Corre por los pasillos del Rockefeller Plaza cierto aroma a leyenda. Por ese histórico edificio localizado en el corazón de Manhattan han pasado los rostros más ilustres de América. Tarde o temprano el destino les empuja a abrirse paso por la entrada oeste de la 6th Avenue. Allí aguarda expectante la fama. Un viaje directo en busca de la misma.

Contrariamente a lo que dictaba la costumbre, aquel 21 de junio de 2016 no se percibía un ápice de nerviosismo en el camerino. Era raro que un deportista tan joven, que ni siquiera había debutado como profesional aún, fuera invitado al programa. Es más, tal honor se le solía conceder solo a las grandes leyendas atemporales del deporte. Pero daba igual, no podía encontrarse en él ni rastro de pánico escénico mientras se entregaba gustoso al equipo de maquilladores. Al contrario, solo dosis abundantes de ilusión y muchas ganas de anunciarse ante el mundo.

Sin haber sido drafteado todavía, Ben Simmons iba a aparecer en el The Tonight Show de Jimmy Fallon.

Desde que naciera allá por la década de los cuarenta, el formato late night show había logrado conquistar los corazones de los norteamericanos. Hasta tal punto que la costumbre de sentarse en familia frente al televisor los sábados por la noche terminaría mutando en una especie de rito cultural. Con el paso de las décadas aquel fenómeno iría ganando fuerza hasta convertirse, sin ningún género de duda, en el programa televisivo más icónico de toda la nación. La fórmula era sencilla: un presentador carismático y con buenas dotes para el humor charlaba amenamente con los personajes más ilustres del país. Políticos, actores, deportistas, músicos…el currículo de gente que había pasado por allí se nutría de la jet set, la gran vanguardia social de Occidente. Grandes figuras como Johnny Carson o Jay Leno habían relanzado la apuesta en el pasado; y ahora Jimmy Fallon, como orgulloso heredero del linaje, aspiraba a hacer lo mismo.

Y allí estaba Simmons, la gran joya de la corona. Lucía un look a medio camino entre elegante y casual, sin caer en la pomposidad excesiva. Manos abajo y hombros relajados, proyectando una imagen de tranquilidad, mientras encajaba con tablas los sucesivos chistes que iba soltando Fallon. Era evidente que no se esforzaba en parecer alguien demasiado hablador o extrovertido, tan solo flotaba por la entrevista con aires de suprema confianza. Aderezada, por cierto, con un toque imperceptible de sana arrogancia. El australiano parecía transmitir una inquebrantable fe en sí mismo muy típica del que se sabe una estrella.

“El nivel de competición aquí es mucho más alto, y puesto que quiero ser el mejor y competir contra los mejores, pensé que América debía ser mi sitio.”

Fallon, que le había preguntado sobre sus orígenes en la otra punta del mundo, resoplaba con admiración mientras le lanzaba un halago que Simmons no dudaría en recoger: “Si, no me está yendo nada mal.”

América entera escuchaba. Los focos le sentaban bien.

Desde el mismo principio parecía que Simmons, al menos en términos mediáticos, apuntaba al estrellato. Tan pronto como en 2014, y con el jugador terminando su año junior de instituto, el tocayo y periodista Bill Simmons escribiría sobre las extraordinarias facultades del chico para el ya desaparecido medio online Grantland. En su habitual tono original e histriónico, Simmons apostaría por encumbrar a Simmons. Destacaba por aquel entonces su habilidad para hacer de todo en la cancha, la manera en que dominaba los partidos, y una suficiencia casi insultante apenas vista a nivel de high school. Muy parecida a la que habían mostrado años atrás perfiles como Lebron James y Tracy McGrady. Lograba fundir la excelencia multidisciplinar del primero con la aparente pasividad desenfadada del segundo. Todo en él, empezando por los ojos y terminando por la sonrisa, apuntaba a jugón.

Sus hazañas en Mountverde Academy, flor y nata del estado de Florida, llamaría por tanto la atención de todos los grandes centros universitarios. Pese a todo, de entre una vasta pila de cartas reclamando sus servicios Simmons escogería Louisiana State University (LSU) por dos motivos principales:

  • La protección y guía que podía ofrecerle su padrino David Patrick, que casualmente trabajaba como asistente para el equipo de baloncesto.
  • La promesa de construir un ambicioso programa deportivo en torno a su figura.

Su acuerdo con LSU provocaría una especie de irreprimible expectación entre la muchedumbre. Antes siquiera de poner un pie en el campus, las voces dirigentes del centro lanzarían una campaña publicitaria diseñada para encumbrar al fenómeno. Carteles con el eslogan “El 25 ya está aquí” adornarían cada rincón del Pete Maravich Assembly Center, soflamando la pasión de los fans e invitándoles a sacar sus abonos para la temporada. Sin haber tocado un balón, el talentoso Simmons era ya una deidad al sur del río Mississippi.

Los resultados, al menos en un sentido estrictamente individual, no tardarían demasiado en llegar. Ben Simmons realizaba una demostración de poderío físico y técnico cada vez que se enfundaba el amarillo chillón de LSU. Cada partido suponía una exhibición sensible de batir algún record o generar titulares llamativos en los medios. La sensación general es que desde Shaquille O’Neal no aparecía por Louisiana un jugador con tanto potencial para convertirse en superestrella. Su proyección como futuro número uno del draft parecía casi asegurada, y a nivel nacional tan solo Brandon Ingram (Duke) y Buddy Hield (Oklahoma) podían arrebatarle algo de protagonismo.

Ben Simmons LSU

Mike Stobe/ NCAA

El éxito colectivo, eso si, se empeñaba en discurrir por otros derroteros.

La incapacidad de los Tigers para traducir las virtudes de Simmons en victorias iría acentuándose con el progresivo avance de la temporada. Hasta tal punto que, llegado marzo, el conjunto dirigido por Johnny Jones fracasaría estrepitosamente en su intento de entrar en el torneo de la NCAA. Simmons, por tanto, no haría acto de presencia en el mayor escaparate del deporte universitario: el famoso March Madness.

Aquel fracaso colectivo no obraría sin consecuencias, más bien al contrario, provocaría una ola renovada de escepticismo. Pronto empezarían a filtrarse informaciones acerca de la relación disfuncional instalada en el vestuario. Compañeros que apuntaban directamente al divismo de Simmons como causa principal del hundimiento, a la vez que resaltaban un aparente trato de favor por parte del cuerpo técnico. Con independencia del grado de veracidad que tuvieran esos rumores, lo cierto es que algo no había funcionado demasiado bien. Por si fuera poco, la prensa no tardaría en apuntarse a aquel discuro hostil. La joven estrella de LSU sería duramente atacada por la actitud mostrada durante todo el curso. Sin ir más lejos, Jeff Eisenberg, de Yahoo Sports, escribiría una columna de opinión en la que destacaría la falta total de interés mostrada por Simmons con respecto a sus obligaciones académicas; al mismo tiempo que denunciaba la permisividad de un centro más preocupado en explotar los réditos económicos y comerciales de su estrella. Todo ello inscrito en un discurso que atacaba directamente los defectos del One and Done. Un sistema que, a su juicio, engendraba actitudes narcisistas y despreocupadas como la de Simmons.

Por su parte, el jugador redoblaría enemistades al exponer las injusticias que rodean a la NCAA. En un documental rodado durante su estancia con LSU pero emitido meses después, en noviembre, Ben Simmons cargaría con fuerza contra el sistema de competición universitario.

“Tenía 190 dólares en mi cuenta y ya me he gastado 140 en Wallmart porque necesitaba amueblar el dormitorio. Y ahora qué tengo, ¿50 dólares? Me durarán solo una semana. El sistema de la NCAA está realmente jodido. Todo el mundo gana dinero excepto los jugadores. Nosotros somos los que nos levantamos pronto para rendir lo mejor posible, formar parte del mejor equipo posible, y hacer todo lo que nos dicen. Pero a cambio los jugadores no recibimos nada.”

Tampoco ayudó que, al poco tiempo de conocerse el fracaso deportivo de los Tigers, Ben Simmons anunciara su acuerdo con la agencia Klutch Sports, dirigida y fundada nada menos que por Lebron James. Ya fuera por egoísmo, ambición o simple torpeza, aquel anuncio no disgustó tanto por el como sino por el cuando. Ante todo reflejaba el pecado de juventud de un chico que, en cuanto a imagen, debía encontrar consejeros más solventes. Fuera como fuese, aquel acuerdo le ofrecía una oportunidad única de acceder a la figura más dominante del universo NBA. La posibilidad de aprender junto a un poderoso mentor al que había tenido el placer de conocer por primera vez en la Lebron James Skills Academy, allá por el 2014. Uno que además le prepararía para el desafío que dibujaba su futuro: el draft y el consecuente salto al profesionalismo.

“Como mentor y especie de hermano mayor me dedico a darle muchos consejos acerca de lo que debe esperar cuando llegue al siguiente nivel. Yo le ayudo a saber como afrontarlo, pero también debe averiguar cosas por sí mismo porque cada camino es distinto.”

Una fe en su aprendiz coronada por la defensa pública de su figura en tiempos algo turbios. Contar con el aval de alguien como James ayudaba a dulcificar cualquier juicio escéptico.

“Es un talento especial. Creo que no nos damos cuenta de lo buen chaval que es, y de lo mucho que tiene los pies en la tierra con respecto al baloncesto y la vida en general.”

La conexión iba más allá de compartir plataforma de representación, también encontraba eco en la firma de un contrato con Nike por valor de 20 millones de dólares. Pero por encima de todo, hundía sus verdaderas raíces en el aspecto puramente deportivo. Simmons, al igual que James, era la viva representación del point-forward moderno, el alero creador dispuesto a quebrantar la lógica posicional del baloncesto. Pese a la necesidad de matizar las diferencias entre ambos cuerpos, a ojos del público la comparativa resultaba lógica. Sobre todo en términos funcionales. Hasta la popular revista SLAM Magazine le dedicaría una portada a Simmons cuyo diseño era un guiño evidente a la utilizada con Lebron una década atrás.

Ben Simmons LeBron James SLAM

SLAM

Así pues, en manos de una franquicia con hambre por crecer, Ben Simmons resultaba un caramelo más que apetecible. Philadelphia, de nuevo escogiendo en primera posición, no dudaría en hacerse con los talentos del genio australiano en el draft de 2016. Venía a representar la segunda pata de ese ambicioso proyecto made in Hinkie apodado The Process, y que ya ha pasado a formar parte de la iconografía pop. El otro pilar estaría representado por un camerunés de nombre Joel Embiid, que aún no había debutado como profesional, y que se había pasado dos temporadas completas en el dique seco debido a los problemas físicos.

Maldición que, poco tiempo después, también se terminaría cebando con Simmons. Y es que cerrando ya septiembre, y a poco de comenzar la pretemporada para la 2016/2017, Ben Simmons se fracturaría el pie derecho durante un entrenamiento. Un contraatiempo que en principio solo debía tenerle unos cuantos meses de baja, y que con el paso del tiempo fue creciendo en su diagnóstico. Mientras tanto, la franquicia trataba de esquivar a la prensa con evasivas y ponía a Brett Brown en el compromiso de sofocar inquietudes. Primero un rumor que situaba la fecha de su regreso el 27 de enero ante Houston, desmentido por el propio Brown; después la esperanza de que pudiera regresar tras el parón del all star, información alimentada por Chris Haynes, de ESPN, y que nunca sería confirmada por los Sixers; y por último la confirmación definitiva de que Simmons no jugaría un solo minuto del curso.

Tocaba esperar. Otra vez.

Pero si algo nos ha demostrado este inicio de temporada es que la larga espera ha merecido la pena. Con motivos de peso el joven y extremadamente talentoso Simmons está siendo una de las grandes sensaciones del inicio liguero. En un equipo que mejora competitivamente con cada partido (a cierre de estas líneas los Sixers acumulan tres victorias consecutivas), el alero australiano se ha hecho con las llaves del peso creativo. Su adaptación ha sido tan rápida que pareciera llevar en la competición más de un lustro, cuando en realidad no deja de ser debutante novato.

Tal vez el aviso de lo que estaba por venir lo proporcionara en su momento David Fizdale, que al término de un enfrentamiento de pretemporada ante Memphis, emitía otra de sus particulares sentencias:

“Dios mío. No quiero volver enfrentarme a esto durante los próximos 15 años.”

Así pues, convendría entender qué convierte a Simmons en una figura tan especial, y por qué el paisaje de los Sixers ha mutado completamente con su llegada.

Ben Simmons 76ers

NBAE

En busca de replicar un viejo sueño

Cuando Magic Johnson colgó definitivamente las botas en 1996 (y tras una reaparición estelar a mitad del curso), se desvanecía el mayor milagro en la historia del juego. Aunque la figura del creador grande había encontrado su abanderado algunas décadas antes en Oscar Robertson, las condiciones únicas de Magic lograron llevar el fenómeno al extremo. Nunca había existido un base que superara los dos metros de estatura, y el simple hecho de pensar en ello invitaba a concebir las posibilidades técnicas y tácticas más remotas. La combinación de fuerza, velocidad, visión y altura proyectó a Magic como el mejor creador de todos los tiempos. El más dotado y el que más logró condicionar el plan defensivo del rival. Pasarían muchos años hasta encontrar algo semejante.

Un tiempo después, el auge de un chico llegado desde Akron supondría otra gran perturbación en la fuerza. Tal vez no contara con la elegancia natural de Johnson, ni asumiera tanta carga creativa como el ex base de Lakers, pero lo más parecido a aquello era él. Y posiblemente lo siga siendo. Por versatilidad y capacidad para interpretar el baloncesto, Lebron James es desde hace un tiempo el point-forward más letal del planeta, y a su vez puede ejercer de base funcional (cuando no nominal) la inmensa mayoría de noches. Por no decir todas. La responsabilidad de crear juego, en resumidas cuentas, pasa indefectiblemente por sus manos.

Pero ha habido una tercera alteración en la fuerza. O quizá una cuarta, dependiendo de cómo se considere a Giannis Antetokounmpo (cuyo análisis quedará para otra ocasión). Con el aterrizaje de Ben Simmons aparece un perfil que, en la práctica, ejerce de creador. Uno de 2.08 metros y ligeramente más alto que Magic. De hecho, en estos momentos Simmons parece traspasar ya la frontera del point-forward y se adentra en el terreno natural del base. Es decir, no es solo un alero que en ocasiones pueda actuar como creador, sino que es el generador primario de los Sixers en cancha. Brett Brown no ha dudado en confiarle las dotes creativas y habitualmente sale con un quinteto inicial que comprende a Simmons como su base real/nominal:

Jarryd Bayless – JJ Redick – Robert Covington – Ben Simmons – Joel Embiid

El primero responde al perfil de combo, un apoyo crucial en el manejo de balón más centrado en anotar que en dirigir. El segundo acota su rol al de tirador. El tercero apoya levemente las labores de lanzamiento pero se erige también en especialista defensivo desde el perímetro. Con el quinto no hace falta presentación. Queda por tanto un escenario donde la función de director de orquesta se reserva exclusivamente para Simmons. Y no lo confirma solamente el hecho de que esté liderando a los Sixers en promedios brutos de asistencias/partido (7.9), ni que aventaje cómodamente al segundo (T.J. McConnell con 4.7); también la inmensa carga creativa que está asumiendo partido tras partido a nivel de subir balón, amasar posesión y marcar jugada. Sorprende en cierto modo que Brown le haya encomendado tal mayúscula tarea desde el principio, pero la respuesta no podría haber sido más positiva. Como comentaba el periodista Steve Aschburner en una mesa redonda destinada a analizar su figura:

“Lo que más me intriga de Simmons es que es un base legítimo de 6-10 pies, no solo una mera variación del point-forward.”

Un discurso reforzado posteriormente con las declaraciones del experto en estadística John Schuhmann:

“Ser un base de 6-10 es algo verdaderamente único. Pero va más allá de eso porque tiene un feeling especial para el baloncesto. Junta una gran visión de juego con la capacidad para jugar controlado y a la velocidad adecuada. Eso es algo muy especial en un rookie.”

A bote pronto lo que más destaca de Simmons es su capacidad instintiva para encontrar al hombre abierto, y la visión panorámica de la pista que posee en todo momento. Ello le permite realizar los pases más espectaculares e inverosímiles.

Por otro lado, también destaca su habilidad para potenciar la fluidez del juego a media cancha. Su dominio del bloqueo y continuación resulta un enorme valor añadido en el baloncesto de hoy. Como ejemplo valdría la ejecución de este pick&pop largo con Embiid, un jugador con el que está mostrando un gran entendimiento.

Los Sixers, que el año pasado fueron el peor ataque de la NBA según ratio ofensivo, en estos momentos escalan ocho posiciones hasta colocarse en el puesto 22º, debido principalmente a dos factores: el añadido de jugadores que pueden abrir y capitalizar espacios (JJ Redick), y la presencia de un totem creativo que precisamente sabe encontrar a esos mismos jugadores (Ben Simmons).

Viene siendo habitual, por otro lado, que Brown altere el quinteto durante los partidos para aprovechar el permanente mismatch que generan sus estrellas. Cuando junta en el parquet a Saric (que podría ser catalogado como otro point-forward) y a Simmons, uno de los dos, por fuerza mayor, va a tener una ventaja soslayable de altura sobre su defensor. Para aprovechar dicha condición, los Sixers colocan al australiano en el poste bajo y desde ahí se dedica a repartir juego. Es en estos momentos en los que el potencial para generar ventajas se dispara. Como ejemplo valdrían las dos secuencias siguientes:

La influencia transformadora del australiano tiene su reflejo a nivel analítico: para empezar, que los Sixers son el equipo que más pases dan por partido con 353.9. Por otro lado, que a título individual Simmons es el segundo pasador más prolífico de la NBA con un total de 75.3, solo superado por Marc Gasol que se sitúa en 76.5. Por si fuera poco, de ese top-10 Simmons es el segundo que más capitaliza esos mismos pases en asistencias (7.9), un pelín por detrás de Lebron James que da 8.9/partido. Todo ello estando menos minutos en pista y contando con mucha menos experiencia competitiva.

Es decir, como generador, y a pesar de su modesta experiencia profesional, ya se ha instalado entre las grandes referencias de la competición. Y es de esperar que dicha condición se acentúe con el paso de los partidos.

Asusta pensar en lo que se puede convertir.

 

Algo más que un pasador

Hasta ahora las mayores alabanzas hacia Simmons se han centrado en su capacidad para hacer jugar al resto. Algo lógico teniendo en cuenta como está impulsando el sentimiento colectivo de Philadelphia. Queda, no obstante, espacio para analizar otros aspectos de su juego que le convierten en un talento multidisciplinar. Uno de esos capaces de hacer muchas cosas en pista, pero siempre a su manera.

Podríamos empezar citando su buen toque y capacidad para jugar de espaldas al aro, por ejemplo. No es habitual que un chico de su edad, y menos en esta era, ponga en práctica tales recursos. Sin ir más lejos, Lebron James aterrizó en la NBA sin un juego al poste y le costó muchos años desarrollar y perfeccionar uno. Si antes decíamos que la altura de Simmons le permite generar ventajas al poste y utilizarlas para repartir juego, no es menos cierto que, en ocasiones, también puede desequilibrar la balanza ejecutando él mismo.

https://www.youtube.com/watch?v=2JBkzEqSj0k

Pero en lo que se refiere al terreno exclusivamente anotador, ahora mismo Ben Simmons se perfila como un jugador de evidente – incluso extrema – tendencia interior. Dicho de otra forma, prácticamente todo su peso anotador se produce alrededor del aro, tanto en finalizaciones como, sobre todo, penetrando a canasta. Resulta bastante llamativo para un jugador que pese a su altura suele dominar el balón desde el perímetro, y en una era donde los jugadores exteriores, incluso los interiores también, han terminado entendiendo el tiro lejano como una necesidad vital. Sus números brutos en cuanto a puntos/partido (18.5) no son nada malos para un jugador novato, y además lo acompaña con unos niveles de eficiencia bastante respetables. En cualquier caso, no quiere decir esto que en el futuro deba prescindir de desarrollar un lanzamiento exterior solvente (ha tirado un total de 5 triples en lo que llevamos de temporada, sin acertar ninguno).

Tal vez lo que más destaque en Simmons sea su buena combinación de manejo (domina el esférico como si fuera un base de 1.85) y físico, que sin ser en extremo explosivo como el de Lebron o Antetokounmpo, es lo suficientemente potente como para generar importantes ventajas a nivel NBA. Óbservese por ejemplo esta jugada, en la que rompe a su defensor en el 1×1 y acaba realizando una buena penetración a canasta.

O esta otra ante Atlanta, en la que culmina un poderoso mate con su mano aparentemente mala, la diestra. Una demostración de su habilidad para manejar y finalizar contundentemente con ambas manos. Por supuesto, a destacar también su buen primer paso y la verticalidad de la que hace gala.

Por supuesto, sobra decir que como casi todos los point-forwards o bases altos habidos y por haber, ejerce un dominio total en el baloncesto de transición. A campo abierto es un perfil imparable, que por si fuera poco, se ve potenciado por el estilo frenético que emplean los Sixers (cuartos en oportunidades generadas al contraataque tras Golden State, Brooklyn e Indiana).

En estos momentos Simmons anota la nada desdeñable cifra de 1.30 puntos/posesión en transición, contribuyendo a que, ahora si, Philadelphia esté capitalizando con mucha más efectividad su natural propensión a correr. Es interesante cotejar estas cifras con las de otros point-forwards que destacan por su poderío en el fastbreak, comprobando así que su dominio corre paralelo al de jugadores mucho más consolidados.

JUGADOR PTOS/POSESIÓN EFG % % FREQ/PART.
Ben Simmons 1.30 77.8 % 14.2 %
Lebron James 1.17 71.4 % 28.2 %
Antetokounmpo 1.40 69.7 % 21.1 %
Kevin Durant 1.46 84.5 % 21.3 %
Blake Griffin 1.26 70.0 % 12.3 %

Como destacaba el pívot dominicano, Al Horford, al término de un enfrentamiento con Boston:

“Simmons va a ser un problema. Tiene mucho control. Es como de mi tamaño, incluso aparenta ser más grande, y su habilidad para correr la pista es impresionante.”

De una manera u otra, parece bastante claro que en estos momentos Simmons es un jugador que habita casi exclusivamente por dentro. Lo demuestra un dato demoledor: que a cierre de estas líneas es el segundo jugador que más penetraciones a canasta realiza de toda la NBA con 18.8, solo superado por el base de Atlanta, Dennis Schroder, que se va hasta las 22.2. Terreno en el que, en cualquier caso, todavía cuenta con un amplio margen de mejora. Ahora mismo su efectividad finalizando no es tan alta como cabría esperar de un jugador que posee tantas facultades físicas. De hecho, en ocasiones peca de una falta de agresividad en situaciones donde tiene ganada una ventaja. Algo que apuntaba recientemente su propio entrenador, Brett Brown:

“Creo que esto forma parte del proceso de evolución de Ben. Realiza una labor extraordinaria llegando al aro, ¿pero qué le falta? ¿Algún bote más? ¿Quizá más habilidad para fintar al defensor, sacar la falta y conseguir el 2+1? No lo sé. La buena noticia es que cuenta con las habilidades para llegar hasta ahí, ahora solo falta ayudarle a que desarrolle mejores técnicas de finalización.”

De nuevo, resulta interesante realizar la comparativa con otros playmakers altos en relación a su capacidad para llegar y finalizar alrededor del aro. En este caso los números indican que, efectivamente, existe ese amplio margen de mejora.

JUGADOR PENETRACIONES FG % TL GENERADOS
Ben Simmons 18.8 47 % 2.5
Lebron James 10.0 67.5 % 1.8
Antetokounmpo 12.0 61.8 % 3.1
Russell Westbrook 16.6 60.0 % 1.4
Blake Griffin 7.6 70.6 % 2.4

Cabe esperar que con su madurez competitiva el base/alero australiano vaya desarrollando esos trucos que le permitan ser un finalizador más efectivo.

 

¿Y qué tal atrás?

Si por algo ha sorprendido Ben Simmons en este inicio de temporada, al menos en relación con su versión universitaria, es por haber mostrado un potencial defensivo bastante respetable. Incluso diferencial en momentos concretos de los encuentros.

No es que sea un perro de presa en el sentido clásico del término, pero si cuenta con las armas suficientes como para ejercer de factor positivo ahí. Una serie de virtudes que podrían resumirse de la siguiente manera:

  1. Físico y versatilidad para tapar varias posiciones. No sufre en los cambios.
  2. Más ímpetu por defender que en LSU.
  3. Buen desplazamiento lateral.

Ya se le ha visto como en ocasiones anula por completo la posesión del rival ejerciendo mucha presión defensiva sobre su par, y forzando tiros poco eficientes. Como ejemplo podría valer esta secuencia ante Ryan Anderson:

O esta otra en la que demuestra su velocidad de reacción y manos forzando el robo ante Harden (que además alimenta su pulsión al contraataque). Robar muchos balones no se relaciona necesariamente con ser un defensor competente, pero en el caso de Simmons parece que ambos conceptos van de la mano. Al menos por ahora.

No obstante, no quiere decir esto que Simmons sea un defensor de élite ni mucho menos. Como en otros aspectos de su juego, todavía cuenta con el terreno necesario para mejorar. Su ratio defensivo individual de 104.0 no es malo, pero tampoco justifica que se le encumbre antes de tiempo. Por otra parte, también es verdad que aquí influye mucho la defensa colectiva de Sixers, que sin ser un coladero permanente como la de otros equipos, tampoco logra situarse entre las 15 mejores de la liga (ahora mismo es la décimosexta con 106.4 de ratio defensivo). Es de esperar que conforme Embiid vaya aumentando su dosis de minutos, y las diversas piezas logren encajar en el entramado de Brown, las cifras se disparen. El potencial defensivo existe.

Además, si se quiere habría que considerar también al rebote como parte indirecta de la labor defensiva. Y es que como reza el dicho popular: una posesión no termina hasta que no se logra cerrar el rebote. En este aspecto Simmons ha demostrado una capacidad brutal, cosechando un doble-doble hasta en cinco de las ocho ocasiones que se ha vestido de corto. De hecho, sus promedios brutos en el rebote defensivo (9.6/partido) son los segundos mejores del equipo tras Joel Embiid. Y la diferencia entre ambos es relativamente corta (10.3). También destaca el porcentaje de rebotes defensivos disponibles que captura, con 22.4 %. Por contextualizar estas cifras en términos históricos, Lebron James y Magic Johnson jamás lograron alcanzar esa excelencia en toda su trayectoria deportiva:

  • La mejor temporada de Lebron fue en la 2012-2013, donde capturó un 20.8 % de los rebotes defensivos disponibles.
  • En el caso de Magic Johnson, su tope de carrera se produjo durante la 1988-1989 con un 18.0 %.

El dato, por simple y matizable que sea, resulta muy revelador.

Camino al cielo

Cerraba la entrevista con Fallon de la misma manera que la había comenzado: sonriente, relajado y confiado. Tras un vídeo intercalado donde podían observarse algunas de sus filigranas durante los entrenamientos, tocaba una lluvia atronadora de aplausos. Acto seguido el mítico presentador le estrechaba la mano y despedía a la audiencia con ese tipo de frases reservada para las estrellas:

“Ben Simmons en exclusiva para vosotros damas y caballeros. Un tipo talentoso. Enhorabuena por todo.”

América era testigo. El próximo crack del baloncesto mundial había culminado su acto de presentación oficial con nota. Afuera esperaban los abrazos de amigos y familiares al calor de una Nueva York iluminada. Unos cuantos kilómetros más al este, en la histórica Philadelphia, los devotos sonreían. Estaban muy cerca de conseguir al fenómeno. Podían casi palparlo.

Un año entero de penitencia, con sus meses, semanas y días, ha exigido la empresa. Pero aquí está, tan bueno como esperaban o puede que incluso más. Junto al extrovertido Embiid, ya es la figura deportiva que más ilusión genera desde el mejor Iverson. El viaje al estrellato de Ben Simmons no ha hecho más que comenzar.

Y tiene un ticket en primera clase.

Ben Simmons 76ers

Nick Laham/NBAE