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Laboratorio

BIG3: de la calle a los estadios

Durante décadas, el baloncesto callejero tenía la capacidad de robar los focos a la NBA. Hoy las estrellas ya no pisan sus canchas, aunque aún intenta cobrar una segunda vida.

A veces, por muy largas que sean las distancias, dos mentes están destinadas a encontrarse. Aunque los guiones de vida de cada uno sean totalmente distintos, las fuerzas del universo trabajarán para hacerlos coincidir. Como si de una comedia romántica se tratase, el primero de nuestros protagonistas es un chico bien de la costa Este. Nacido en una familia judía en Brooklyn, se graduó en Harvard e inmediatamente después empezó a forjarse como hombre de negocios. El sueño americano paso por paso.

El otro protagonista, en una casualidad antagónica, nació en la otra punta de los Estados Unidos, en Los Angeles. De raíces afroamericanas e hijo de la clase trabajadora, empezó a sentir curiosidad por el hip-hop desde el instituto. Poco a poco fue ganando reconocimiento a base de éxitos y teniendo al lado a grandes talentos de la música como Dr. Dre y Eazy-E. Hablamos, por supuesto, de O’Shea Jackson, más conocido como Ice Cube. Con el mítico grupo de finales de los 80 N.W.A. marcó una época en el rap, sin saber en aquel momento que después lo haría también en el baloncesto callejero.

Recuperamos a nuestro primer sujeto, que responde al nombre de Jeff Kwatinetz, y que en esa aventura que es la emprendeduría decidió, en 1997, fundar una agencia de representación y producción del mundo audiovisual llamada The Firm. Y voilà, el argumento ya tiene todas las piezas para ser un éxito en taquillas. The Firm creció como la espuma, y en pocos años era una de las mejores agencias de representación el país. Trabajaron con Kwatinetz desde los Backstreet Boys o Enrique Inglesias hasta Leonardo DiCaprio o el mismísimo Martin Scorsese. Y, por supuesto, también Ice Cube.

Como el destino tenía planeado, las dos mentes se encontraron en el momento perfecto: Kwatinetz tenía ganas de tener algún juguete nuevo y Ice Cube había ganado el suficiente dinero con la música como para dejarla de lado y convertirse en empresario de esperado éxito. Y así fundaron CubeVision, una productora de cine y televisión con la que comprobaron que podían confiar el uno en el otro. El neoyorkino, a pesar de su procedencia, siempre ha estado comprometido con los derechos civiles (intervino en defensa del jugador de fútbol americano Colin Kaepernick en su juicio contra la NFL), y Ice Cube ya lo había dejado más que claro en su momento con el “Fuck Tha Police” de N.W.A.

Como en toda relación, a pesar de que todo vaya bien, de vez en cuando hace falta hacer algo diferente para reavivar la llama, en este caso, de los negocios. Hay que buscar aficiones comunes, y Kwatinetz y Ice Cube la encontraron en el baloncesto. Sin embargo, no se fijaron en el baloncesto convencional, que ya está más que establecido con la potencia de la NBA, sino en el baloncesto que se juega en la calle: en las canchas de los barrios, a media pista, y tres contra tres. La FIBA ya había reparado en que no todo va a ser baloncesto de toda la vida, en parqué y cinco contra cinco, y había creado competiciones europeas de 3×3 pero, como es costumbre en el mundo del baloncesto y del entretenimiento en general, los Estados Unidos van varios pasos por delante.

BIG3, un nuevo universo baloncestístico

En enero de 2017, Cube y Kwatinetz presentaron al mundo una nueva liga de baloncesto llamada BIG3. Tres contra tres, a media pista, pero con diferencias notables respecto a lo que se conocía en el mundo del baloncesto, tanto el modelo FIBA como el basket “convencional”. De hecho, en algunas de sus propuestas tal vez se han adelantado a lo que veremos en un futuro en la NBA, como por ejemplo el famoso tiro de 4 puntos, distribuido en tres círculos más allá del triple (frente al aro y en los codos a 9,1 metros de distancia). Seguramente Stephen Curry, Damian Lillard o Trae Young estarían más que contentos con esta característica.

Entre las diferencias más notables respecto al 3×3 de la FIBA o la NBA encontramos el formato de los partidos. Mientras que la FIBA juega a 10 minutos o 21 puntos, el proyecto de la Liga BIG3 necesita más tiempo de entretenimiento. Los partidos terminan cuando un equipo consigue 50 puntos o más, con la condición de superar por dos a su adversario. El descanso, por tanto, tiene lugar cuando cualquier equipo alcanza los 25 puntos, es decir, la mitad. Durante la primera temporada la cifra final eran 60 puntos, pero se redujo para aumentar la competitividad.

Del mismo modo, haciendo un claro guiño a la inspiración de esta liga en el baloncesto callejero, la decisión de qué equipo empieza atacando se toma con tiros a “vida o muerte” desde el círculo de 4 puntos. El equipo ganador toma el papel de “local”, y pone en juego el balón. En las normas FIBA se decide tirando una moneda al aire, pero esta liga pretende ser mucho más cercana al juego de la calle que a una competición federativa. Es por eso también que los jugadores no son eliminados por faltas, sino que cuando el equipo entra en “bonus” el rival tira dos tiros libres y resetea el contador.

Otro aspecto muy característico y espectacular de la BIG3 es la forma de premiar las faltas de tiro. Es un procedimiento insólito, pero podría funcionar en cualquier liga del mundo: cuando se produce una falta de tiro solamente se tira un tiro libre en todos los casos, pero dicho tiro tiene ubicación y valor distintos dependiendo de dónde se produjo la falta. Dentro de la línea de triple, el tiro libre normal vale 2 puntos. En el triple, el tiro libre se ejecuta desde la línea de tres puntos y tiene dicho valor y, del mismo modo, una falta de tiro en acción de 4 puntos se premia con un tiro libre desde el círculo central de este valor.

Estas son las normas más innovadoras, pero el reglamento es muy completo y busca claramente encontrar el punto perfecto entre una competición profesional y seria y el espíritu del baloncesto popular. El choque de ver a jugadores profesionales jugando como si estuviesen en un playground de tu ciudad es realmente impresionante, y el baloncesto de la calle se ha visto reforzado gracias a esta “profesionalización” del 3 contra 3 en los Estados Unidos.

A pesar de este afán por contribuir al mundo de la pelota naranja, no podemos olvidar que los dos socios son hombres de negocios, y para rentabilizar esta nueva liga y diferenciarla de lo que se puede ver un día cualquiera en las canchas de cualquier barrio americano necesitaban un factor diferencial. La base de la idea, y hacia donde los fundadores quieren que se dirijan los focos, son los jugadores. Para poder ser elegido en un equipo del BIG3, los jugadores deben tener más de 27 años (antes eran 30) y además haber jugado como profesionales, ya sea en la NBA o en ligas internacionales. En pocas palabras, Cube y Kwatinetz iban a ganar dinero con la nostalgia.

No contentos con el planteamiento de cara a los jugadores, decidieron que el organigrama de la BIG3 también estaría formado por expersonalidades del deporte. El primer Comisionado (el cargo equivalente al de Adam Silver en la NBA) sería Roger Mason, que en 12 años de experiencia como jugador profesional había pasado por 8 equipos de la liga americana distintos y, además, también había pisado los vestuarios de Olympiakos y Hapoel Jerusalem. La agenda de contactos de un proyecto en crecimiento estaba ya a rebosar. A partir de la tercera temporada de la liga, se haría cargo del comisionado una leyenda de la NBA: Clyde Drexler, que sigue en el cargo.

Como Presidenta de la Junta eligieron nada más y nada menos que a Amy Trask, la primera mujer en ser CEO de un equipo de la NFL, los Oakland Raiders. Lo fue durante 30 años, y probablemente el hecho de que Cube fuese aficionado de los Raiders posibilitó esta asociación. Con estas personalidades a la cabeza del proyecto y la capacidad para los negocios de los fundadores, lo raro hubiese sido no estar escribiendo este artículo.

Con un proyecto tan atractivo, en menos de 5 meses tuvo lugar el primer Draft de la BIG3 en Planet Hollywood, en Las Vegas. Para entonces, los 8 equipos iniciales ya tenían entrenadores y capitanes, entre ellos Kenyon Martin, Jason Williams o uno de los nombres que más expectación y publicidad dio a la nueva liga: el mismísimo Allen Iverson. The Answer se había comprometido a participar en la liga como jugador-entrenador. La máxima del proyecto era el espectáculo, y viendo los nombres que iban a participar, no podía ser de otro modo: Julius Erving, Gary Payton…

Rashad McCants fue el primer pick de la historia de la BIG3 y, el 25 de junio, apenas unas semanas después de concluir la temporada NBA, daría comienzo esta nueva andadura baloncestística. Al contrario que las ligas convencionales, este proyecto no tendría locales ni visitantes, ni equipos establecidos en ciudades. Cube y Kwatinetz querían un espectáculo itinerante, de modo que todos los equipos viajarían juntos, una vez a la semana, a una ciudad diferente. El primer partido fue en la ciudad de uno de los fundadores, en el Barclays Centre de Brooklyn.

Sin duda, ver jugar a los iconos de varias generaciones, todos juntos, y sin más presión que el espectáculo era un atractivo increíble en cada ciudad del país. El proyecto era todo un éxito en sus primeras fechas, pero algunos de los participantes no estaban por la labor de que todo fuese como la seda. La cuarta ciudad del calendario, Philadelphia, esperaba ansiosa a uno de los jugadores más queridos de todos los tiempos en la ciudad: Allen Iverson. AI había marcado una época en Pennsylvania, y el Wells Fargo estaba a reventar el día de su reaparición. Sin embargo, ni siquiera apareció por allí. El público respondió, fruto de la decepción, con abucheos y silbidos, y muchos abandonaron en estadio. El primer contratiempo había llegado, y se trataba del compromiso de algunos jugadores con el nuevo proyecto.

Sin pensarlo dos veces, la dirección de la liga sancionó a Iverson, del mismo modo que hizo después con jugadores que no participaban o eran problemáticos como Jermaine O’Neal o Lamar Odom. Habían dejado claro que esa liga era para jugadores dispuestos a jugar en un ambiente sano y, sobre todo, a cumplir con el deber para con el público que los idolatra. Cuando el proyecto empezó a establecerse y a rodar, las buenas noticias llegaron una tras otra.

Con tan solo una temporada de recorrido, la BIG3 consiguió atraer la atención de Adidas, que accedió a proveer el merchandising de la liga, así como una línea de zapatillas inspiradas en los equipos participantes. Además, ese mismo año la liga creó Young3, una iniciativa para ayudar a jóvenes desfavorecidos con Jerome Williams como presidente, aumentando así los incontestables lazos y la conexión con los barrios a través del baloncesto. Williams ganó en tres ocasiones, siendo jugador de la NBA, el premio a los Servicios a la Comunidad, y siempre fue muy querido en las canchas. Además, formó parte de la iniciativa “Basketball Without Borders” para llevar el baloncesto a los países con más necesidades. El perfil era perfecto.

Lo nunca visto

La liga de Cube y Kwatinetz ha conseguido, en tan solo tres temporadas de vida, lo que muchos deportes profesionales llevan persiguiendo durante toda su historia. En 2018, Nancy Lieberman se conviertió en la primera mujer en ser entrenadora de un equipo profesional de cualquier deporte masculino. Jamás en la historia del deporte americano se había conseguido esto, y la BIG3 solamente necesitó dos temporadas para hacerlo realidad. Además, en el año siguiente, Lisa Leslie se sumó a la lista junto con Lieberman para dirigir a los Triplets. Curiosamente, tanto Lieberman como Leslie ganaron el campeonato en sus primeros años como entrenadoras, y fueron nombradas por ello Entrenadora del Año de la BIG3 en 2018 y 2019 respectivamente.

La liga se ha mostrado públicamente en varias ocasiones a favor de la diversidad y la inclusión, algo que en el deporte masculino cuesta de ver a nivel mundial en prácticamente todas las disciplinas. La BIG3, además de tener una clara posición al respecto, incluyó desde el primer momento una política de salud mental, algo que en la NBA se pospuso hasta que jugadores como Kevin Love tuvieron serios problemas y presionaron a la asociación para establecer unas bases reales para la salud mental de los jugadores. En la política, compuesta (de momento) por 7 artículos, se hace una oda a la libertad, la confianza y la seguridad de los jugadores y cuerpos técnicos para expresar con total normalidad cualquier problema de salud mental, y se hace hincapié en que la liga depende de ellos y por lo tanto procurará su bienestar bajo cualquier circunstancia.

Además, valorando la posibilidad de que se produzcan cambios y cierto crecimiento de la liga en cuanto a focos y repercusión, la BIG3 hace patente que dicha política está sujeta a cambios y modificaciones. Esta predisposición al cambio, a la innovación y al hecho de buscar lo mejor tanto para los jugadores como para la liga en sí hace que el proyecto esté creciendo a un ritmo frenético, y que jugadores y público se sientan muy cómodos con el funcionamiento de la competición.

En referencia al crecimiento de la liga, para la temporada pasada se introdujo una gran expansión en el proyecto. Los 8 equipos iniciales se convirtieron en 12, y los partidos se distribuyeron en dos noches distintas a la semana, con tres partidos cada una, siguiendo con la norma de moverse cada noche a una ciudad diferente. De este modo, la BIG3 visitó 18 ciudades distintas en una sola temporada, que se extiende desde finales de junio hasta agosto, aproximadamente. Sumado a estos cambios en la estructura interna, Cube y Kwatinetz anunciaron también un acuerdo televisivo con la CBS para retransmitir en exclusiva los partidos de la pasada temporada, que seguramente seguirá en vigor para la próxima temporada.

Las últimas nuevas de parte de la organización han sido las del “China Tour”, que está teniendo lugar durante el mes de noviembre. BIG3 ya es internacional, cuando hace menos de cuatro años estaba en las cabezas de Ice Cube y Jeff Kwatinetz. Personalidades de la talla de LeBron James han presenciado algunos partidos, y el proyecto parece no tener freno. Como ellos mismos claman en su lema: “We’re changing the game” (Estamos cambiando el juego). Realmente no están cambiando nada, simplemente están llevando la calle a los estadios. Están llevando algo familiar a un nivel profesional, desde el máximo respeto e inclusión. Y esa apuesta es muy ganadora.

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