fbpx
Síguenos también en...

Costa a costa

Bormio 1987, cuando la pantera rosa se presentó al mundo

Publicado

-

Durante el verano de 1987 aún estaban frescos en la retina de los aficionados al baloncesto dos espectáculos que se habían producido tan solo unas semanas antes. Uno venía de aquella aún lejana NBA, en uno de los imborrables capítulos protagonizados por Lakers y Celtics a lo largo de la década de los 80. El otro había llegado desde Atenas, donde Nikos Gallis había actuado como héroe para guiar a su país a lo más alto del Olimpo europeo, convirtiéndose desde entonces en leyenda. Para el mes de agosto, otra leyenda estaba a punto de emerger, aunque pocos podían vaticinarlo. La leyenda de una generación que dominaría el mundo del baloncesto durante los siguientes años de manera incontestable, guiados por un espigado chico, imberbe y con cara de niño.

En un principio, el escenario no tenía pinta de que allí fuese a ocurrir algo que permanecería en la memoria de los que lo vieron durante décadas. La pequeña ciudad de Bormio, en plena Lombardia italiana, era la elegida para albergar la tercera edición del Mundial Júnior de baloncesto, un Mundial que se tuvo que retrasar debido a una serie de inundaciones y corrimientos de tierra que asolaron la zona en esas fechas. Con apenas 4.000 habitantes, con un pabellón de escasa capacidad y con una cobertura mediática reducida a la televisión italiana, no parecía el lugar ideal para el nacimiento de una leyenda. Pero escuchando al comentarista italiano decir cada dos por tres “¡Mamma mia!” o “¡es una cosa fuera de lo normal!”, en verdad si estaba sucediendo aquel bautizo.

Desde 1980, cuando Yugoslavia consiguió alzarse con el oro olímpico en Moscú, la selección absoluta no había logrado encaramarse al escalón más alto de ninguna competición continental, mundial u olímpica. En ese período de siete años habían logrado una plata en el Eurobasket de 1981 y tres bronces (dos mundiales y uno olímpico), pero el metal más preciado se les seguía resistiendo, a pesar de seguir contando con jugadores como Dalipagic o Kikanovic que enlazaban con la nueva generación encabezada por Drazen Petrovic. Desde 1984 la Federación Yugoslava se puso manos a la obra en el intento de devolver al país al dominio que ejerció durante la década de los 70, diseñando un plan minucioso de trabajo con la nueva camada de jugadores surgidos en los diferentes clubes nacionales, especialmente los nacidos en 1967 y 1968.

Al frente de todo ello la figura de Svetislav Pesic, quien había conseguido ser campeón de Liga y Copa con el Bosna Sarajevo. El proyecto consistía en el trabajo conjunto con personajes importantes dentro de la estructura del baloncesto yugoslavo para dar forma a los jóvenes productos que iban apareciendo cada año. En ellos veían unas grandes posibilidades en virtud de su talento y en un futuro a corto plazo, enlazando con la generación vigente, podrían estar dispuestos a alcanzar la victoria en cualquier competición, como así sería.

Así, durante cuatro años, los mayores talentos del país se reunirían en concentraciones periódicas para desarrollar todo su potencial bajo el riguroso yugo de Pesic. Durante esos años disputarían partidos amistosos contra equipos tan importantes en el país como el Sibenka o el Bosna, o contra selecciones absolutas como Bulgaria, Turquía o Checoslovaquia. Y el conjunto iría tomando forma en el Torneo Junior de Mannheim´85, donde fueron plata, en el Europeo Cadete de Rouseé ese mismo año (oro) y el Europeo Júnior de Gmunden´86 (oro).

De aquellas reuniones de tecnificación, de aquellos entrenamientos y partidos amistosos quedarán para el recuerdo los eternos viajes a la escalera del trampolín olímpico del Monte Igman, en pleno centro de Bosnia-Herzegovina. Cada mañana al amanecer, Pesic los mandaba subir tres veces los 300 escalones hasta la cima, la última de ellas sin posibilidad de detenerse para respirar. Aparte de formarse técnica y físicamente, aquellas concentraciones también servían para estrechar la amistad de aquel grupo de jóvenes adolescentes, quienes sudaron y rieron mientras aprendían el precio de la victoria. Encerrados en el hotel, las trastadas llegaban en el momento en que Pesic y sus ayudantes se marchaban a la cama. Croatas, bosnios, serbios o eslovenos hacían cosas propias de su edad, partidas de cartas clandestinas, desvalijar la despensa, hacerse divertidos cortes de pelo o quedarse despiertos de madrugada para ver partidos de sus ídolos en la NBA. Fuera, únicamente había nieve, lobos y frío.

3 1

Así, para agosto de 1987 aquel grupo de jugadores en su mayoría ya llevaba varios años jugando juntos. La base estaba formada por Vlade Divac, Dino Radja, Aleksandar Djordjevic y Toni Kukoc, quienes ya habían formado parte de la selección absoluta unas semanas atrás en el Eurobasket (Divac ya lo había hecho en el Mundial de 1986). A ellos había que sumar a grandes anotadores como Nebojsa Ilic o Radenko Dobras y a dos jugadores que en aquel momento estaban compitiendo en el baloncesto universitario estadounidense, Luka Pavicevic y Miroslav Pecarski. El objetivo, desbancar a EE.UU como el dominador de una competición que le había visto triunfar en las dos ediciones anteriores de 1983 y 1985. Y es que la selección estadounidense seguía postulándose como la principal favorita para aquel campeonato, bajo la dirección de Larry Brown y contando con jugadores del nivel de Gary Payton, Larry Johnson, Stacey Augmon o Lionel Simmons.

Encuadrados en el mismo grupo junto a Australia, China, Nigeria y Puerto Rico, la trayectoria de ambas había sido plácida hasta la cuarta jornada de competición, día en que se tenían que enfrentar entre ambas. En esa fecha, 1 de agosto de 1987, Toni Kukoc se presentó al mundo como el prototipo del futuro jugador, capaz de jugar en todas las posiciones. Su tarjeta de presentación fueron 37 puntos, incluyendo una descomunal serie de 11 de 12 en lanzamientos triples con los pies parados, tras dribbling, llegando en contraataque, con el defensor encima, como le diese la gana. “ Nunca jamás en mi carrera me he acercado a esos números. Lo máximo en un partido mío han sido 5 ó 6 triples, pero ese día todo fue sobre ruedas. Me sentí muy a gusto. Cuando mis dos primeros tiros entraron subió mi confianza y no paré hasta el final. Teníamos un gran equipo, en todas las posiciones pero ni siquiera nosotros sabíamos cuál era nuestro límite. No teníamos ni idea de dónde podíamos llegar”.

Siendo ya importante en la Jugoplastika, Kukoc era lo más alejado posible al patrón de jugador convencional de aquella época. Su extremada delgadez, su altura y el ser zurdo le alejaban de ese cánon. Sin embargo podía ejercer de base en muchos momentos por su visión de juego y su rapidez para penetrar, alejar a los pívots rivales de la zona debido a su gran tiro exterior, jugar como cuatro de espaldas al aro o taponar con su envergadura los lanzamientos de sus oponentes. El prototipo de jugador del siglo XXI llegó con una década de antelación.

El campeonato siguió y ambas selecciones se volvieron a encontrar en la gran Final después de deshacerse de la Alemania de Harnish y la Italia de Gentile en semifinales. La confianza en los plavi después de haber derrotado a EE.UU en la fase previa por 110-95 era tal, que en la madrugada previa a la Final se escaparon del hotel donde se alojaban para ir a jugar en columpios y lanzarse por los toboganes helados de un parque  céntrico de Bormio. Tan seguros estaban de su potencial que no pensaban ni por asomo en la derrota. Pero llegado el partido nada iba a ser sencillo. Con la defensa estadounidense anulando bien a Kukoc y Divac y Radja con tres faltas cada uno, Yugoslavia caía 43-40 en el descanso. Todos aquellos años de duro trabajo estaban a 20 minutos de irse por el desagüe.

En aquel vestuario, entrenador y jugadores se conjuraron para que aquello no sucediese y, en palabras de Teoman Alibegovic “ salimos de los vestuarios como perros que no hubiesen comido en días”. Con Kukoc aún maniatado serían Divac y Radja, compañeros de habitación, quienes darían la vuelta al marcador, combinando 41 puntos y 25 rebotes para la victoria por 86-76. El sueño por el que habían sudado durante los años precedentes  se había cumplido, dejando bien claro que el relevo generacional había aterrizado. Fueron, posiblemente, el mejor equipo júnior que haya existido jamás.

2 1

Y es que, desde aquella fecha, el baloncesto balcánico pasó a ser el gran dominador durante los siguientes años, en un período de esplendor y hegemonía completamente opuesto a lo que políticamente estaba sucediendo en el país, el cual se desmembraba a pasos agigantados para dar origen a un conflicto bélico como no había conocido el continente desde la II Guerra Mundial.  La Yugoslavia conocida como tal, la de Tito, desaparecía al mismo tiempo que su baloncesto dominaba las principales competiciones continentales.

A nivel de clubes, la Jugoplastika ejercería su tiranía en la máxima competición continental durante tres años consecutivos (1989-1991), destrozando las aspiraciones de equipos con mayor presupuesto y nombre como Maccabi o Barcelona. Anteriormente, un año después de Bormio, el Partizan de Djordjevic, Pecarski y Divac se plantaba en la Final Four de Gante para sorpresa de la gran mayoría. Una temporada después, el mismo Partizan, ya con unos jovencísimos Danilovic y Paspalj en la plantilla, se alzaba con el título de la Copa Korac, al remontar 13 puntos al Cantú en una Final a doble partido. Ya sin Divac, pero con Djordjevic, Danilovic y Rebraca, el Partizán tomaba el testigo de la Jugoplastika en 1992 para redondear cuatro años de incontestable dominio balcánico.

A nivel de selección, parte de esos jóvenes valores presentes en Bormio acudieron a la cita de los Juegos Olímpicos de Seúl´88. Radja, Divac y Kukoc enlazarían con los Petrovic, Cutura o Cvjeticanin para alcanzar una medalla de plata en lo que sería el preámbulo de tres años de dominio absoluto (Eurobasket de Zagreb´89, Mundial de Argentina´90 y Eurobasket de Roma´91), donde soviéticos, estadounidenses, griegos, italianos y españoles parecían marionetas en manos de aquella generación yugoslava.

La guerra y la posterior fragmentación de Yugoslavia acabaron con una generación de jugadores irrepetible, muchos de los cuales aún no habían llegado a su madurez total. Es fácil pensar que con todos ellos por debajo de la treintena y muchos sin cumplir aún los 25 años hubiesen seguido dominando el baloncesto continental y, aunque seguramente no hubiesen podido batir al Dream Team original, igual en las ediciones siguientes sí podrían haberse alzado con el oro en el Campeonato del Mundo de 1994 o los Juegos Olímpicos de 1996. “Me pasaba todo el año jugando al baloncesto”, recordaba Kukoc, “ Los únicos amigos que tenía eran mis compañeros de equipo y los chicos del equipo nacional. ¿Quién podía pensar en una guerra? Nadie”. Las lágrimas de Juri Zdovc al verse forzado a abandonar la concentración de la selección las horas antes de jugar la Final del Eurobasket de Roma bajo amenaza de su nuevo país, Eslovenia, de ser considerado un traidor, fue el punto final a aquella generación. Ya no era solo baloncesto.

El recuerdo de aquel Campeonato celebrado en Bormio es, para la gran mayoría de los aficionados, aquella exhibición de Kukoc y el triunfo final de la nueva generación yugoslava. Para Pesic y los componentes de aquella plantilla es una foto colectiva de todos ellos celebrando el título en forma de postal navideña que el propio Pesic mandó a cada uno aquellas navidades. En el reverso de la foto escribió “Nunca olvidéis lo que hemos logrado juntos”.    “Cuando miro aquella foto y pienso en la guerra, me siento muy triste”, recordaba el entrenador. “Mi mayor satisfacción personal fue con los juniors en Bormio. Ese fue el resultado de cuatro años de vivir y trabajar juntos. Estarán en mi alma por toda la eternidad”.

Kukoc75877912

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Deja tu comentario

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Costa a costa

A las puertas de lo imposible

sergiconcha@skyhook.es'

Publicado

-

El 22 de junio de 2017, el CB Prat anunció la contratación de Arturo Álvarez como entrenador principal. Un técnico con experiencia incluso en Brasil y Portugal que llegaba con una gran temporada en Araberri bajo el brazo. Ese 22 de junio, aunque nadie lo podría suponer, cambió la historia reciente de un club con 86 años a sus espaldas y que ha llegado en este curso a su cénit deportivo.

Esta era la cuarta temporada consecutiva del equipo en LEB Oro, una competición exigente con un gran nivel de jugadores ilustres como Jordi Trias, Dani Rodríguez, Ricardo Úriz o Nacho Martín, junto a jóvenes promesas que esperan un trampolín para alcanzar la ACB. Hasta la fecha, el mejor resultado obtenido por el conjunto potablava (nombre de un ave muy común en el Prat) había sido un decimotercer puesto, logrado el pasado curso todavía bajo el paraguas de una estrecha colaboración con el Joventut de Badalona, una colaboración que este año se puso en stand-by con miras a retomarla en un futuro cercano. La realidad de la entidad, con el presupuesto más bajo de la competición, era luchar por salvar la categoría, como lo ha venido haciendo desde que consumaron el ascenso en 2014, pero Arturo ha catapultado al equipo a un nivel jamás visto que les ha situado en el foco del baloncesto español y a estar a un paso de disputar la gran final por el ascenso a la mejor competición europea de clubes.

Dentro de unos parámetros muy marcados y unas pretensiones muy ajustadas, el técnico asturiano, junto a la directiva, confeccionó una plantilla de nivel con una mezcla entre jugadores jóvenes y veteranos que ha resultado decisiva. Al proyecto se unieron nombres del calibre de: Josep Pérez, Marc Blanch, Emanuel Cate y Martynas Andriuskevicius, ya con experiencia en España o jugadores que aterrizaban aquí por primera vez como: Alex Campbell, Marlon Johnson y Caleb Agada. El inicio de curso fue fulgurante y aúpo al equipo catalán a la primera plaza con once victorias en los primeros doce encuentros.

A medida que la temporada avanzaba y el objetivo de mantener la categoría ya parecía encaminado, era cuestión de batir récords. A mediados de enero el equipo ya había superado los 13 triunfos cosechados en la 16/17, justo antes de quedar apeados, solo por el basket average, de disputar la Copa Princesa, que enfrentó casualmente a los dos equipos que han logrado el ascenso: Breogán y Manresa. En vistas que los playoffs eran un hito alcanzable, el club se reforzó en miras de un crecimiento inesperado con Saúl Blanco y Pep Ortega, que cumplía su tercera etapa en el equipo.

Foto: Luiggi García

La temporada regular acabó con 25 victorias y solo 9 derrotas, doce más que la anterior y un segundo puesto histórico que les otorgaba el factor cancha a favor en todas las eliminatorias por el ascenso. “Es algo irrepetible”, se escuchaba entre los aficionados que acudían al pabellón Joan Busquets a animar a su equipo. Una cancha, que con una capacidad cercana a las 600 personas, era la más pequeña de la categoría. Desde su humilde morada, el equipo liderado en la cancha por Agada y Cate, dos jugadores que veremos en categorías superiores muy pronto, se impuso 3-0 a Carramimbre Valladolid y compraba así su ticket para semifinales.

Allí esperaba todo un portentoso Melilla Baloncesto, uno de los equipos históricos de la LEB Oro que disputaba su sexta semifinal con Mamadou Samb, Diego Kapelan, Fran Guerra o Dani Rodríguez en sus filas. Tras ganar cada uno un partido en casa y a domicilio, el decisivo encuentro se iba a disputar en un Busquets que prácticamente doblaba su aforo permitido, registrando la mejor entrada de su historia por encima de las 800 personas. Caprichoso el destino, el partido iba a decidirse en los últimos segundos a favor de un Melilla que fue perdiendo durante más de 39 minutos, pero que tuvo la suerte y experiencia necesaria para darle la vuelta al marcador y apear del sueño a un Prat que había obrado por encima de sus expectativas.

Pese a quedar a las puertas de disputar la final por el ascenso a ACB, las posibilidades eran remotas. “No tenemos ninguna opción de jugar en ACB, es imposible. Si acabamos subiendo, renunciaremos”. Declaraba el presidente del club, Arseni Conde, cuando todavía se estaban disputando las semifinales al Diari Ara. Para la temporada que viene, el club deberá volver a reinventarse una vez despertados del sueño. Arturo Álvarez ya ha hecho oficial que no seguirá en el club, en parte debido a un presupuesto que debe ajustarse más si cabe tras el esfuerzo presente. Además, muchos de los jugadores importantes cuentan con ofertas muy superiores tras brillar en un Prat que ha escrito una de las páginas más bonitas del baloncesto español este año.

“Hay que hacer un paréntesis en la historia del club para valorar este año”, decía Arturo en su última rueda de prensa. Una historia que ha llevado a jugadores como: Guillem Vives, Pau Ribas, Henk Norel o Christian Eyenga, a defender los colores del CB Prat gracias a un vínculo con la Penya que empezó en 2004. Curiosidades del baloncesto, ha sido el año de la desvinculación cuando el proyecto ha tocado techo para ahora quedar en un futuro incierto, donde al menos ya se han ganado el respeto de toda la competición y donde ahora los aficionados esperan poder seguir celebrando victorias hasta que algún día, quien sabe, puedan derrumbar la barrera imposible de jugar en ACB.

Foto: Luiggi García

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Seguir leyendo

Costa a costa

Michael Porter y el dilema del Draft

periz.oscar@gmail.com'

Publicado

-

Nuevo entrenador, equipo renovado y con el mejor prospect de la nación. Eran los primeros instantes de una nueva e ilusionante era en Columbia, Missouri. Los Tigers empezaban un año esperanzador y con objetivos diferentes y opuestos a lo que estaban acostumbrados en los últimos años. Esa reconstrucción sin rumbo, con la llegada de Cuonzo Martin al banquillo, en Mizzou se empezó a ver algo de luz al final del túnel, pero aquello no sería lo único que cambiaría el programa de Columbia en verano.

Michael Porter Jr, considerado el mejor jugador de su generación, rompía su compromiso con la Universidad de Washington una vez conocida la noticia de que Lorenzo Romar era despedido como entrenador de los Huskies después de 15 temporadas en el cargo. Unos últimos años en la intemperie y más bien discretos pasaron factura. A la vez, con el despido de Romar, Michael Porter Sr, padre de Michael Jr. y miembro del staff técnico, tampoco continuaría en el proyecto de Washington. Ese sería un movimiento decisivo, porque con Michael Sr. uniéndose al staff de Cuonzo Martin, la posibilidad de que la estrella del instituto Nathan Hale recalara en Mizzou era una posibilidad más que real.

El siguiente paso de Porter ya estaba marcado. Regresaba a su tierra, Columbia, para unirse a los Tigers tal y como se especulaba una vez sabido que no acudiría a Washington. Todo quedaba en familia y en casa. Michael Jr coincidiría en Mizzou con su padre (Michael Sr), hermanas (Bri y Cierra) y también con su hermano menor (Jontay), que se comprometería con los Tigers un poco después de hacerlo Michael.

La llegada de un recruit de la talla de Michael Porter Jr catapultaba hacia arriba las aspiraciones de Missouri a corto plazo, porque todos –incluso él mismo- sabían que esa etapa no iba a durar mucho. Las cualidades de MPJ estaban muy bien consideradas por los scouts NBA incluso desde mucho antes de pisar la universidad, y su potencial, algo que se valora al alza en estos tiempos, ya era de súperestrella. Su dominio y sus números en Nathan Hale HS no hacían más que confirmarlo.

Llegó el día del gran estreno de los Tigers ante su afición. Missouri pasó por encima de una endeble Iowa State que no pasa sus mejores días, pero el triunfo de los de Cuonzo Martin quedó en un segundo plano. ¿El motivo? Michael Porter Jr, tras dos minutos de partido en los que anotó un mate, se sentó en el banquillo y no volvió a jugar. Sintió unas molestias que, por precaución, le dejaron sin jugar los siguientes partidos a la espera de obtener más pruebas.

Foto: NCAA.com

La peor de las noticias llegó: Michael Porter Jr. no jugaría más en su primer (y posiblemente último) año con Missouri. Se le diagnosticó un problema en dos vértebras que le dejarían en el dique seco hasta final de temporada, y dicha lesión requería pasar por el quirófano. La lesión de MPJ dejó, por otro lado, algunos frentes abiertos y libres para la especulación, como el de cómo habría sido su etapa en Mizzou o, por otra parte, cómo afectaría esta situación a su futuro más cercano: el Draft.

Un caso familiar

Esta situación tiene sus paralelismos con el caso reciente de Ben Simmons en LSU, incluso como el de Markelle Fultz en Washington. Jugador TOP de la Class se compromete con una universidad fuera del universo de las powerhouse del estilo de Kentucky, Duke, Kansas o Arizona.

Estaba claro que el australiano iba a ser el jugador por el que iban a pasar prácticamente todos los balones, y el plan de juego tampoco sugería un cambio hacia otra dirección. En resumidas cuentas: un gameplan limitado y previsible centrado en la gran estrella. La falta de un ‘plan B’ y ‘plan C’ de Johnny Jones, entonces técnico de LSU, mermó seriamente a unos Tigers que, salvando a Simmons, ni siquiera pisaron el March Madness cuando las previsiones les situaban arriba. La realidad era otra.

Algo que nunca sabremos con Porter Jr bajo la batuta de Cuonzo Martin. Si jugamos a especular, es cierto que entre esa LSU y la actual Missouri existen ciertas similitudes justo antes de conocer el alcance de la lesión de Porter, pero la lesión del jugador distorsiona tal relato. Ambos casos contaban como objetivo llegar al March Madness, pero también es verdad que Mizzou cuenta con mejor presencia y reputación en el banquillo y, por inri, más (y mejor) talento en la plantilla que esa LSU, carente de otras figuras trascendentes.

Ser o no ser pick #1

Con Porter estando en plenitud de condiciones, el próximo número 1 del Draft no tenía color, fuese cual fuese el primer equipo en elegir. Michael Porter Jr representa el tipo de prospect ideal para el baloncesto moderno: gran técnica para jugar por fuera, con la altura y movilidad de un alero y con la envergadura de un pívot. Porter, junto a Ayton, es considerado el mejor proyecto de estrella de la próxima generación y es probable que su lesión afecte a su stock en el Draft, aunque de hacerlo, afectará mínimamente. Y en un escenario excepcional como este, Porter caería como mucho uno o dos puestos en el Draft.

Ante un proyecto de futuro de ese calibre, resulta improbable que Porter caiga más allá del ‘Top 3’ incluso a sabiendas de que ha jugado solamente dos minutos en toda la temporada y de las temporadas que están realizando DeAndre Ayton, Marvin Bagley, Luka Doncic o Mo Bamba, que son los otros candidatos que van a estar en las quinielas para estar entre los tres primeros. Cualquier otra cosa que no sea figurar entre los tres primeros picks sería una sorpresa mayúscula, y también un regalo.

Otra variante decisiva será la de si Porter se ha recuperado plenamente de su lesión o no, pero todo hace indicar que MPJ estará 100% recuperado una vez lleguen las fechas para realizar workouts con franquicias NBA.

Tampoco está descartado el frente en el que MPJ decida seguir un año más en Missouri, pero a día de hoy es un escenario que parece difícil que se cumpla. Aunque su falta de ritmo competitivo puede ser un inconveniente en sus primeros días como profesional, su cartel en la NBA es elevado y será difícil dejar pasar ese tren.

Cualquier cosa que acabe sucediendo, una cosa es cierta: Michael Porter Jr. ya es, al igual que Kyrie Irving en su día o incluso Joel Embiid, uno de los grandes “qué hubiera pasado si…” de los últimos años en la NCAA. En una class tan abierta como la que se presenta próximamente, va a ser difícil dejar pasar a tal talento debido a una lesión.

La presión será para el primero en elegir. Y mientras, el resto ya se está frotando las manos.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Seguir leyendo

Costa a costa

Collin Sexton, el mundo a su merced

bryangn@gmail.com'

Publicado

-

Hay un popular dicho que dice que «donde menos se piensa, salta la liebre», algo que le viene como anillo a esta competición, y que nos podría valer para identificar la llegada a la liga de Collin Sexton. El de Atlanta se ha convertido en uno de los grandes atractivos de esta nueva temporada universitaria, y con apenas 18 años tiene todo lo necesario para triunfar al nivel que él mismo se exija.

Sexton no es el modelo de base anotador empedernido que buscar desquiciar a su rival para la canasta fácil, ni el típico jugador que busca destacar a base de highlights, y ni mucho menos un base sensato y sosegado que busca gestionar la distribución de balones a sus compañeros en ataque. Es más, no existe a día de hoy un modelo predeterminado para encasillar a Sexton como base. Es un artista con el balón en su poder, uno de esos jugadores anárquicos que parece que deambulan como pollo sin cabeza, pero con altas dosis de creatividad y talento en vena. Es, sencillamente, un jugador diferente a los demás.

Desde los suburbios de Atlanta a ser considerado uno de los grandes nombres del próximo draft de rookies. La historia de Collin Sexton comenzó a forjarse en su Pebblebrook High School, donde ya comenzaba a llamar la atención de muchos ojeadores de todo el país con apenas 16 años, un pequeño y rápido base de gran ética de trabajo y un físico demoledor que resultaba imparable para la defensa rival, y que ya había liderado con maestría a su High School a cotas importantes a nivel estatal. Pero fue una llamada la que realmente le hizo ver que podía aspirar a ser alguien relevante para su comunidad, su instituto y también para sí mismo.

La vida le dio un giro de 180 grados después de que la mismísima USA Basketball le invitase a formar parte del campus de entrenamiento para el próximo Mundial U17 que se iba a celebrar en España en 2016. Una oportunidad única a la que sólo unos pocos privilegiados tenían acceso, y que a diferencia de otros compañeros de generación que ya habían hecho sus pinitos con el uniforme nacional, para Sexton era algo totalmente novedoso. Esto le motivó notablemente, y cambió su actitud y su forma de trabajar.


«Quería estar en ese equipo costase lo que costase», aseguraba su entrenador en el instituto, George Washington. «Muchos de esos jugadores ya eran conocidos, y tenían mucho ganado. Yo le decía a Collin: ‘tu trabajo es ser el más duro de todos, trabajar más que nadie, y así nadie te puede negar estar en ese equipo’».

Su duro entrenamiento personal para estar en Colorado Springs, lugar designado para el campus, fue tremendamente exigente. Su jornada constaba de tres entrenamientos diarios, comenzando el primero a las seis de la mañana con un trabajo específico en la cancha con un asistente del equipo de baloncesto, para retomarlo por la tarde para trabajar en el gimnasio con pesas y cardio y finalizar por la noche con ejercicios de tiro a canasta. Un menú que se repitió durante varios meses y al que Sexton no falló ni un solo día. Recordemos, todo esto viniendo de un chaval de 16 años que aún estaba en su año junior de instituto, y al que le había tocado madurar a la velocidad de la luz.

Cuando llegó a Colorado Springs, vio que todo el esfuerzo había merecido la pena, y su nombre era uno de los elegidos para defender a su país en Zaragoza ese mismo verano. Pero esto no iba a ser más que el comienzo de un ascenso en el que –a día de hoy– no ha visualizado todavía la cima.

Ese número 8 del combinado USA no pasó inadvertido para nadie en Zaragoza. Ese equipo orquestado por Donald Showalter estaba hecho a la medida de Sexton: jugadores muy abiertos con muchísimo espacio para correr, un ritmo de juego altísimo, una agresividad e intensidad en ataque y defensa inusitada y muchísimo poderío físico. Y hay que decirlo, un grupo de jugadores que también formaban una cohesión de grupo y una fuerza coral dignas de mención.

Lo más sorprendente de todo, es que Collin Sexton se había coronado en lo más alto de esa pirámide de talento y fama internacional en la que se había convertido este combinado USA. Su habilidad para romper la defensa rival a base de potencia de piernas, de transiciones donde tardaba nanosegundos en llegar a la pintura rival desde su propio campo, de intensidad en defensa para robar balones y también para lanzar desde cualquier punto de la pista. Pero, sobre todo, magia con el balón entre las manos y auténtico espectáculo destrozando el aro rival. Un MVP más que merecido.

Sin lugar a dudas, Zaragoza fue la ciudad que encumbró definitivamente a Sexton y lo hizo saltar a la palestra de los nombres más destacado de la próxima clase de 2017, y su gran actuación posterior en el circuito EYBL –donde rompió el récord anotador del mismo de ese mismo año– no hizo más que confirmar que estábamos ante un talento en ciernes. Collin Sexton había pasado de ser un pequeño base unranked del que pocos habían oído hablar a ser un prodigioso base de cinco estrellas por el que las universidades se iban a dar golpes, todo en apenas doce meses.

«Nada ha cambiado», dijo Sexton en una entrevista el pasado verano. «Solo tenía que ponerme en frente de las personas adecuadas para mostrar mis talentos y hacer lo que mejor hago: jugar duro todo el tiempo».

Como era de esperar, muchas fueron las universidades que llamaron a su puerta, restringiendo su interés en seis programas: Alabama, Georgia, Georgia Tech, Kansas, North Carolina State y Oklahoma State, para finalmente decantarse entre los Crimson Tide y los Jayhawks en un programa especial de televisión emitido a nivel nacional por ESPNU, donde finalmente Sexton sorprendería escogiendo al conjunto de Avery Johnson.

«Son geniales y tienen un gran ambiente“, dijo Sexton en una entrevista a 247Sports. “El entrenador Avery Johnson es un entrenador muy bueno, me dijo cómo podía encajar en el programa y cómo podía ayudarme. Heredó el equipo el año pasado, por lo que no pudo traer a sus jugadores, pero fue capaz de convertir a los jugadores que no lo estaban haciendo bien en buenos jugadores. Es algo especial».

El compromiso de Sexton siguió ipso facto el de John Petty, otro talentazo exterior de la clase de 2017 al que John Calipari ya tenía echado el lazo desde hace tiempo. Así, Alabama volvería a resurgir a nivel nacional con estas dos pequeñas perlas comprometidas bajo el estricto Avery Johnson.

Foto: www.hoopseen.com

El último año de Collin en el instituto con Pebblebrook High School fue un paseo militar en lo personal, promediando casi 30 puntos por encuentro y guiando a su instituto al campeonato estatal, donde finalmente acabaría perdiendo. Pero eso sí, conseguiría ese pasado verano sus tres grandes objetivos que se había marcado: liderar la EYBL en anotación, volver a ser invitado por la USA Basketball para defender la camiseta nacional y ser nombrado McDonald’s All-American. Sexton ya lo tenía todo para ir al siguiente nivel.

Sin embargo, la reciente investigación del FBI por corrupción en varios programas universitarios de la NCAA Division I acabó afectando también a su debut como freshman en la competición. El ya ex-administrador de la universidad, Kobie Baker, fue acusado por el FBI de tener un trato ilegal con un asesor financiero para ayudar a ciertos jugadores económicamente a cambio de que éstos firmasen con dicho asesor durante su travesía universitaria y profesional. Según los documentos del FBI, se produjo una cena en un restaurante del área de Atlanta –de donde es Sexton– entre Baker, el asesor financiero y «el padre de un gran jugador de esta clase de reclutamiento», aunque nunca fue probado públicamente que fuese el padre de Collin Sexton.

La NCAA no lo dudó un instante, y suspendió la elegibilidad de Sexton indefinidamente hasta que se esclareciese este hecho.

Por fortuna para los fans de Sexton y de la NCAA, el prometedor base de Atlanta únicamente se perdió el debut oficial ante la universidad de Memphis, además de todos los encuentros de pretemporada, y este año estamos disfrutando de él a pleno interés.

Su paso por los Tide está siendo de todo menos previsible. Promediando más de 20 puntos por noche, su gran actuación personal la tuvo en un partido de locos ante la universidad de Minnesota, donde Alabama acabó jugando durante muchísimos minutos con solo tres jugadores en pista –uno de ellos Sexton– por diversas expulsiones que dejaron en cuadro a los Tide. Sexton se echó el equipo a sus espaldas y mantuvo la tensión del encuentro hasta pocos segundos antes del final, donde finalmente cedió la victoria.

Pero Sexton hizo historia esa noche, ya que sus 40 puntos –31 de ellos en la segunda mitad– son ahora el récord anotador de un jugador de Alabama de primer año desde los 43 de todo un Reggie King en 1973. Y, sobre todo, ha dejado constancia a toda la competición de que este año va en serio en la búsqueda del Bob Cousy Award y de una plaza de privilegio en el próximo draft de rookies.

Su agresividad con el balón, su pasión por el juego y su determinación en la pista son impropias de un jugador de su edad. Su instinto ganador y de superación le puede catapultar entre los cinco mejores de su generación, y la ausencia de bases de gran nivel en este draft puede hacerle subir algún puesto extra en el ranking. Sin techo en el horizonte, es una de las grandes perlas que la NBA explotará en los próximos meses.

 

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Seguir leyendo

SKYHOOK #17

Skyhook #17 | Objetivo Canadá

El éxito de los Raptors es también el éxito del baloncesto. Repasamos como un país que miraba con extrañeza al deporte de las canastas hace un par de décadas, ha conseguido un éxito histórico.

A la venta en papel y digital

Publicidad

Publicidad

RESUCITA A TUS MITOS

Quinteto Ideal