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Portland ‘Jail’ Blazers: Cuando el talento no tiene juicio

 “Fue una gran experiencia. Impresionante. Probablemente sea mi año más divertido en la NBA, el haber visto semejante disfunción. Es algo que no he vuelto a ver” – Steve Kerr

El talento es una condición caprichosa, no siempre acompañada de la agudeza necesaria para aflorar por completo. Muchos nacen con ese don. Por más trabas que se pongan a sí mismos, su capacidad para desempañar un determinado ejercicio los aúpa a una posición de privilegio. Otros, en cambio, mucho más persistentes, no logran alcanzar sus sueños independientemente de cuántos sacrificios realicen. El baloncesto (y la NBA en particular) es una historia ininterrumpida en la que afloran talentos descontrolados.

A comienzos de milenio, una indomable jauría de jugadores se estaba aglutinando en el estado de Oregón. Al mando estaría Mike Dunleavy, encargado de canalizar las capacidades de varias cabezas poco amuebladas. La derrota a manos de los Lakers en las Finales de Conferencia había sido una puñalada directa al corazón. Los Blazers, con jugadores del calibre de Scottie Pippen, Arvydas Sabonis o Rasheed Wallace, habían dejado escapar una ventaja de 13 puntos en el último periodo. Quedaron a las puertas de Las Finales por segundo año consecutivo. En aquella ocasión, teniendo todo a favor.

El equipo estaba hundido, pero tocaba revertir la situación. Si bien algunos de los pesos pesados de la plantilla ultimaban sus carreras en la liga, el equipo gozaba de un núcleo joven que daba esperanza a Portland.

Shawn Kemp, jugador de renombre en la década de los 90, aterrizaba antes de comenzar la 2000-2001. No obstante, su notorio bajón de prestaciones tras abandonar Seattle no auguraba nada bueno. A sus 30 años y llegado de Cleveland Cavaliers para aportar experiencia a la plantilla, ya no era el jugador que sobrevolaba los aros con la camiseta de los Sonics. Pese a las 50 victorias en temporada regular, aquellos Blazers no podrían clasificarse por encima del séptimo puesto en el oeste, quedando emparejados con los Lakers de Shaquille O’Neal y Kobe Bryant, a la postre campeones. El conjunto de Portland fue vapuleado por los angelinos (3-0), al igual que todos los rivales que encontraron a su paso durante aquellos Playoffs.

Padrino Cheeks

Nada más terminar el curso, Kemp era ingresado en una clínica de desintoxicación debido a un abusivo consumo de cocaína, sustancia que probablemente propiciaría su prematuro retiro de las canchas. Sería la primera de una larga serie de catastróficas meteduras de pata. Además, el severo correctivo recibido en postemporada acarreó el despido de Dunleavy. Maurice Cheeks, tras seis años como asistente en Philadelphia, era el elegido por la franquicia para retomar el buen rumbo. No sabía la que le venía encima.

La siguiente campaña fue un completo déjà vu. 49 victorias que valían otro billete para disputar las eliminatorias. Rival: el peor posible. Nada pudieron hacer los Blazers frente a Kobe y Shaq, encaminados hacia el three-peat.

Poco después, en mayo, un jovencísimo Zach Randolph se presentó ebrio en casa de su ex-mujer y su pareja en aquellos momentos. El ala-pívot, quien todavía carecía de edad suficiente para consumir bebidas alcohólicas, fue citado a declarar por agredir a ambos y amenazar de muerte a su antigua esposa de manera reiterada. Acababa de concluir su primera temporada en la NBA y era una de las grandes esperanzas de la plantilla. Sin embargo, su temperamento generaba muchas dudas acerca de la proyección que podría alcanzar.

El desánimo comenzaba a atisbarse en Rip City. Las campañas eran notables, pero el nivel de la Conferencia Oeste exigía mucho más de lo que aquellos jugadores estaban dispuestos a poner encima de la mesa.

Tras el primer negro episodio de Z-Bo, llegaron meses convulsos a Oregón. Corría noviembre del mismo año, cuando tras un partido disputado en Seattle la policía dio el alto a un Lincoln Navigator, como podía habérselo dado a cualquier otro vehículo. No obstante, el coche iba más rápido de lo debido. En él viajaban Rasheed Wallace y Damon Stoudemire, dos de los grandes puntales del equipo. Los agentes se sorprendieron al abrir el maletero del coche y toparse con una cantidad ingente de marihuana. Los jugadores, supuestamente arrepentidos, prometieron al juez que un incidente de dichas características no volvería a suceder.

El dúo Wallace-Stoudemire era una pareja con capacidades baloncestísticas excelsas. Con todo, el cannabis, uno de sus dudosos vicios, les causaría muchos problemas a lo largo de sus carreras. A los pocos días, Ruben Patterson fue arrestado a las 04:35 de la madrugada, acusado de abusos sexuales y malos tratos por parte de su mujer. El alero de Ohio ya había sido acusado anteriormente de violar a la cuidadora de sus hijos.

Cuatro meses más tarde, con tan solo 21 años, el rookie Qyntel Woods fue citado por exceso de velocidad, conducir sin seguro y sin carnet. Por supuesto, también portaba marihuana. Un aprendiz digno de sus maestros. La multa fue de 1.096 dólares.

El caos comenzaba a apoderarse del equipo, empeñado en meterse en problemas extradeportivos. Algunos rumores incluso sugerían la existencia de apuestas internas por ver quién era el que más arrestos acumulaba. Pese a sonar surrealista, cualquier cosa podía darse en aquel vestuario. Se trataba de una marabunta de fechorías insaciable. Nada ni nadie conseguían que ese rebaño discurriese en la dirección correcta.

Por otro lado, el equipo continuaba decepcionando en la parcela deportiva. Tras otro curso alcanzando las 50 victorias, fueron eliminados a las primeras de cambio. En esta ocasión, su verdugo llegaría de Texas. Pese a una ajustada serie (4-3), los Dallas Mavericks de Dirk Nowitzki, Michael Finley y Steve Nash fueron demasiado para unos jugadores que no parecían estar preparados para situaciones que requiriesen de una competitividad tan elevada.

Z-Bo y Patterson: El principio del fin

El acontecimiento que, probablemente, hizo temblar los cimientos de la franquicia acaeció a finales de aquella temporada. Todo seguía su curso en lo que aparentemente era un entrenamiento como otro cualquiera. Zach Randolph y Ruben Patterson, los ogros por excelencia, tenían alguna apuesta pendiente. El segundo no paraba de dedicar burlas y provocaciones a un Randolph que terminó por hartarse.

De repente, Z-Bo le propinó un puñetazo a su “compañero” (con quien se dice que no se aguantaba), causándole una lesión ocular. Algunos de los presentes aseguraron que hicieron falta hasta cinco jugadores para frenar a semejante mole de furia. Teniendo en cuenta las características de los implicados, era algo que presumiblemente podía acabar ocurriendo en cualquier momento. La franquicia sancionó al indomable Zach con una multa de 100.000 dólares.

El inicio de la siguiente temporada trajo grandes novedades al equipo. Rebasado el ecuador de la regular, Portland traspasó a Rasheed Wallace a Atlanta Hawks a cambio de Shareef Abdur-Rahim, Theo Ratliff, y Dan Dickau. Wallace, el mejor jugador de aquella plantilla, acarreaba unas 30 faltas técnicas por campaña, siendo uno de los tipos más temperamentales de la liga. Por ello, muchos lo acusaban de ser el principal culpable de la delicada situación del equipo. Ante la desesperación, se buscaba un cambio de dinámica.

Probablemente Wallace esté eternamente agradecido por haber salido de allí. Tras su único partido en Georgia, un movimiento a tres bandas lo llevó a Detroit, donde se proclamó campeón aquel mismo año. Asimismo, en aquellas sorprendentes Finales en las que los Pistons anestesiaron a los Lakers (4-1), Sheed se cobraría su particular venganza frente al cuadro angelino.

Para entonces, Qyntel Woods ya se había convertido en pupilo oficial de Randolph. Tal vez el bueno de Zach vio en él un potencial delictivo equiparable al suyo. Enternecedor. Woods fue detenido y acusado de organizar peleas ilegales de perros. Tras abandonar un pit bull malherido en medio de la calle, la policía decidió inspeccionar su casa. Según la versión oficial, Woods había convertido la vivienda en una especie de coliseo clandestino donde enfrentaba a los sabuesos.

En el informe, los agentes aseguraron que encontraron varios animales hormonados y con claros indicios de peleas. El jugador negó los hechos, argumentando que eran “sus amigos” quienes organizaban tan macabros eventos. Verdad o no, el informante de la policía recibió una severa tunda a la salida de un restaurante, la cual le obligó permanecer tres semanas hospitalizado. Para más inri, una vez recuperado aseguró no recordar “nada de lo ocurrido”.

No fue bonito mientras duró

Aquel curso fue el que certificó el fracaso del proyecto. Después de 22 años consecutivos clasificándose para Playoffs, los Blazers cayeron al décimo puesto de su conferencia con un triste balance de 41-41. Finalmente, la falta de lucidez de varios de los jugadores terminó por sepultar sus capacidades en la cancha.

Durante aquel verano Stoudemire volvería a ser protagonista. El base se disponía a volar a Nueva Orleans cuando fue detenido en el aeropuerto de Tucson (Arizona) con casi 40 gramos de marihuana. Había intentado pasar el control del detector de metales envolviendo la hierba con papel de aluminio. Para su desgracia, el truco no surtió efecto e inmediatamente fue multado con 250.000 dólares y suspendido por la franquicia.

Temporada 2004-2005. Sería la última (por desgracia o por fortuna) de Maurice Cheeks al mando de aquella banda. El técnico de Chicago fue destituido tras 55 partidos de liga regular, en los que cosechó 22 victorias. Sus continuos encontronazos con los jugadores catapultaron el final de una plantilla que tiro por tierra el potencial de convertirse en uno de los equipos dominadores de comienzos de siglo.

Algunas voces aseguran que en 2003 Cheeks estuvo cerca de llegar a las manos con Bonzi Wells, que había llegado ebrio a un entrenamiento. Ya en su última temporada, también se las vería con Darius Miles, cuando este dijo en voz alta que el entrenador no era más que un títere al servicio de los jugadores.

Pese al tremendo talento que atesoraban varios miembros de aquel roster, es probable que el grupo estuviese condenado al fracaso desde el principio. A lo largo de sus décadas de vida, la NBA ha visto pasar a grandes y problemáticos jugadores, pero nunca una conglomeración de indisciplina tan notoria.

Los Jail Blazers, que tantos dolores de cabeza causaron dentro y fuera de la competición, eran historia.

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