Cambio de paradigma en Brooklyn

Poca gente no habrá escuchado nunca el mito de David contra Goliat. Una historia mitológica en la que el pequeño David, contra todo pronóstico y tras una temible pelea, conseguía derrotar al gigante Goliat. Algo que se ha usado como referencia durante miles de años cuando un claro favorito pierde ante un rival contra el que a priori tenía muchas menos posibilidades. Metáfora la cual se han ganado a lo largo de esta temporada el equipo del barrio de Brooklyn encontrándose en los puestos de Playoffs tras un auténtico mar de inconvenientes.

Desde que el multimillonario ruso, Mijaíl Prójorov trasladara la propiedad de New Jersey a la nueva ubicación, estaba convencido de que iba a ganar la NBA en los próximos años. Con grandes planes que no se terminaban de hacer realidad intentando firmar a grandes estrellas de la liga sin éxito. Ofreciéndole un contrato muy solvente a un Dwight Howard que acabaría firmando con Los Ángeles Lakers y terminando con un trade para incorporar a Joe Johnson. Enviando correspondientemente cinco jugadores a Atlanta Hawks para poder renovar a Brook Lopez y Gerald Wallace.

La llama de Barclays Center estaba llamando a gritos que alguien la volviera a encender trayendo con ella la competitividad y calor de los aficionados. Que estos volvieran a sonreír de camino al pabellón cada par de días a apoyar con todo su corazón al equipo. Y es que después de una de las peores gerencias que se recuerdan, no iba a ser sencillo recuperar la esperanza de unos fans que se habían visto defraudados. Se les había prometido el anillo y lo que realmente obtuvieron fue un bajón hacia un pozo del que costaría temporadas salir.

El momento en que todo se puso cuesta arriba

Analizando la temporada de los Brooklyn Nets, no han tenido que remar contra viento y marea. Lo que se le ha venido encima se podría catalogar de tornados y tsunamis. Desde aquel traspaso tan famoso con los Celtics, en el que regalaban su futuro a cambio de viejas glorias, no han venido tiempos nada fáciles. Curso tras curso veían como de cada uno de sus picks salía una promesa hacia Boston. Ninguno de ellos podría ser la salvación para acabar una etapa sin rumbo. Etapa en la que era imposible medirse cara a cara con las mejores plantillas de la mejor liga del mundo.

En 2013 se desprendieron de tres elecciones en el Draft que hubieran cambiado totalmente el destino de Brooklyn. Sin duda, Danny Ainge había aprobado el examen con un sobresaliente, todo lo contrario que los otros partícipes que habían quedado prácticamente con las manos vacías.

USA Today

La llegada de campeones como Kevin Garnett o Paul Pierce no fue más que algo anecdótico en la narrativa de la NBA. Siendo muy bien recordados por los aficionados verdes del TD Garden pero dejando un mal sabor de boca en la Gran Manzana. Una ciudad en la que se apagaría poco a poco la ilusión por la franquicia, creando una gran brecha que hasta el día de hoy parecía imposible que se arreglara.

La ambición del propietario por competir lo antes posible y no creer en “El Proceso”, como dirían en Philadelphia, fue lo que condenó al fracaso a los Nets. Sentirse con la necesidad de atraer grandes nombres y no confiar en consolidar paso a paso el proyecto hizo que todo se derrumbara. Y es que como dice el dicho popular, cuanto más rápido subes, más rápido bajas.

La llegada del nuevo héroe

La sombra de las malas negociaciones del pasado no se separaba del conjunto de Brooklyn por mucho que lo intentaran desde las oficinas. Se encontraban desesperados por hacer el movimiento correcto y no volver a tropezar con la misma piedra. Y más estando bajo la lupa de todo el entorno que rodea a la NBA a la espera de saber cómo iban a solucionar lo ocurrido.

Hasta el 2017, cuando se entró en conversación con los angelinos, no llegó el rayo de luz al barrio neoyorkino. Tocaba desprenderse de los resquicios que quedaban de la debacle. La salida de Brook Lopez se veía llegar en el horizonte como moneda de cambio por una joven promesa que utilizar como pilar principal y dar un soplo de aire fresco a la imagen del equipo. El center llegaría a los Lakers junto con una ronda del draft que posteriormente devolvería algo de polémica sobre las gestiones que han realizado. Llegando a la liga con esa elección Kyle Kuzma, el diamante en bruto que no ha tardado en demostrar que no hay que ser un puesto muy alto para ser de los mejores de tu generación.

Una vez más se intercambió una pieza de futuro que podría ser más que importante. Además de haberlo hecho poniendo todas las cartas sobre la mesa y enviarlo junto al jugador de más peso en el vestuario. La diferencia era que el base, de muy corta edad, llegaba cargado de talento y con ganas de comerse el mundo.

La figura de D’Angelo Russell iba a ser fundamental para desarrollar lo que ha pasado en estas dos últimas regular season, teniendo un impacto directo que sería algo mucho más profundo de lo que ocurría dentro de las cuatro líneas que delimitan la cancha. Sería el nuevo ídolo de una fanbase que pedía a gritos una estrella de la que comprarse la camiseta nada más salir a la venta. Las tiendas de deportes cercanas al Barclays de un momento a otro se llenarían de ese número “1” que desde que pisó por primera vez el barrio ya era el jugador franquicia.

La evolución de Brooklyn había cambiado el panorama del que observaban años atrás. Los aficionados volvían a ser felices y disfrutar en unas gradas que venían siendo un infierno en el que se acostumbraron a vivir. No hay dinero en el mundo para pagar la sensación de salir de lo más abajo del todo para ir en camino de codearse contra los dioses del baloncesto moderno. Se estaban haciendo las cosas bien, con calma y reflexionando cada oferta que se hace o recibe con el peso de las cadenas a volver a hundirse.

La consagración de una estrella

Confiar en el crecimiento de los jóvenes ha comenzado a dar sus frutos en los meses que hemos vivido del curso 2018/19. En una Conferencia Este donde el nivel medio de los equipos se encuentra en una recaída constante ha llegado un grupo de jóvenes liderado por D’Angelo. ¿Reconstruir un proyecto mientras ocupas la sexta plaza de la clasificación? Probablemente no se haya visto en muchas ocasiones durante la historia de la NBA y menos con la cantidad de bajas sufridas. Tanto Spencer Dinwiddie como, sobre todo, Caris LeVert se han visto obligados a alejarse las pistas y aumentar la carga en los hombros del base.

Ser la primera espada en anotación y el organizador del juego al mismo tiempo ha hecho dar un salto de calidad a Russell que cuando en Los Ángeles Lakers les dejaron escapar no soñaban. La elegancia sobre la madera con el balón en sus manos ha enamorado a cualquier persona que disfrute de ver un partido de baloncesto. Ganen o pierdan, los Nets hacen uno de los juegos más atractivos que se pueden ver en la actualidad y siempre desde la máxima competitividad sea cual sea el rival. Son los mismos sistemas teniendo delante a los mejores jugadores de la liga que al equipo con el peor registro, un gran trabajo por parte del entrenador, Kenny Atkinson.

La consagración como una estrella de la NBA que estaba ejerciendo D’ ha dejado de ser una promesa para tener su primera aparición en el All-Star. Un Victor Oladipo lesionado le había dado su plaza para aparecer en el evento, y no por ello deja de tener una mérito, esfuerzo y dedicación dignas de admiración. Detrás del talento se encuentra un crecimiento inspirado en la “Mamba Mentality” el cual se debe agradecer a ser el pupilo del mítico Kobe Bryant.

Pese a tener un presente bastante prometedor, con la posibilidad de jugar una post-temporada desde hace ya 5 años, el futuro para los Nets es más que brillante, no debemos olvidar que la plantilla actual cuenta con más de 5 jugadores con menos de 25 años, y su pilar principal (Russell) no supera los 23 años. No solo la posibilidad de jugar los tan deseados Playoffs, el general manager de Brooklyn, ha hecho movimientos muy buenos y estratégicos sobretodo, liberando un espacio económico de 54.346 millones para gastar en la agencia libre del año vigente. Eso quiere decir, que pueden atraer al menos a una super-estrella de la liga, como podría serlo Kevin Durant o DeMarcus Cousins, y luego si ellos deciden cortar al jugador Allen Crabbe que cuenta con una Player option de 18 millones que casi seguro no rechazará, el equipo podría optar a conseguir una super-estrella más con la que el equipo “blanquinegro” ya sería un aspirante al anillo.

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