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Reflejos

El origen del mito

De Bill Russell nos han llegado sus infinitas hazañas con los Celtics en lo que fue una dinastía infinita. Sin embargo, su periplo universitario no estuvo para nada exento de gloria y momentos inolvidables.

Cuando Bill Russell falleció el pasado 31 de julio de 2022, los medios de comunicación de todo el mundo se afanaron en publicar las monstruosas hazañas deportivas del mayor ganador de todos los tiempos. El “señor de los anillos” fue tendencia inmediata en las redes y las búsquedas en Internet se dispararon. Los amantes actuales del baloncesto querían saber más de un jugador cuyos tiempos de esplendor en la pista resultan demasiado lejanos para la inmensa mayoría de nosotros. Mito de los Celtics, leyenda de la NBA. Su grandiosa figura, sin embargo, comenzó a forjarse mucho antes, concretamente en su etapa universitaria, en la que ya fue capaz de alcanzar cotas nunca antes conquistadas. Es hora de recordarlas.

William Felton Russell nació un 12 de febrero de 1934 en West Monroe, un pequeño pueblo del estado de Louisiana. A diferencia de otros grandes jugadores que despuntaron en el deporte de la canasta desde su más tierna infancia, Bill Russell no mostraba grandes cualidades más allá de su altura, velocidad y capacidad de salto. De hecho, durante sus primeros años de instituto pasó tan desapercibido que en el Herbert Hoover Junior High School fue incluso apartado del equipo por no reunir las habilidades necesarias para formar parte del mismo. Y a punto estuvo de repetirse la historia en el McClymonds High School de Oakland, de no ser por su visionario entrenador George Powles, quien intuyó el potencial que tenía aquel chico y le animó a trabajar duro para mejorar sus fundamentos técnicos. Poco a poco, Russell empezó a mostrar ciertas virtudes, especialmente en la faceta defensiva del juego, donde se destapó como un gran taponador, con un talento especial para anticipar hacia donde iba a salir rechazado el balón del aro y capturar un buen número de rebotes por partido.

Todo aquello, no obstante, no fue suficiente para captar la atención de muchas universidades. De nuevo hay que recalcar esa diferencia con otros grandes jugadores de la historia de la NBA, que recibían cartas casi a diario ofreciéndoles becas para enrolarse en las mejores universidades del país. Bill Russell solamente despertó el interés de un avispado ojeador de la universidad de San Francisco llamado Hal DeJulio, quien a pesar de estar horrorizado por los escasos fundamentos ofensivos de Bill, apreció en él algo que nadie más había detectado todavía: un voraz instinto ganador. Ni siquiera el propio DeJulio imaginaba que la incorporación de este gigante al equipo iba a cambiar el rumbo de la universidad… y del propio baloncesto.

Porque el impacto de Russell durante sus tres temporadas en la NCAA fue mucho más grande que el ya de por sí impresionante dominio deportivo que impuso. En una ocasión, tras impedir que Tom Heinsohn, una de las grandes estrellas de la competición del momento,  anotara ni un solo punto durante la primera mitad del encuentro que les enfrentó, la crónica del partido del Sports Illustrated apuntó que “si alguna vez Bill Russell aprendía a anotar, habría que cambiar las normas del juego”. Y así fue. Poco más tarde la organización determinó ensanchar las medidas laterales de la zona para que a Russell le resultase algo más difícil capturar el rebote tras los tiros libres de algún compañero o rival. Años después, cuando se graduó, cambiaron otra norma como consecuencia del dominio de Russell, prohibiendo taponar un tiro rival cuando el balón se encontraba en línea descendente. Ambas normas siguen en vigor todavía hoy en día, aunque muy poca gente conozca su origen y causa.

Aquellos San Francisco Dons, entrenados por el gran Phil Woolpert, basaron su éxito, sobre todo, en una defensa a toda cancha asfixiante, en la cual sobresalía Bill Russell como ancla en su propia zona, cortando los pases largos que se veía obligado a dar el rival ante la presión de otro jugador que destacó en este equipo, KC Jones. Ambos estarían ligados profesionalmente durante todas sus carreras, primero como jugadores universitarios y, más adelante en la NBA, en los Boston Celtics. Su compenetración, sin embargo, no se limitaba a las tareas defensivas. En ataque explotaron al máximo una jugada de la que se les atribuye prácticamente su invención: el alley-hoop, que Jones lanzaba muy arriba y que Russell, con sus largos brazos y su potencia de salto, se encargaba de culminar con éxito una y otra vez.

A nivel deportivo, los éxitos llegaron en la temporada 1954-55, ya con Bill Russell como junior promediando nada menos que 21’4 puntos y 20’5 rebotes en una época en la que todavía no se contabilizaban los tapones, aunque podemos intuir que, de haberlo hecho, también estarían en dobles dígitos. Lograron un balance de 28 victorias por 1 única derrota, acaecida el sábado, 11 de diciembre frente a la poderosa UCLA. Aunque parezca un dato irrelevante, es una fecha importante porque, a partir de ese día, Bill Russell no volvió a perder un solo partido con la camiseta de los Dons. En la final de aquel año se impusieron a la favorita La Salle en la que brillaba con luz propia otro mito del baloncesto universitario, Tom Gola. Pero Russell, con 23 puntos y 25 rebotes fue quien dominó el encuentro, guiando a su equipo a la victoria  (77 – 63) y a su primer título universitario de la historia. Obviamente, Bill fue nombrado mejor jugador de la final.

Los éxitos continuaron el curso siguiente. Russell mantuvo sus excelentes prestaciones, culminando ese año con una media de 20’6 puntos y 21 rebotes por encuentro. Los Dons de la temporada 55-56 no conocieron la derrota, convirtiéndose así en el primer equipo de la historia en acabar invictos. En la final se impusieron a Iowa (83 – 71) con el pívot dominando el partido con 26 puntos y 27 rebotes. Se coronaban campeones en “back to back”, algo realmente difícil que muy pocos equipos han sido capaces de lograr a lo largo de la historia. Aquel equipo, guiado por Bill Russell, es uno de ellos.

Se podrían contar muchas cosas más sobre ese equipo mayormente desconocido, triunfantes en una época totalmente distinta a la actual. Las dificultades que tuvieron que superar debido al racismo probablemente les hicieron más fuertes y les unieron más. De todo ello ya se ha escrito mucho y hacerlo aquí, de nuevo, solo serviría para ensombrecer lo que realmente se trata de destacar: el paso triunfal de Bill Russell por la universidad de San Francisco. Un tránsito exitoso hacia el profesionalismo y la rampa de lanzamiento para una de las carreras más brillantes de todos los tiempos. Una etapa que forjó al jugador, que le formó baloncestísticamente y que contribuyó notablemente a desarrollar al gran dominador de la NBA de los años 60. Toda leyenda tiene un origen y la de Bill Russell empezó a construirse en este histórico equipo, cuyo dorsal número 6 está retirado y nadie más podrá lucir. Merece la pena bucear un poco en la historia, remontarse varias décadas atrás y recuperar esas lejanas imágenes en blanco y negro en las que un chico de humilde procedencia destaca por encima de todos los demás. Todo lo que sucedió después, sus éxitos, sus campeonatos y su gran carisma se comprenden mejor cuando se conocen sus primeros pasos, los que dieron origen al mito que es hoy Bill Russell.

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