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Ja Morant y Derrick Rose, dos gotas de agua

Ja Morant y Derrick Rose, dos gotas de agua separadas por algo más de una década

Derrick Rose
Getty Images

Seguro que muchos de nosotros hemos crecido con la famosa frase de “las comparaciones son odiosas” pero a lo largo de nuestra vida nos damos cuenta de que no siempre es así. Es cierto que en el mundo del baloncesto en general y de la NBA en particular, cada temporada tenemos un puñado de nuevas comparaciones, sobre todo de jugadores jóvenes con estrellas ya consagradas en la liga. Algunas más y otras menos acertadas, la verdad es que esto puede ser un arma de doble filo. Está muy bien acabar de entrar en la liga y que ya te comparen con jugadores de la talla, por ejemplo, de Kevin Durant, sin embargo, esto también pone un peso importante sobre los hombros del joven jugador que no todos saben sobrellevar. Ya de por sí es algo muy complicado entrar en la NBA, como para que además la gente, desde el primer momento, espere un rendimiento a la altura de los mejores. Es por esto que se debe tener mucho cuidado con las comparaciones y con el daño que estas pueden hacer a determinados jugadores.

Cuando hablo de este tema me gusta mencionar una escena de la película “Coach Carter”, un film de auténtico culto para todos los amantes del baloncesto y el cual os recomiendo visionar si aún no habéis tenido la oportunidad. En él, Ty Crane, una estrella de baloncesto del High School de St. Francis, es preguntado tras el partido: ¿Qué se siente al ser el próximo Lebron James? A lo que él responde, de manera en un principio bastante prepotente: ¿LeBron James? Yo soy el único Ty Crane. Lo que a priori, como he dicho, pueda parecer una bravuconada o tan solo una muestra de la prepotencia de un adolescente, es una respuesta bastante acertada ya que este tipo de comparaciones pueden hacer mucho daño a los jugadores, sobre todo en edades tan tempranas. Esto puede desembocar en unas expectativas desmedidas y una esquiva sensación de éxito al no conseguir llegar a las cotas de baloncesto de esos ídolos con los que les comparan. No obstante, hay algunos casos en que estas comparaciones se vuelven inevitables. Ya sea por la forma de jugar, por el parecido físico, por los distintos recursos que utilizan, por sus trayectorias iniciales en la liga o, incluso, por haber promediado estadísticas bastante similares. Y ese es, sin duda, el caso que nos ocupa hoy. Una comparación tan inevitable como necesaria y que, incluso algunos jugadores de la liga que se han enfrentado a ambos, ya han declarado. Sí, estamos hablando de Ja Morant y de Derrick Rose.

Derrick Rose es por todos recordado como el líder de aquellos maravillosos Bulls que en la temporada 2010-11 deslumbraron a toda la liga tras una temporada sensacional que les sirvió para acabar primeros en el Este con un impresionante récord de 62 victorias y tan solo 20 derrotas. Aquella campaña, cuando el joven Rose apenas contaba con 22 años y cuando tan solo estaba completando su tercera temporada en la liga, es una de las más recordadas de la última década tanto a nivel colectivo como, por supuesto, a nivel individual. Derrick Rose, tras haber sido elegido apenas tres años antes como el primer pick del draft de 2008, fue elegido como el MVP de la Regular Season, lo que, además, le convirtió en el más joven de toda la historia en conseguirlo (récord que a día de hoy sigue ostentando). A partir de aquí, todos conocemos su trágica historia con las lesiones que, desgraciadamente, nos impidieron ver su verdadero prime, el cual no pocas veces nos hemos imaginado convirtiendo su historia en uno de los mayores “What If´s” de toda la historia de la liga. Es cierto que siguió jugando, todavía lo hace, e incluso firmando buenas actuaciones pero nunca llegó a ser lo mismo. Siempre nos quedará esa eterna e inevitable duda de hasta dónde hubiese llegado si la salud le hubiese acompañado.

El caso de Morant, aunque con algunas importantes diferencias, es bastante similar. Ja también fue elegido en una posición muy privilegiada en el draft (segundo pick), en su caso en 2019 y, por los Memphis Grizzlies. Ambos jugadores eran los mejores bases “puros” de sus respectivas camadas y ambos llegaban a equipos que no habían clasificado a los Playoffs la temporada previa a su selección. Los dos arribaron proporcionando un soplo de aire fresco para sus franquicias, dispuestos a rememorar tiempos pasados, cuando Memphis y Chicago estaban peleando entre los mejores de la liga. Durante su primera temporada ambos consiguieron ser seleccionados como los Rookies del Año de sus respectivas añadas y con estadísticas asombrosamente semejantes: Ja Morant: 17,4 puntos, 3,9 rebotes y 7,3 asistencias y Derrick Rose: 16,8 puntos, 3,9 rebotes y 6,3 asistencias). Es cierto que Rose consiguió meter a sus Bulls en Playoffs ya en su primera temporada, algo de lo que Ja no puede presumir al quedarse a las puertas de lograrlo (a tan solo 1 partido). No obstante, ambos pueden jactarse de haber conseguido cambiar el rumbo de sus franquicias con un impacto inmediato en la liga desde su llegada. Algo que creo que va más allá de una mera participación en la postemporada.

Es cierto que las comparaciones entre ambos han existido siempre, casi desde el momento en el que Ja Morant entró a formar parte de la liga pero, y a raíz de la temporada del de los Grizzlies este año, se han intensificado y de qué manera. Tras una gran segunda temporada, en la que consiguió llevar a los Grizzlies hasta los Playoffs, cayendo en primera ronda (al igual que Rose en su segundo año con Chicago, por cierto), Morant afrontaba el inicio de la nueva campaña con las ilusiones renovadas, liderando a un grupo de jóvenes talentos y con el único objetivo de poder llevarlos a los Playoffs e intentar llegar a ser realmente competitivos en ellos. Y vaya si lo ha conseguido.

Al igual que Rose propulsara a sus Bulls a lo más alto de la clasificación del Este allá por 2011, Ja ha conseguido hacerlo con sus Grizzlies hasta el segundo puesto, algo que a principio de temporada, y viendo la juventud de la plantilla, parecía una auténtica utopía. Además de todas estas “coincidencias”, en tan solo su tercera temporada en la NBA, y a pesar de perderse algunos partidos por diversas lesiones, Ja Morant ha conseguido no solo estar en la conversación para hacerse con el MIP (premio que creo lleva grabado con su nombre desde hace algunos meses) sino también colarse en la lucha por el MVP, como ya hiciera Rose en su día. Es cierto que Derrick consiguió ganarlo y parece que a Ja aún se le resistirá, al menos un año más, pero tan solo el hecho de encontrarse entre el grupo de favoritos para lograrlo es algo que, sin duda, vuelve a equipararles. Y sin hablar de nuevo de las estadísticas de sus temporadas, que, sorpresivamente, vuelven a ser muy similares: Ja Morant: 27,6 puntos, 5,7 rebotes y 6,7 asistencias y Derrick Rose: 25 puntos, 4,1 rebotes y 7,7 asistencias).

Números y estadísticas aparte, y dejando a un lado las similitudes, más que evidentes, en sus respectivas carreras, lo que más sorprende y por lo que todo el mundo los compara es por lo parecido en la pista y de su estilo de juego. En 2011 Rose sorprendió a todos con sus penetraciones a canasta y sus espectaculares mates. Cuando decidía penetrar, pocos eran los que podían presumir de pararle. Este estilo de base tan potente y con esa capacidad para finalizar era algo que, por aquel entonces, no se veía demasiado en la liga. Capaz de organizar y liderar al equipo desde el poste alto pero también de finalizar y no con la típica bandeja a la que los guards nos tenían acostumbrados, sino con poderosos mates dignos de los mejores aleros de la competición. Y este fenómeno ha vuelto a salir a escena de la mano de Ja Morant. Su potencia, su verticalidad y, por supuesto, su capacidad para colgarse del aro y finalizar jugadas son algo que ya le valieron en su día a Derrick para ganarse el respeto de toda la liga. Algo que Ja también ha conseguido y que le ha servido para debutar como All-Star este año y, además, haciéndolo como parte del quinteto titular.

Y esta comparación no es solamente algo que hayan comentado algunos expertos o periodistas relacionados con la NBA, sino que algunos jugadores de la talla de Paul George, que han tenido la suerte de poder enfrentarse a ambos, han declarado que el parecido es increíble: «Es simplemente explosivo, electrizante y lo compararía con Rose. Lo marqué en mi año de novato en Indiana y tratar de marcar a Ja es algo muy similar. Es lo rápido que es y su habilidad para cambiar de dirección y de mover su cuerpo en el aire para finalizar lo que les hace tan parecidos. Nos lo puso muy difícil, nos presionó mucho. Es tan explosivo y no sabes la dirección que va a tomar. Y aunque sepas que va a ir a la izquierda, es tan bueno y tan rápido que es imposible pararlo. En eso, me recuerda mucho a aquel Rose de 2011”.

Es cierto que cada jugador es único y, evidentemente, hay notables diferencias entre ambos pero creo que al ver jugar a Ja Morant es inevitable no recordar a aquel Derrick Rose que deslumbró a todos en Chicago. Ya no es solo un mero tema de estadísticas y de trayectorias profesionales. Esto va mucho más allá. Los dos pueden presumir de haber cambiado el concepto que todos teníamos de base tradicional y de haberle aportado esa espectacularidad al juego que tanto necesitaba la liga, ambos aprendieron a finalizar en la zona y a codearse con los hombres más grandes de la competición (liderando la liga en puntos en la pintura) y, por supuesto, los dos jugadores cambiaron el rumbo de sus franquicias. Cada uno a su manera sí, en diferentes ciudades, con timings algo distintos en cuanto a la consecución de los éxitos individuales pero con el denominador común de haberlo hecho a través, no solo de su baloncesto, sino de su innato y precoz liderazgo. Para mi es inevitable no ver al bueno de Rose cuando Ja decide hacer ese rápido cambio de dirección para dejar sentado a su defensor y terminar la jugada machacando el aro poniendo su cabeza a la altura del mismo. Cuando veo a Morant tengo la misma sensación que sentía al ver a Rose, esa percepción de que ambos se deslizan sobre la pista como si incluso llegaran a levitar sobre ella mientras dejan a su paso retales de su enorme talento y a los defensores que tratan de marcarlos, incapaces de seguirles el ritmo. Como una especie de premonición cada vez que agarran la pelota con sus manos de que todo va a acabar bien para sus equipos. Con la capacidad de terminar machacando violentamente el aro o de hacerlo con el más sutil de los rectificados para terminar con una delicada bandeja. Potencia, verticalidad, clase y raudales de talento al servicio del baloncesto.

Ja Morant y Derrick Rose, dos gotas de agua separadas por algo más de una década.

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