Cuando ponemos el foco sobre el verdadero valor actual de Vinsanity, la clave no es tanto esos minutos de calidad que puede sumar, sino la labor como mentor, como maestro, que aporta al grupo. Quien en su día fuese un atleta de otro planeta hoy es un sabio consejero, una especie de entrenador-jugador. O, yendo más allá, un entrenador de jugadores que comparte pista con ellos. Cuando una franquicia gasta su dinero en Carter, está apostando, también, en formación, en conocimiento.

Vince Carter se despide el Air Canadá

Una carrera nómada afincada en Dallas

Fue en Dallas. Allí cambió el escenario. Tras salir de Nets disputó una temporada y media en Orlando y otra media en Phoenix. Los Mavs eran, por lo tanto, su cuarto conjunto en cuatro años. Un nómada otrora estrella que llegaba a los entonces campeones. Ambas partes parecían salir ganando: los texanos reforzaban su perímetro y Carter aterrizaba en un equipo que le daba la posibilidad de aspirar al anillo. Mark Cuban se apresuró a decir que deseaba desesperadamente que Vince pudiera lucir tal joya en uno de sus dedos.

“Es un guerrero. No comparto todas esas cosas que he escuchado anteriormente, como que es blando o no juega duro. Este hombre sale cada noche a darlo todo”.  

Mark Cuban

Desafortunadamente, el balance final de la asociación se saldó con dos únicas participaciones en playoffs, sin conseguir superar la primera ronda. En su segunda campaña a las órdenes de Rick Carlisle, Carter completó el proceso para convertirse en un valioso sexto hombre. Su cuerpo ya no soportaba igual el irse regularmente a más de treinta minutos por velada, de modo que, elegantemente, dio un paso a un lado para liderar la segunda unidad.

“Vince nunca fue un problema. Siempre pensó en el grupo. Y hacía grupo. No solo es un apoyo para los jóvenes. Tiene un gran sentido del humor y un magnetismo que te hace conectar con él. Los chicos crecieron viéndole como estrella. Escuchar sus historias y absorber esa experiencia es todo un lujo”.

Mark Cuban

En nuestra memoria están aquellas exhibiciones en las que se iba a los cincuenta puntos o los vuelos por encima de todos en una zona con tráfico denso. Pero su ética de trabajo es un factor desconocido por muchos. Eso le valió ganarse el respeto en el vestuario. En 2012 arribaba en Dallas, procedente de Marquette, Jae Crowder, confeso admirador de nuestro personaje. Como consecuencia compartieron banquillo muchas noches y las conversaciones entre ambos eran constantes:

“Realmente me acogió. Cuando necesitaba consejo, tanto dentro como fuera de la cancha, acudía a él. Siempre me habló de cómo prepararme para los partidos, cómo ser un buen profesional y cómo mantenerme firme cuando las cosas no salgan como deseara, porque la NBA es dura. Me enseñó a tomarme en serio mi trabajo y a ver este mundo como mi profesión”.

Jae Crowder

Crowder explotó años más tarde, en Boston. Jae le da a Carter todo el crédito por haberle proporcionado las herramientas para alcanzar el éxito. Pasaron horas juntos en la sala de vídeo, haciendo énfasis en la importancia de conocer el juego. Además, Vince explicó al joven lo importante que era construir una relación sólida con Rick Carlisle o cualquier otro head coach para el que acabase jugando.

“Me contaba sobre lo positivo que es tener la línea de comunicación abierta con cada entrenador que te dirija. A menudo parecía que era parte del cuerpo técnico”.

Jae Crowder
Tras una carrera nómada y dejar su ‘hogar’ en Canadá, Carter volvió a sentirse en casa

Aquellos Grizzlies del Grit&Grind

“Adoro a Vince, la persona”. Son palabras de Duane Ticknor, entrenador asistente de Memphis Grizzlies cuando Carter llegó a la franquicia de Tennessee. Aunque podría haber salido de la boca de cualquiera que compartiese tiempo con Vinsanity esas siguientes tres campañas. Los Grizzlies fueron un contendiente importante cuando se unió al grupo en 2014, complementando el núcleo veterano formado por Marc Gasol, Mike Conley, Zach Randolph y Tony Allen. Tras superar en primera ronda a Portland Trail Blazers por un contundente 4-1, en semifinales de conferencia toparon con los imponentes Warriors.

El desenlace final fue el esperado, pero durante la serie Memphis llegó a colocarse con un favorable 2-1, lo que evidencia el gran espíritu de lucha que caracteriza a los osos. Por desgracia, las siguientes dos campañas no resultaron tan satisfactorias. En el apartado individual, Carter promedió casi veinte minutos por noche durante esos tres cursos, alcanzando casi veinticinco el último, a sus ya cuarenta años.

“Es algo muy valioso para mantener la credibilidad y exponer a las claras que todavía puedes formar parte de la liga”.

Dueane Ticknor, entrenador asistente de los Grizzlies

Ticknor volvería a trabajar con Vince en Sacramento. El entrenador asistente se comprometió con los californianos en la campaña 2016-17, llegando el alero en la siguiente, quien firmó por un año. El decorado era completamente diferente al que se encontró en Memphis. Un grupo de jóvenes talentos por explotar, sin experiencia, como compañeros de viaje. Inculcarles una mentalidad ganadora era el objetivo de los técnicos y Carter a menudo actuó como intermediario entre jugadores y ellos. Entre los métodos de actuación del veterano alero, el apartar a los inexpertos cuando procedía corregir algo e instruirlos sin avergonzarlos delante del resto.

El récord de los Kings fue de 27-55. Perder partidos era lo habitual. Una noche en la que la derrota resultó más dura de lo habitual, Carter alzó la voz:

“Las victorias llegarán en su momento. Si seguimos compitiendo, esforzándonos y mejorando en cada entrenamiento y en cada partido, ese instante llegará”. Ticknor recuerda ese discurso: “Tenía la atención de todos y cada uno de los muchachos. Pero no únicamente de ellos, sino de todos los que estábamos en esa habitación. Era su habitación”.


Vince Carter

Carter también fue un novato. En 1998 escuchó esas arengas en la persona de Kevin Willis. El ala pívot tenía entonces 36 años y había pertenecido a la liga casi quince. No tardó en hacer migas con Vince. Ahora recuerda:

“Él quería aprender y absorber todo. Era una esponja. Deseaba conocer todo aquello que pudiera ayudarlo a mejorar. Pero lo más importante es que fue siempre muy respetuoso, algo que para mí resultaba genial. Él tenía esa capacidad, era disciplinado, ponía atención y entendía que aquello que le decíamos los veteranos solo iba a beneficiarle”.

Kevin Willis

Hoy él ejerce el papel de Willis.

Carter es el líder del vestuario de los Hawks

Comandante en jefe: de plantillas veteranas a jóvenes

Una noche de diciembre de 2017, pasadas las dos y media de la mañana, Carter recibió un whatsapp de Willie Cauley-Stein. El joven pívot estaba acostado, pensando en sus objetivos y decidió pedir consejo al maestro sobre cómo alcanzar el siguiente nivel. Vince contestó de inmediato, haciendo hincapié en lo vital del sacrificio y el progreso físico y mental. Garrett Temple formaba parte de aquella plantilla: “Él lograba que el resto fuese receptivo con todo aquello que tuviese que decir”. A Temple, Carter le mostró la valía de tener una rutina constante.

Aunque más allá de las lecciones, los imberbes de los Kings pudieron disfrutar de Carter desde otro prisma. Los entrenamientos eran un show. En ocasiones, durante los partidillos, Vince tenía la oportunidad de lucirse cuando quedaba liberado. Temple hace memoria: “Había momentos increíbles. Nosotros nos preguntábamos cómo era capaz de hacer un 360, si tenía 41 años. Se supone que no debería poder hacer eso”. También recuerda los piques con los más jóvenes.

“En alguna ocasión, chicos como Buddy Hield usaron trash talking. Entonces Vince era capaz de anotar de tres y volvía a defender su aro respondiendo a quien le hubiera picado. Es un competidor”.

Garrett Temple

Y, aunque Carter solo pasara un año en Sacramento, jugadores de segundo año como De’Aaron Fox y Bogdan Bogdanovic han dado un paso adelante tanto dentro como fuera de la cancha. Para Ticknor, tanto Carter como Temple fueron claves en ese desarrollo:

“Creo que ellos dos fueron pilares en esta edificación y su enseñanza se prolonga en el tiempo. Aunque no estén presentes, todavía se sienten. Respecto a Vince, a veces la gente ve solo al jugador, pero hay detrás un gran ser humano. Va a ser un hall of famer y, sin embargo, yo creo que es mejor fuera del pabellón. Es una de las mejores personas que he conocido”.

Duane Ticknor

Bazemore y Carter coincidieron el verano de 2018 en un torneo de golf organizado por la Fundación Chris Tucker en Stone Mountain (Georgia). Ambos se cayeron muy bien e inmediatamente se pusieron manos a la obra, planificando un poco lo que sería la temporada que estaba por arrancar. Vince le habló de cómo hacer el juego más sencillo para los nóveles, creando un ambiente confortable para su progresión. Ambos estuvieron de acuerdo en que Bazemore, ya cercano a la treintena, también debería jugar un papel importante en todo aquello.

Trae Young es la apuesta de futuro de Atlanta. Vince Carter, siendo consciente, situó su casilla al lado de la del rookie, aunque en los desplazamientos el veterano se siente siempre con Bazemore, con quien comparte el podcast Winging It. Mientras que con el primero todo gira en torno a su formación, al que le aporta su conocimiento y experiencia adquiridos al lado de bases como Jason Kidd, con el segundo mejora sus habilidades como comunicador, algo que le viene bien de cara a un futuro, ya que espera seguir vinculado al juego detrás de los micrófonos.

Bazemore confiesa que creció admirando a Carter. Recuerda incluso haber tenido las zapatillas que él lucía. Ahora comparte equipo y espacio en la comunicación con su ídolo. Especial para él fue el episodio grabado en su casa con Stephen Curry y Andre Iguodala.

“Durante la grabación yo estaba sentado en el salón y me sentía como un niño en una tienda de golosinas. Charlar con ellos de esa manera es casi un sueño hecho realidad”.

Kent Bazemore

A veces nos cuestionamos si Carter realmente necesita seguir jugando. Nadie podría recriminar que se retirase. Incluso hay quien piensa que seguir poniendo la mano en equipos sin ambición es un poco estropear el final. Pero lo cierto es que nadie puede dudar del legado de Vince, de su currículum. Cierto es que le falta un anillo. Y que, en lugar de perseguirlo, ha optado por formar parte de grupos que necesitan de enseñanza. Sitios donde tiene minutos a la vez que comparte su experiencia.

“Adora el baloncesto. Le encanta jugar. Pienso que ha ido a donde ha creído que puede saltar a la pista y liderar, no solo en dentro de la cancha, sino en todo lo que rodea a este deporte. Él es ejemplo de cómo se lleva una carrera en la NBA”.

Mark Cuban

“Hizo el esfuerzo para lograr un título cuando estaba en su mejor momento, pero simplemente no llegó. Tienes que respetarlo, porque ahora no ha buscado recalar en los Warriors o algo así. Cualquier equipo estaría encantado de tenerlo en sus filas, pero él ha elegido hacer otro tipo de cosas, involucrarse en equipos que están en periodos de reconstrucción”.

Kevin Willis

Cada vez que Willis asiste a un partido de los Hawks, se toma su tiempo para hablar con Carter, antes o después del mismo:

“Miras hacia atrás y te das cuenta de que el tiempo pasa volando. Recuerdo cuando era novato. Él me llamaba ‘OG’ (Old Glory) y yo pensaba que, si tenía suerte, algún día estaría en mi situación. Ahora me río de él y le digo que está donde yo estaba hace veinte años. Ahora, él es el ‘OG’”.

Kevin Willis

La historia del viejo Vince continúa. Y podemos afirmar que estamos en el epílogo de la misma. Simplemente nos queda disfrutar lo que queda del camino. A nosotros y a sus compañeros de equipo.

Comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Análisis

Dwight Howard y su camino a la redención

“Mi ego ha muerto”. Tras años vagabundeando por la NBA, alejado del cariño que antaño le profesaban los fans, Dwitght Howard regresa a la ciudad donde todo se precipitó.

jaime.eguen@gmail.com'

Publicado

el

Conocemos la redención como el camino a tomar para liberarse de algo. En la doctrina cristiana, por ejemplo, se usa este término para referirse al perdón de los pecados y el objetivo de alcanzar la vida eterna. Según cuenta el cristianismo, Jesús murió en la cruz para salvar el mundo y, con su muerte, poder vencer la imperfección humana. Una tarea que fue desarrollando a lo largo de su vida y culminó con su crucifixión. Como Jesús, son muchos los que inician caminos de expiación para limpiar los malos actos pasados y comenzar en paz una vida nueva.

Dwight Howard, una persona profundamente religiosa, ha iniciado su propia peregrinación. El pívot que tanto dominó la NBA durante su etapa en los Orlando Magic, nunca escondió su intención de evangelizar la liga y su profunda relación con Dios. En una entrevista concedida a The Undefeated, el ahora jugador de los Lakers reconoció sentirse perseguido cuando cometió errores a lo largo de su vida y carrera profesional. Su asesor espiritual, el pastor Calvin Simmons es una figura clave en su día a día y según cuenta Howard, su fe actualmente está pasando por su mejor etapa.

“Ahora es más fuerte, mucho más fuerte de lo que era en aquel entonces. He pasado por tantas pruebas. No tienes más remedio que hacerte fuerte”.

Dwight Howard hablando de su fé (víaThe Undefeated’ ).

Dejando a un lado la moral cristiana, el pívot ha regresado a la ciudad de Los Ángeles y ha comenzado su propia redención con la camiseta ‘oro-púrpura’. Como si se tratase de un cuentagotas, se ha ido filtrando información acerca de cuáles fueron los motivos que llevaron a esos Lakers a fracasar de manera tan estrepitosa en su primera etapa en la franquicia angelina. Un quinteto formado por Steve Nash, Kobe Bryant, Metta World Peace, Pau Gasol y el propio Howard, que estaba llamado a marcar una época en la NBA y acabó disolviéndose por la puerta de atrás del Staples Center. La conversión de ‘Superman’ ha sido larga, desde su salida hasta su regreso como hijo pródigo.

El ‘superequipo’ que nunca llegó a ser

Año 2012. La ciudad de Los Ángeles, siempre conocida por su fama y conexión con Hollywood, se preparaba para vivir una emocionante temporada. Los Lakers venían de caer de manera consecutiva en Semifinales de la Conferencia Oeste y se comportaron de manera agresiva en el mercado veraniego. Hecho que les llevó a conseguir Dwight Howard y a Steve Nash, ilusionando a un pabellón que aún tenía recientes los dos Anillos consecutivos. De esta forma, montaban su particular ‘superequipo’, uniendo a uno de los mejores anotadores de la historia, un dos veces MVP, Pau Gasol y el mejor interior del momento, Dwight.

Una plantilla que les colgaba el cartel de favoritos e, incluso, el de equipo invencible. Nada más lejos de la realidad. Los Lakers naufragaron de manera estrepitosa y el proyecto se iba desmoronando a cada día que pasaba. La llegada de una nueva semana conllevaba escándalos que se acabaron traduciendo en la destitución de hasta dos técnicos y el hundimiento de una franquicia que estaba llamada a marcar una época. Un desastre que llevan arrastrando durante muchos años y que, desde esa campaña, les mantiene alejados de Playoffs. Con el paso de los años, poco a poco, han ido saliendo los motivos por los cuales el proyecto no cuajó.

El propio Nash, uno de los tres pilares del proyecto, atendió a ‘The Ringer’ y aportó su propia perspectiva de lo vivido con el conjunto ‘oro-púrpura‘. El base fue autocrítico y reconoció que nunca volvió a ser el mismo tras la lesión que lo mantuvo alejado en el primer tramo de la temporada. A esto se sumó los problemas crónicos que venía arrastrando Howard y la tremenda lesión que apartó a Kobe Bryant de los Playoffs. Además, Pau Gasol, “llegó a esa temporada agotado por jugar con España durante los últimos veranos”, según comentó el canadiense. Una plantilla asolada por las lesiones que, precisamente, no solo contó con ese contratiempo.

Es una realidad que un equipo falto de química está abocado al fracaso. Sin ella, los cambios, las ayudas, la circulación de balón y muchos otros aspectos; resultan tremendamente más complejos. Egos absolutamente incontrolables que dinamitaron un vestuario que no supo adaptarse por el bien común y remar hacia un mismo sentido. El dos veces MVP de la NBA no dudó en señalar la falta de adaptación al principal problema del fiasco: “no sé si habría funcionado. Éramos muchos gallos en el mismo gallinero y todos sabemos lo importante que es la química entre todos los jugadores para que un equipo funcione. Aunque no hubiésemos tenido todos esos problemas, no sé si hubiese funcionado”.

Kobe-Howard, un matrimonio abocado al divorcio

El amor, las relaciones, las amistades… son relaciones que dependen del respeto mutuo y entendimiento por ambas partes. La comunicación y la compatibilidad son la base sobre la que se debe sostener todo, con esas características cumplidas, se puede comenzar a construir. Pues bien, la relación ‘Howard-Kobe’ estuvo ausente en todos estos campos. Dos personalidades muy dispares que jamás gozaron de entendimiento y no supieron comunicarse para poner parches a las numerosas grietas.

Con Dwight Howard ya establecido en Houston, y en una de sus primeras batallas contra Kobe Bryant tras su salida de Lakers. Se vivió una confrontación en la que ambos jugadores discutieron acaloradamente. Precisamente fue en esa ocasión en la que Kobe llamó “soft” al entonces interior de los Rockets. Un jugador que, desde su llegada a la ciudad angelina, vivió una decadencia constante que culminó con su horrendo pasó por los Washington Wizards. De esta forma, Dwight Howard, pasó de ser el pívot más dominante y heredero de Shaquille O’Neal, a buscar equipo y naufragar en la liga.

(Vía @Stadium)

El entonces ‘12’ de los Lakers, siempre estuvo señalado por su actitud infantil y su falta de competitividad. Unas características que contrastaban con todo lo que representaba Kobe Bryant, que siempre fue un competidor obsesivo y un amante de la ética de trabajo. Dwight Howard reconoció encontrarse en una dimensión distinta a la del escolta y no coincidir en la forma de entender el baloncesto: “Nunca había visto a una persona como yo. Alguien que pudiera disfrutar del baloncesto, pero al mismo tiempo no ser tan serio”. Una mezcla que terminó explotando y con el pívot saliendo de la plantilla sin demostrar el nivel alcanzado durante su etapa en los Orlando Magic. Una relación rota y que, hasta hace escasos meses, parecía irreparable.

Los Lakers creen en las segundas oportunidades

Las segundas partes nunca fueron buenas, o al menos eso se suele decir. Cuando una persona te ha fallado una vez, tiende a repetirlo en más ocasiones. En el cine ocurre más o menos lo mismo, son muchos los críticos que reprochan las continuaciones de una buena película y no dudan en criticar esta. Pues bien, los Lakers han roto el tópico y han decidido adoptar a Howard como el hijo pródigo que se equivocó y vuelve a casa con ganas de redención. Una vuelta que cierra el círculo y llega en un momento crucial para la carrera de ‘Superman’.

El pívot de los Lakers presume de haber cambiado todas las actitudes tóxicas que dañaron a la franquicia durante su primera etapa. Abandonado su ego y asumiendo su ‘rol’ de jugador secundario y con labores de ‘albañilería’, se reengancha a la NBA tras tener serios problemas para encontrar equipo durante el verano. Un cambio de actitud que le ha llevado a “enterrar su ego” y declararse al completo servicio del equipo. Un cambio que va acorde con su intención de limpiar su nombre de jugador problemático y que, según ha comentado, viene acompañado del olvido de sus problemas crónicos en el apartado físico. Además, cuenta con la bendición de Kobe Bryant que sorprendió con unas declaraciones en las que mostró su total apoyo a su ex-compañero.

Creo que realmente Dwight aprecia esa oportunidad y que va a tener un gran impacto en el juego“.

kobe bryant sobre el regreso de howard (vía los ángeles times).

Lo cierto es que, en este arranque de campaña, ha demostrado ser un activo valioso para los angelinos y cuenta con la confianza de Frank Vogel. Su futuro dependerá de aprovechar una oportunidad que llegó gracias a la lesión de un Cousins que, probablemente, pueda regresar para los Playoffs (si es que Lakers consigue entrar). La versión que ha mostrado durante este arranque de la temporada es completamente distinta a la de su primera etapa. Ya no cuenta con esa obsesión por demostrar su juego al poste como antaño y Howard deberá, día a día, convencer a sus superiores de su valor en cancha.

De hacerlo, se uniría al selecto grupo de nombres que consiguieron ser ‘una segunda parte de calidad’ como ‘El Imperio Contraataca’, ‘El Caballero Oscuro’, ‘Terminator II’ o la segunda parte de “El Padrino”. Una oportunidad que llega a sus 33 años y que, esta vez sí, puede ser la última. El camino a la redención acaba de comenzar, y muy probablemente sea su prueba más compleja.

Seguir leyendo

Análisis

L.A. 2020: la gran batalla de nuestro tiempo

La rivalidad en Los Ángeles, por llamarla de alguna forma, ha sido siempre la gran omitida por la historia. Los Clippers nunca representaron una amenaza para los Lakers… Hasta que Kawhi Leonard, el ‘matarreyes’ apareció en la ciudad.

jon@skyhook.es'

Publicado

el

Getty Images

Desde sus lujosos sillones esparcidos por todos los rincones de Estados Unidos, los aspirantes observaron con asombro la caída del Rey que los había sometido sin piedad. Kevin Durant, que había forzado para estar en el quinto choque de las Finales, veía como su tendón de Aquiles se rompía y, para más inri, privaba a su equipo de conseguir el tan ansiado three-peat. Los Warriors habían gobernado con puño de hierro la Conferencia Oeste durante el último lustro, entrando en el debate del mejor equipo de todos los tiempos por derecho propio. Sin embargo, ahora que las campanas tañían para anunciar el desplome de su reinado, todos los aspirantes volverían a tomar las armas.

Se había erigido un nuevo monarca en el Norte. Kawhi Leonard, tras sus vaivenes con Popovich y los Spurs, puso rumbo a Toronto para llevar a Canadá el primer anillo de su historia, en un relato con aires épicos que quedará grabado en los anales de la NBA. Lo tenía todo al alcance de la mano: el estrellato, un equipo compacto y potencial para revalidar el título. No obstante, los atractivos de los Raptors no fueron suficientes para retener a su jugador franquicia, que, bajo un secretismo sin precedentes, decidió retornar a casa.

Unidos por California

Oriundo de Riverside, nunca fue un secreto que Kawhi Leonard algún día volvería a su California natal. Como a todo gran jugador, siempre se le relacionaba directamente con Los Angeles Lakers, franquicia que ha acogido a varios de los más grandes a lo largo de los años. El glamour, la historia, la influencia de leyendas como Kobe Bryant o Magic Johnson, etc. Muchas son las razones por las que The Claw hubiera podido acabar vistiendo el púrpura y oro. En un intenso pulso que se prolongó más de lo esperado, Lakers, Clippers y los propios Raports trataron de hacerse con los talentos de Leonard, quien desojó la margarita hasta el último instante.

Finalmente, y para sorpresa de gran parte de los seguidores, optó por los Clippers. Una franquicia históricamente denostada, considerada el “patito feo” de la liga durante muchos años. No estaría solo en su misión, ya que Paul George, otro californiano con ansias de volver a competir por el anillo, pondría rumbo a Los Ángeles tras su fallido idilio con Russell Westbrook y los Thunder. Después de su mejor campaña en la liga, el de Palmdale decidió unir fuerzas con Leonard para suplantar a los Lakers como equipo principal de la ciudad.

El eterno segundón

Afincada previamente en San Diego, la franquicia de los Clippers se mudó a L.A. en 1984, después de seis campañas. En aquel momento, la existencia de dos equipos en la ciudad generó una expectación que no se convertiría en realidad en los años siguientes, dadas las notorias diferencias competitivas. Los Lakers representaban el poder, con una plantilla plagada de estrellas, mientras que los Clips se posicionaron como “el equipo del pueblo”, poniendo incluso precios más asequibles para los espectadores.

Entre 1986 y 1999, jugaron como locales tanto en el Los Angeles Memorial Sports Arena como en el Arrowhead Pond de Anaheim. Realmente nunca hubo una gran rivalidad, ya que el balance era inmensamente favorable para su equipo vecino. De esta forma, en 1996 la franquicia angelina declinó un acuerdo para establecerse en Anaheim, para después unirse a los Lakers en el Staples Center, que se inauguraría en 1999. Desde entonces ambos equipos han compartido pabellón. La superioridad de los de púrpura y oro no dejó de existir e incluso tuvo el culmen de cinco campeonatos desde que comenzara el nuevo milenio. Una preeminencia inmutable hasta la llegada de Glenn Rivers al banquillo clipper.

El otrora entrenador de los Celtics, y verdugo de los Lakers en 2008, arribó con las ideas claras para cambiar la cultura de aquel equipo sumido en un eterno segundo plano. Desde que el técnico de Chicago cogiera los mandos, siempre han quedado por delante en temporada regular. Al mismo tiempo, en el otro bando todo se volvió dolor y sufrimiento, con cinco cursos consecutivos sin disputar la postemporada. La inercia se había invertido por primera vez.

Los Clippers se colocaron en el mapa NBA bajo el nombre de Lob City. Sus aficionados por fin saboreaban las victorias con asiduidad. Por su parte, en octubre de 2013 Doc decidió tapar con posters los títulos de los Lakers colgados de lo alto del Staples. Decisión que generó gran controversia en el seno de la ciudad y de la liga. Lo veía como algo humillante, reflejo de la situación que había vivido aquel humilde conjunto, siempre a la sombra. Si querían establecer una identidad ganadora, no podían esgrimir los éxitos de su enemigo dentro sus propios muros. Al mismo tiempo, la filtración de unas declaraciones racistas vertidas por Donald Sterling, propietario desde 1981 hasta 2014, no ayudaron lo más mínimo a mejorar la imagen de la franquicia. Más bien tuvieron el efecto contrario. Finalmente, la NBA decidió suspender de por vida al magnate norteamericano, viéndose obligado a poner los Clippers en venta.

Con el paso del tiempo, el proyecto fue quedándose sin margen, cayendo antes de tiempo en playoffs en más de una ocasión. Los Paul, Griffin y Jordan harían las maletas para poder reconstruir el equipo. Una reestructuración con la mirada puesta en el pasado mercado estival, en el que fueron los grandes ganadores. A un plantel que se mostró muy competitivo el último año frente a Golden State, se le unen dos superestrellas superlativas. Probablemente los dos mejores two-way players de la competición a día de hoy. Acompañados de Beverly, Harkless o Harrell, el potencial defensivo de los Clippers es uno de los más elevados de toda la competición. El mundo los mira con otros ojos, de modo que su objetivo es claro: asaltar el Campeonato.

El reto para Leonard será mayúsculo, más incluso que el alcanzado la última temporada portando la elástica de los Raptors. Los Clippers nunca han jugado unas Finales de Conferencia. Kawhi, de la mano de un escudero de lujo como George, deberá rebasar esa barrera para poder brindar a su nueva familia el primer anillo de su historia. Ya lo hizo en Toronto, neutralizando grandes potencias como los Sixers o los Bucks por el camino. Esta vez, la competencia será más dura que nunca, empezando por su rival más cercano e inmediato.

Tras la estela de Jordan

Frente a Leonard estará un hombre en busca de la leyenda. Un rey que perdió su corona, si bien su reinado está aún por concluir. Tras una primera temporada tumultuosa en la disciplina laker, LeBron James regresa más descansado que nunca. El de Akron no se perdía las eliminatorias por el título desde su segunda campaña en la NBA. Su físico lo agradecerá, ya que el año pasado mostró por primera vez síntomas de que el tiempo pasa para todos. El ‘23’ sufrió una lesión en la ingle justo el día de Navidad, en un triunfo ante los Warriors. Por aquel entonces, el equipo se había mostrado notable bajo su liderazgo. No obstante, el problema se dilató en el tiempo e impidió ver al mejor James de vuelta.

En esta ocasión no estará solo al timón. Anthony Davis, gran deseado por la franquicia, llegó para formar una de las mejores parejas de la liga. El coste fue elevado, teniendo que deshacerse del núcleo joven de la plantilla casi al completo, a excepción de Kyle Kuzma. La ceja, talento diferencial en ambos lados de la pista, aterriza como pupilo de un James que podrá delegar en él gran parte del peso ofensivo del equipo. Una vez este decida colgar las botas, los Lakers serán del ex de los Pelicans.

Un James que continúa persiguiendo aquel fantasma de Chicago. La influencia de Michael Jordan en él ha sido algo recurrente durante su largo trayecto hacia el Olimpo. Entró en la competición antes de cumplir los 19, con una presión absolutamente ridícula para un pipiolo de su edad. Pese a los críticos, superó las expectativas. En su sueño por convertirse en el mejor de todos los tiempos, sabe que este puede ser su último viaje y no quiere retirarse antes de lograr otro anillo. Sería el cuarto para él, tercero con una franquicia distinta.

En una mezcla de talento y veteranía, los Lakers han rearmado el equipo de cara al presente curso. Todavía con la herida del rechazo de Kawhi reciente, firmaron a jugadores de renombre como Danny Green, Avery Bradley o Dwight Howard. Gente experimentada que dará un plus defensivo al plantel. El propio Frank Vogel, nuevo entrenador tras la abrupta salida de Luke Walton, aseveró recientemente que pretende construir un cuadro duro. “Quiero ver jugadores por el suelo, si no es que no estamos haciendo nuestro trabajo”, aseguró.

Tras aquel fatídico 13 de abril de 2013, en el que Kobe Bryant se rompió el tendón de Aquiles, los Lakers han vagado sin rumbo por el desierto. Malas decisiones en los despachos, unidas a la baja competitividad de una plantilla huérfana de líderes. Por ello, la presión que James y Davis tendrán que soportar será mayor que nunca. Este año no habrá excusas para no lograr el billete para los playoffs y, además, tendrán que hacerlo en posiciones nobles.

Los detractores estarán ahí, a la espera en su trinchera. Para una institución con 16 anillos de campeón y 15 Finales en su haber la exigencia siempre es máxima. Más aún si se trata de la franquicia más atractiva de la NBA. West, Jabbar, Magic, Shaq o Kobe lograron alzarse victoriosos soportando el peso de la camiseta dorada. LeBron no quiere ser menos.

Con los Warriors (aparentemente) un peldaño por debajo del nivel establecido desde 2015, los Lakers ingresan de lleno en la terna de favoritos al título. Pese a su gran plantilla, también miran de reojo como sus vecinos, los Clippers, han creado otro equipo capaz de competirles de tú a tú. Cada encuentro será una batalla sin cuartel en la que la victoria no será lo único que esté en juego.

Las guerras venideras

Dos hombres en una misma misión. Uno, devolver la grandeza a una franquicia que perdió su luz hace más de un lustro. El otro, como ya hiciera en Toronto, brindar a un equipo su primera gran gloria. Si la empresa de cualquiera de los dos resultase exitosa, elevaría al jugador a un altar nunca antes hollado: 3 anillos y 3 MVPs de las Finales (siempre que lo lograsen) con tres equipos distintos. Un hito sin precedentes.

Sobre el papel, los Lakers partirán con un mayor potencial ofensivo, teniendo enfrente a lo que aspira a ser una trituradora en defensa. Las opciones en el perímetro del combo Beverly-George-Leonard serán determinantes. Un trío perfecto para intentar neutralizar a LeBron, el mejor generador de los suyos. A sus casi 35 primaveras, King James tendrá un nuevo reto que superar, acostumbrado a lidiar con grandes redes defensivas como las de los Warriors o los antiguos Spurs. Pese a su previsible capacidad anotadora, los de Vogel también pueden presentarse como un gran equipo atrás, con protectores de aro del calibre de Howard o Davis, además de los Bradley, Green o Caldwell-Pope en tareas exteriores. El botín para el vencedor podría ser el trono del Oeste.

Hubo un tiempo en el que James convirtió la Conferencia Este en su coto de caza privado. No tuvo oposición durante ocho campañas consecutivas hasta que Kawhi recogió su testigo por un año. “Por ahora solo pienso en llevar a los Clippers a las Finales”, afirmaba el propio Leonard hace escasos días. Esta vez se verán las caras hasta en cuatro ocasiones en temporada regular, en  la carrera más feroz que se recuerda en la Conferencia Oeste. Nuggets, Rockets, Jazz o los propios Warriors completarán una lucha en la que no se vislumbra un vencedor claro.

La NBA, referente indiscutible en el cuidado de los aficionados, pensó oportuno comenzar la temporada programando uno de sus platos fuertes para su jornada inaugural. Una fecha marcada en el calendario: 22 de octubre, con los Clippers con el cartel de locales. El segundo capítulo, el día de Navidad. Serán cuatro noches en total. Un mismo campo de batalla para una lid que puede definir el sino de la temporada.

Como diría un viejo mago de barba desaliñada y sombrero picudo: “el tablero está listo”.

Seguir leyendo

Análisis

Vuelve la burbuja inmobiliaria a la NBA: la moda de las hipotecas

Concentración de mercado, hipotecas, proyectos de capital riesgo a corto plazo, sobrecostes en forma de impuestsos de lujo… La NBA se mueve y la burbuja del mercado no deja de crecer.

acarretero@skyhook.es'

Publicado

el

Allá por 2013, cuando los informativos aún nos recordaban que había una crisis económica, había una expresión que monopolizaba todas las conversaciones. Seguramente, el ciudadano de a pie no sabría definir a ciencia cierta qué era aquella burbuja inmobiliaria, pero qué más daba. Le habían inoculado el término y sabía lo que tenía que saber: era malo. Oda al simplismo de la sociedad.

Una vez más, nos remontamos a aquel fatídico traspaso, al que ahora, tras la reconstrucción de récord Guinness de Sean Marks, ya sí puede ser nombrado. Cuatro primeras rondas que viajaron a Boston y que hipotecaron el futuro a corto plazo de los Nets pero, sobre todo, cuatro picks que marcaron un punto de inflexión en la NBA. Nunca antes se habían evidenciado de forma tan salvaje las consecuencias de traspasar el máximo de rondas permitidas. Nunca… Salvo con los Cavaliers de los 80.

No son pocas las normas de la NBA que nacen bajo seudónimo, por la necesidad de adaptar la regulación a fenómenos sin precedentes en la liga. Desde La Jordan Rule, la Rose Rule… reglas que pasan a ser conocidas en el imaginario popular por el jugador que obligó a crearlas y que, dicho sea de paso, favorecen su recuerdo y asociación, en lugar de complejizar los términos. Ahora bien, para que una que limita el traspaso de rondas consecutivas de Draft lleve tu nombre, como sucedió entonces con Ted Stepien, hay que ser muy cenutrio.

El entonces propietario de los Cavs puso en el mercado cuatro picks seguidos, casi lleva el equipo a la quiebra y traspasó la hipoteca a otro dueño antes siquiera de acabar de pagarla. Más o menos, lo que intentó Prokhorov hace cinco años. Tras utilizar a los Nets como activo financiero para especular con otros negocios particulares quiso saltar el barco antes de que se hundiese hasta el fondo del mar.

Hasta aquellos Nets recién llegados a Brooklyn no hubo otro equipo que se atreviese a firmar una hipoteca de semejante magnitud. Como tampoco lo ha habido en estos últimos años. Pero, como siempre pasa en la economía capitalista, es cíclica; la burbuja siempre vuelve. Ahora, a cinco años vista y tras los últimos movimientos del mercado, se puede apreciar que no fue un hecho aislado, sólo desafortunado en su ejecución. Hasta 2018 nadie se ha atrevido a mover tantos activos a futuro por una estrella, acogiéndose al fracaso de los Nets.

Especulación, hipotecas y fondos buitre

El mercado financiero (de traspasos) de la NBA estaba marcado por la incertidumbre y por la presencia de dos fuerzas hegemónicas que aumentaban el riesgo de la inversión, como eran los Warriors y LeBron James, allá donde estuviera. No era, pues, la situación más propicia para pagar hipotecas a futuro, por lo que los proyectos deportivos apretaron el botón del pause hasta que mostrasen los primeros síntomas de debilidad. Y, efectivamente, así ha sido.

Con ambos ejes gravitacionales desplazados y con un tercio de jugadores de la NBA siendo agentes libres este verano, entre ellos cinco top ten de la liga y, al menos, otras diez superestrellas más, alguien tenía que romper la baraja. Ya no hay apuestas seguras, pero la incertidumbre tampoco es un lastre. El riesgo es inherente al nuevo mercado NBA y quienes mejor han sabido jugar con él, han sido los triunfadores.

Ya lo intentó Daryl Morey el año pasado, con sus cuatro picks por Jimmy Butler. Secos, como el vodka en Rusia. También lo previeron este año en Utah, que agilizaron el traspaso de Conley para que Dios cogiera a los mormones confesados en verano. Es cierto que la burbuja crece sin control y que la tendencia alarma a la propia NBA. Pero, por otro lado, qué éxtasis embarga a Silver y su equipo. La NBA más global, la reina del verano. Apenas ha terminado la temporada y no puede haber más expectación porque empiece de nuevo. A quién le importa ahora la burbuja, eso será problema de la futura NBA.

Empoderamiento: una nueva era

Uno a uno, los agentes libres han decidido su futuro en cascada, como un Fantasy Draft en el 2K, que deja tres lecturas claramente diferenciadas. Primero, y más reciente, la especulación, la inflación creciente del precio a pagar por las estrellas tras tres años a la baja. Proyectos corto y medioplacistas, con concentración de estrellas, que vuelven a hipotecar sin miedo el futuro más inmediato, como los Nets o los Clippers. Masai Ujiri y su “alquiler” de Kawhi Leonard han sentado cátedra, como lo hicieron sin suerte Paul George y los Thunder.

Segundo, las apuestas de capital riesgo ya no sólo vienen predeterminadas por el papel de propietarios y general managers, sino que son los propios jugadores los que fuerzan estas operaciones. Son ellos los que han comprendido que tienen el poder de negociación en sus manos, que son los verdaderos y únicos protagonistas; y que, al fin, en vez de ser tratados como meras inversiones inmobiliarias, casas sin caras, sin humanizar, ahora no sólo eligen su futuro, sino el de toda una franquicia. Estamos ante una nueva era de empoderamiento, que en este caso inició LeBron James allá por 2010, no de la mejor forma posible, pero que casi una década después ha alcanzado su clímax.

Finalmente, la tercera lectura y quizá la más destacada desde el punto de vista de las franquicias, es la necesidad de un proyecto. Ya no vale con ser un gran mercado. Las hermanas menores y tradicionalmente apestadas de New York y Los Angeles se han coronado reinas gracias a su gestión. Han saneado sus cuentas de inmuebles tóxicos como Chris Paul, DeAndre Jordan e incluso de los Mozgov y Crabbe para jugar su baza al presente más inmediato, con el futuro en entredicho. Otras como los Warriors decidieron pagar los sobrecostes en forma de impuesto de lujo para preservar su hegemonía. Pero con qué gusto se va a pagar la hipoteca del futuro si el presente sabe a gloria.

Ya lo dijo Homer Simpson, el oráculo omnisapiente de la sociedad moderna: “El futuro ha ganado, el pasado nunca tuvo una oportunidad”.

In memoriam: Sam Hinkie y su gerencia de capital riesgo.

Seguir leyendo

SKYHOOK #18

Skyhook #18 | Tras la estela del Doctor J.

Pelo afro, mates imposibles, aroma de estrella. Julius Erving nos demostró que el baloncesto se podía disfrutar con los cinco sentidos.

A la venta en papel y digital

Quinteto Ideal